La sangre transporta nutrientes, nos brinda oxígeno y nos protege contra todo tipo de infecciones. Muchas personas se preguntan cuánta sangre tiene el ser humano y cuánta puede perder. La cantidad de sangre en el cuerpo humano depende de diversos factores, como la edad, el peso, el sexo e incluso dónde se viva.
Veamos algunos ejemplos. Un recién nacido tiene 75 mililitros (ml) de sangre por kilogramo de peso corporal. La cantidad de sangre en un niño suele ser proporcional a su peso corporal. La estimación típica es que los niños tienen alrededor de 80-85 mililitros de sangre por kilogramo de peso corporal. Sin embargo, es crucial reconocer que estas son generales y que puede haber variaciones significativas entre ellos.
Componentes de la sangre
La sangre constituye la cuarta parte del líquido extracelular, el medio interno que baña las células y actúa como amortiguador entre ellas y el medio externo. La sangre es la porción del medio extracelular que circula por el organismo y es responsable del transporte de sustancias desde una parte del cuerpo a otra.
En la sangre se pueden hallar tres elementos celulares principales: glóbulos rojos, también llamados eritrocitos, glóbulos blancos, también llamados leucocitos y plaquetas. Sólo los glóbulos blancos son células completamente funcionales.
- Glóbulos rojos (eritrocitos): Cumplen un papel fundamental en el transporte de oxígeno desde los pulmones hacia los tejidos y de dióxido de carbono desde los tejidos hacia los pulmones.
- Glóbulos blancos (leucocitos): Cumplen una función importante en las respuestas inmunitarias corporales defendiendo al organismo contra los invasores extraños, como parásitos, bacterias y virus.
- Plaquetas: Cuando se produce una hemorragia, este tipo de células se dirigen al lugar de la lesión, donde se agrupan formando un tapón para ayudar a detenerla.
Anemia ferropénica: Causas, síntomas, tratamiento
Anemia en recién nacidos
Las anemias se definen por la reducción de la concentración de la hemoglobina y/o el hematocrito. Las manifestaciones clínicas pueden ser inespecíficas. La anemia se define como una reducción de la concentración de la hemoglobina o de la masa global de hematíes en la sangre periférica por debajo de los niveles considerados normales para una determinada edad, sexo y altura sobre el nivel del mar.
En los recién nacidos, las causas de anemia más frecuentes son: hemorragia, enfermedad hemolítica inmune, infección congénita, transfusión feto-fetal y anemia hemolítica congénita. Hasta los 6 meses de edad, una causa frecuente de anemia (aparte de la “anemia fisiológica”) son las hemoglobinopatías.
Clasificación de las anemias
Las anemias pueden clasificarse según criterios fisiopatológicos o morfológicos. Desde este punto de vista, las anemias pueden clasificarse según la respuesta reticulocitaria: anemias regenerativas e hiporregenerativas.
- Anemias regenerativas: El recuento de reticulocitos refleja el estado de actividad de la médula ósea y proporciona una guía inicial útil para el estudio y clasificación de las anemias.
- Anemias no regenerativas: Son aquellas que cursan con respuesta reticulocitaria baja y traducen la existencia de una médula ósea hipo/inactiva. En este grupo, se encuentran la gran mayoría de las anemias crónicas.
Diagnóstico de la anemia
La realización de una historia clínica detallada es el punto de partida imprescindible. Es necesario valorar los antecedentes personales y familiares, las manifestaciones clínicas y la exploración física.
- Síntomas indicadores de hemólisis: color de la orina, ictericia cutánea o en las escleras.
- Antecedentes familiares: datos, como anemia, ictericia, esplenomegalia, litiasis biliar o colecistectomía, pueden orientar hacia anemias hemolíticas hereditarias.
Las pruebas de laboratorio deben comenzar por un hemograma completo y el examen del frotis de sangre periférica. Es imprescindible contar con un exhaustivo examen del frotis de sangre periférica. Los reticulocitos son los hematíes más jóvenes en circulación (con restos de ARN). Después de los primeros meses de edad, su valor normal permanece ya estable alrededor del 1,5% (50.000-100.000/µL). Este índice es un indicador de la actividad eritropoyética de la médula ósea.
Anemia ferropénica
La anemia ferropénica es la forma de anemia más frecuente en la infancia. Un niño con anemia microcítica e hipocroma sin datos de sospecha de otras patologías en la historia clínica, debe presumirse que padece una anemia por déficit de hierro.
La niña no tiene ninguna sintomatología relacionada y tampoco antecedentes personales relevantes. Pruebas complementarias: hematíes: 4 x 106/microL, Hb: 10,1 g/dL, VCM: 71 fL, sideremia: 15 microg/dL, ferritina: 10 microg/L. HLA DQ2: positivo.
¿Qué cantidad de sangre puede perder el ser humano?
Ya sea por un rasguño menor o una lesión mayor, durante nuestra vida perdemos mucha sangre. Sin embargo, en la mayoría de los casos no hay por qué preocuparse en exceso. Nuestros cuerpos suelen curarse rápidamente. Solo hay que recordar que cada vez que te cortas, puedes curarte sin tener que acudir al hospital.
A través de un proceso conocido como coagulación, la sangre cambia de líquido a gel. Esto forma un coágulo, que detiene el sangrado para que el cuerpo tenga tiempo de recuperarse. Pero no siempre es así. Si pierde demasiada sangre, el cerebro no recibe suficiente oxígeno para mantener la vida.
La pérdida de una cantidad excesiva de sangre se conoce como shock hemorrágico. Los médicos clasifican lo clasifican en cuatro clases, según la cantidad que se pierde.
| Clase | Pérdida de sangre | Efectos |
|---|---|---|
| Clase I | 10-15% | Mareo leve |
| Clase II | 15-30% (1-2 litros) | Cambios importantes |
| Clase III | Por debajo del 40% | Necesidad de transfusión de sangre, latidos cardíacos rápidos |
| Clase IV | Más del 50% (2.75 litros) | Coma, fallo de órganos |
¿Qué es y para qué sirve una analítica de sangre?
Una analítica de sangre es una de las pruebas diagnósticas más comunes que se realizan en un laboratorio y, de hecho, a menudo está incluida en los chequeos médicos rutinarios. Permite medir o analizar células, sustancias químicas, proteínas y otros componentes de la sangre con el fin de obtener información acerca del estado de salud de la persona.
Estos datos pueden permitir, por ejemplo:
- Diagnosticar ciertas afecciones y enfermedades.
- Vigilar enfermedades crónicas como la diabetes o la hipercolesterolemia.
- Averiguar si un tratamiento médico está siendo eficaz.
- Evaluar el funcionamiento de órganos como el hígado, los riñones, el corazón o el sistema endocrino (hormonal), como la tiroides, así como el del sistema inmunitario.
