Cecilia: Dama, Dama de Alta Cuna y Baja Cama, un Retrato Sarcástico de la Burguesía Tardía

Evangelina Sobredo Galanes (Madrid, 1948 - Colinas de Trasmonte, 1976), conocida artísticamente como Cecilia, fue una figura clave en la música española. Su nombre artístico lo tomó del tema homónimo de Simon & Garfunkel, con quienes compartía discográfica, CBS. La referencia no es baladí, pues a la influencia de Paul Simon habría que sumar la de la canción protesta de Bob Dylan, Pete Seeger o Joan Báez.

Hija de un militar y diplomático, Cecilia creció en un ambiente cosmopolita, viviendo en Reino Unido, Estados Unidos y Jordania. Esta experiencia internacional influyó en su música, diferenciándola de las fuentes afrancesadas de los cantautores españoles de la época.

Aunque no militó en ningún partido político, Cecilia criticó la dictadura y la doble moral burguesa a través de sus letras. Su música y sus estribillos funcionaban, pese a los roces con la disquera, que buscaba un producto más comercial mientras ella apelaba al compromiso. Pese a la censura, previa o impuesta, retrató la España de la época, a veces con oportuna sutileza.

El resultado son unas canciones certeras, elegantes y con una doble lectura, ya que lograban burlar la censura al retratar con pluma fina aquella España de brocha gorda. Católica a su manera, se sacudió la caspa del tardofranquismo, pero no pudo vivir en democracia porque falleció en la antesala de la transición.

Cecilia bebía de la cultura anglosajona, diferenciándose de las fuentes afrancesadas de los cantautores españoles de la época. Y, aunque grabó algunas canciones en inglés, la letras hundían sus raíces en su país de nacimiento -leía a Valle-Inclán, Machado o Lorca- y las melodías resultaban frescas.

Cecilia, la cantautora española.

Dama, Dama: Un Retrato Ácido de la Burguesía

Una de sus canciones más emblemáticas, Dama, dama ("de alta cuna, de baja cama"), es una crítica a la doble moral de la alta burguesía. La audacia de su letra concentraba a la vez otra tensión irresuelta en el Madrid castizo de rosarios y novenas, en conflicto con el mundo que le era contemporáneo: la revolución feminista y sexual, la emancipación de mujeres cultas y acomodadas que debían esa ventura al férreo control social de sociedades ausentes de libertad.

En esta canción, Cecilia describe a una mujer de la alta sociedad, "puntual cumplidora del tercer mandamiento", pero con "algún desliz inconexo". En directo, sin embargo, recuperaba la versión original de aquella canción sobre una "señora de su señor" y "amante de un vividor". Hija díscola y predilecta de la burguesía castrense madrileña, Cecilia volcó en Dama, dama una combinación de sátira y retrato de costumbres que condensa la combinación de decandentismo y ansia de modernidad en que vivían sumidas las burguesas del tardofranquismo, con los ojos golosos puestos en la revolución de las costumbres que cruzaba el Occidente democrático en aquellos años.

Esa crítica a la doble moral de la alta burguesía tiene un claro reflejo en Dama, dama ("de alta cuna, de baja cama"), aunque la tijera cercenó las alusiones sexuales, de modo que la "puntual cumplidora del tercer mandamiento" no comete "algún desliz en el sexto" -no fornicarás-, sino "algún desliz inconexo". En directo, sin embargo, recuperaba la versión original de aquella canción sobre una "señora de su señor" y "amante de un vividor".

Por una parte, era “puntual cumplidora del tercer mandamiento”, con “algún desliz en el sexto”, pero “buena madre y esposa, de educación religiosa”. La canción de Cecilia fue un gran éxito -aunque se había publicado como cara B del primer sencillo del LP, que abría en la cara A, Fui- y con sus escasas seis estrofas y su estribillo, se inscribió por derecho propio en la tradición literaria de la mujer adúltera, el arquetipo que inauguró la novela moderna con Madame Bovary, Anna Karenina y La Regenta.

El repaso a los ambientes madrileños de mantilla y cotilleo, de superchería y alta cultura, revela en qué medida la joven Cecilia, que los frecuentaba, podía sentir de forma vívida el temor de verse encarnando a la dama de su canción: “Conversadora brillante en cóctel de siete a nueve -«hoy nieva, mañana llueve, quizás pasado truene»-, envuelta en seda y pieles. (...) Devoradora de esquelas, partos y demás dolores, emisora de rumores, asidua en los sepelios de muy negros lutos ellos (...) El sábado arte y ensayo, el domingo los caballos, en los palcos del Real los tés de caridad, jugando a remediar”. Y hambre de protagonismo: “Si no fuera por miedo sería la novia en la boda, el niño en el bautizo, el muerto en el entierro, con tal de dejar su sello”.

