Dioses Griegos de la Fertilidad: Un Legado de Mito y Arte

El vino ha sido un elemento clave dentro de la cultura de los seres humanos prácticamente desde tiempos inmemoriales. Algunas de las mejores muestras de esta relación del vino y el hombre, que dura ya más de 8.000 años, son las que podemos extraer de las cosmovisiones de la Antigua Roma y la Antigua Grecia.

Para los antiguos griegos, el mundo estaba poblado por una incontable cantidad de dioses. En la Teogonía, obra del poeta Hesíodo, del siglo VII a.C., se describe el origen del cosmos y el linaje de los dioses.

En este artículo se ha abordado las diferentes representaciones artísticas de las principales diosas asociadas con la tierra y la fertilidad, estableciendo consigo una importancia vital para el desarrollo de las diferentes civilizaciones que han perdurado a lo largo de la historia.

Dioniso: El Dios del Vino y la Fertilidad

Dionisio: El Dios del Vino y el Éxtasis - Mitología Griga - Los Olimpicos - Mira la Historia

No en vano, los romanos, inspirados en la tradición religiosa de los griegos, importaron la figura de Dioniso, el dios griego del vino, para adaptarla a su versión romana: Baco. Dioniso y Baco son pues dos caras de la misma moneda, dos formas de representar a una deidad. Si algo hay que reconocerle a la civilización romana es su capacidad de incorporar elementos de otras culturas a la suya propia, lo que hoy en día nos permite conocer mucho más de otras civilizaciones antiguas que si estas referencias hubiesen sido eliminadas. Este es el caso de Baco y Dioniso.

Según cuenta la mitología griega, Dioniso era hijo del dios Zeus y de una mortal: Sémele. Zeus mantuvo una relación con la mujer haciéndose pasar por un simple hombre y siéndole infiel a Hera. La diosa, enfurecida por los celos, se hizo pasar por una anciana y convenció a Sémele para que le pidiera a su misterioso amante que revelase su auténtica identidad durante el sexto mes de embarazo de ella. Sémele accedió y rechazó a Zeus al negarse este a complacer su petición.

De entre las cenizas, Zeus logró rescatar el feto de Dioniso y se lo plantó en uno de sus muslos para permitir que finalizase su gestación. De este hecho vendría el nombre de Dioniso, que querría decir “el dos veces nacido”. Tras su nacimiento, Dioniso fue entregado a Hermes, quien confió su crianza al Rey Atamante de Orcómenos y a Ino, su mujer. Lo hizo pidiendo a los padres adoptivos que lo criasen como a una niña, para proteger a Dioniso de la ira de Hera. Sin embargo, esta descubrió los planes de Hermes y Zeus tuvo que llevarse a Dioniso a Nisa (una localización inconcreta en Asia, cercana a Etiopía, Libia o Arabia) donde fue criado por las ninfas de la lluvia.

En su adolescencia, Dioniso descubrió la vid y el vino, pero Hera le hizo perder la cordura a través de la embriaguez a modo de venganza. Desde entonces, Dioniso se dedicó a vagar errante con un séquito de ménades, sátiros y silenos entregados al frenesí y difundiendo el cultivo de la vid.

Los romanos desarrollaron la figura de Baco a partir del Dioniso de la cultura griega y, muy posiblemente, a través del paso del mito por la cultura etrusca. El culto al dios Baco, considerado un culto mistérico, se hacía en torno a las famosas bacanales, experiencias iniciáticas en las que los participantes transmitían la doctrina del dios a través de su experiencia y en las que el vino y el desenfreno corrían a raudales. Estas celebraciones comenzaron a realizarse en Roma en torno al año 200 antes de Cristo, se hacían de forma secreta y solo participaban en ella mujeres. Con el paso del tiempo, los hombres comenzaron a formar parte del rito y el culto a Baco se extendió enormemente, celebrándose bacanales hasta 5 días en cada mes. La popularidad creció especialmente entre mujeres, pobres y esclavos.

Para los romanos Baco era un dios liberador, que les permitía desconectarse de su estado normal de consciencia, a través de la música, del éxtasis o del vino. Era también el dios de la agricultura y de la fertilidad.

La representación de Baco y de Dioniso ya era recurrente en la antigüedad, pero su influencia en el mundo del arte se ha mantenido hasta nuestros días. Pero las muestras de la influencia de este dios romano en el arte no se quedan aquí. En el Museo Vivanco de la Cultura del Vino podemos contemplar más de 117 obras relacionadas con Baco, el dios romano del vino. Una figura inspiradora la de Baco e inspirada, a su vez, en la del dios griego Dioniso. Un personaje recurrente en otras civilizaciones y religiones, adoptando diferentes formas y reflejándose en el dios egipcio Osiris, la diosa sumeria Gestín, o el Jesucristo de la religión cristiana, cuya sangre representa el vino en la eucaristía.

Baco de Caravaggio

Deméter: La Diosa de la Agricultura y la Fertilidad

Para otros autores clásicos, Deméter, hija de Cronos y Rea y, por tanto, olímpica, era la heredera genuina de la gran madre tierra, Gea. Su nombre así lo confirmaría: deriva de da o di, tierra, y mitir, madre.

Debido a la asociación entre el útero y la tierra, Deméter era la protectora de la fertilidad y las mujeres. Como Tesmófora, Deméter también protegía la sociedad a través de sus elementos fundamentales, la agricultura, por un lado, y las leyes e instituciones, por otro. A los muertos, una vez enterrados, se les llamaba “la gente de Deméter”: el ciclo de la vida de sus cuerpos había finalizado y regresaban a la tierra.

Asociada con las cosechas, la agricultura y la maternidad, Deméter jugará un papel fundamental en el desarrollo de la mitología griega. Este relato ejemplifica la importancia de las estaciones del año, y con ello, el papel fundamental de Deméter sobre la naturaleza, pues ella será la encargada principal del desarrollo de la vegetación y con ello, de la fecundidad en la tierra, proporcionando nuevos alimentos y fertilizando las vastas tierras.

Estatua de Deméter

Otras Deidades Griegas Relacionadas con la Fertilidad

Además de Dioniso y Deméter, otras deidades griegas estaban asociadas con aspectos de la fertilidad y la naturaleza. Algunas de estas deidades incluyen:

  • Afrodita: Diosa del amor, la belleza y el deseo, también protectora de todos aquellos que navegaban por el mar, así como de las cortesanas y las prostitutas.
  • Eros: Fue considerado originalmente uno de los primeros dioses griegos, el hijo del Caos que permitió que no solo el amor, sino también la fertilidad entraran en el universo.

La Importancia de la Fertilidad en la Antigua Grecia

La creciente preocupación por la fertilidad y la fecundidad ha sido uno de los principales problemas de las sociedades humanas. Ya que, la fertilidad era un factor importante para la supervivencia de estos primitivos clanes. Por otro lado, subsistían gracias a la pervivencia de fértiles producciones agrícolas, pues la cosecha era uno de los factores claves para el mantenimiento y desarrollo de estas sociedades.

La vital importancia de la fertilidad en torno a estas sociedades se verá reflejada en una iconografía de carácter místico asociado con la maternidad y la fecundidad, es decir, se establecerá a lo largo de la historia un pensamiento genérico vinculado principalmente con seres y deidades femeninas atribuidas con este don de la creación. Es decir, unas primitivas imágenes antropomorfas de carácter apotropaico.

En otras civilizaciones como en la Mesopotámica, nos encontraremos con toda una amalgama de dioses y diosas asociadas principalmente con la naturaleza así como también a algunas labores como la agricultura y la ganadería. La diosa Inanna fue venerada a lo largo del río Tigris y Eúfrates. Inanna es reconocida por ser la diosa y patrona de la legendaria ciudad de Uruk. Inanna era la diosa de la fertilidad y la soberanía considerándose como la diosa y madre de todo el poblado.

Las numerosas representaciones y aportaciones iconográficas vinculadas con las diosas y las madres dentro de la religiosidad en las diferentes civilizaciones son una fuente primordial para la comprensión y entendimiento de la concepción unitaria y la importancia residente en la supervivencia, de la mano de la agricultura y la fecundidad, entendida en sí misma como un poder ancestral, único y necesario para el desarrollo y longevidad de las diferentes tribus y clanes que han participado a lo largo de la historia, cuyo legado no deja indiferente las fuentes históricas artísticas y escritas.

Publicaciones populares: