El modernismo literario es un movimiento que surgió a finales del siglo XIX y principios del XX, en gran medida como respuesta a los rápidos cambios sociales provocados por la industrialización y la urbanización. Caracterizado por una ruptura con las formas tradicionales de escritura, el modernismo literario pretendía reflejar la fragmentación percibida de la sociedad y la desilusión que muchos sentían. Entre sus características principales se encuentran el uso experimental del lenguaje, la corriente de conciencia, las estructuras narrativas no lineales y la atención a las experiencias subjetivas.
Los escritores modernistas a menudo trataban temas complejos como la alienación, la profundidad psicológica y la naturaleza incierta de la realidad.
Rubén Darío, figura central del modernismo literario.
Contexto Histórico y Orígenes
Dijo Juan Ramón Jiménez que “lo que se llama Modernismo no es cosa de escuela ni de forma, sino de actitud. Es el encuentro con la belleza, sepultada durante el siglo XIX por un tono general de poesía burguesa.” A esta explicación puramente estética hemos de añadir factores de índole histórica y cultural para entender una “crisis universal de las letras y el espíritu”, manifestada en todos los campos del saber humano a partir de 1885 y que representa la expresión del hondo cambio histórico que se produce con el paso del siglo XIX al XX.
Los grandes progresos técnicos y científicos, el rápido crecimiento industrial, el auge de la burguesía y el enfrentamiento de la clase obrera con la clase dirigente contribuyen a un cambio de mentalidad que se refleja en el desarrollo de las teorías marxistas y anarquistas. Se extiende un sentimiento de falta de fe en el poder de la ciencia, con el que va aparejado un alejamiento de posturas positivistas y la influencia de filosofías irracionalistas y voluntaristas (Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche…), que intentan explicar la vida desde una perspectiva subjetiva e individualista.
Esta etapa se cierra con la Primera Guerra Mundial, pero en España cabe mencionar algunos hechos destacables: el desastre el 98, con la pérdida de las últimas colonias, es la culminación de un proceso de degeneración política y social, como se podía apreciar en el atraso general del país (necesitado, según los intelectuales, de una “regeneración” que no se veía favorecida por la alternancia de liberales y conservadores, igualmente corruptos, ni por el caciquismo rural).
La crisis de fin de siglo en España dio lugar a dos movimientos: el Modernismo y la Generación del 98. Mientras algunos críticos estiman que esa diferenciación es innecesaria, otros entienden que, aunque ambos pertenecen a una misma generación histórica, el Modernismo se asocia con la preocupación estética y el refinamiento artístico, mientras el 98 se decanta por una orientación más intelectual y filosófica, precursora del existencialismo.
El Rol de Rubén Darío
Es un movimiento renovador que, aunque generalmente se restringe al ámbito artístico, busca un cambio ideológico, político y social. Tiene sus orígenes en Hispanoamérica, hacia 1880, y nace como una afirmación de las propias raíces americanas frente al colonialismo y el imperialismo. Llegó a España gracias a Rubén Darío, su principal representante (con obras como Azul, Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza), aunque los mejores poetas españoles mostraron rasgos singulares que los diferencian de este: mientras que Rubén manifiesta una mayor sensualidad en la forma externa del poema, Antonio Machado, en su época modernista indaga más en la intimidad, y Juan Ramón Jiménez alterna ambas tendencias. En España, uno de los precursores del Modernismo fue Salvador Rueda.
Entre los jóvenes poetas que integraban el núcleo modernista madrileño destacaron Francisco Villaespesa, los hermanos Machado, Rafael Cansinos Assens y el propio Juan Ramón Jiménez. Helios fue la más importante revista del modernismo español.
El modernismo catalán, una expresión artística total.
Características Esenciales de la Poesía Modernista
Los poetas modernistas, descontentos con la realidad, se enfrentan a la estética dominante y realizan una profunda renovación literaria, tanto en los aspectos formales como en los temáticos: La estética modernista se caracteriza por el rechazo de lo cotidiano y por la búsqueda de la belleza y de la perfección en las formas, lo cual los aleja del realismo literario.
Renovación Temática
Los modernistas recogieron un rico caudal que va de lo clásico a lo moderno, de lo medieval a lo romántico, sin que nada permaneciera ajeno a su sensibilidad, insistiendo en una serie de TEMAS relacionados con su concepción del mundo:
- La búsqueda de la belleza, único medio de huir de la realidad cotidiana y mostrar su desacuerdo con ella, es el principal motivo artístico. Se manifiesta sobre todo en las evocaciones históricas y legendarias (evasión en el tiempo y en el espacio): el mundo oriental, la Edad Media, la mitología griega, el Renacimiento italiano, la América precolombina, etc. En estas evocaciones de tiempos pasados y ambientes exóticos y refinados abundan los motivos coloristas: ninfas y dioses, jardines, palacios y castillos, cisnes -símbolo de belleza-, princesas, salones cortesanos, fiestas galantes, etc. Todo un mundo de belleza refinada y aristocrática, opuesto, según los modernistas, a la vulgaridad de la vida burguesa; lo bello e inútil se antepone a lo utilitario y materialista. El refinamiento, el gusto por la elegancia se aprecian en el léxico: las palabras se seleccionan por su brillantez, su rareza y su capacidad de sugerencia.
- En relación con lo anterior aparece el cosmopolitismo: París, ciudad cosmopolita por excelencia, símbolo de lo exquisito y aristocrático, se convierte en el centro del mundo modernista. Y, paradójicamente, otro de sus temas es lo indígena, lo autóctono: se valoran las culturas precolombinas de los pueblos hispanoamericanos, se expresa un sentimiento de nostalgia por un pasado legendario y se utilizan mitos guerreros como Caupolicán o el Cid, en el caso de la Edad Media.
- La utilización del símbolo y el mito: más que un tema, el símbolo constituye una manera de entender la creación poética. Los escritores modernistas utilizan símbolos para crear sensaciones y evocar lo inefable, lo que no puede expresarse por procedimientos racionales. Entre los símbolos preferidos destacan el color azul y el cisne, que puede tener distintos significados: representa la belleza, la pureza, la elegancia, la aspiración ideal, lo aristocrático; significa también el poeta, el encanto mágico y el misterio. También recurren a mitos clásicos como fuente de inspiración: Venus, Adonis, Orfeo...
- Lo oculto o religioso: se recogen elementos del Budismo, el Cristianismo, y la filosofía y religión griegas. Como Pitágoras, se cree en el ritmo y la armonía universales. Al modernista le atraen el misterio, lo espiritual.
- El amor y el erotismo: en unos casos se sublima el sentimiento amoroso y, en otros, se resaltan los aspectos más sensuales. Aparece tanto la idealización de la amada como la pasión desenfrenada, la exaltación del placer como la advertencia de su carácter efímero (“Juventud, divino tesoro / te vas para no volver...”). A veces no es el amor, sino su evocación el motivo de la composición con la captación de momentos felices asociados al paisaje, (Machado).
- Otro tema importante lo constituye la expresión de la intimidad personal (el llamado modernismo interior, de clara inspiración romántica): la melancolía, el hastío y la tristeza como manifestaciones del malestar existencial, sentimientos envueltos casi siempre en ambientes otoñales o crepusculares de jardines abandonados, parques solitarios, tardes grises, etc., paisajes simbólicos todos ellos.
Renovación de la Lengua Poética
El Modernismo inicia una renovación completa de la lengua poética que es una muestra más de su anhelo estético. Con el fin de conseguir el goce de los sentidos y la sugerencia de lo suave y delicado, los poetas utilizan los siguientes recursos:
- Los efectos sonoros de las palabras, que se consiguen gracias al uso de esdrújulas, una profusa adjetivación (se concede mucha importancia al epíteto) y las más variadas figuras retóricas: aliteraciones (la libélula vaga de una vaga ilusión), sinestesias (para ver de sus ojos la dulzura de luz), que permiten sugerir la mezcla de sensaciones (la percepción de lo visual, lo táctil, lo olfativo...), abundancia de metáforas e imágenes originales, y todo tipo de recursos que contribuyan a crear ritmo (como las figuras de orden sintáctico) y efectos evocadores.
- Un vocabulario insólito que alude a realidades exóticas y exquisitas (acanto, crisantemo, heliotropo, salterio...), a nombres de héroes y dioses (Jasón, Pan, Afrodita...), a realidades arcaicas misteriosas o aristocráticas (pagodas, castillos, odaliscas, marquesas...), o al mundo fantástico de los cuentos infantiles (Un quiosco de malaquita / un gran manto de tisú...). El léxico se llena de cultismos, neologismos y arcaísmos.
- El colorido o cromatismo que va de los colores suaves a los más fuertes, a menudo dependiendo de la observación subjetiva, teñida de melancolía o de entusiasmo, del paisaje. Se pretendía conseguir efectos impresionistas, por medio de sensaciones, que lograron mediante la sinestesia, los matices cromáticos y la musicalidad.
Renovación Métrica
El ritmo es un elemento fundamental del Modernismo, que continúa una renovación métrica iniciada por poetas románticos como Rosalía de Castro o Bécquer. No sólo se persigue una sonoridad nueva, sino también la correspondencia entre sentimiento y musicalidad. La renovación métrica afectará a los siguientes elementos:
- Los versos. Se utilizan versos antiguos, como el hexámetro grecolatino, y otros de procedencia francesa. Los preferidos, por sus posibilidades musicales, son el alejandrino, con una nueva acentuación; el eneasílabo y el dodecasílabo, junto a los tradicionales endecasílabo y octosílabo. Los encabalgamientos y las rimas internas rompen la cadencia habitual del verso. Son frecuentes las series de endecasílabos blancos (sin rima). En un mismo poema se combinan metros diferentes, acomodándolos al sentimiento o a la sensación que se pretende sugerir. En cuanto a la rima, se alternan la asonante y la consonante, y se va preparando el camino para el poema en prosa y el verso libre.
- Las estrofas. Algunas de ellas ya se conocían y otras fueron importadas. En cualquier caso, la composición estrófica preferida sigue siendo el soneto, aunque con importantes variaciones de rima y longitud del verso. Se usan también la estrofa de pie quebrado y la silva asonantada, y se recuperan algunas estrofas en desuso, como la cuaderna vía.
- La acentuación. Además del abundante uso de palabras esdrújulas, se traslada al castellano la métrica clásica, basada en la alternancia de sílabas largas y breves, que se sustituyen por sílabas tónicas y átonas, respectivamente: Ínclitas razas ubérrimas / sangre de Hispania fecunda... (larga-breve-breve; larga-breve-breve...).
En conclusión, la poesía modernista es a menudo una explosión sensual donde los colores, los sonidos, los aromas, los sabores y las impresiones táctiles impregnan las evocaciones del paisaje y sus figuras a través de una estilización e idealización extremas; pero, por otra parte, también se introducen los tonos grises e intimistas de la sensibilidad, buscando siempre la belleza y renovando temática y formalmente la lírica.
Sonatina de Rubén Darío
Influencias del Modernismo
La nueva estética recoge elementos de otras corrientes literarias:
- El parnasianismo. Defienden los parnasianos “el arte por el arte”, es decir, el culto absoluto a la perfección formal. Depuran y seleccionan el léxico para escapar de toda fealdad o vulgaridad, y utilizan un lenguaje de gran plasticidad y cromatismo.
- El simbolismo. Basándose en la poesía de Baudelaire, Mallarmé o Verlaine, los simbolistas creen en la correspondencia entre las percepciones sensoriales y la vida espiritual, y consideran que la labor del poeta consiste en descifrar esos paralelismos ocultos. Dotan a las palabras de un fuerte valor emotivo y, para ello, buscan el matiz, la sugerencia. Dan entrada a lo irracional, buscan lo oculto que existe más allá de la realidad corriente. El poeta se sirve para lograrlo de figuras retóricas como la sinestesia y el símbolo.
- El decadentismo. Sus seguidores reivindican el encanto de lo prohibido o lo escandaloso, etc.; por eso, su actitud es bohemia y anarquista, porque no se ajusta a las convenciones sociales, como demuestran en su defensa de los “paraísos artificiales” como las drogas y el alcohol, pero también es aristocrática por su búsqueda de la belleza y su repulsa hacia lo vulgar. A todo ello hay que añadir la influencia de los románticos, de los que admiran su rebeldía, su gusto por lo irracional, el deseo de evasión y, por supuesto, su renovación formal.
La Estación de Orsay, un símbolo de la modernidad que inspiró a los modernistas.
El Modernismo en España y su Relación con la Generación del 98
En la tradición española el modernismo, pese a sus orígenes hispanoamericanos, ha estado siempre presente gracias a la adscripción de Rubén Darío a nuestra historia de la literatura. Su modernismo americano, en cualquier caso, es distinto de los españoles de, por ejemplo, Salvador Rueda, Francisco Villaespesa, Eduardo Marquina y el últimamente revalorizado Manuel Machado, a su vez muy diferentes entre sí, hasta el punto de dificultar una consideración unitaria.
En esa misma tradición historiográfica, generación del 98 y modernismo han recorrido caminos distintos, pero siempre paralelos. A ello contribuyó seguramente la difusión del concepto de generación, que había acuñado Julius Petersen en su libro Las generaciones literarias (1930) y que divulgó en España José Ortega y Gasset. Así, en 1935 Pedro Salinas publicó un artículo en el que defendió la aplicación de la idea al grupo del 98, aunque no pensando en dos corrientes literarias separadas: 98 y modernismo. Sí lo hacía tres años más tarde, cuando hablaba del modernismo como una opción literaria inicialmente de raíz americana que fue entendida por los escritores españoles como una actitud de rebeldía frente a lo antiguo.
