Wolfgang Amadeus Mozart, un prodigio musical que nació en Salzburgo en 1756, dejó un legado muy importante en la historia de la música clásica. Su genialidad no solo radica en su habilidad técnica, sino también en su innovación musical que revolucionó el panorama artístico de su tiempo. ¿Podríamos decir que es el compositor de música clásica más famoso de todos los tiempos?
Así se refería Leopold Mozart a su hijo Wolfgang, maravillado él también por las inusitadas dotes musicales que mostró desde su más tierna edad: "El milagro que Dios quiso que naciera en Salzburgo".
La triste historia de Wolfgang Amadeus Mozart
Infancia y Primeros Años
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) hijo de Leopold Mozart nació en Salzburg, siendo en aquella época su arzobispo-príncipe Sigismund von Schrattenbach, que gozaba del privilegio de su poder temporal, además de ser la cabeza de los obispados bávaros. De los siete hijos del “músico de cámara del alto principado de Salzburgo”, Leopold Mozart, y Anna Maria Walpurga sobrevivió solo uno más: la hermana mayor de Mozart Maria Anna, conocida como “Nannerl”. Bautizado como Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, él y su familia vivieron en Salzburgo.
Desde temprana edad, Mozart mostró una aptitud extraordinaria para la música. Su capacidad para componer y ejecutar obras sorprendió a la sociedad de la época. Mozart nació en el seno de una familia donde la música formaba parte de su día a día. Leopold Mozart fue un violinista y compositor respetado, y desempeñó un papel fundamental en la formación musical de su hijo. Fue su primer maestro y mentor musical.
Desde los primeros años de Mozart, su padre le brindó una educación musical rigurosa y sistemática. Inició a su hijo en la práctica musical, enseñándole los fundamentos de la teoría musical, la interpretación y la composición.
En realidad, no todo fue milagroso. De niño, Wolfgang disfrutó de un ambiente familiar propicio, ya que su padre fue un músico notable que se hizo conocido en toda Europa por un método para aprender a tocar el violín. Intérprete, compositor y teórico, supo ver las cualidades de su hijo pequeño y le procuró las mejores condiciones para desarrollarlas. A los cuatro años ya interpretaba minuetos y otras piezas sencillas con el clavicordio y, según su hermana Maria Anna, mantenía el tempo con una precisión inusual para alguien de su edad. A los tres años Wolfgang ya tocaba el clavicordio -con unas manos que apenas alcanzaban algo más de media octava- y a los cinco bosquejó su primer concierto.
Influido por las enseñanzas de su padre, Mozart destacó desde bien temprano. Con solo cuatro años tocaba el clavicordio con destreza y componía sus propias melodías. Conocedor de la extraordinaria habilidad de Wolfgang para la música, su padre organizó sus primeras audiciones para las principales cortes europeas. En estos viajes conoció a importantes músicos de la época.
Viajes y Reconocimiento
La fama de aquel niño prodigioso se extendió por los cenáculos filarmónicos y los salones aristocráticos de Salzburgo, pero pronto la ciudad austríaca se quedó pequeña para las aspiraciones de los Mozart y el padre organizó viajes y largos periplos musicales por Europa, particularmente por Italia y Francia.
Al comprobar que se trataba de un niño prodigio su padre lo llevó a Viena en 1762 en una larga gira, fundamentalmente para ganar dinero. En Salzburg había sido nombrado Michael Haydn director de orquesta. El trabajo para el padre de Mozart era mínimo, por lo cual pudo emprender un largo viaje con sus dos hijos a través de Europa. Una gira que duraría tres años por Alemania, Bélgica, París y Londres. En octubre de 1763 llegan a Bruselas sin lograr el apoyo económico deseado. De allí fueron a París donde permanecieron hasta mediados de abril de 1764. El 10 de abril la familia Mozart abandona París para dirigirse a Inglaterra, donde permanecerían hasta julio de 1765.
