La Historia del Divino Niño de Atocha: Orígenes, Leyendas y Devoción

La devoción al Santo Niño de Atocha, tal y como se conoce hoy, en realidad nació en América, en México. Hasta allí los españoles llevaron la devoción a la Virgen de Atocha, colocando en un altar de la iglesia de Plateros una hermosa imagen española de Nuestra Señora y su Niño Divino.

La imagen desapareció y pronto esculpieron unas nuevas que se podían separar. El Niño aparece vestido de peregrino con la "concha de Santiago" y sostiene una cesta con alimentos.

Imagen del Santo Niño de Atocha

La Leyenda del Niño Peregrino

Se representa así por una leyenda que se remonta al Madrid medieval bajo la ocupación musulmana. Esa leyenda cuenta que en Atocha, muchos cristianos estaban en prisión debido a la fe que profesaban. En una época, el califa emitió una orden que consistía en que nadie excepto niños de doce años o menores podía traer alimentos a los prisioneros.

Aquellos que tenían niños jóvenes podían mantener con vida a sus familiares, ¿pero qué les sucedería a los demás? Las mujeres del pueblo suplicaban a Nuestra Señora, pidiéndole que las ayudara a encontrar una forma de alimentar a sus maridos, hijos y hermanos. Un joven niño visitaba y alimentaba a los prisioneros que no tenían niños jóvenes que los alimenten. Ninguno de los niños sabía quién era, pero la pequeña vasija de agua que llevaba nunca estaba vacía, y la canasta siempre estaba llena de pan para alimentar a todos los desafortunados prisioneros que no tenían niños propios que les trajeran alimentos.

Aquellos que habían pedido un milagro a la Virgen de Atocha comenzaban a sospechar acerca de la identidad del pequeño niño. Como una manera de confirmarlo, los zapatos de la estatua del niño Jesús estaban gastados. En la Basílica de Atocha siempre hubo una imagen de un Niño Jesús, porque los dominicos promovían en sus iglesias la devoción al Santo Nombre de Jesús.

Orígenes en España: La Virgen de Atocha

La imagen de Ntra. Sra. de Atocha, es la más antigua de Madrid. La leyenda remonta la devoción a tiempos apostólicos, atribuyendo su realización a Nicodemo y su policromía a San Lucas, siendo trasladada por los discípulos de San Pedro desde Antioquía a España. Son las crónicas del siglo XVII las que comienzan a aportar datos más realistas, citando un documento donde aparecía la primera referencia al culto a Ntra. Sra. de Atocha.

La siguiente referencia a la imagen se recoge en una leyenda que es la más conocida y popular y que aparece en muchas de las crónicas de la ciudad de Madrid. Se trata de la historia de un caballero llamado Gracián Ramírez, considerado Alcaide de Madrid, que habría vivido en el siglo VIII, siendo ya por entonces un gran devoto de Nuestra Señora de Atocha, y que iba a rezar con frecuencia a su ermita que se encontraría entonces en la orilla del río Manzanares, en la zona que llamaban Santiago el Verde.

En una ocasión, al entrar a la ermita, se dio cuenta de que la imagen había desaparecido y se puso de inmediato a buscarla, encontrándola en el lugar donde hoy se encuentra la Basílica. Cuando Gracián Ramírez se puso a construir una nueva ermita en ese lugar, los musulmanes que ocupaban por entonces la ciudad de Madrid pensaron que estaba construyendo una fortaleza y lo atacaron.

La batalla parecía perdida por la superioridad musulmana, de modo que su mujer y su hija prefirieron quitarse la vida antes que caer en manos enemigas. Pero milagrosamente, cuenta la historia, Gracián Ramírez con la ayuda de más cristianos y la intercesión de Nuestra Señora, vencieron en la batalla.