Quizá la prueba de en qué medida Cecilia habla de una dama que pudo ser ella sea su intención de que su segundo álbum se titulara Me quedaré soltera y la portada fuera ilustrada por una foto suya con un patente embarazo. La discográfica reemplazó la foto por otra menos evidente y cambió el título: Cecilia 2.

Dama, dama fue el mayor éxito de su primer larga duración, titulado Cecilia. Hija de la burguesía madrileña, Cecilia convirtió su canción en un retrato de Dorian Gray de sí misma

Censura y Creatividad: Burlándose del Régimen

La censura franquista intentó silenciar sus letras, pero Cecilia encontró formas ingeniosas de sortearla. Aunque prohibieron su emisión en la radio, la letra pasó la criba, aunque las modificaciones que imponía la censura eran para ella como un juego de palabras. Así, resolvía los cambios de manera eficaz y hasta equívoca: ¿acaso tienen más fuerza los muertos que los sueños? Franco se cargaba las ilusiones de los españoles y el censor tragaba…

Incluido también en el disco Cecilia, el corte Un millón de muertos, que remitía a la guerra civil, se publicó como Un millón de sueños. Obligada a comparecer ante un Juzgado de Orden Público para aclarar el significado de la letra, declaró que hacía referencia a la guerra de los Seis Días, que en 1967 enfrentó a Israel con una coalición árabe, justo cuando ella residía en Jordania.

En Mi querida España ("esta España viva, esta España muerta") tuvo que convertirse en "esta España mía, esta España nuestra", pues de nuevo aprovechaba algunos conciertos y actuaciones para cantar la versión original. Su España de alas quietas, de vendas negras sobre carne abierta. Explica Teresa que, aunque Cecilia fue una mujer afortunada y no sufrió las penurias de la dictadura, esa canción la escribió “por sus amigos poetas, artistas y cantantes, que tan mal lo pasaron”: “A ella le parecía una injusticia social, especialmente porque había crecido en el extranjero, en un ambiente democrático, y sólo siendo adolescente se enganchó a las raíces españolas”. Nunca las soltó.

En cambio, no llegó a publicar en vida Soldadito de plomo, otro alegato antibelicista de la hija de un coronel retirado.

Feminismo Sarcástico

Aunque, si no aguzamos el oído y nos quedamos en la superficie, algunas letras podrían pasar por costumbristas, en realidad destilan un feminismo sarcástico. "Mi padre quisiera que fuera / su niña estudiosa de alguna carrera. / Mi madre prepara mi boda / con un caballero de güisqui con soda. / Y quiero ser equilibrista, / paloma, la pluma, reina de la pista", canta en Equilibrista, incluida en su segundo álbum.

Editado en 1973, ella quería que se titulase Me quedaré soltera, pero la discográfica se lo impidió y terminó publicándose como Cecilia 2. La letra de la canción homónima podría llevar a equívocos si nos ciñéramos a la literalidad ("Y si muero de vieja sin tener pareja / dime quién llorará a una solterona"), porque en realidad es una carga de profundidad contra las convenciones sociales.

Antes de interpretarla en el programa de TVE A su aire, interpela al público: "Ahora os voy a cantar una canción que creo que todas las mujeres entendemos un poco, porque mi madre está empeñada en casarme. No sé si alguna de vuestras madres también...". Cecilia, incluso en la presentación, tira de retranca aunque no resulte difícil leer entre líneas, pues pretende transmitir todo lo contrario de lo que dice la letra.

Se negó, eso sí, a cantar en el Festival de la OTI Amor de medianoche, pues una mujer abnegada no cabía en sus composiciones. Una vez que reescribió la letra para hacerla suya, quedó segunda en el certamen. "Yo no quiero ser tu sombra en un rincón, / la muñeca que no tiene opinión", canta finalmente Cecilia, quien deja atrás una relación asfixiante para volar en libertad. "Yo no soy la marioneta de cartón, / el juguete que baila en tu guiñol".

Es decir, cuando describe a una mujer resignada, en el fondo está criticando la sociedad machista. Sin embargo, no estaba dispuesta a cantarle a una coetánea sometida, ni a prestar su voz a la letra misógina de un compositor. Cecilia habla sin cortapisas, también a la hora de señalar al hombre que busca su propia satisfacción sin pensar en la de ella: "Tuve tu cuerpo junto a mi cuerpo. / Mi cuerpo incierto, el tuyo fugaz".

Su éxito Un ramito de violetas está abierto a diversas interpretaciones, aunque habría que hilar demasiado fino para llegar a una conclusión. Sea cual fuere, no cabe duda de que, como escribe la propia Cecilia, la pareja de la protagonista es muy chunga: "Era feliz en su matrimonio. / Aunque su marido era el mismo demonio. / Tenía el hombre un poco de mal genio. / Ella se quejaba de que nunca fue tierno".

Un Legado Inolvidable

Evangelina Sobredo, Eva o Cecilia murió un 2 de agosto de hace 45 años en un accidente de tráfico, cuando regresaba de madrugada de un concierto en Vigo. Por la mañana tenía que grabar en Madrid, pero su coche impactó contra un carro de vacas en un pueblo de la provincia de Zamora. Murió mientras dormía.

Cecilia, con su talento y su valentía, dejó un legado imborrable en la música española. Su música sigue resonando hoy en día, inspirando a nuevas generaciones de artistas y oyentes.

Portada del álbum "Cecilia".

La joven también le confesó a Marisol que le gustaba la ciencia ficción y le interesaba mucho la pintura . "Es una especie de desahogo", dijo. Y tanto lo era que fue ella misma la que pintó la portada de su disco 'Un ramito de violetas'. Su obra pictórica era una especie de prolongación de ella misma: naíf, poética y con cierta ironía. "Tengo obsesión por las ferreterías y las papelerías. Me compro una cantidad de cuadernos que luego no utilizo", dijo en la que, sin duda, fue una de las entrevistas más personales de la artista.

Apenas un año después, un accidente de tráfico acabó con la vida de aquella chica de 27 años, de aspecto tímido, que sorprendió a la España del tardofranquismo con sus composiciones críticas y naturalistas y con esa voz entre dulce y desgarrada con la que lo mismo cantó 'Un ramito de violetas' que 'Me quedaré soltera'. La chica que también cantaba y componía en inglés, la que era capaz de saltarse las censuras y cantar 'Soldadito de plomo' (con referencias sospechosas a un 'general de madera') en los conciertos arriesgándose a que la multasen, la que hablaba de la infancia, la ecología, la mujer y la España profunda que se caía a pedazos. La misma España que también vivió la tía de la que hoy, 48 años después, es la Reina de este país.

Si hay alguna duda de que su filón fue la canción protesta, es seguro que sus temas estaban impregnados de un feminismo fresco, de un modo nuevo de entender la sexualidad y el papel de la mujer en el mundo. “Y si muero de vieja sin tener pareja, dime quién llorará a una solterona”, cantaba desde el doble fondo. “Me quedaré soltera aunque yo no quiera, ¿con quién me casaré si mi cuerpo está viejo? No miente el espejo cuando me miro en él”. “Dicen que es mejor ser monja que estar así, como yo lo estoy, con mi perro viejo, mi loro que llora, mi gato tuerto”. Cantaba Cecilia a esa soledad oscura de la mujer sin novio de entonces, a esa minusvalía emocional que España le decía que padecía.

Cecilia acostumbraba a dar en la diana sin que el socavón fuera evidente. Ahí cuando la llama “esposa de su señor… mujer por un vividor”, dando una bofetada sin mano a todos aquellos que creían que una hembra se dignifica como mujer gracias a la monogamia, al parto y al calor de la estufa.

Teresa sonríe: “Ella se tomaba a risa todo eso… decía que un millón de sueños es lo mismo que un millón de muertos, porque los asesinos acababan con todo, hasta con los deseos”. Le gustaba jugar para dejar que se intuyera el sentido. “Cuánta tumba, ya no hay tierra para cavar en ella, para dejar sin nombre a tanto hombre”, cantó. “¿Cuántos hombres cuestan las victorias?

Explica Teresa que, aunque Cecilia fue una mujer afortunada y no sufrió las penurias de la dictadura, esa canción la escribió “por sus amigos poetas, artistas y cantantes, que tan mal lo pasaron”: “A ella le parecía una injusticia social, especialmente porque había crecido en el extranjero, en un ambiente democrático, y sólo siendo adolescente se enganchó a las raíces españolas”. Nunca las soltó. El país que empezaba a asomar la cabeza cuando se enterró la del caudillo se agarró, en recíproca hermandad, a su verso honesto, a su himno hermoso y eterno.

