Diosas de la Fertilidad en Mesopotamia: Nombres y Legado

Es indiscutible que las fuentes más fiables para estudiar los orígenes de la cerveza las encontramos en Egipto y Mesopotamia. Con un riquísimo panteón, la mitología sumeria es especialmente generosa en menciones a la cerveza. Ahí está el famosísimo Himno a Ninkasi y la no menos conocida Epopeya de Gilgamesh, obras de las que os hablamos en nuestro podcast.

En la mitología asociada al sur de la Península, es probable que recordemos Tarteso, la 'primera civilización de Occidente' o en los primeros hitos de lo que sería la Bética romana. En épocas remotas en las que florecieron las sociedades de la zona del Guadalquivir, una de las diosas más antiguas y veneradas fue Astarté. De origen cananeo-feinicio, esta diosa protectora de la fertilidad, la guerra y los astros se hizo un hueco en los corazones de muchas generaciones de la región, mucho antes de que surgieran las tradiciones de cofradías o de que la Macarena fuese tan icónica para los sevillanos. Esta enigmática figura, arraigada en la antigua Mesopotamia, era conocida también como Ishtar (o Inanna) en la cultura asiria y babilónica.

INANNA Diosa SUMERIA del Amor y la Guerra | ISHTAR #mitologia

Raíces Orientales: De Inanna a Astarté

El nombre Astarté puede rastrearse hasta las diosas Inanna (en Sumeria es la antigua diosa del amor, la fertilidad o la procreación) e Ishtar (en Acadia y Babilonia), divinidades conectadas tanto con la sensualidad como la guerra. Cuando los fenicios expandieron exitosamente sus rutas comerciales por el Mediterráneo, llevaron consigo sus creencias y cultos. Y fue así como llegó Astarté a enclaves como Gadir (Cádiz) o Malaka (Málaga) desde la zona de Líbano y Siria.

Una vez que se adaptó esta deidad, también asumió su naturaleza dual de protectora de la fecundidad, así como sus aspectos guerreros y celestes. En muchas representaciones, aparece sosteniendo armas o escoltada por leones, caballos y palomas.

Representación de la diosa Ishtar con un león, símbolo de su poder y protección.

La Diosa en el Sur Peninsular

La temprana presencia fenicia en la zona de Huelva, Cádiz y Sevilla fue el escenario perfecto para que el culto se integrara con ritos locales. Se han encontrado en algunos yacimientos de corte tartésico e ibérico, multitud de estatuillas y ornamentos que, se cree estaban dedicados a la diosa Astarté. De hecho, hay evidencia de que en ciertos núcleos, podía ser la diosa dinástica que velara por el monarca y su linaje.

Aunque existen pocos registros escritos, las fuentes arqueológicas y las menciones posteriores exponen ceremonias y rituales donde se honraba su poder para la creación. Algunas alusiones sugieren ritos de purificación con agua y vino, e incluso podrían haber existido ciertas prácticas con matiz sexual, algo común en cultos a diosas relacionadas con la fertilidad. Recordemos que en la antigua Roma se celebraban las Lupercales, fiestas para estimular la fertilidad en las que se llevaban a cabo prácticas sexuales desenfrenadas donde todo aquel daba rienda suelta a su instinto más animal.

Rasgos Más Distintivos de Astarté

Aparte de ser una diosa dedicada a la vida en todas sus facetas, también lo era de la guerra, de ahí que, en algunas estatuas aparezca con cuernos o casco y armas y en otras desnuda y sosteniendo atributos vinculados a la mujer y a la fecundidad. Muchas de las representaciones ibéricas y fenicias se muestran así.

Los rasgos arqueológicos que comparten Tartessos y la influencia fenicia sugieren una devoción y respeto hacia esta diosa en el sur de la península ibérica y, bajo este influjo, la sociedad local pudo haber recibido con agrado la idea de una diosa poderosa que velara por la reproducción de cultivos, animales y por la estabilidad política de los líderes. Con el tiempo, primero la romanización y posteriormente, el cristianismo, hicieron que Astarté fuera perdiendo relevancia, transformada, siglos después, en devoción hacia la Virgen (en sus múltiples advocaciones, como la Macarena) en contraposición con aquellos antiguos ritos paganos.

Astarté: Diosa Dinástica del Mundo Ibérico

A lo largo de las excavaciones en santuarios ibéricos, ha salido a la luz una deidad femenina, de profundo arraigo y de estrecha relación con los monarcas de la antigua Iberia. No solo amparaba a la familia real, sino que ejercía también una influencia fecundante que abarcaba desde la fertilidad humana hasta los campos y los animales. Astarté es diosa fenicia-cananea que es conocida en el mundo antiguo con este nombre de Astarté, es una asimilación de una poderosa divinidad mesopotámica. Los sumerios la llamaban Inanna, mientras que en las culturas acadia, asiria y babilónica era adorada como Ishtar, y en el ámbito israelita, como Astarot.

Con el paso del tiempo, su figura se amplió hasta adquirir una faceta guerrera, asociada a cultos que involucraban rituales tanto sangrientos como sexuales, reflejando la devoción apasionada de sus seguidores. En el mundo íbero, esta diosa tomó el nombre de Tanit, la Diosa Madre, reverenciada como protectora, nodriza y guerrera.

Representaciones y Nombres Alternativos

Las representaciones de esta diosa abarcan un abanico amplio y simbólico. En el panteón fenicio, Astarté es representada con una cabeza de tipo hathórico, señal de su carácter dinástico y su poder abarca los mares y el cielo estrellado. Según las distintas culturas ha variado la grafía y pronunciación levemente conservando la esencia de la palabra. Siendo Astarté una divinidad que comparten las antiguas culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo, mantiene un estrecho parentesco en nombre y simbolismo con la Ishtar de Mesopotamia. Otra transliteración conocida es ’Ashtart.

En hebreo, Astarté es conocida como Ashtóreth, nombre que se menciona en varios pasajes de la Biblia, donde a menudo es puesta en oposición al dios de Israel. Así, en Samuel 7:3, se exhorta a los israelitas a renunciar a los «dioses extraños» y a las «Astartés», En estos textos, Astarté suele aparecer asociada con Baal y en ocasiones también con Asera, ambas deidades de fertilidad y abundancia.

En las lenguas y culturas circundantes, Astarté asume diversos nombres: en ugarítico, ‘ṯtrt; en acadio, DAs-tar-tú; y en el contexto etrusco, aparece como Uni-Astre en las Tablillas de Pyrgi. En regiones como Etiopía, era conocida como Astar, mientras que en Arabia del Sur se le llamaba Athar, un dios vinculado a la fertilidad y la lluvia.

De acuerdo con The Early History of God, Astarté representa la versión de la Edad del Hierro (posterior al 1200 a.C.) de Ashera, una diosa de la Edad de Bronce, anterior a este período. Astarté es la representación del ciclo de la vida humana, que incluye el nacimiento, la cópula y la muerte en combate.

Rituales y Culto

Su culto implicaba rituales de libaciones y purificaciones con vino y agua; y se ha sugerido que la flor de loto podría haberse utilizado como un psicoactivo para inducir sueños vívidos, mediante la cocción de sus rizomas en alcohol para extraer sus compuestos. Asimismo, el uso de opio, proveniente de la adormidera, era común para estimular el deseo sexual, pero hasta hace muy poco se ha usado en los pueblos de Extremadura, como en Cabeza la Vaca, para inducir al suelo a los niños pequeños y lactantes o bebés.

Inanna: La Reina del Cielo

Antes de que el Imperio acadio de Sargón dominara toda Mesopotamia a mediados del III milenio a. C. y sus divinidades supremas se masculinizaran, las deidades primigenias de Sumer eran femeninas. Las primeras representantes de las divinidades del Cosmos en la Tierra fueron mujeres, titulares del Amor, la Fertilidad y la Guerra. Las diosas celestiales las iniciaron en los misterios confiándoles sus secretos. La deidad sumeria Inanna fue una de ellas. Uruk yació a orillas del Éufrates y desde ahí propagó su cultura e influencia por toda Mesopotamia, convirtiéndose en el primer y más importante centro humano del mundo.

De acuerdo con la lista de reyes sumerios, Uruk fue fundada por Enmerkar, el cual construyó el Eanna, templo dedicado a la diosa Inanna. La organización social en Uruk era un matriarcado donde la sacerdotisa y señora del lugar tenía la autoridad y la capacidad de distribuir los bienes y la ley. La diosa-sacerdotisa más poderosa de Sumeria fue Inanna, que en lengua sumeria significa «Reina del Cielo», diosa sumeria del amor y de la fertilidad.

Inanna, la Reina del Cielo, diosa sumeria del amor y la fertilidad.

Según cuenta la leyenda, Inanna engañó al dios de la cultura, Enki, que era adorado en la ciudad de Eridú, para que le diera el los Mes (documentos o tablillas que tenían los planos de la civilización;. representaban todo, desde nociones abstractas como la victoria, el consejo y la verdad hasta tecnologías como la tejeduría, la escritura y construcciones sociales como la ley, los oficios sacerdotales, la monarquía o incluso la prostitución.

El Descenso al Inframundo

Una de las razones por las que Innana es muy conocida es por su descenso al inframundo. El mito del descenso de la diosa Inanna al inframundo constituye uno de los principales ciclos literarios mesopotámicos y se conoce bajo varios nombres, destacando los de Viaje de Inanna a los Infiernos y Viaje de Inanna al País sin Retorno. La historia cuenta la llegada a Erkalla de Inanna con motivo de la muerte de su esposo Dumuzi. Sin embargo, la versión acadia sugiere que Inanna, odiándolo, le entregó a los demonios.

El poema cuenta también el asalto al infierno, gobernado por Ereshkigal, de Nergal, ayudado por Ea, y termina con el matrimonio y reconciliación de ambos. Innana, pues, había viajado al Inframundo para adquirir los misterios y los poderes de la muerte y del renacimiento, y de allí volvió convertida en la diosa del Cielo, de la Tierra y del Inframundo. Miles de años después, los cristianos cantan a la Virgen María, la madre de Jesús, usando los mismos epítetos que aparecen en los himnos dedicados a Inanna, como «Reina del Cielo y de la Tierra», «Estrella de la Mañana» o «Puerta del Cielo». De hecho, Ana es la abuela de Jesús en el Evangelio apócrifo de Santiago.

Inanna y Venus

Innana, diosa del amor, la fertilidad y la guerra, está asociada con el planeta Venus, estrella de la mañana y del anochecer. Gilbert Durand consideraba que había leyendas que trascendían lo concreto y se acercaban a lo universal. A ellas han recurrido diferentes sociedades por encima de paralelos y meridianos y han ofrecido perfiles coincidentes a pesar de las diferencias geográficas y culturales. El mito de la tierra es de los más relevantes.

Polionomasia y Genética Semejante

En el amplio perímetro comprendido entre las costas orientales del Mediterráneo y el golfo Pérsico se solaparon una serie de legendarias mujeres con una emparentada polionomasia que sugería una genética semejante. Sus valores, atributos y actitudes mostraban igualmente orígenes paralelos, aunque acabaron desarrollando particularidades según las coordenadas espaciales y cultuales. Sucesivos velos cubrieron realidades que tenían mucho en común. Quizás demasiado.

Ashera-Astarté: La Diosa Madre

Entre el Tigris y las ciudades fenicias abundaron rituales a mitos muy similares: los cananeos a Ashera-Astarté, la esposa del dios supremo El y arquetipo de la diosa madre. Astarté es la asimilación fenicia-cananea del mito maternal y terrestre. Situada en la cúspide del panteón semítico gracias a su privilegiado matrimonio con El, representaba el culto a la naturaleza, a la vida, a la fertilidad, al amor y a los placeres carnales y amplió su valor hasta convertirse en diosa de la guerra. Solía representarse desnuda acompañada de un león.

Madre de todos los dioses, poseía el componente telúrico de una tierra caracterizada por la ambivalencia de dar y quitar la existencia; así, se instituyó en el mito que englobaba la vida y la muerte. Para simbolizar su deriva sexual, se solía representar con flores de loto, que se usaban con finalidades poco ortodoxas. Se cocían sus rizomas en alcohol con el objeto de extraer alcaloides que provocaban vívidos sueños que, junto con el uso del opio, excitaban el deseo sexual de unos fieles que sentían por esta diosa la atracción de las fuerzas más telúricas.

Prostitución Sagrada y Ritos Primitivos

Se recoge en numerosas fuentes la existencia de una prostitución sagrada en su honor que se extendió hasta el entorno occidental peninsular, donde llegó de la mano de la colonización fenicia hasta convertirse en la diosa más icónica de la cultura ibérica tras asimilarse a deidades indígenas de similares valores. Enclaves tartésicos como Cástulo o Cancho Roano fueron escenario de rituales no exentos de violencia y transgresiones sexuales de marcado primitivismo. A la par, su devoción se extendió por las costas mediterráneas con la generosa amplitud de las mareas más familiares.

Solía asociarse también con un tronco de árbol clavado en el patio de los templos, lo que despertó el hábito de recoger leña para prender fuego, cocinar tortas sacramentales con su figura, quemar incienso o hacer libaciones en su honor.

Ishtar e Inanna: Un Paralelismo

Un buen número de coincidencias se establecen entre las figuras de Ishtar e Inanna. La primera fue la diosa babilónica del amor, la belleza, la vida y la fertilidad. Tradicionalmente se identificó con Semíramis, que concibió a Tammuz después de haber fallecido su esposo Nemrod. El nacimiento de su hijo en pleno solsticio de invierno ha sido considerado como el origen pre-cristiano de la Navidad, consecuencia de la sacralización de una fiesta caracterizada por los excesos de la diosa mesopotámica protectora de las prostitutas y de los amoríos extramatrimoniales.

Inanna era la deidad sumeria de la fecundidad y del amor y su culto se asociaba a ritos sexuales de lo más heterodoxos. Como protectora de Uruk se representaba con otra estrella de ocho puntas, el león y las recurrentes y alucinatorias flores de loto. En su ciudad plantó y vio crecer un soberbio ejemplar de Huluppu, el primer árbol mítico del que se tiene constancia, que muchos han visto como el origen del bíblico del bien y del mal. Con oportunas variantes, esta figura y la de Ishtar protagonizaron una leyenda que las puso en relación con el mito de Occidente.

El Viaje de Inanna al Inframundo

Muestra relevante de la literatura sumeria es el poema que narra el viaje que llevó a la divinidad hasta los infiernos, escrito en cuneiforme y grabado sobre tablilla de barro entre el 3000 y 1900 a. C. La travesía de esta mujer hacia el oeste tuvo mucho de iniciática y en ella se muestran sus ansias de poder. En el Inframundo dominaba su hermana Ereshkigal y con la llegada a su vedado territorio refrendó la omnipotencia de su dominio. Según otras versiones, el desplazamiento hasta los confines occidentales se realizó para conseguir el secreto de la inmortalidad.

En ambos casos, el mito femenino oriental se dirigió hacia donde el sol se ponía en un arriesgado viaje del que nadie podía retornar. Adornada con sus mejores prendas y joyas, se encaminó hasta los avernos acompañada del fiel visir Ninshubur a quien dejó a sus puertas. Allí se encontró con su guardián, Neti, quien comunicó a Ereshkigal la presencia de su hermana. Visiblemente contrariada, la instó a traspasar el umbral prohibido y a franquear las siete puertas del abismo, para lo que tuvo que pagar sendos peajes. En la primera fue despojada de la corona de la llanura; en la segunda, de las cuentas de lapislázuli; luego, de la doble hilera de collares; a continuación, de su mágico pectoral; en la quinta puerta tuvo que dejar el aro de oro de su muñeca y en la sexta la vara de medir. Por último, al traspasar la séptima puerta tuvo que dejar su túnica para presentarse desnuda y humillada ante su hermana.

Tras presentarse sin ropajes ante Ereshkigal, la diosa del amor, la fecundidad y el sexo, fue rodeada por los jueces del inframundo que dictaron sentencia en su contra y su misma hermana la ejecutó colgando su cadáver de un arpón. Su fallecimiento provocó en los reinos del este el cese de la reproducción humana y animal, por lo que Nishubur solicitó la ayuda de Enki para resucitar a su hija. Tras esparcir conchas con valor de amuleto por el suelo y rociar con ellas el agua de la vida, la diosa acabó recobrándola, aunque aún debió superar la prueba más difícil: efectuar la salida prohibida desde el abismo.

Conchas Apotropaicas y la Estrella de Astarté

Para ello, tuvo que dejar a alguien en su lugar y eligió a su esposo Dumuzid, el único que no había guardado luto por ella. En el poema aparecen las mágicas conchas apotropaicas, un elemento asociado a este mito y muy utilizadas en el lugar que habitamos. Las valvas marinas eran empleadas por la cultura tartésica para cubrir los suelos de lugares de culto, como puede observarse en Castro Marim, algunos cabezos de Huelva, el Carambolo Alto, el Castillo de Doña Blanca o el cercano yacimiento de los Castillejos de Alcorrín.

Relación con las vías de comunicación posee también la estrella, otro atributo con el que desde los primeros tiempos se ha representado a esta deidad, que la lleva sugerida en su propio nombre. La estrella de Astarté o Ishtar es la misma que sirvió como guía en caminos y viajes.

La Importancia de la Fertilidad

La creciente preocupación por la fertilidad y la fecundidad ha sido uno de los principales problemas de las sociedades humanas. Ya que, la fertilidad era un factor importante para la supervivencia de estos primitivos clanes. Por otro lado, subsistían gracias a la pervivencia de fértiles producciones agrícolas, pues la cosecha era uno de los factores claves para el mantenimiento y desarrollo de estas sociedades. La vital importancia de la fertilidad en torno a estas sociedades se verá reflejada en una iconografía de carácter místico asociado con la maternidad y la fecundidad, es decir, se establecerá a lo largo de la historia un pensamiento genérico vinculado principalmente con seres y deidades femeninas atribuidas con este don de la creación. Es decir, unas primitivas imágenes antropomorfas de carácter apotropaico.

Diosas de la Fertilidad en Diferentes Civilizaciones

En otras civilizaciones como en la Mesopotámica, nos encontraremos con toda una amalgama de dioses y diosas asociadas principalmente con la naturaleza así como también a algunas labores como la agricultura y la ganadería. La diosa Inanna fue venerada a lo largo del río Tigris y Eúfrates. Inanna es reconocida por ser la diosa y patrona de la legendaria ciudad de Uruk. Inanna era la diosa de la fertilidad y la soberanía considerándose como la diosa y madre de todo el poblado.

Figura 1. Isis amamantando a su hijo Horus, Walters Art Museum, 680-640. Isis es entendida como la protectora eterna de de su hijo Horus y de su esposo Osiris, a su vez era la diosa encargada de anunciar las crecidas del río Nilo, una función esencial para el desarrollo de esta cultura, pues subsistían principalmente de la agricultura.

Asociada con las cosechas, la agricultura y la maternidad, Deméter jugará un papel fundamental en el desarrollo de la mitología griega. Este relato ejemplifica la importancia de las estaciones del año, y con ello, el papel fundamental de Deméter sobre la naturaleza, pues ella será la encargada principal del desarrollo de la vegetación y con ello, de la fecundidad en la tierra, proporcionando nuevos alimentos y fertilizando las vastas tierras.

Figura 2. Ceres y Pan. Frans Snyders, Colecciones del Museo del Prado, 1615-1620. Equivalente a la diosa griega Deméter, nos encontramos a la diosa Ceres como símbolo de prosperidad y maternidad en los diferentes rituales de la antigua Roma.

Figura 3. Diosa Coatlicue. Las numerosas representaciones y aportaciones iconográficas vinculadas con las diosas y las madres dentro de la religiosidad en las diferentes civilizaciones son una fuente primordial para la comprensión y entendimiento de la concepción unitaria y la importancia residente en la supervivencia, de la mano de la agricultura y la fecundidad, entendida en sí misma como un poder ancestral, único y necesario para el desarrollo y longevidad de las diferentes tribus y clanes que han participado a lo largo de la historia, cuyo legado no deja indiferente las fuentes históricas artísticas y escritas.

En este artículo se ha abordado las diferentes representaciones artísticas de las principales diosas asociadas con la tierra y la fertilidad, estableciendo consigo una importancia vital para el desarrollo de las diferentes civilizaciones que han perdurado a lo largo de la historia.

Diosa Cultura Atributos
Inanna/Ishtar Sumeria, Acadia, Babilonia, Asiria Amor, belleza, sexo, guerra, justicia, poder político, fertilidad
Astarté Fenicia, Cananea, Ibérica Fertilidad, guerra, astros, protección dinástica
Isis Egipcia Protección, maternidad, anuncio de las crecidas del Nilo
Deméter/Ceres Griega/Romana Cosechas, agricultura, maternidad, prosperidad

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