Los primeros documentos que mencionan la existencia de una ermita en la que se rinde culto a Nuestra Señora de Atocha, se remontan a 1162, y son unas Bulas de la Catedral de Toledo donde el arzobispo de esa ciudad concede la propiedad de la ermita a la casa Colegial de Santa Leocadia de Toledo. Y finalmente, el documento irrefutable que demuestra la existencia de un culto importante a Nuestra Señora en su advocación de Atocha, lo encontramos en el siglo XIII, en las Cantigas de Alfonso X el Sabio, donde se hace referencia directa a dos milagros de Ntra. Sra. La primera cantiga cuenta el milagro de un labrador que no cumplía el precepto dominical y un día se le agarrotaron las manos y no podía abrirlas, pero se curó al acudir a la Virgen.

Existen distintas versiones acerca del origen del nombre Atocha. Unos consideran que se refiere al supuesto lugar de procedencia de la imagen, Antioquía; otros creen que procede del griego Theotokos (Madre de Dios), pues en su trono se pueden leer las letras griegas T y O; por último, y es la hipótesis más aceptada, el nombre haría referencia al lugar donde se erigió su ermita, donde abundaban las “atochas” (una planta parecida al esparto). Lope de Vega, por eso, dedicaba un poema a Ntra. Sra.

Los frailes dominicos son custodios de la imagen desde el año 1523, año en el que, a través de fr. Juan Hurtado de Mendoza, confesor del rey Carlos V, la ermita pasa a ser propiedad de la Orden de Predicadores. Por él han pasado ilustres frailes (confesores de reyes, teólogos, escritores, músicos…) Fr. Bartolomé de las Casas, defensor de los Indios, pasó sus últimos años de vida, y aquí murió y fue enterrado (desconocemos el lugar exacto de su sepultura); fr. Jerónimo Vallejo, Padre de los Pobres, conocido en todo Madrid por sus obras de Caridad; fr. Desde entonces han cuidado el culto y la devoción a Nuestra Señora, poniéndola a salvo en ocasiones de peligro.

Ntra. Sra. Siempre existió una estrecha relación entre la Casa Real y la imagen de Ntra. Sra. La relación fue especialmente intensa en tiempos de la dinastía de los Habsburgo y posteriormente con los Borbones. De Felipe II se dice que nunca salía de Madrid sin pasar por la Basílica. Felipe IV la visitó 3400 veces, tal y como un fraile de la casa anotó pacientemente. Carlos II quiso que su primera salida como rey de España fuera a Atocha, y allí acudió tras su boda con María Luisa de Orleans regalando en esa ocasión un manto y una corona de diamantes.

Cuando los monarcas sufrían grave enfermedad o estaban en trance de muerte, la imagen de la Virgen era trasladada en procesión solemne hasta el Palacio Real. De hecho la imagen solo puede procesionar si es con permiso real. En 1562 salió por primera vez para pedir por la salud del Príncipe Carlos que había sufrido una caída. Los monarcas acudían con frecuencia a dar gracias por los triunfos de los ejércitos españoles. Carlos I acudió al templo para dar gracias por la batalla de Pavía, y tras las victorias de Túnez y Argel.

Pronto se instauró la costumbre de depositar en el templo las banderas y pendones de los ejércitos vencidos. Desde muy pronto se convirtió en costumbre que los reyes presentaran a sus hijos los príncipes e infantes ante la imagen de la Virgen. Así hicieron, por ejemplo, el 7 de diciembre de 1629 Felipe IV y su esposa presentando al Príncipe Baltasar Carlos. Felipe IV llevó al príncipe Carlos ante la imagen a los pocos días de nacer.

También es frecuente que los reyes fuesen a dar gracias al templo de Atocha tras la celebración de su matrimonio. El rey Fernando VII se casó con Dña. María Cristina de Borbón en Palacio, y después acudieron al santuario de Atocha donde tuvo lugar la ceremonia de velaciones y después un Te Deum. El 10 de octubre de 1846 tenía lugar en el Salón del Trono del palacio Real, el matrimonio entre Isabel II y su primo Francisco de Asís, y la Infanta Luisa Fernanda de Borbón y Antonio de Orleans, el Duque de Montpensier.

Solo un monarca eligió la Basílica para celebrar su enlace. El 23 de enero de 1878 a las doce de la mañana contraían matrimonio el rey Alfonso XII con doña María de las Mercedes de Orleáns y Borbón ante la imagen de Nuestra Señora. Felipe III instauró la costumbre de acudir cada sábado a la Basílica a orar con los frailes y cantar la Salve al final de la celebración.

Los reyes la declararon «Protectora de España, de todo el Nuevo Mundo, de sus flotas y galeones, de las Armas de esta Monarquía y Principal y más antigua Patrona de esta Imperial Villa de Madrid» (según grabados del XVII). Incluso las crónicas cuentan que un madrileño ilustre como fue San Isidro Labrador, venía a orar ante la imagen todos los días antes de ir a trabajar. En una ocasión uno de los hijos de San Isidro y Santa María Cabeza de Vaca se cayó a un pozo del que no podían sacarlo.

Desde entonces han sido muchos los madrileños que, a lo largo de la historia, han honrado y suplicado a la Virgen de Atocha. La ciudad recurría a la Virgen de Atocha en los momentos más difíciles como por ejemplo en 1580 cuando una terrible peste (lo llamaban catarro mortal) asoló la ciudad, y en ese momento de desesperación el pueblo, clerecía, religiosos, Villa, Consejeros, Reino, Grandes, Príncipes y toda la comarca acudieron al Santuario de Atocha sacando en procesión la imagen que estuvo tres días en la parroquia de Santa María, tres en Santo Domingo el Real y otros tres en las Descalzas.

Y un tiempo después, en julio de 1631 un terrible incendio consumía manzanas enteras en el entorno de la Plaza Mayor de Madrid. Enseguida se pidió la ayuda del cielo y por eso el monarca pidió que la imagen de Ntra. Sra. de Atocha fuera llevada en procesión hasta la Plaza Mayor y posteriormente a las Descalzas Reales donde se encontraba la Corte y los Reyes, para que su presencia aplacara el fuego.

Antes de que llegaran los dominicos ya hay constancia en el siglo XV de una hermandad de caballeros de Atocha que se ocupaban del Hospital de peregrinos que se levantó junto al templo. En 1808 las tropas de Napoleón entraban con violencia en el Convento e iglesia convirtiéndole en cuartel y provocando terribles daños. Fue entonces cuando se perdieron las históricas banderas, recuerdo de triunfos de España a lo largo de la historia, que decoraban las paredes del templo en señal de agradecimiento.

Robaron todo el oro y plata de la Virgen, quemaron los libros de la biblioteca y derribaron numerosas partes del convento. La desamortización de 1834 fue el segundo duro golpe al templo, cuando los dominicos son expulsados y el convento convertido en cuartel de inválidos y el templo custodiado por el Capellán Real.

El 12 de noviembre de 1863, el Papa Pío IX le concedía a la iglesia de Atocha el título de Basílica, por medio de un Breve pontificio firmado en Roma. Había sido la Reina Isabel II quien había elevado la petición de dicha dignidad al Nuncio de Su Santidad en España, Monseñor Barilli. La Reina era una fiel devota de Ntra. Sra. de Atocha, y en su templo había celebrado la misa de velaciones tras su matrimonio, y acudía con mucha frecuencia a orar y a cantar la Salve ante la imagen de la Virgen.

La Real Basílica de Atocha estuvo por espacio de 10 años, desde 1878 al 1888, como sede de la Parroquia de Nuestra Señora de las Angustias. Como dato de interés podernos consignar que, en 1883 fue bautizado en ella el gran filósofo madrileño D.

El año 1924 los dominicos, que no podían olvidar a la Virgen de Atocha que con tanta devoción y cariño habían custodiado durante cuatro siglos, solicitaron al rey Alfonso XIII concediese facilidades para restaurar el convento e iglesia de la Virgen de Atocha. Quedó interrumpido de nuevo el culto en los azarosos años de nuestra guerra civil, al ser asaltados e incendiados el convento y la iglesia -el 20 de julio de 1936- y los religiosos que no pudieron escapar aquel día trágico fueron martirizados.

El actual templo fue inaugurado en la Navidad de 1951, y es obra de Diego Méndez. Se establece entonces una nueva comunidad en el Convento de Atocha y comienza un nuevo periodo de gran actividad cultual, pastoral y educativa. En 1963 se levantó el Colegio Virgen de Atocha que la comunidad de Atocha gestionó durante más de 40 años hasta que pasó a la Fundación Educativa Santo Domingo, aunque frailes del convento siguen participando en la pastoral del Colegio.

La vinculación de la Casa Real con la Basílica también se ha mantenido durante el siglo XX.

Basílica de Nuestra Señora de Atocha

El Santo Niño de Atocha en las Fronteras

Crossing Borders with the Santo Niño de Atocha journeys through the genesis, development, and various metamorphoses in the veneration of the Holy Child of Atocha, from its origins in Zacatecas in the late colonial period through its different transformations over the centuries, across lands and borders, and to the ultimate rising as a defining religious devotion for the Mexican/Chicano experience in the United States.

It is a vivid account of the historical origins of the Santo Niño de Atocha and His transformations Everywhere He ever walked, first in the nineteenth century, along the Camino de Tierra Adentro between Zacatecas and New Mexico, to His consolidation as a saint for the Borderlands, and finally, to His contemporary metamorphosis as a border-crossing religious symbol for the immigrant experience and the Mexican/Chicano communities in the United States.

Using a wide variety of visual and written materials from archives in Spain, Mexico, and the United States, along with oral history interviews, participant observation, photography, popular art, thanksgiving paintings, and private letters addressed to the Holy Child, Juan Javier Pescador presents the fascinating and intimate history of this religious symbol native to the Borderlands, while dispelling some myths and inaccurate references.

San Roque es un santo popular. Su nombre significa «fuerte como roca». La extensión rápida de su devoción se debe a que el pueblo es muy sensible a la salud y él se presenta como protector y sanador de enfermos. Un párroco presentaba a san Roque y san Sebastián como «la penicilina» de los pobres y desamparados, de la gente sencilla y de la gente con fe. Esta novena quiere fomentar una sana devoción a san Judas Tadeo así como salir al paso de falsas interpretaciones sobre el «santo de las causas difíciles». Los breves comentarios de cada uno de los días de la novena aportan sana devoción y el sentido cristológico de la intercesión de san Judas Tadeo.

Material actualizado para estas prácticas devocionales (a María, santos, patronos...), dispuesto para su fácil utilización. Novena a san Vicente Mártir, que quiso imitar al mayor predicador, Cristo, y muriendo mártir por no querer renegar de su fe cristiana. Novena san Vicente Ferrer a quien Dios confirmó su predicación con milagros, llevando la paz y la unidad y ayudando a los pobres y necesitados.

Nuestra Señora, La Virgen de los Desamparados, nos enseña a servir a los más necesitados, con amor y solidaridad. Y también que Ella no es la más importante, sino el Niño que lleva en sus brazos: Jesús, rico en misericordia.

Tabla resumen de la información clave:

Aspecto Detalles
Origen de la devoción España (Virgen de Atocha), luego México (Santo Niño de Atocha)
Leyenda principal Niño que alimenta a los prisioneros cristianos en Madrid
Relación con la realeza Intensa, especialmente con los Habsburgo y Borbones
Custodia de la imagen Frailes dominicos desde 1523
Significado actual Símbolo religioso para comunidades mexicanas en EE.UU.

23 Misterios del Santo Niño de Atocha que NO se Pueden Explicar

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