En las sucesivas giras el pequeño Mozart exhibía sus raras dotes de virtuoso. Por ejemplo, era capaz de improvisar sobre cualquier tema que le propusieran; lo escuchaba y de inmediato, sin siquiera ensayar, lo tocaba con increíble soltura, añadiendo toda suerte de variaciones. El niño prodigio Era capaz de improvisar sobre cualquier tema que le propusieran; lo escuchaba y de inmediato, sin siquiera ensayar, lo tocaba con increíble soltura, añadiendo toda suerte de variaciones
A veces, le ponían a prueba tapando el teclado del clavicordio con un lienzo para que no pudiera ver ni sentir las teclas, lo que no le impedía seguir tocando brillantemente. Otras tocaba vuelto de espaldas al teclado, o bien se pasaba del clavicordio al violín, con el que también era un virtuoso.
Estando en Nápoles, tocó el piano en el Conservatorio de la Pietà con tal maestría que el público presente imaginó que se trataba de un encantamiento producido por un anillo que Mozart lucía en la mano, pero cuando se lo quitó las sospechas de brujería se desvanecieron y sólo quedó el asombro por el talento del chico.
Cuando tenía 14 años, hallándose en Roma, escuchó en la capilla Sixtina un Miserere compuesto por Gregorio Allegri en 1638, cuya partitura se custodiaba celosamente en el Vaticano para que nadie la copiara. Tras escuchar la obra una sola vez (duraba unos 15 minutos), Mozart escribió la partitura entera sin haber tomado nota alguna, incluidas las improvisaciones y embellecimientos que los miembros del coro introducían.
En noviembre de 1766, regresaron a Salzburgo, aunque no tardaron en volver a emprender otro viaje. Bolonia fue la primera parada del joven músico. La siguiente parada fue Roma. En la ciudad eterna, Mozart y su padre fueron a la representación de Miserere, la musicalización del salmo 51, que tuvo lugar en la Capilla Sixtina. El joven de Salzburgo la rescribió de memoria en la posada donde se alojaba. Después de Roma, les esperó Milán. En la ciudad lombarda, Wolfgang Amadeus Mozart compuso diferentes obras, como la ópera Mitridate, re di Ponto, en 1770.
Salzburgo y Viena
En torno a 1773, Mozart y su padre, Leopold, regresaron a Salzburgo. A partir de entonces, la situación de Mozart comenzó a empeorar. Sus éxitos musicales no dejaron de aumentar, alimentando más su fama. Pasó por Viena, Múnich y Manheim, donde se enamoró de Aloysia Weber. En la capital francesa la suerte del músico y compositor no mejoró. Finalmente, en julio de ese mismo año, su madre falleció.
A partir de 1773, cuando tenía 17 años, Mozart se asentó de forma permanente en Salzburgo, donde su carácter independiente pronto le haría mantener constantes roces con el nuevo arzobispo, Hieronymus von Colloredo, de quien dependían tanto su padre como él. Pese a ello, en ese período el genio trabajó febrilmente, produciendo obras maestras en todos los géneros, tanto en el campo de la música de cámara, como la sinfónica, vocal u operística.
Tras su regreso, Mozart vivió unos años atormentados por la mala relación que existía entre él y el arzobispo Colloredo. Una serie de desencuentros hicieron que el músico tomara la determinación de abandonar su ciudad una vez más.
En 1778 hizo una nueva salida, que lo llevó primero a Mannheim -donde quedó impresionado por el estilo de la magnífica orquesta de la ciudad y sus dramáticos contrastes- y luego a París, en busca de un puesto estable y mejor remunerado. Esta estancia fue uno de los peores períodos de su vida: en los salones de la aristocracia le hacían esperar en gélidas antesalas, no le pagaban las composiciones y, lo peor de todo, su madre falleció en el pobre apartamento que tenían alquilado. La carta en que comunica el deceso a su padre es un emotivo documento.
