En días pasados, un caso de difteria en Cataluña ha provocado cierta alarma social, aunque se trata de un caso excepcional. La difteria es una enfermedad aguda que puede ser muy grave, descrita por Hipócrates 500 años antes de Cristo. La palabra difteria viene del griego y significa "membrana".
Es crucial entender qué es la difteria, cómo se manifiesta, y cómo podemos protegernos a nosotros y a nuestros hijos.
DIFTERIA: ¿QUÉ ES Y CÓMO SE CONTAGIA? SÍNTOMAS - TODO lo que TIENES que SABER⚡EXPLICACIÓN FÁCIL👨🏻⚕️
¿Qué es la difteria?
La difteria es una enfermedad grave causada por una toxina (veneno) producida por la bacteria Corynebacterium diphteriae y, a veces, por la bacteria Corynebacterium ulcerans.
Típicamente, forma una capa espesa en la nariz o la garganta que puede causar dificultad para respirar o tragar. La bacteria produce una toxina que causa la aparición de pseudomembranas obstructivas en nasofaringe, orofaringe, amígdalas, laringe y tráquea. A veces afecta la conjuntiva, la mucosa genital y la piel. También puede dañar otros órganos como corazón, sistema nervioso o riñones.
Es una enfermedad muy poco frecuente en los países desarrollados pues casi toda la población está correctamente vacunada contra ella.
Garganta de un paciente con difteria mostrando las pseudomembranas características.
Toxina, antitoxina y toxoide. ¿Qué son?
- Toxina: sustancia que libera la bacteria de la difteria. También llamada exotoxina. Es responsable de sus efectos.
- Antitoxina: son anticuerpos frente a la toxina. Se obtiene a partir del plasma de caballos sanos a los que se les pone la vacuna.
- Toxoide diftérico: es el nombre de la vacuna. Es la toxina modificada para hacerla no dañina. Estimula la producción de anticuerpos (antitoxina).
Historia de la difteria
La difteria ha sido de las enfermedades más temidas. Su mortalidad llegaba al 50%. Tras descubrir la antitoxina a finales del siglo XIX, la mortalidad bajó en Europa hasta un 15%. En 1923 se usa por primera vez el toxoide como vacuna, aunque su uso tardó décadas en generalizarse.
En la mayoría de los países industrializados, la difteria ha desaparecido o se producen casos aislados. Donde aún se producen casos, afecta sobre todo a niños en edad preescolar y escolar. Es importante vacunar correctamente a toda la población para evitar brotes como los sufridos por países de la ex Unión Soviética durante la década de 1990.
Aunque la antitoxina y los modernos cuidados intensivos han reducido la mortalidad de la difteria en países industrializados, sigue siendo alta en muchos países en desarrollo.
En España era llamada “garrotillo”, pues la muerte por asfixia que causaba, recordaba a los ajusticiados mediante garrote vil. La incidencia anual disminuyó de forma importante tras iniciarse campañas de vacunación en 1965, pasando de 27.500 casos en 1940 a 248 casos en 1966. En 1986 se notificaron los dos últimos casos de difteria en nuestro país. En 2015 se ha vuelto a declarar un caso que desgraciadamente ha terminado con la vida de un niño de 6 años que no estaba vacunado.
En muchos países subdesarrollados sigue siendo un problema de salud pública. Especialmente en Asia, (en particular la India, Nepal y Bangladesh), el Sudeste Asiático, el Pacífico occidental (Indonesia, Filipinas, Vietnam, Laos y Papúa Nueva Guinea), el África subsahariana (Nigeria), América del Sur (Brasil) y el Medio Oriente (Irak y Afganistán). Aunque en los últimos años se ha generalizado el uso de la vacuna.
¿Cómo se produce la enfermedad?
Por una toxina que produce la bacteria Corynebacterium diphtheriae y, a veces la bacteria Corynebacterium ulcerans.
La toxina ataca las células en la zona de infección y a distancia y las mata. Las células muertas en la zona de infección se acumulan y forman una membrana que se pega a los tejidos. De ahí que se llamen pseudomembranas. También pasa a la sangre y ataca a células del corazón, sistema nervioso y riñones.
¿Cuáles son los síntomas de la difteria?
Los síntomas respiratorios se producen tras un periodo de incubación de 1 a 6 días. Muchas veces es asintomática o da síntomas leves.
Al principio se caracteriza por fiebre moderada, dolor de garganta e inflamación de los ganglios del cuello. En los casos graves, se forman en la garganta las pseudomembranas, que son asimétricas, de color grisáceo y muy adheridas. Pueden extenderse a la cavidad nasal y la laringe, obstruyendo las vías respiratorias y dificultando tragar. Puede llamar la atención la ronquera y el babeo. La difteria laríngea es una urgencia médica que con frecuencia exige abrir la vía aérea mediante una incisión de la tráquea a través del cuello (traqueotomía).
La toxina absorbida desde la zona infectada, puede dañar el corazón, los riñones y el sistema nervioso. Pueden aparecer síntomas de fallo cardíaco (palidez, piel fría, taquicardia, sudoración e inquietud), insuficiencia renal, parálisis (visión doble) y pérdida de sensibilidad, poniendo en peligro la vida del paciente. La mortalidad sin tratamiento puede llegar al 50%.
Los síntomas aparecen de 2 a 5 días después de haber estado en contacto con la bacteria. La infección produce dolor de garganta (en ocasiones muy intenso), dolor al tragar (odinofagia), ronquera, tos perruna o metálica, estridor (debido a la obstrucción de las vías respiratorias por una pseudomembrana) y dificultad respiratoria. En los casos más graves puede obstruir totalmente la vía aérea impidiendo la entrada de aire y produciendo asfixia y un paro respiratorio.
Además el niño puede presentar una secreción nasal acuosa o sanguinolenta, babeo excesivo (es un signo de alarma importante porque quiere decir que la vía aérea se está cerrando), fiebre alta y lesiones en la piel.
¿Cómo se propaga o se contagia la difteria?
Es muy contagiosa. C. diphtheriae solo vive en humanos. Se contagia por gotitas que se expulsan al toser, estornudar o reír. También puede contagiarse compartiendo vasos o pañuelos de personas infectadas y por contacto físico cercano. Es más fácil contagiarse en situaciones de hacinamiento y malas condiciones higiénicas.
En climas templados, la mayoría de los casos se producen durante la estación fría. Mientras que en los climas cálidos la transmisión tiene lugar durante todo el año. La difteria cutánea es común en algunas zonas de los trópicos.
Las personas infectadas pueden contagiar durante 4 semanas, aunque no tengan síntomas.
La vacunación induce la aparición de anticuerpos (antitoxina) que neutralizan la toxina causante de la enfermedad, pero no matan a la bacteria. Por tanto, una persona vacunada puede tener la bacteria en la garganta y transmitirla a personas no vacunadas. Esto es, incluso en países con alta tasa de vacunación, la bacteria sigue existiendo y podría afectar a aquellas personas no vacunadas. De ahí la importancia de la vacunación de toda la población para prevenir la enfermedad.
¿Quién corre más riesgo de contraer la difteria?
El riesgo de padecer la difteria estando correctamente vacunado es prácticamente nulo, aún siendo colonizado por la bacteria. Las personas no vacunadas son las que corren más riesgo de enfermar. Este riesgo aumenta en trabajadores sanitarios, viajeros a zonas donde hay muchos casos o brotes epidémicos. También niños afectos de malnutrición que viven hacinados y en condiciones insalubres.
¿Cómo se llega al diagnóstico?
Debe ser precoz para iniciar el tratamiento y prevenir su propagación. A veces es difícil, ya que en su inicio es muy parecida a una faringitis. Cuando se producen varios casos, el diagnóstico es más fácil y se confirma con pruebas de laboratorio.
¿Qué tratamiento tiene?
El tratamiento es hospitalario.
Una vez se confirma la difteria se pone la antitoxina por vía intramuscular o intravenosa lo antes posible. Esto neutralizará la toxina que circula por la sangre. La que ya se ha unido a los tejidos no se puede neutralizar. También se dan antibióticos para eliminar a las bacterias, aunque estas pueden permanecer después de la recuperación total. Si la infección está en fase avanzada, el paciente necesitará Unidad de Cuidados Intensivos.
Las personas infectadas deben permanecer aisladas. Todas los no vacunadas o que estén bajos de defensas, incluyendo bebés y ancianos, deben evitar el contacto con el paciente.
Cuando se diagnostica un caso de difteria, el médico lo notifica de forma urgente a las autoridades sanitarias al ser una Enfermedad de Declaración Obligatoria. Estas toman las medidas oportunas para tratar a todas los que convivan con el paciente, o tengan un contacto estrecho. Esto incluye revisar sus vacunas, hacer cultivos de muestras de la garganta, poner dosis de refuerzo de la vacuna y antibióticos como precaución.
La hospitalización inmediata y la intervención precoz permiten que la mayoría de los pacientes se recuperen. Tras hacer el tratamiento, algunos pacientes necesitan guardar cama durante 4 a 6 semanas o hasta que su recuperación sea completa. Esto es importante si la enfermedad ha afectado al corazón. Tras recuperarse deben recibir un ciclo completo de vacunaciones contra la difteria para evitar posibles recaídas. La enfermedad no siempre deja protección de por vida.
Aún con los mejores tratamientos, esta enfermedad puede ser mortal en el 10% de los casos. No es posible la erradicación de portadores. La mejor estrategia es prevenirla con la vacunación.
El tratamiento se debe dar inmediatamente cuando se sospecha la enfermedad. Se administra toxina antidiftérica mediante una inyección intramuscular y antibióticos como la penicilina o la eritromicina. En función de la gravedad de la enfermedad puede ser necesario el ingreso en un hospital.
Si la dificultad respiratoria en el niño es muy grave se le debe ayudar a respirar mediante la ventilación mecánica. La tasa de mortalidad es del 10% y la recuperación de la enfermedad es muy lenta. Las principales complicaciones de la difteria son la inflamación del músculo cardíaco (miocarditis) y el sistema nervioso, produciendo una parálisis temporal.
¿Se puede prevenir la difteria?
Sí y de forma muy eficaz, con vacuna. Siempre forma parte de vacunas combinadas. No está comercializada individualmente.
La vacuna frente a la difteria está dentro del calendario básico que aconseja la Organización Mundial de la Salud para todos los países del mundo. Todos los países con calendario de vacunaciones, incluyendo los más pobres, incluyen la vacuna de la difteria. Junto con las del tétanos y tosferina es la vacuna que más cobertura mundial tiene, alcanzando el 84% de la población mundial en 2013. A pesar de ello, 21,8 millones de niños en el mundo siguen sin recibir las vacunas básicas.
El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud la incluye en su calendario común de vacunación. Se administra de forma gratuita en todas las comunidades autónomas. A lo largo de la infancia se ponen un total de 5 dosis a fin de conseguir protección a largo plazo:
Calendario de vacunación de la difteria (DTaP) recomendado por los CDC.
En España, en el Calendario de vacunación sistemática infantil, se administra una dosis de toxoide diftérico con el componente D (se denomina con la letra D mayúscula, por la alta carga antigénica) a los 2, 4, 6 y 15-18 meses. El componente “D” de difteria no se puede administrar a partir de los 7 años por lo que se administra el componente “d” con menor carga antigénica a los 4-6 años y entre los 11-14 años. Posteriormente lo ideal sería recibir una dosis cada 10 años de toxoide diftérico, ya que la inmunidad vacunal va disminuyendo a lo largo del tiempo, al no tener exposición natural a la bacteria circulante.
Cualquier persona que haya estado en contacto con una persona infectada debe ser vacunada o bien recibir una dosis de refuerzo contra la difteria. La inmunidad protectora tan solo dura 10 años después de la última dosis. Por esta razón los adultos se han de aplicar una vacuna de refuerzo para tétanos y difteria cada 10 años (Td).
¿Cuándo debería acudir al pediatra?
Debe acudir inmediatamente si algún miembro de su familia se ha expuesto a esta enfermedad.
La mayoría de infecciones de garganta no son difteria, sobre todo en los países donde se vacuna sistemáticamente a la población.
Acuda al centro de salud si una faringitis diagnosticada a su hijo no mejora en 4 o 5 días, empeora o si se presentan nuevos síntomas, tales como dificultad para abrir la boca, babeo, hinchazón grave o enrojecimiento de los ganglios del cuello, dificultad para respirar o le cuesta trabajo hablar.
Si no recuerda si su hijo está vacunado contra la difteria, pida cita en su centro de salud para revisar su calendario vacunal y poner en su caso, las dosis pendientes.
Si viaja al extranjero consulte la necesidad de recibir dosis de refuerzo.
