¿Nace o se hace? Hemos crecido admirando el talento de Albert Einstein, Pablo Picasso, Igor Stravinski, Pablo Neruda, Charles Chaplin o del propio Walt Disney. ¿La genialidad creativa es innata o se desarrolla a través del aprendizaje? ¿Nacemos con o sin ella? ¿Tiene relación con cuestiones fisiológicas? ¿Es hereditaria? o, en cambio, ¿depende del tipo de educación que recibimos durante la infancia y de lo que nos esforcemos cuando llegamos a adultos?
No podemos negar del talento innato que tienen algunas personas para el arte, la música, la ciencia o la práctica de deportes que desde pequeños son capaces de desenvolverse como si fueran expertos en sus disciplinas.
Para ampliar nuestra mente, es importante leer y mantenernos en constante aprendizaje. Al desarrollar nuestra creatividad, nuestro cerebro podrá conectar entre sí estos conocimientos para buscar soluciones cada vez más rápidas y asertivas.
Se podría decir que la creatividad es la capacidad de descubrir nuevas asociaciones entre las ideas, logrando llegar más allá de los límites ya establecidos. Todos en algún momento de nuestra vida hemos sido creativos, ya sea proponiendo una solución o planteando un problema. En realidad esto es lo que acude a la mente de cada uno de nosotros cuando hablamos de creatividad, aderezado con algunos de los logros creativos que han desarrollado otros y que hemos guardado en nuestra memoria.
Puede que algunos niños nazcan con una tendencia mayor a buscar soluciones nuevas o a caminar por caminos vírgenes, pero en realidad la magia y la fuerza de la creatividad radican en la pasión. Por ello no tenemos una fecha límite para desarrollarla ni conoce de edades, sino que se trabaja día a día y aparece si disponemos un espacio adecuado para ello.
Así, llegamos a la gran pregunta, ¿se podría potenciar entonces el desarrollo de la creatividad? El pensamiento distingue dos formas, según J.P Guildford, una de ellas sería la forma que seguiría un guión establecido y ya recorrido por otros con éxito (pensamiento convergente). Este tipo de pensamiento produce una dicotomía: ideas acertadas frente a ideas erróneas.
El otro tipo sería el pensamiento divergente, que consistiría en aportar ideas distintas a las esperables, saliéndonos de las líneas establecidas para crear nuevas rutas o nuevas soluciones. Podríamos entonces potenciar la creatividad si nos desmarcamos de las líneas establecidas y buscamos una nueva idea original para plantear o resolver un problema.
Las personas creativas se sienten cómodas con esta última manera de pensar y se sienten atraídas por el reto que plantea en sí el propio desarrollo. Esta inquietud les habilita para ir más allá de los límites establecidos y encontrar soluciones revolucionarias.
Creatividad y Optimismo
Después de los datos aportados podemos hacernos una idea de lo que la creatividad nos puede aportar. Las personas que no conocen límites, que ante las adversidades buscan y prueban soluciones diferentes, que ante los problemas trabajan con su imaginación, también suelen ser las que aportan ese punto de optimismo cuando todos los caminos parecen cerrados. Normalmente son las últimas en perder la fe y de ahí que muchas veces terminen dando con la solución.
Si conseguimos no quedarnos en lo que ya tenemos e ir más allá podremos descubrir nuevas puertas, si por el contrario no avanzamos o vamos para delante y para atrás, una y otra vez, será muy complicado que avancemos.
Si ante conflictos de la vida siempre actuamos igual o probamos las mismas soluciones no cambiamos las rutas y será imposible salir del círculo, si ante estas tensiones aportamos algo creativo y diferente puede que nos ayude a ver de una forma distinta aquello que llevamos repitiendo un tiempo.
Características de una Persona Creativa
Las personas creativas tienen algunos rasgos que les caracterizan, como por ejemplo una mente abierta. Las personas con originalidad no conocen ni se imponen límites, buscan nuevas formas de llegar a la solución y son flexibles ante las adversidades. Saben que no existe una única solución y se adentran en un mundo nuevo cuando trabajan con otros puntos de vista.
Las personas con creatividad sienten pasión hacia por lo que hacen; se preguntan, se cuestionan y suelen ir más allá de lo que ya tienen. La actitud positiva también les caracteriza: no se frenan y siguen adelante, con esfuerzo y trabajo y sobre todo con imaginación.
Imaginar para despertar, crear para avanzar y pasión para lograrlo. Pueden ser los ingredientes para una buena receta de nuestro producto original. ¿Ponemos entonces a trabajar nuestra imaginación? Solo hay que liberarla.
Según el budismo, la creatividad habita en cada uno de nosotros, tan solo hay que liberarla, dejarla salir. El pensamiento budista defiende que desde que nacemos nos van condicionando y mermando nuestra capacidad creativa. Por ello, los niños pequeños suelen ser más creativos que muchos adultos. A ellos todavía no se les ha privado en su afán de imaginar todo tipo de historias.
A medida que cumplimos años, la sociedad tiende a llevarnos por un camino establecido que en muchas ocasiones deja pocas oportunidades a la creatividad. Una vida llena de exigencias y obligaciones nos mantienen la mente ocupada de tal forma que no es posible acceder a ella.
De esta forma, el budismo propone que a través de la meditación aprenderemos a descondicionarnos y a liberar la creatividad que todos llevamos dentro. Imaginemos que la mente es como una cebolla. Con el paso del tiempo tenemos más y más capas que recubren nuestra mente ocultando nuestro gran potencial creativo.
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- Novedad: algo infrecuente, poco común.
- Precoz: alcanza los logros con una edad anterior a lo establecido normativamente.
- Genio: aquí podríamos incluir el aspecto de la creatividad. La creatividad en este sentido parece más sensible a otros factores, como la manera de potenciarla.
El pensamiento creativo parece requerir un mínimo de inteligencia, pero a partir de ese momento la asociación entre las dos características es mucho menos fuerte.
¿De Dónde Nacen las Ideas?
Si nos fijamos, nuestras ideas casi nunca son nuestras. Nos han entrado a través de fuentes externas, de libros, periódicos y conversaciones y, muchas veces, las integramos pasivamente, sin reflexión.
Una idea verdaderamente original es difícil y rara. El sábado, en un taller en Psyke decíamos “si queremos ser verdaderamente originales, solo hemos de ser auténtica y honestamente nosotros mismos”, porque no hay dos personas iguales. El problema es que nos vamos adaptando tanto a lo socialmente correcto, a lo establecido y -lo que es peor- a lo que los demás esperan de nosotros, que acabamos amoldándonos sin apenas darnos cuenta, entrando en una vida condicionada, mecánica y repetitiva.
Esta mente es “inconsciente”: hace lo que hace sin tener verdadero conocimiento de lo que está haciendo. Por eso es tan impactante para muchos de los participantes en los cursos de Mindfulness reencontrarse con su “mente de principiante” y descubrir nuevas posibilidades.
Apertura y curiosidad son cualidades absolutamente necesarias para conectar con nuestra mente “creativa” que incita a la exploración y experimentación con actitud de asombro, fuente de la generación espontánea de nuevas y originales ideas. El asunto es que a muchas personas -a demasiadas- les da miedo.
Todos nacemos con esa mente curiosa porque necesitamos explorar lo desconocido. Según el célebre psicoanalista Erik Erikson, desde los 18 meses hasta los 3 años desarrollamos la autonomía y la sensación de control.
Para los padres constituye un difícil equilibrio: dejar que el niño tome sus propias decisiones por su necesidad de explorar y descubrir el mundo, y establecer a su vez un marco de seguridad que lo limita. Si el niño ve que puede explorar y coger rabietas sin que su cuidador le niegue su amor, desarrollará una curiosidad sana que le generará turbación ante un error o timidez ante desconocidos.
En la edad adulta, sin embargo, tendemos a perder esta necesidad de descubrir y explorar el mundo con curiosidad. Cuando meditamos estamos siendo creativos: al principio observamos una mezcla de pensamientos descontrolados que nos arrastran. A medida que vamos meditando más metódicamente se va produciendo una corriente de pensamientos y estados mentales más útiles y sanos.
Quizá seas una persona creativa, con la inspiración necesaria, capaz de generar nuevas ideas que te hagan dar un paso más allá de lo establecido. Hace años que la neurociencia trata de encontrar el origen de las habilidades de la mente creativa: ¿nacemos con o sin ella? ¿Tiene relación con cuestiones fisiológicas relacionadas con nuestro cerebro? ¿Es hereditaria? O, por el contrario, ¿depende del tipo de educación que recibimos durante la infancia y de lo que nos esforcemos en la edad adulta? ¿Se desarrolla con la edad?
El equipo de Neurología y Neurociencia de la Universidad de Cornell realizó hace unos años un estudio en el que trataban de descubrir si el cerebro de las personas creativas tiene alguna característica particular que pueda mejorar la creatividad. Partiendo de que el cerebro está dividido en dos hemiferios unidos por un haz de fibras llamado cuerpo calloso, la investigación puso al descubierto que, en el caso de los músicos, artistas o escritores, “la conectividad callosa es más pequeña”.
Sin embargo, el pensamiento divergente no es la única condición para que se desarrolle la creatividad. ¿De dónde surge la creatividad? También hay evidencia de que la clave podría estar asimismo en nuestro ADN.
Investigadores de la Universidad de Helsinki evaluaron en una investigación la creatividad musical de las personas y otras habilidades, como la capacidad de improvisar o componer. Y descubrieron la existencia de un grupo de genes que participa en la elasticidad del cerebro, relacionado con la creatividad musical, porque posee la capacidad de reorganizarse y formar nuevas conexiones neuronales.
Otro estudio posterior de la Universidad Médica de Viena observó cambios en la materia gris y la red intrínseca de la corteza cingulada posterior, después de aumentar los niveles de serotonina a través de la ingesta selectiva.
Parece claro que existe cierta disposición a la creatividad, por motivos genéticos de una parte y fisiológicos, de otra. Pero la ciencia también dice que es posible potenciarla ¿Cómo? A través de la educación, aprendiendo a no poner límites a nuestra mente, a buscar nuevas respuestas y, sobre todo, nuevas preguntas. Trabajando nuevos puntos de vista, teniendo la mente abierta, desempolvando el talento y desafiando al sentido común.
Entonces ¿La mente creativa nace o se hace? Las técnicas para generar y capturar buenas ideas te ayudan a que no desaproveches esas ráfagas de lucidez que llegan a tu mente. Con frecuencia las ideas importantes se pierden en el camino, por no plasmarlas o escribirlas.
Técnicas para Generar y Capturar Buenas Ideas
La mayoría de las grandes creaciones e innovaciones no surgen como una ráfaga imparable que se adueña de la mente. Lo usual es que se vayan cocinando poco a poco, pero de forma constante. Por eso, es muy importante aprender a generar y capturar buenas ideas de forma cotidiana.
Las ideas no nacen elaboradas, pero sí son muchos los “chispazos” que se desaprovechan por no contar con una técnica para atraparlos e irles dando forma. Las siguientes son cuatro técnicas para generar y capturar buenas ideas.
- La escritura libre: una forma de generar y capturar buenas ideas. Consiste en tomar lápiz y papel y escribir allí todo lo que se te ocurra, sin reparar si es razonable o no y sin tener en cuenta la claridad con la que te estás expresando. Si lo haces de forma habitual y luego revisas lo que has escrito, lo más probable es que encuentres buenas ideas.
- Aprender a tomar notas: Es muy recomendable que tengas una libreta para anotar este tipo de pensamientos. El solo hecho de pasarlas del pensamiento a la palabra escrita ya les da más forma y las hace ver más definidas. Lo más recomendable es que una vez a la semana revises tus grabaciones y tus notas para depurarlas.
- Dibujar un mapa mental para las ideas incipientes: Los mapas mentales son una herramienta muy eficaz para generar y capturar buenas ideas. Sobre todo, permiten desarrollarlas y darles una forma más acabada. Lo mejor es acudir a ellos cuando ya tengas una idea más o menos definida, pero sientas que aún no tiene solidez o estructura. De lo que se trata aquí es de graficar tu idea, sin necesidad de explicarla a fondo.
- Crear un espacio para las ideas colaborativas: Otra forma muy eficaz de generar y capturar buenas ideas es hacerlo en equipo. La idea es que todos trabajen sobre la idea central, sus relaciones, sus aplicaciones, etc. Así mismo, que cada persona exponga a su manera los hallazgos que efectúe.