De vuelta a Salzburgo, Mozart no soportó mucho más las desavenencias con Colloredo. Su deseo era convertirse en un músico independiente, sin trabas ni ataduras, por lo que finalmente, en contra del criterio de su padre, decidió romper con el arzobispo e instalarse en Viena. En la capital imperial trató de ganarse la vida como concertista y vendiendo sus obras por suscripción, aunque también se vio obligado a dar clases particulares de piano; como a veces los alumnos se saltaban alguna, decidió cobrar un tanto fijo por mes.
Sus inicios en la capital fueron buenos. Pronto se le empezó a conocer como “el mejor intérprete de teclado de Viena”. Su faceta de compositor no cesó en estos años. El destino quiso ponerle en su camino de nuevo a la familia Weber. A pesar de su fracaso sentimental con Aloysia y de la mala relación de su padre con ellos, Mozart encontró de nuevo el amor en Constanze. El 4 de agosto de 1782 se casa con Constanze Weber contra los deseos de su padre. Juntos viajan como matrimonio a Salzburgo y a Praga.
El estreno, en 1782, de El rapto del serrallo, trepidante ópera en alemán, musicalmente revolucionaria, le dio un gran éxito y el favor del emperador José II. Fue entonces cuando contrajo matrimonio con Constanze Weber, a pesar de que pretendió antes a su hermana mayor, Aloysia.
Los años en Viena fueron de lo más fructíferos para Mozart. Referente del singspiel, óperas cantadas en alemán, coincidió con músicos tan destacados como Joseph Haydn. Se cree que los últimos años de vida del genio de la música estuvieron marcados por la depresión y una situación económica difícil. Muchos aseguran que ese mismo año tuvo lugar un encuentro con otro de los genios de la música: Ludwig van Beethoven.
Últimos Años y Legado
Agobiado por las deudas La vida en Viena se presentaba bajo buenos augurios. Mozart trabajaba sin cesar y estudiaba intensamente a los músicos del período barroco, como Bach. Trabó amistad con Franz Joseph Haydn, a quien dedicó una célebre serie de seis cuartetos. Es imposible destacar siquiera algunas entre las geniales creaciones que Mozart multiplica en esos años en todos los géneros -sonata, sinfonía, conciertos para piano y violín...-, que cosechaban a menudo un éxito clamoroso.
Por ejemplo, en 1783 Mozart comentaba la reacción del público tras un concierto para piano: «La sala estaba abarrotada, y aunque yo había abandonado el escenario los aplausos no cesaban, así que me vi obligado a repetir el rondó». Más apoteósico todavía fue el éxito del ciclo de tres óperas que compuso entre 1786 y 1790 en colaboración con el afamado libretista italiano Lorenzo da Ponte: Las bodas de Fígaro, Don Giovanni y Così fan tutte, que se representaron en todos los teatros de Europa; nada le complació más que oír tararear las arias de Fígaro en las calles de Praga.
Pese a ello, su situación financiera se hizo cada vez más apurada. Para mantener a su familia (tuvo seis hijos, de los que sólo dos sobrevivieron) y pagar las curas de su esposa en Baden y los lujos que se permitían en su apartamento -entre ellos el ponche y los dulces, a los que el goloso Mozart era aficionadísimo- no le bastaban sus ingresos. Desde 1783, el compositor pedía préstamos a algunos conocidos. A uno de ellos, el masón Puchberg, le comentaba: «¡Cuán esquiva me es la fortuna, sobre todo en Viena, donde no gano dinero ni encuentro trabajo, aunque me empeño en buscarlo!».
Poco a poco, nuevos pianistas comenzaron a emerger en Viena y Mozart comenzaba a perder interés. Sin embargo, el último año de vida del maestro, 1791, fue un año brillante para él.
Fue así como, en 1791, le llegó al músico la petición de escribir una Misa de réquiem, por la que se le pagaría generosamente. Un hombre embozado fue a su casa para transmitirle el encargo, negándose a revelar de dónde procedía. Mozart estaba ya gravemente enfermo, pero lo aceptó de inmediato.
Hoy sabemos que la propuesta procedía del adinerado conde Walsegg, que acababa de enviudar y deseaba disponer, para los funerales de su esposa, de una Misa de difuntos. Walsegg quería también que el autor de la obra permaneciera oculto, de modo que él mismo transcribiría la pieza, de su puño y letra, y la haría pasar como propia.
Así, sin sospecharlo, este caprichoso aristócrata propició una de las piezas más grandiosas de la historia de la música, el Réquiem para cuatro voces solistas, coro, órgano y orquesta. Mozart no pudo terminarlo (fue su discípulo y amigo Franz Süssmayr quien lo completó).
El 5 de diciembre de 1791, Wolfgang Amadeus Mozart murió en Viena tras atravesar graves problemas de salud.
Su muerte solo fue noticia entre la aristocracia y los profesionales de la música; para la gente común, no se convertiría en una celebridad hasta unos años después.
Wolfang Amadeus Mozart fue un prodigio musical que nació en Salzburgo en 1756 y que dejó un legado muy importante en la historia de la música clásica. Su genialidad no solo radica en su habilidad técnica, sino también en su innovación musical que revolucionó el panorama artístico de su tiempo.
Su música sigue inspirando y emocionando a personas de todo el mundo.
Obras destacadas de Mozart
Mozart creó un catálogo extenso y diverso de obras maestras. A lo largo de su prolífica carrera, el compositor austríaco contribuyó con más de seiscientas obras que abarcan desde sinfonías hasta óperas.
- Sinfonía N.º 41 en do mayor, KV 551 ("Júpiter"): Conocida como “Júpiter”, esta obra marca la cima del talento sinfónico de Mozart. La grandeza de esta obra se evidencia desde el primer compás, con una rica combinación de instrumentación y una estructura excepcional.
- Concierto para clarinete en la mayor, KV 622: Este concierto resalta la habilidad de Mozart para ajustarse y acoger nuevos instrumentos. Escrito poco antes de su muerte, esta obra para clarinete es una obra maestra que explora las posibilidades expresivas de este instrumento.
- Don Giovanni: Mozart no solo dejó su huella en la música instrumental, sino también en el mundo operístico. “Don Giovanni” es un ejemplo sobresaliente de su habilidad para fusionar drama y música orquestal.
- La flauta mágica: La flauta mágica es una opera en dos actos cuyo libreto fue escrito por Schikaneder. La obra es una mezcla de comedia, drama, fantasía y simbolismo masónico. Es conocida por su música encantadora y variada, que incluye arias memorables, coros brillantes y oberturas vibrantes.
| Obra | KV | Año |
|---|---|---|
| Sinfonía No. 40 en Sol Menor | 550 | 1788 |
| Cantata 'Exsultate, Jubilate' | 165 | 1773 |
| Concierto para Piano No. 21 en Do Mayor | 467 | 1785 |
| Las Bodas de Fígaro | 492 | 1786 |
| Requiem en Re Menor | 626 | 1791 (incompleta) |
| Concierto para Clarinete en La Mayor | 622 | 1791 |
| Sinfonía No. 41 en Do Mayor "Júpiter" | 551 | 1788 |
El impacto de Mozart trasciende la esfera de la composición para abarcar la enseñanza musical. Además, la influencia de Mozart se extiende más allá de las fronteras de su época. Su música ha servido como fuente de inspiración para muchos compositores posteriores, desde Beethoven hasta Tchaikovsky.
En conclusión, la contribución de Mozart al mundo de la música va más allá de su época, siendo un innovador que desafió las reglas establecidas de su tiempo. Su capacidad única para mezclar lo clásico con lo vanguardista sigue siendo una fuente de inspiración para músicos y oyentes. Al explorar las obras orquestales de Mozart, nos sumergimos en un universo de sonidos donde podemos apreciar su genialidad en cada nota. Su legado perdura en la forma en que las orquestas contemporáneas interpretan y aprecian su música.