Los niños de hoy conocen a Evangelina a golpe de karaoke. No hay sábado en el Tony 2 en el que no resucite Cecilia al lado del piano hablando del amor que el macho alfa no sabe demostrar. Un ramito de violetas (1975) es el himno del hombre triste que escribe versos en secreto a su esposa haciéndose pasar por un admirador: total, ella es feliz, así, “de cualquier modo”. Cuarenta años de dictadura, Franco agonizando en la cama y un país que reconstruir: malos tiempos para detenerse en esa mamarrachada del amor. Ahí estaba la cantautora sociológica, sensible y audaz cuando se la necesitó para ponerle palabras y melodía al drama doméstico de la Transición.

Dice su hermana, Teresa Sobredo, que hay que disculparle el laísmo de la canción -quién la mandaba flores por primavera-: “Ella siempre se permitió licencias poéticas; la rima interna era capital, y siempre soltaba por ahí influencias de la rima andalusí, porque nosotros, cuando vivimos en Jordania, nos empapamos mucho de la poesía árabe”. La llama Eva. Era su “madrina”: “Yo soy la hermana pequeña y ella era muy madre conmigo. Nació en el Madrid de 1948 y, gracias a la influencia de su padre diplomático, tuvo una infancia itinerante: Reino Unido, Estados Unidos, Argel, Jordania. De niña, ya apuntaba maneras: “Mi madre siempre contaba que una vez, en el colegio de monjas, se quejó a las hermanas de que siempre le contasen el mismo cuento”, ríe. “Les pidió que lo cambiaran de una vez”. Cecilia era ávida, rebelde y dulce, observadora.

“Era un ambiente privilegiado y liberal. Nuestros padres nos exigían mucho, intentaron que leyésemos mucho y que fuéramos críticos, conscientes. Nos transmitieron siempre que lo que nosotros teníamos de más, los demás no lo tenían, y nos forjaron un espíritu solidario”. Era un ambiente privilegiado y liberal. Cuenta Teresa que ellos fueron criados en la “ecuanimidad” y en la “internacionalidad”, bajo las influencias musicales de Dylan, Joan Báez, Simon and Garfunkel (por su canción Cecilia, se bautizó con ese nombre artístico), los Beatles, los Rolling y algo de jazz. La cantante -siempre oscilando entre lo aniñado y lo indómito- empezó a estudiar Derecho, pero, a su regreso a España, entendió que la música era su ecosistema y su familia siempre la apoyó. Amaba la copla y el hippismo; mujer de contrastes, regeneracionista y valiente.

“Tú eres una mujer que hace crítica al componer canciones, y yo pienso: ¿qué revulsivo es el que te ha impulsado a hacer esa crítica?". Así fue cómo Marisol del Valle, locutora y tía abuela de la reina Letizia, comenzó una larga entrevista con la cantautora Cecilia, fallecida hace 48 años un día como hoy. Corría el año 1975 y Radio Nacional ofrecía en su parrilla un programa llamado 'Quince diecisiete'. La presentadora era la propia del Valle. La hermana de Menchu, la conocida abuela de nuestra reina, ya llevaba un buen tiempo desarrollando una carrera impecable en las ondas.

Las respuestas de Cecilia no siempre eran las esperadas a las preguntas que formulaba Marisol en el minúsculo estudio de Radio Nacional. Por ejemplo, ¿hubo revulsivo para explicar la ferocidad de algunas de sus letras?. "Yo no pienso que haya ningún revulsivo sino que me he enfrentado a una serie de hechos que en cierta medida no me gustaban. Con mis canciones tampoco pretendo mandar un mensaje porque no creo que sea adecuado mandar mensajes a estas alturas a nadie. Cada uno tiene derecho a formular su opinión según le venga en gana. Expongo una serie de hechos que conozco pero nunca con ánimo de lanzar un mensaje", contestó la autora de 'Dama, dama', aquella "de alta cuna y de baja cama". Esa fue una de las letras que la colocaron en la rampa de lanzamiento artístico. Justo al mismo tiempo que la tía de doña Letizia consagraba su carrera a la radio.

La entrevista que unió a una de las leyendas de la música española con la familia de la Reina es reveladora. Cecilia (o Eva, como siempre la llamaron y la llamarán sus amigos) había vivido por todo el mundo desde muy pequeña gracias a la profesión de su padre: diplomático. En Estados Unidos descubrió a Elvis Presley, en Jordania la música árabe y, a su vuelta a España, la copla y el flamenco. Y, en ese regreso a nuestro país, era una joven que huía del mundo aburguesado de su entorno, tocaba la guitarra y estudiaba Derecho en la Complutense de Madrid porque su padre prefería una profesión más 'normal' que la de la música.

Marisol le preguntó por aquellas raíces, por lo afín que se sentía al mundo árabe, por ejemplo. "Son una gente que a pesar de todas las faenas que les están haciendo con el petróleo, que son bastante gordas, tienen una cultura y una fiolosofía genial", respondió.

Uno de los atributos históricos de la cultura española ha sido, desde mediados del siglo XX, su patente complejo de inferioridad respecto a Francia, lo que ha hecho que nuestros más egregios artistas hayan afrancesado sus maneras, en la literatura, el cine o el arte, como signo de prestigio. Ocurrió incluso con los cantautores, marcados a finales de los sesenta por los sones poderosos de Serge Gaingsbourg, Charles Aznavour, Jacques Brel, Georges Brassens o Françoise Hardy. Quizá eso hizo de Cecilia una cantautora tan hipnótica.

Evangelina Sobredo Galanes (El Pardo, 1948, Colinas de Trasmonte, 1976), que tal era su nombre, dispuso de la educación cosmopolita que solo un militar del régimen, dedicado a la carrera diplomática, podía proporcionar a una prole de ocho hijos. Siendo niña, la familia vivió en Southampton, Filadelfia, Argel, Lisboa y Jordania.

Que Calatayud es una localidad rica en historia, rica en patrimonio, con edificios emblemáticos con un valor fuera de cualquier duda es algo a lo que todos los bilbilitanos nos llena de orgullo, uno de esos lugares emblemáticos en la historia de la ciudad es la que en su día fue, céntrica plaza de España.

La “vieja” dama nacía en el medievo. Una niña que fue creciendo casi sin darse cuenta, creciendo mientras jugaba y se convertía en una esbelta joven ataviada con sus soportales y engalanada con unas columnas que en su día fueron traídas de las ruinas de Bílbilis. En su centro casi desde siempre contemplaba esbelta y lozana el devenir de la vida de sus habitantes: zoco árabe, mercado central, festejos e incluso contemplando lozana la diversión de sus habitantes con acontecimientos taurinos. La joven inquieta y bella se fue convirtiendo en mujer. Siempre manteniendo su centro como un punto importante de la vida de la ciudad, conocedora de sus encantos. Sus mercados de abastos se fueron convirtiendo en un gran mercado central de metal. Sus puestos en la calle encontraron un lugar más acorde con la belleza de la señora. La plaza, durante muchos años contempló embelesada la vida de la ciudad, el bullicio de las compras, el trabajo de los vendedores, la alegría de las pequeñas historias de un pueblo que pasaba casi su totalidad por sus faldas.

Este paso del tiempo le fue cambiando su fisonomía. El gran mercado central dejó paso a un mercado en uno de sus soportales. La señora fue cumpliendo años y cambiando, como todos. El tiempo, la vida, nos va cambiando a todos. No perdona y en eso si que todos somos iguales. La plaza tampoco ha logrado esconder el decrépito a la que el tiempo le ha sometido. La señora ya no es joven, ya no es esbelta, ya no contempla la plenitud de la vida de sus habitantes. Quizás llora desconsolada por la pérdida de una belleza que en su día tuvo. Llora comprobando como en su vestimenta aparecen jirones propios del desgaste de la propia vida sin que nadie emprenda el zurcido que al menos le haría perder la vergüenza, algún solar que diariamente nos recuerda lo bonita que fue y el compromiso que tenemos TODOS para devolverle al menos su vergüenza.

Ayer tampoco fue una buena jornada para la señora de avanzada edad que no entiende lo que le está ocurriendo. Por la tarde asistió impasible a una pequeña disputa en la que tuvo que mediar la Policía Local y Policía Nacional. Un pequeño problema que, al menos, le recordó esos años de plenitud donde visionaba la vida a través de sus habitantes. Horas más tarde lloró. No lo pudo remediar cuando tras otra disputa de nuevo tuvo que intervenir la Policía Nacional y en este caso con un herido.

Dicen que quien pierde su historia pierde su presente e incluso su futuro. Que nadie entienda este pequeño escrito como un ataque hacia nadie. No lo es. No se busca culpables, no es la intención. Se busca tan solo remover la conciencia de todos: instituciones, gobiernos, pero sobre todo la conciencia de cada uno de nosotros que tan poco estamos ayudando a que siga con dignidad viendo pasar la vida lo que fue una ilustre dama y ahora es una castigada anciana.

Dama Dama Cecilia Tutorial Guitarra y Ukelele

Publicaciones populares: