Para comprender la magnitud de las contribuciones de ciertas personalidades, es esencial explorar sus vidas y trayectorias. En este artículo, nos adentraremos en la biografía de Nena Arrazola, destacando sus logros y el impacto que ha tenido en su campo.
A continuación, presentamos las biografías de otras figuras destacadas en diversos campos, que aunque no estén directamente relacionadas con Nena Arrazola, ofrecen una perspectiva valiosa sobre la vida y obra de individuos influyentes.
Antonio Aura Boronat (Alcoy, Alicante, 1848 - Alcoy, Alicante,1924) fue un político, escritor y periodista. Colaboró con diversos medios de prensa, donde defendió la revolución de 1868 y a Nicolás María Rivero, uno de sus principales promotores. Igualmente, fue redactor de política internacional en el diario El Globo y colaboró en otros periódicos, como El Constitucional, Revista de España y Revista Contemporánea.
Fue diputado en varias legislaturas, primero en el seno del Partido Republicano Posibilista fundado por Emilio Castelar y después en el Partido Liberal Demócrata dirigido por José Canalejas; ocupó los cargos de director general de Obras Públicas y vicepresidente del Congreso de los Diputados.
Manuel Azaña (Alcalá de Henares 1880 - Montauban, 1940) fue un político, escritor y traductor español. Su larga trayectoria política culminó con la presidencia de la II República española, y el exilio al finalizar la Guerra Civil. Tuvo vocación de escritor y dio en efecto algunas obras literarias de interés, poco recordadas en la actualidad.
Fue también traductor de cerca de una veintena de obras desde el francés y el inglés, la mayoría de autores de renombre. Por tal motivo, es posible acercarse a su biografía de otra manera y, obviando las otras facetas que la componen, fijarse en su labor como traductor. Del francés tradujo obras de varios autores clásicos, como Jorge Dandin de Molière (2008), las Memorias de Voltaire (1920), Diez años de destierro de Mme. de Staël (1919), Cinq-Mars de Vigny (1918), La carroza del Santísimo de Mérimée (perdida), y la Historia de un quinto de 1813 (1921) y Waterloo (1921) de Erckmann-Chatrian; sin menospreciar a sus contemporáneos: Gaspar de R. Benjamin (1921), Antología negra de B. Cendrars (1930) y Simón el patético de Giraudoux (1966). Menos numerosas, las versiones del inglés se centran en autores conocidos, como G. Borrow con La Biblia en España (1920-1921) y Los zincali (1932), G. K. Chesterton con La esfera y la cruz (1930) y B. Russell con Vieja y nueva moral sexual (1930). Algunas versiones tuvieron publicación póstuma y la mayoría han conocido reediciones en fechas recientes.
Teodoro Baró (Figueres, Girona, 1842 - Malgrat de Mar, Barcelona, 1916) fue político, periodista, escritor y traductor. Vinculado al Partido Liberal, ocupó diversos cargos políticos: diputado por Barcelona en 1881 y 1884, por Xinzo de Limia (Ourense) en 1886 y por Figueres en 1893. También fue gobernador civil de Málaga (1883), Sevilla (1884) y La Coruña (1885); director general de Beneficencia y Sanidad, y delegado de Enseñanza Primaria.
En el plano periodístico, destaca su labor al frente de la Crónica de Cataluña y en la redacción del Diario de Barcelona, que dirigió a partir de 1906, aunque colaboró también con frecuencia en otras publicaciones. Como escritor, publicó gran número de obras de índole muy diversa, tanto en castellano como en catalán: manuales destinados a la enseñanza, tratados, poesía, cuentos, novelas (varias de ellas de costumbres), piezas teatrales diversas (drama, comedia, zarzuela), etc. Como traductor solo se conoce su versión de los Cuentos de Charles Perrault.
Ciro Bayo y Segurola (Madrid, 1860? - Madrid, 1939) fue uno de esos españoles de vida novelesca que solo podían surgir de la combinación de los avatares históricos y culturales de los decenios finales del siglo XIX y primeros del XX y que, a pesar de algunas reediciones contemporáneas de sus textos, sigue siendo un desconocido entre el gran público.
De todo su periodo de juventud conservamos datos muy fragmentarios, comenzando por el año de nacimiento. Aunque de ascendencia vasca, nació en Madrid y parece que fue hijo ilegítimo; tampoco se sabe a ciencia cierta si concluyó sus estudios de Medicina y Derecho acompañado de un trasiego de cambios de universidades (Barcelona, Valencia y Madrid). Como las letras y los estudios no parecían satisfacerle, se alistó en el ejército carlista y fue hecho prisionero tras la toma de Cantavieja, al final de la Tercera Guerra Carlista (1872-1876). Su espíritu inquieto y aventurero encontró su desahogo natural en sus dos viajes a América, primero a La Habana, con una compañía de cómicos, en 1876, y más tarde por Argentina y Bolivia entre 1887 y 1900.
A su regreso a Europa viajó por Francia, Alemania e Italia, y se instaló en 1902 en Madrid, como indiano sin fortuna pero henchido de experiencias y conocimientos, y comenzó allí una larga y productiva etapa final de su vida literaria. En aquellos años americanos, de vida aventurera y bohemia que nos permitirá denominarlo el nuevo cronista de Indias, heredero de los que narraron las hazañas de los héroes de la conquista, se dedicó a la edición de revistas y a la colaboración en numerosos artículos de prensa, en especial publicados en Buenos Aires, así como a la fundación de instituciones educativas. Ideó incluso llegar a caballo desde el Cono Sur a la Exposición Universal de Chicago en conmemoración del descubrimiento de América (1893), aunque se detuvo en la ciudad boliviana de Sucre.
De regreso, hombre de letras ya maduro, comenzaron a surgir sus títulos, en gran medida plasmación de sus correrías americanas. Aunque no logró encajar del todo en la escena cultural y literaria del momento, por su peculiar carácter y propensión a la soledad, trabó amistad con algunos miembros notables de la generación del 98, como Baroja, Azorín o Valle-Inclán, que demostraron en más de una ocasión el aprecio que le tenían.
Bayo desarrolló un estilo arcaizante más propio de los géneros y valores del Siglo de Oro: la picaresca costumbrista, el idealismo de las novelas de caballerías o las narraciones ejemplares cervantinas. Y fiel a su estilo y maneras, llegó a publicar alrededor de treinta títulos, antes de fallecer en 1939. Entre estos se puede encontrar, sobre todo, viajes por España y América, novelas e historia novelada o libros de viajes, sus géneros favoritos, con títulos como El peregrino entretenido (1910), Lazarillo español. Guía de vagos en tierras de España por un peregrino industrioso (1911), Con Dorregaray. Una correría por el Maestrazgo (1912), La Colombiana (poema épico) (1912), Orfeo en los infiernos (1912), El peregrino en Indias. En el corazón de América del Sur (1912), Chuquisaca o la plata perulera. Cuadros históricos, tipos y costumbres el Alto Perú (1912), Las grandes cacerías americanas. Del lago Titicaca al río Madera (1912), Los caballeros del Dorado (1915), Por la América desconocida (1920) o La reina del Chaco (1935).
Pero no todo fueron obras de creación o recreación, pues para ganarse el sustento, recurrió a la redacción de diversos encargos editoriales, desde libros de higiene a vocabularios y recopilaciones de romances criollos, sin olvidarse de la traducción, gracias a las lenguas aprendidas en su juventud. Esta última es, tal vez, su faceta menos conocida. Consta que tradujo los siguientes títulos: El amor libre (1900) de Charles Albert, La leyenda de Gustavo Berling (1909?) de Selma Lagerlöf, Las larvas del ocultismo (1916) de John Billingbrook, El niño Jaime Vingtras (1917) de Jules Vallès, El último Romanof (1917) de Charles Rivet, Capitanes valientes (1918) de Rudyard Kipling, Un oficial enamorado (1918) de Stendhal, Esclava o reina (1921) de M. Delly, Salambó (1921) de Gustave Flaubert, Mis prisiones (1922) de Silvio Pellico y Misterios de las ciencias ocultas (s.
Pedro Bazán de Mendoza (Cambados, Pontevedra, 1758 - París, 1835) nació en el seno de una familia de la pequeña nobleza. Tras sus estudios en Santiago, recibió el grado de doctor en derecho en 1782. De espíritu liberal y progresista, fue miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago y de la Real Academia de Derecho de Madrid.
El juramento prestado a José Bonaparte le valió gran número de cargos y honores: intendente general del ejército, jefe de policía de Santiago, caballero de la Orden Real de España, director de la Universidad de Santiago. Con todo, al término de la ocupación francesa fue exonerado de todos sus cargos y expulsado de la universidad por sus propios colegas. Se trasladó a Francia siguiendo al ejército de Napoleón y se estableció en París, donde murió. Antes de salir de España había empezado a traducir obras francesas: Ester y Británico de Racine se representaron con cierto éxito, aunque no llegaron a imprimirse; se le atribuye asimismo la traducción de la tragedia de Sauvigny Hirza ou les Illinois, con el título Religión, patria y honor triunfan del más ciego amor, que se publicó sin nombre de traductor en 1806. Durante la guerra de la Independencia publicó una Carta de un patriota español y un Discurso sobre la toma de Tarragona por las tropas francesas.
Juan Manuel de Berriozabal y Álvarez de Foronda (San Pedro de Urubamba, Perú, 1814 - París, ¿1872?) fue hijo del español Manuel Plácido de Berriozabal, juez y alguacil mayor de Cuzco, se trasladó con su familia a España en 1824, donde completó su educación. En 1835 se convirtió en marqués de Casa Jara por cesión de su madre, y en 1862 heredó de la misma los títulos de conde de Casa Palma y marqués de Rocafuerte.
Fue amigo del filósofo y pensador católico Jaime Balmes y colaboró en varios periódicos que este dirigió. Pasó los últimos años de su vida en París, donde murió. Su profunda educación religiosa quedó plasmada en la mayor parte de sus obras, tanto originales como traducciones. Sus obras poéticas originales se hallan contenidas en el volumen La reina de los cielos (Madrid, 1844), con nueva versión corregida y aumentada en 1853 (Poesías a la reina de los cielos). En el primero incluyó la traducción de los Pensamientos del P. D'Argentan acerca de la grandeza de la Santísima Virgen, mientras que el segundo contiene asimismo varios poemas traducidos del italiano (de A. Berlendis, G. Ercolani, A. Mazza y A. Varano). En 1841 publicó La nueva Cristiada, reescritura del poema sacro La Cristiada de fray Diego de Hojeda (1611), y en años siguientes aparecieron otros volúmenes de poemas originales (Poesías sagradas, 1851; Poesías religiosas, 1852). Es también autor de varios volúmenes de comentarios y observaciones sobre asuntos bíblicos. Otras traducciones dignas de mención son las Poesías entresacadas de las obras de A. Lamartine (París, 1840, con varias reediciones), el Manual de los devotos de María de Alfonso María de Liguori (Madrid, s. a.) y la Historia de la milagrosa conversión de M. A. Ratisbonne (Madrid, 1857) de M.-Th.
Marcos Rafael Blanco Belmonte (Córdoba, 1871 - Madrid, 1936) estudió Farmacia en Granada y Madrid, pero nunca llegó a ejercerla. Su vocación profesional fue periodística, literaria y traductora. Trabajó en periódicos cordobeses como Diario de Córdoba, El Adalid, La Revista Meridional, Pepita Jiménez (Puente Genil) y La Unión. En este último, además de redactor, fue director de la «Semana Literaria».
En la capital fue miembro de la Asociación de la Prensa de Madrid; colaborador en Revista de España, La Lidia, El Gato Negro, La Correspondencia de España y Raza Española; y redactor de diarios como El Español, ABC (redactor jefe) y El Imparcial, del que dirigió el suplemento «La vida en el hogar», y de revistas como La Ilustración Española y Americana, La Moda Elegante, La Última Moda, Blanco y Negro y Actualidad Hispana. Además, meses antes de su muerte, asumió la dirección de Blanco y Negro.
Su amplia producción literaria cuenta con relatos, piezas teatrales y poemas; se puede destacar el volumen de cuentos Almas de niños (1902) y los poemarios Aves sin nido (1902) y La vida humilde (1906). Fue también prologuista y recopilador de textos literarios: por ejemplo, las antologías Las mejores poesías de Cervantes (1916), Romances escogidos del Duque de Rivas (1916), Las mejores poesías de Góngora (1918), y los dos tomos de Las mejores poesías patrióticas españolas (1919).
Se dedicó profesionalmente a la traducción. En revistas como El Imparcial, La Moda Elegante y La Última Moda publicó numerosas obras de escritoras contemporáneas. Trabajó para varias editoriales, aunque más a menudo para Maucci: Aventurera (1902-1904, en dos partes) de Carolina Invernizio; El emperador Guillermo II (1906) de Jules Hoche; Pequeño mundo antiguo (1911) de Antonio Fogazzaro; La montaña de oro ( 1910?), Los piratas de la Malasia (1911) y El hijo del Corsario Rojo (1911?) de Emilio Salgari; El libro de los amores (1914?) de Salvatore Farina; En Indochina. Mis cacerías, mis viajes (c. 1912-1924]) de Ferdinand de Orleans, duque de Montpensier, El océano de fuego (1922?) y Los misterios del mar indiano (1925) de Luigi Motta.
También merecen ser citados El amor y el señor Levisham (1905) de H. G. Wells, el volumen de traducciones poéticas La poesía en el mundo (1907), así como La provincianita que sueña en un amor (1927?) y Los hombrecitos entrometidos (1930?) de Louisa M.
Manuel Bretón de los Herreros (Quel, La Rioja, 1796 - Madrid, 1873) fue un dramaturgo español, sin duda el más exitoso y prolífico de la primera mitad del siglo XIX, puesto que, entre piezas originales (comedias, piezas breves, dramas, zarzuelas), refundidas y traducidas, su producción consta de ciento setenta y siete obras teatrales. Siguiendo el ejemplo de Leandro Fernández de Moratín, su declarado maestro, ya visible en su primera pieza, A la vejez, viruelas (1817, pero estrenada en 1824), llegó a crear, con Marcela o ¿A cuál de los tres? (1831), una fórmula cómica nueva y personal, caracterizada por la observación de las costumbres burguesas de su época, la habilidad teatral y métrica, el lenguaje rico y espontáneo, el sentido de la caricatura y del humor.
Entre sus piezas más valiosas hay que recordar Todo es farsa en este mundo (1835), Me voy de Madrid (1835), Muérete ¡y verás! (1837), El pelo de la dehesa (1840). Hacia los años 50 del siglo, se acercó, con menor éxito, a la alta comedia (El valor de la mujer, 1852; El duro y el millón, 1853; La niña del mostrador, 1854). También ofreció alguna contribución al drama romántico (Elena, 1834). Desempeñó varios cargos administrativos: director y bibliotecario mayor de la Biblioteca Nacional (1847), administrador de la Imprenta Nacional y director de La Gaceta de Madrid (1843-1847). Perteneció a la Real Academia Española (1837), de la que posteriormente fue secretario perpetuo.
Su labor de traductor de teatro, muy amplia, se concentra entre 1823 y 1836 y cuenta con piezas cómicas y dramáticas, sobre todo de autores franceses, entre ellos E. Scribe, C. Delavigne, Marivaux, Beaumarchais, Houdar de la Motte, Molière, J. Racine, Destouches, L. Ancelot, V. Ducange, Latouche, Lefranc de Pompignan, Monvel, Desvergers, V. Hugo, A. Dumas padre, pero también italianos, entre ellos, Alfieri y Maffei.
Carmen de Burgos Seguí (Rodalquilar, Almería, 1867 - Madrid, 1932), más conocida como Colombine, uno de sus numerosos pseudónimos (junto a los de Gabriel Luna, Perico el de los Palotes, Raquel, Honorine o Marianela), perteneció a una familia acomodada, te...
Manuel Azaña, un intelectual y político clave en la historia de España.
