Desprendimiento de Placenta en el Primer Trimestre: Causas, Síntomas y Tratamientos

El desprendimiento prematuro de placenta, también conocido como abruptio placentae, es una complicación poco común pero grave del embarazo. Si la placenta se desprende de la pared interna del útero, ya sea total o parcialmente, puede provocar importantes hemorragias en la madre, a la vez que deja de cumplir total o parcialmente su importante cometido. Por lo tanto es importante que sea tratada de inmediato.

Generalmente, la placenta se encuentra situada en la parte superior del útero y se mantiene adherida a la pared uterina de manera firme hasta después del nacimiento del bebé. En el caso de sufrir un desprendimiento de placenta, la placenta se desprende de la pared uterina de manera prematura. Por ello se produce una hemorragia uterina que llega a reducir el suministro de sangre y nutrientes al feto.

El desprendimiento prematuro de placenta o abruptio placentae es la separación total o parcial de la placenta de su unión al útero antes de que se produzca el parto. Suele producirse en el tercer trimestre del embarazo aunque puede ocurrir en cualquier momento a partir de la semana 20 (antes de la semana 20 se considera aborto). Se produce en 1 de cada 150 embarazos y su incidencia parece ir en aumento. Supone una causa importante de problemas para la madre y el feto y de mortalidad fetal.

¿Qué es la Placenta?

La placenta es un órgano que se desarrolla en el útero durante el embarazo con el propósito de nutrir al feto. De la placenta sale el cordón umbilical que conecta a la madre con el bebé. A través del cordón umbilical, la placenta suministra al bebé de nutrientes vitales y sangre rica en oxígeno. Es la encargada de eliminar los productos de desecho de la sangre del bebé, enviándolos al torrente sanguíneo de la madre.

La placenta se adhiere a las paredes del útero y, en condiciones normales, permanece allí hasta el día del parto, cuando es expulsada en la última fase, justo después del bebé. En esta etapa suelen darse desprendimientos parciales que pueden ocasionar un leve sangrado y hematomas dentro del útero.

Causas del Desprendimiento de Placenta

No se conocen las causas exactas del desprendimiento de placenta. La causa inmediata del desprendimiento prematuro de placenta, es la rotura de los vasos sanguíneos de la madre en la zona en la que se unen a los vasos sanguíneos del feto. El acúmulo de sangre que se produce en el lugar de la rotura (hematoma), va despegando la zona de unión entre el útero y la placenta. La porción de placenta despegada no puede realizar el intercambio de nutrientes y oxígeno entre madre e hijo; así, cuando la porción de placenta todavía unida al útero es incapaz de compensar la funcionalidad perdida, se pone en peligro la vida del feto.

Sin embargo, se pueden admitir algunos factores de riesgo que han influido en esta enfermedad, como el antecedente de DPPNI en una gestación anterior, como en algunos casos de nuestro estudio, cesáreas anteriores, consumo de aspirinas, déficit de ácido fólico, nivel socioeconómico bajo, desnutrición, multiparidad, tabaco, consumo de cocaína, etc.; estos 2 últimos factores pueden producir fragilidad vascular y efecto vasoconstrictor en la circulación fetoplacentaria que podría acabar produciendo roturas vasculares, infartos y desprendimiento.

Estos son algunos de los factores de riesgo que pueden ocasionar un desprendimiento de la placenta:

  • Hipertensión arterial. Es el principal factor de riesgo, tanto si se trata de una hipertensión crónica como de una inducida por el embarazo (preclampsia o hipertensión gestacional).
  • Desprendimiento de placenta previo.
  • Infección dentro del útero.
  • Edad de la mujer superior a los 40 años.
  • Tabaquismo.
  • Falta de oxígeno a la placenta.

Además, las anomalías en útero, los trastornos en la coagulación sanguínea y un elevado número de partos previos también incrementan el riesgo de que ocurra un desprendimiento prematuro de la placenta.

Síntomas del Desprendimiento de Placenta

Los síntomas de abrupción placentaria dependen del nivel de desprendimiento, así como de la cantidad de sangre perdida.

Desprendimiento de placenta: ¿Es una complicación grave? 😓 | Maternar.co

Los signos y los síntomas clínicos con mucha frecuencia dependen del tamaño de la zona de separación o del grado de desprendimiento.

Los signos clínicos que se presentaron con más frecuencia fueron la hemorragia, en 22 casos (100%), las alteraciones de la dinámica uterina, en 4 (18,1%) y el dolor abdominal, en 9 (40,9%).

Los principales síntomas incluyen:

  • Hemorragia vaginal. Puede variar desde leve a grave; la sangre es de color oscuro debido a que ha estado retenida durante un tiempo antes de salir al exterior, y no se coagula.
  • Dolor abdominal y/o de espalda. Aparece en un 65% de los casos. Suele ser un dolor punzante, de aparición brusca y evolución variable. En los casos leves puede ser un dolor intermitente, difícil de diferenciar de las contracciones uterinas.
  • Contracciones uterinas.
  • Parto prematuro. En un 10% a un 20% de los casos, el desprendimiento prematuro de placenta se presenta como un parto prematuro con escaso sangrado vaginal. En estos casos, casi toda la sangre se encuentra atrapada entre el útero y la placenta.
  • Sin síntomas.

Pero como no siempre se produce sangrado en estos casos, debes prestar atención a síntomas tales como dolor abdominal agudo, contracciones repentinas o si notas alteraciones en los movimientos de tu bebé.

Diagnóstico del Desprendimiento de Placenta

El desprendimiento prematuro de placenta puede ser difícil de diagnosticar. El diagnóstico de sospecha se realiza por los datos clínicos y la exploración, aunque se necesita el apoyo de los datos del laboratorio y de la ecografía. Se debe sospechar ante cualquier embarazada en la segunda mitad de la gestación que presente sangrado vaginal y dolor abdominal o de espalda acompañado de contracciones uterinas. A la exploración el útero se nota rígido.

En general la presentación del desprendimiento prematuro de placenta es más súbita que la de un parto (prematuro o normal); el parto suele desencadenarse de manera más gradual, con contracciones al principio irregulares que van aumentando en frecuencia e intensidad a lo largo del tiempo, dilatación del cuello uterino, etc. Las alteraciones en la frecuencia cardiaca del feto, su fallecimiento dentro del útero o la detección de alteraciones en la coagulación de la sangre (coagulación intravascular diseminada) apoyan el diagnóstico.

La ecografía es poco sensible y específica en el desprendimiento prematuro de placenta, habitualmente los signos ecográficos aparecen tarde. El hallazgo ecográfico más característico es la observación de una colección de sangre (hematoma) entre el útero y la placenta, aunque su ausencia no excluye el diagnóstico. La ecografía también permite valorar si el feto está vivo o no y diferenciar el desprendimiento de otras causas de hemorragia (placenta previa, rotura uterina, vasa previa).

Los ultrasonidos ofrecen un método rápido y desprovisto de problemas para la demostración de sangre fresca o de un hematoma organizado asociados con el desprendimiento.

El diagnóstico diferencial ecográfico debe efectuarse con un gran seno marginal, un hematoma subcoriónico que separa el corion de la estructura placentaria, y puede faltar un sangrado aparente con áreas anecoicas retroplacentarias; se ha asociado a una baja mortalidad fetal.

Tratamiento del Desprendimiento de Placenta

Ante cualquier sangrado vaginal causado por un desprendimiento de placenta, aunque sea muy leve, está indicada la hospitalización para monitorizar tanto a la madre como al feto ya que siempre existe el riesgo de un desprendimiento súbito. Después de una valoración y estabilización (si se precisa) iniciales, el manejo depende de si el feto vive o si ha fallecido, y del estado de la madre.

El principal tratamiento para una embarazada con desprendimiento de placenta varía en función del grado. Algunas ocasiones con tan solo reducir la actividad y hacer total reposo en cama es suficiente. Por otro lado, uno de los tratamientos para embarazos avanzados es el parto prematuro. Provocar el parto en estos casos es debido a que el sangrado empeora o no para, así como la frecuencia cardíaca del feto no es anormal por lo que el feto puede estar recibiendo poca cantidad de oxígeno o cuando el embarazo esté en sus últimas semanas (37 semanas o más).

Si el feto vive, se debe tener en cuenta su estado y la edad gestacional. En estos casos está indicada la inducción del parto. Cuando la madre no está en buenas condiciones, la monitorización indica sufrimiento fetal, o el parto por vía vaginal no está indicado, se debe realizar una cesárea urgente, ya que la muerte del feto suele ser súbita.

Se puede intentar la vía vaginal si la madre ha tenido más hijos y su estado es bueno, si las condiciones del cuello del útero son adecuadas y no hay signos de sufrimiento fetal. El riesgo materno aumenta mucho cuando, además, aparecen alteraciones en la coagulación de la sangre. En general se recomienda no realizar una cesárea hasta que no se hayan corregido las alteraciones de la coagulación sanguínea. En la práctica no siempre se puede esperar, por lo que siempre se debe tener en el quirófano todo el material necesario para realizar una transfusión si fuera preciso.

En general, el estado de la madre mejora tras el parto debido al tratamiento de mantenimiento y al de las complicaciones. A esta edad gestacional se recomienda inducir el parto debido al riesgo de un empeoramiento súbito. En estos embarazos parece razonable esperar hasta la semana 37-38 para inducir el parto siempre que la madre esté estable y la monitorización fetal sea adecuada.

Ante cualquier complicación (retraso del crecimiento fetal, preeclampsia, rotura prematura de membranas, monitorización fetal no aceptable, inestabilidad materna, etc.) se debe inducir el parto, independientemente de la edad gestacional. En embarazos entre 23 y 34 semanas se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales.

La madre debe permanecer ingresada en el hospital hasta que el sangrado se haya detenido durante 48 horas, la monitorización fetal sea adecuada y la paciente esté sin síntomas. En este momento puede ser dada de alta indicándole que debe guardar reposo absoluto en cama en su domicilio y que debe volver inmediatamente si vuelve a sangrar, aparecen contracciones o dolor abdominal o si percibe disminución del movimiento fetal.

Si el feto ha fallecido, el parto debe realizarse por la vía que suponga menor riesgo para la madre. En general es preferible intentar el parto vaginal rompiendo la bolsa de las aguas y administrando medicación para contraer el útero. Estos casos se deben valorar y manejar de forma individualizada, teniendo en cuenta los factores de riesgo existentes. Si el embarazo ha llegado a término, se induce el parto para evitar posibles complicaciones. En embarazos pretérmino se suele esperar, administrando corticoides para acelerar la maduración pulmonar del feto si el embarazo es de menos de 34 semanas de gestación.

Riesgo de Repetición

Las mujeres que han tenido un desprendimiento prematuro de placenta tienen mayor riesgo (5% - 15%) de que se repita en embarazos posteriores que las que tienen embarazos normales (0,4% - 1,3%). El riesgo es más alto cuanto más grave haya sido el desprendimiento sufrido. Las hermanas de las mujeres que han sufrido un desprendimiento prematuro de placenta también tienen más riesgo de padecerlo en sus embarazos. Cuando el desprendimiento ha sido lo suficientemente grave como para que el feto haya muerto, la probabilidad de que vuelva a repetir es del 7%.

Es importante recordar que esta información es solo orientativa y no sustituye la atención médica profesional. Ante cualquier síntoma o duda, consulte a su médico.

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