¿Cuántos hijos tuvo Mozart? Un vistazo a su vida familiar y legado musical

A Leopold Mozart le hubiese gustado ver la que se ha montado para festejar el 250º aniversario del nacimiento de su hijo. En realidad, no todo fue milagroso.

Así se refería Leopold Mozart a su hijo Wolfgang, maravillado él también por las inusitadas dotes musicales que mostró desde su más tierna edad. De niño, Wolfgang disfrutó de un ambiente familiar propicio, ya que su padre fue un músico notable que se hizo conocido en toda Europa por un método para aprender a tocar el violín.

Recordaremos su intensa infancia y su corta y ajetreada vida. Wolfgang Amadeus Mozart nació el 27 de enero de 1756 y murió a los 35 años.

Retrato de la familia Mozart

María Anna Mozart vino al mundo el 30 de julio de 1751 en Salzburgo, la misma ciudad en la que nacería cuatro años y medio después su hermano Wolfgang Amadeus. Era la cuarta hija de un matrimonio de músicos, Leopold y Anna María Mozart, cuya vida familiar parecía tocada por la tragedia: María Anna nunca llegó a conocer a sus hermanos mayores, que habían muerto todos al poco de nacer, igual que sucedería con los dos siguientes que vendrían después de ella.

Solo ella y el séptimo y último hermano, que se convertiría en uno de los compositores más famosos de todos los tiempos, sobrevivieron hasta la edad adulta. La pequeña María Anna fue educada por su padre en el arte de la música desde su más tierna infancia y ya desde los siete años destacaba como interprete de pianoforte y clavicémbalo, dando muestra de su gran talento e inteligencia, se cree que llegó a componer pequeñas piezas a tan corta edad.

Su virtuosismo era evidente y su capacidad enorme, también demostró manejarse excepcionalmente con el violín y poseer una gran voz.

Cuando María Anna contaba con once años de edad fue invitada, junto con Wolfgang, a tocar en la corte austríaca. Toda esta vorágine de éxitos y fama se vio truncada cuando la joven cumplió dieciocho años, edad en la cual las jóvenes de buena cuna debían abandonar su vida y aspiraciones, y ponerse como única meta encontrar un buen marido, para dedicarse por entero al matrimonio y a la maternidad.

Finalmente se casó con un magistrado millonario, Johann Baptist Franz von Berchtoldzu Sonnenburg, que era viudo por segunda vez y tenía cinco hijos de sus matrimonios previos, a los cuales María Anna ayudó a criar. Se dedicó por entero a la crianza de sus hijos e hijastros y a ejercer de esposa a tiempo completo durante mas de dieciocho años, y no sería hasta la muerte de su marido en 1801 cuando regresase a Salzburgo y volviese a retomar su faceta de profesora de música. Tenía cincuenta años.

Murió sin dejarnos ninguna obra firmada y a día de hoy, muchos han sido los investigadores que se han interesado en recuperar su legado y poner en valor las obras compuestas por ella. Algunos historiadores aluden a la correspondencia que Amadeus mantuvo con Nannerl para afirmar que existen indicios de que ella escribía sus propias composiciones.

El hermano pequeño le dirigió varias cartas en las que alababa su obra, calificándola de “hermosa”, y la animaba a seguir componiendo. Cabe destacar que, durante la Edad Moderna, al igual que en la mayoría de periodos históricos, existían cierto tipo de roles que no estaban bien vistos si eran desempeñados por una mujer.

Intérprete, compositor y teórico, supo ver las cualidades de su hijo pequeño y le procuró las mejores condiciones para desarrollarlas. A los tres años Wolfgang ya tocaba el clavicordio -con unas manos que apenas alcanzaban algo más de media octava- y a los cinco bosquejó su primer concierto.

La fama de aquel niño prodigioso se extendió por los cenáculos filarmónicos y los salones aristocráticos de Salzburgo, pero pronto la ciudad austríaca se quedó pequeña para las aspiraciones de los Mozart y el padre organizó viajes y largos periplos musicales por Europa, particularmente por Italia y Francia.

En las sucesivas giras el pequeño Mozart exhibía sus raras dotes de virtuoso. Por ejemplo, era capaz de improvisar sobre cualquier tema que le propusieran; lo escuchaba y de inmediato, sin siquiera ensayar, lo tocaba con increíble soltura, añadiendo toda suerte de variaciones. A veces, le ponían a prueba tapando el teclado del clavicordio con un lienzo para que no pudiera ver ni sentir las teclas, lo que no le impedía seguir tocando brillantemente. Otras tocaba vuelto de espaldas al teclado, o bien se pasaba del clavicordio al violín, con el que también era un virtuoso.

Cuando tenía 14 años, hallándose en Roma, escuchó en la capilla Sixtina un Miserere compuesto por Gregorio Allegri en 1638, cuya partitura se custodiaba celosamente en el Vaticano para que nadie la copiara. Tras escuchar la obra una sola vez (duraba unos 15 minutos), Mozart escribió la partitura entera sin haber tomado nota alguna, incluidas las improvisaciones y embellecimientos que los miembros del coro introducían.

Estas hazañas de superdotado, sin embargo, tuvieron también su envés. Se ha acusado al padre de explotar a Wolfgang y su hermana mayor Nannerl, a los que hacía tocar horas y horas, para luego ufanarse: «Mis hijos están muy acostumbrados al trabajo». De hecho, durante las giras Wolfgang cayó enfermo varias veces; en una ocasión llegó incluso a perder la vista durante un tiempo.

También se ha reprochado a Leopold Mozart que a los doce años impulsara a su hijo a componer óperas (y a dirigirlas en concierto) cuando aún no estaba preparado para ello. Pero hay que reconocer que Leopold tuvo siempre como norte la carrera de su genial vástago, y que éste fue siempre un niño feliz y alegre, capaz de interrumpir un concierto de clavicémbalo para jugar con un gato que aparecía por la ventana o ponerse a correr con un palo entre las piernas imaginándose que cabalgaba un brioso corcel.

A partir de 1773, cuando tenía 17 años, Mozart se asentó de forma permanente en Salzburgo, donde su carácter independiente pronto le haría mantener constantes roces con el nuevo arzobispo, Hieronymus von Colloredo, de quien dependían tanto su padre como él. Pese a ello, en ese período el genio trabajó febrilmente, produciendo obras maestras en todos los géneros, tanto en el campo de la música de cámara, como la sinfónica, vocal u operística.

En 1778 hizo una nueva salida, que lo llevó primero a Mannheim -donde quedó impresionado por el estilo de la magnífica orquesta de la ciudad y sus dramáticos contrastes- y luego a París, en busca de un puesto estable y mejor remunerado. Esta estancia fue uno de los peores períodos de su vida: en los salones de la aristocracia le hacían esperar en gélidas antesalas, no le pagaban las composiciones y, lo peor de todo, su madre falleció en el pobre apartamento que tenían alquilado.

Historia de Amadeus MOZART en 5 minutos

De vuelta a Salzburgo, Mozart no soportó mucho más las desavenencias con Colloredo. Su deseo era convertirse en un músico independiente, sin trabas ni ataduras, por lo que finalmente, en contra del criterio de su padre, decidió romper con el arzobispo e instalarse en Viena. En la capital imperial trató de ganarse la vida como concertista y vendiendo sus obras por suscripción, aunque también se vio obligado a dar clases particulares de piano; como a veces los alumnos se saltaban alguna, decidió cobrar un tanto fijo por mes.

El estreno, en 1782, de El rapto del serrallo, trepidante ópera en alemán, musicalmente revolucionaria, le dio un gran éxito y el favor del emperador José II. Fue entonces cuando contrajo matrimonio con Constanze Weber, a pesar de que pretendió antes a su hermana mayor, Aloysia.

La vida en Viena se presentaba bajo buenos augurios. Mozart trabajaba sin cesar y estudiaba intensamente a los músicos del período barroco, como Bach. Trabó amistad con Franz Joseph Haydn, a quien dedicó una célebre serie de seis cuartetos. Es imposible destacar siquiera algunas entre las geniales creaciones que Mozart multiplica en esos años en todos los géneros -sonata, sinfonía, conciertos para piano y violín...-, que cosechaban a menudo un éxito clamoroso.

Por ejemplo, en 1783 Mozart comentaba la reacción del público tras un concierto para piano: «La sala estaba abarrotada, y aunque yo había abandonado el escenario los aplausos no cesaban, así que me vi obligado a repetir el rondó». Más apoteósico todavía fue el éxito del ciclo de tres óperas que compuso entre 1786 y 1790 en colaboración con el afamado libretista italiano Lorenzo da Ponte: Las bodas de Fígaro, Don Giovanni y Così fan tutte, que se representaron en todos los teatros de Europa; nada le complació más que oír tararear las arias de Fígaro en las calles de Praga.

Constanze y Wolfgang tuvieron seis hijos, pero sólo dos sobrevivieron:

  • Raimund Leopold (b/d. 1783)
  • Carl Thomas (1784-1858)
  • Johann Thomas Leopold (b./d. 1786)
  • Theresia Constanzia Adelheid Friedericke Maria Anna (1787-1788)
  • Anna (b./d. 1789)
  • Franz Xaver Wolfgang (1791-1844)

Carl Thomas fue funcionario y Franz Xaver, músico. Permanecieron solteros y no tuvieron descendencia.

Pese a ello, su situación financiera se hizo cada vez más apurada. