Danza de la Fertilidad: Un Viaje desde la Prehistoria hasta el Antiguo Egipto

La historia de la danza está intrínsecamente vinculada con la necesidad de comunicación del ser humano, remontándose a los orígenes de nuestra especie. Es probable que el impulso natural de bailar haya existido en los primeros primates antes de evolucionar en humanos. Las evidencias arqueológicas nos proporcionan rastros de danzas en tiempos prehistóricos, como las pinturas encontradas en refugios rocosos de Bhimbetka en la India, con más de 10,000 años de antigüedad, así como pinturas de tumbas egipcias que datan del año 3300 a.C.

Llamamos Prehistoria, a un periodo en el que no existía material escrito con información de aquella época. La música prehistórica es aquella que se creaba y se tocaba en la prehistoria, en culturas anteriores a la invención de la escritura. El origen de la música se vincula con los ritos de apareamiento y con el trabajo colectivo. La danza y el canto parecen haber estado desde el principio asociados al modo en que el ser humano comprende el mundo.

En este contexto, la danza de la fertilidad emerge como una expresión primordial ligada a la supervivencia y la conexión con lo divino.

La Danza en la Prehistoria

Los primeros movimientos rítmicos al son de la percusión, en aquellas incipientes sociedades humanas desempeñaron un papel fundamental al celebrar rituales y tradiciones, transmitiendo su legado de generación en generación. A medida que la comunicación evolucionaba, surgieron instrumentos rudimentarios como tambores de piel, flautas de hueso y raspadores de madera. La música se utilizaba para acompañar eventos o sucesos como la caza, la guerra, rituales funerarios y fiestas con danza, ya que es una manifestación y un método de expresión, las personas en la prehistoria la asociaban con la vida y la naturaleza, en contraste, el silencio se relacionaba con la muerte.

A través de la ritualización de las danzas en eventos como nacimientos, bodas, defunciones, guerras y para honrar la fertilidad de la tierra y la mujer, se otorgó un carácter espiritual al baile que perduraría en el tiempo. La danza no solo era un medio para expresar emociones y celebrar la vida, sino que también desempeñaba un papel crucial en la conexión con lo divino y lo sagrado, estableciendo un vínculo entre lo terrenal y lo espiritual.

No existen testimonios directos de la actividad musical en tiempos prehistóricos. Se cree que los primeros instrumentos musicales que se crearon fueron los de percusión, ya fuesen de piedra, madera o pieles. Seguramente la mayoría fueron fabricados con madera y pieles, materiales que no se conservan bien con el paso del tiempo. El instrumento más antiguo reconocido por la ciencia es una flauta fabricada con hueso de cisne, de aproximadamente 36,000 antes de la historia. Otros instrumentos incluyen la utilización de cuernos, caracolas y huesos de otros animales incluso más grandes, como osos y mamuts.

La danza ha sido en todas las culturas una parte importante de los rituales mágicos y religiosos, la conexión entre el mundo material y espiritual, entre los humanos y los dioses, por medio de la ordenación y encadenamiento de movimientos rítmicos. Desde la prehistoria se puede afirmar, gracias a multitud de grabados y pinturas, que la danza era una parte importante del ritual mágico previo a la caza.

La historia de la fertilidad y la infertilidad, unida por su misma esencia a la existencia del hombre, ha sido comprendida con diferentes visiones, siendo al principio relacionada con lo divino para más tarde serlo con lo humano. Desde los albores de la civilización la infertilidad se ha vivido como una amenaza para la supervivencia, constituyendo un gran problema social y médico. En el Neolítico, el cambio de una sociedad nómada y cazadora a otra sedentaria y agricultora otorgó más protagonismo a la figura femenina. La mujer tiene en esta época un papel central, relacionando directamente la fertilidad con la capacidad de fecundidad de las tierras donde vivían. La copulación se comparaba con la siembra y la lluvia, la concepción con la germinación, la gestación con la maduración y el nacimiento con la cosecha.

En este sentido, el arte primevo puede considerarse arte, a pesar de su especificidad. En el paleolítico abundan las representaciones naturalista de animales, aunque existen las representaciones antropomórficas y de híbridos, así como determinadas representaciones abstractas y geométrico abstractas (paleoabstracción); mientras que en las representaciones neolíticas, con una marcada tendencia a la abstracción y el esquema, el protagonista es el hombre. Ello no quiere decir que el hombre no fuera protagonista en la representación paleolítica, sino que en el paleolítico no hay una tan gran discontinuidad, en mi opinión, entre el mundo animal y el mundo humano, de tal manera que la representación antropormórfica es una más, no la protagonista, mientras que en neolítico, cuando el animal ya no es tan numeroso, sí se podría haber llegado a sentir esa discontinuidad entre el animal y el hombre para cambiar, ya definitivamente, de orientación en la representación.

Objetos de adorno personal (cuentas de hueso, brazaletes, alfileres). En el Auriñaciense se fabricaron muchos objetos de hueso y marfil decorados con grabados de diseño geométrico. En esta época también se crearon las Venus (estatuillas con forma de mujer hechas de piedra, hueso, marfil o moldeadas en arcilla, con pechos y nalgas prominentes), como la de Willendorf. Se han recuperado alrededor de 120 ejemplares en yacimientos que van desde Liberia a Francia. Estas figuras probablemente tenían un significado ritual asociado con la fertilidad de las mujeres y los animales. La mitad de las figuras representan Venus delgadas.

La Danza en el Antiguo Egipto

La época de esplendor del Antiguo Egipto ha sido dividida para su estudio y comprensión en Imperio Antiguo (3.1002.180 a. de C.), Imperio Medio (2050-1790) e Imperio Nuevo (1570 - 1192). El arte egipcio estaba presidido y condicionado por la religión, cuyas características principales eran el culto divino y el culto a los muertos y al más allá. Asociaron el ciclo del sol a la idea de la resurrección del hombre y para propiciar esta resurrección adoraban al sol y establecieron rituales, cánticos y plegarias para garantizar la supervivencia del alma. En el tema referente a la Danza, el arte que más testimonios nos ha dejado es la Pintura, que si no es tan conocida como la arquitectura y la escultura, alcanzó también un desarrollo y técnica considerables.

En el Antiguo Egipto, la danza era una parte obligatoria de las procesiones y las fiestas de cosecha o vendimia. Con el tiempo la danza y la música se convirtieron en uno de los elementos más importantes de la vida espiritual y social. Los antiguos egipcios gustaban de la danza acrobática y apenas distinguían entre el baile propiamente dicho y ejercicios gimnásticos de considerable dificultad. Los bailarines solían actuar casi desnudos y las mujeres llevaban vestidos muy ajustados y transparentes con los senos descubiertos. Los bailes podían ir acompañados de cánticos y/o música. Es ta última, a pesar de la gran cantidad de instrumentos que conocían y utilizaban (tambo res, panderetas, flautas, cuernos, trompetas, laudes y liras) ocupaba un lugar secundario como acompañamiento de la danza, canto o declaración, no la practicaban por el gusto de ella misma.

Como los otros aspectos de la vida egipcia, la danza tenía sus propios dioses. Hathor era la diosa de la danza sagrada, al mismo tiempo que del amor y la borrachera, era muy hermosa, voluptuosa y exhuberante, gran amante de la fiesta, siendo representada como mujer, como vaca y como leona indistintamente. Las danzas hathóricas eran cantos coreografiados en su honor, divididos en funerarios y de fertilidad. A partir del Imperio Medio aparece el dios de la danza popular, Bes, patrón de los bailarines profesionales y de los músicos; sus representaciones son frecuentes en el periodo saítico y ptolomaico y aparece siempre grotesco, bailando y haciendo muecas.

La danza egipcia mantuvo desde la época arcaica unas características comunes y prácticamente inamovibles, pero es quizá la disciplina, junto con la música, que más se dejó in fluir por otras civilizaciones. De hecho, se encuentran bastantes analogías con las culturas mediterráneas; por ejemplo, la danza con las rodillas dobladas también se da entre los hebreos, cretenses y griegos.

En la mayoría de los rituales del Antiguo Egipto la danza tenía un importante papel, ya fuera como integrante de una procesión ya como parte independiente de la liturgia. Está presente en los ritos de la vida y de la muerte, en los cultos a los dioses, en la inauguración de edificios, etc... La Dama de la danza, la Diosa Hathor, tenía varios templos dedicados a ella, en los que se realizaban numerosas fiestas y litúrgias en su honor. En uno de estos santuarios, el de Dendara, hay numerosos relieves con escenas de ofrenda de vino y de danza.

Sin embargo, aunque la danza ritual y religiosa era la más importante, no se puede des preciar los bailes de "divertimento". La vida de la corte requería, sin duda, la participación de bailarines, que aparecen a menudo con la cabeza hacia atrás, en el cortejo de los faraones. El poder pagar un cuerpo de bailarinas y músicos era considerado como signo de riqueza y los nobles solían hacer ostentación de ello.

En las antiguas Grecia y Roma existían diferentes danzas de la fertilidad basadas en movimientos de caderas y vientre. En la época romana anterior a la moral cristiana, se afrontaban con cierta normalidad algunos aspectos relacionados con la sexualidad y las representaciones fálicas no sólo estaban toleradas, sino que se creía que aportaban suerte y protección, además de fertilidad.

Ostraca de piedra calcárea con la representación de una bailarina en posición acrobática procedente de Deir el Medina, XIX-XX dinastías (1291-1076 a.C.). En Egipto la danza estaba también muy desarrollada, algo que también podemos comprobar en multitud de pinturas murales, tanto desde el punto de vista religioso como profano.

Como en muchas culturas antiguas, en Egipto la danza desempeñaba un importante papel en los ritos que marcaban la vida en sociedad. Los egipcios la llamaban de muchos modos, aunque el más habitual fue ibaw; el jeroglífico incluye un determinativo en forma de un hombre con una pierna sobre el suelo y la otra flexionada ejecutando un paso de baile La danza y la religión estaban íntimamente unidas. Mediante la danza se repelía a las fuerzas del Mal y no sólo se agradaba a los dioses, sino que se les proporcionaba vitalidad: con ella recibían la alimentación espiritual que necesitaban. «El canto, la danza y el incienso son sus alimentos», anotó el escriba Ani refiriéndose a las divinidades. Las danzas más elaboradas eran las que se realizaban en los festivales en honor de algún dios y durante las ceremonias fúnebres.

Para conocer estos bailes contamos con las numerosas representaciones visuales que se han conservado en la decoración mural de tumbas y templos, y que abarcan desde el período Predinástico hasta el final de la civilización egipcia. Los bailarines actuaban en compañías profesionales llamadas khener, que estaban asociadas a un templo, una ciudad o una casa real, o bien eran contratadas para cada ocasión. Estaban formadas por hombres o por mujeres y las dirigía un supervisor. Tanto el baile como la música estuvieron íntimamente ligados a la diosa vaca Hathor. Asociada al amor y al nacimiento, Hathor era invocada en las ceremonias fúnebres para conseguir el renacimiento del difunto.

Las mujeres vinculadas a esta diosa se adornaban con grandes collares menat y agitaban sistros; ambos eran instrumentos de percusión que emulaban el ruido que hacía la diosa vaca al caminar por los cañaverales rompiendo los juncos y cuyo sonido era agradable a las divinidades. Podían llevar vestidos largos de lino blanco o bien un faldellín corto. Algunas bailarinas muy jóvenes danzaban desnudas, engalanadas con una cinta vegetal sobre la peluca y un escueto cinturón de conchas alrededor de las caderas que estaba relacionado con Hathor y servía como amuleto protector garante de la fertilidad. Las bailarinas acompañaban sus danzas con claquetas, batían palmas y chasqueaban los dedos.

Las escenas de baile en las tumbas y los textos jeroglíficos que las acompañan nos dan pistas para entender los tipos de danzas que se ejecutaban. Se conocen los nombres de cada danza (o de ciertos pasos de baile), las posturas y acciones que se llevaban a cabo y la rapidez de la ejecución. Por ejemplo, en el paso llamado Toma del Oro, las bailarinas echaban el cuerpo hacia atrás, levantando hacia adelante una de las piernas en ángulo recto y casi tocando con la punta del pie a su pareja de danza. De esta forma se imitaba el signo jeroglífico del oro, vinculado a la dorada Hathor, la diosa que invocaban en este baile.

Otra danza con un significado preciso era la llamada danza de los espejos. Las bailarinas avanzaban por parejas portando en una mano unos palos que entrechocaban y en la otra un espejo con el que reflejaban el sol en las manos propias o en las de sus compañeras. De esta manera se emulaba la unión del astro creador en la mano de la sacerdotisa, acompañándose del sonido de las claquetas. Para los egipcios, esta danza tenía un simbolismo a la vez erótico y solar. En la danza de las estrellas, las mujeres, y a veces los hombres, imitaban el movimiento celeste. En el centro se colocaba el danzante más fuerte, que sujetaba a sus compañeros por las muñecas y entonces comenzaban a girar rápidamente en círculo.

Es importante destacar que en la civilización egipcia ya se sabía que las causas de la infertilidad no eran sólo debidas a la mujer, sino también al varón y, por tanto, no se trataba de un castigo divino, sino una enfermedad que debía ser diagnosticada y tratada.

A continuación, se presenta una tabla que resume las principales características de la danza en el Antiguo Egipto:

Característica Descripción
Propósito Ritual religioso, celebraciones, funerales, entretenimiento
Participantes Bailarines profesionales (khener), sacerdotes, familiares
Vestimenta Vestidos ajustados, faldellines, desnudez (bailarinas jóvenes)
Acompañamiento Cánticos, música (tambores, panderetas, flautas, liras), claquetas, palmas
Diosas asociadas Hathor (danza sagrada, fertilidad), Bes (danza popular)

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La Danza Africana y su Relación con la Fertilidad

La danza africana se inició en las tribus indígenas, era practicada por los pueblos de los países del continente africano, que contaban historias mediante el baile, canto y haciendo rituales. Su propósito iba dirigido a la fertilidad, la caza, los ritos de iniciación, crecimiento y recolección de las cosechas, por lo que tenía un significado especial. Como parte de sus rituales se puede considerar que esta danza es una forma simbólica de comunicarse con los poderes naturales o de acceder directamente al mundo de los espíritus.

La mayor dificultad de la danza africana radica en su gran variedad, tanto en sus estilos de baile como los musicales. Cada país y región del continente africano tiene sus características propias, depende mucho de su historia, origen lenguaje y propósito. Esto hace que cada danza sea diferente y no de una manera general, donde los bailarines son muy perfeccionistas y cuidan mucho cada detalle que hace particular el baile.

Por otro lado, la música con que se baile también va depender de cada lugar. La vestimenta y los peinados africanos son parte y acompañamiento de la danza, además de ser propio de la identidad y cultura. Los colores vivos y llamativos transmiten alegría, tanto para el que los porta como para el que los observa, son muy variadas las camisas largas tradicionales llamadas” Dashiki”, los hombres suelen usarlas con un sobrero sin alas llamado “Kufi”, los estampados encierran un valor comunicativo y una función social que marcan momentos importantes o la pertenencia a algún grupo o etnia.

Las danzas van desde las formas antiguas que se referían, por ejemplo, a la fertilidad, a la caza, las cosechas o bien a temas más modernos, los que se han adaptado a la época contemporánea. Más que un arte, la danza del continente africano es un fuerte soporte cultural, que más allá de la estética busca perpetuar el pasado.

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