Adriano Leite Ribeiro, conocido simplemente como Adriano, es considerado el héroe de culto definitivo para una determinada generación de aficionados al fútbol. Su leyenda sigue creciendo año tras año, gracias al increíble impacto de Adriano en San Siro y en el mundo del fútbol en general.
Infancia en Vila Cruzeiro
Adriano nació el 17 de febrero de 1982 en Vila Cruzeiro, una de las favelas más peligrosas de Río de Janeiro, Brasil. Creció en medio de la pobreza y la violencia, pero el fútbol le ofreció una vía de escape. Nacer en las favelas de Río de Janeiro o de Sao Paulo nunca ha sido una tarea sencilla. En cualquiera de sus calles se mezclan grupos de chavales descalzos o con viejas zapatillas jugando al fútbol junto a otro grupo de niños fumando sus primeros cigarros o porros de hierba.
Pero cualquier niño de las favelas de Ciudad de Dios, Rocinha, Paraisópolis o Vila Cruzeiro se cría con la esperanza de escuchar algún día el himno de Brasil vestido de amarillo y saliendo al campo a disputar un encuentro con su selección en el Mundial. Pocas salidas más quedan para vivir dignamente en estos asentamientos precarios que rodean a las grandes ciudades de Brasil. Algunos consiguen llegar a ser futbolistas profesionales, sin embargo muchísimos más terminarán muertos en cualquier esquina por culpa de una bala perdida, por una intervención policial o por un ajuste de cuentas.
Al recordar esos días en una entrevista, Adriano habló solo de la "diversión" que tenía, insistiendo en que se benefició de una "infancia real". A los siete años, se unió a las filas de la academia de Flamengo, luego de que sus familiares juntaran dinero para que pudiera asistir a la escuela en Gavea. Durante los siguientes ocho años, trabajó para alcanzar su objetivo final de convertirse en futbolista profesional. Adriano nunca tuvo dudas de que lo lograría.
En 2000, debutó como profesional con Flamengo, donde su potencia y habilidad llamaron rápidamente la atención de clubes europeos. Ese mismo año conquista el Sudamericano sub 20 con Brasil y logra cumplir su sueño de debutar con la absoluta de la Canarinha. El brasileño de 19 años llegó a un equipo repleto de estrellas y dejó su carta de presentación en su debut en un Trofeo Santiago Bernabéu. Adriano salió al campo en los últimos minutos del partido y, tras provocar una falta en el borde del área, marcó su primer gol con el Inter gracias a un espectacular libre directo que se coló por la escuadra.
Carrera en Europa
Adriano llegó a Europa como una promesa, y aunque tuvo breves pasos por el Fiorentina y el Parma, fue en el Inter de Milán donde se convirtió en una estrella mundial. Entre 2004 y 2006, vivió su mejor etapa, marcando goles espectaculares y liderando al equipo italiano. Al mismo tiempo, Adriano se consolidó como figura en la selección brasileña, ganando la Copa América 2004 (donde fue el máximo goleador y el mejor jugador) y la Copa Confederaciones 2005.
La Tragedia Personal
En 2004, mientras estaba en la cima de su carrera, Adriano recibió una noticia que cambiaría su vida para siempre: la muerte de su padre, quien había sido su mayor apoyo. Un excompañero del Inter, Javier Zanetti, relató cómo Adriano cambió después de ese suceso. Un día recibió una llamada que decía que su padre había muerto. Después de colgar, gritó tan fuerte que todos lo escuchamos. Adriano comenzó a perder la motivación, y su vida personal empezó a desmoronarse.
A medida que avanzaban los años, los problemas de Adriano fuera del campo se hicieron cada vez más evidentes. Comenzó a faltar a los entrenamientos, su estado físico empeoró y su disciplina se desvaneció. Aunque tuvo destellos de su antiguo talento, especialmente con Flamengo en 2009, donde ganó el Brasileirão y fue el máximo goleador, nunca pudo mantener la consistencia. Intentó regresar al fútbol europeo en 2010 con la AS Roma, pero fracasó debido a su falta de forma y disciplina.
Después de su retiro, Adriano desapareció del radar mediático durante varios años. Se le vio en su favela natal de Vila Cruzeiro, donde vivió una vida sencilla, lejos del glamour del fútbol profesional. En entrevistas posteriores, Adriano admitió que su vida se derrumbó tras la muerte de su padre y que nunca pudo recuperarse emocionalmente.
A pesar de su caída, Adriano sigue siendo recordado como uno de los delanteros más talentosos de su generación. Su historia es una mezcla de gloria y tragedia, una muestra de cómo las presiones del deporte y las tragedias personales pueden destruir incluso a los más talentosos.
Adriano Leite Ribeiro nació el 17 de febrero de 1982 en Río de Janeiro y se crio en una de las favelas más peligrosas de la ciudad. Pese a ello tuvo una infancia muy feliz, donde su mayor pasatiempo era jugar a la pelota. Su familia atendió la pasión de su hijo por el fútbol y, haciendo un esfuerzo económico, le inscribió en una escuela de su barrio. Pronto su calidad y fortaleza física llamó la atención del Flamengo, que le fichó en 1997 para convertirlo en una estrella. Por aquel entonces Adriano jugaba como lateral izquierdo, hasta que sus cualidades futbolísticas (potencia, velocidad y definición) provocaron que su entrenador decidiera reubicarle como delantero centro.
El equipo juvenil se le había quedado pequeño y en el año 2000 Adriano consigue debutar con el primer equipo de Flamengo. Adriano era una auténtica fuerza de la naturaleza, y sus poderosas arrancadas recordaban a la mejor versión de Ronaldo. Adriano parecía imparable y su potente disparo de zurda causaba estragos en las redes rivales. Adriano ya era una estrella en el Calcio pero le faltaba consolidarse con la selección brasileña. En el verano de 2004 Carlos Alberto Parreira le convocó para jugar la Copa América de Perú, donde fue titular indiscutible y se convirtió en el máximo goleador y en el mejor jugador del torneo. Adriano parecía no tener techo como futbolista y en la 2004-2005 realizó la temporada de su vida. El Emperador anotó 28 goles en 42 partidos y logró su primer título en Europa tras conquistar la Coppa de Italia.
Otros Futbolistas de las Favelas
Muchos futbolistas con gran talento han visto sus carreras y vidas personales afectadas negativamente por el abuso de alcohol y drogas. Hoy os quiero acercar las historias de varios futbolistas crecidos en las favelas que llegaron a convertirse en estrellas mundiales.
- Rivaldo: Nacido en las favelas del puerto de Recife, sufrió malnutrición y la pérdida de varios dientes durante su infancia.
- Garrincha: Criado en una favela cerca de Río de Janeiro, enfrentó problemas de salud desde joven, incluyendo poliomielitis y deformidades en las piernas.
- Romario: Nacido en Jacarezinho, una de las mayores favelas de Río de Janeiro, creció en una casa sin luz ni agua.
- Josimar: Criado en ’Ciudad de Dios’, la famosa favela, tuvo problemas con el consumo de cocaína y agresión a un policía.
Las historias de estos jugadores son perfectos ejemplos para comprobar lo complejo que es educar a chavales que ponen todas sus esperanzas en salir de las favelas con la esperanza de convertirse en estrellas mundiales del fútbol. Por ello actualmente hay ex jugadores de la talla de Jorginho o Jairzinho que dedican su vida no solo a enseñarles a ser mejores jugadores, sino sobre todo a ser buenas personas y poder olvidarse de la vida que les rodea pasando las tardes practicando su deporte favorito, y no mezclándose entre malas compañías jugando a ser mayores probando drogas y empuñando armas.
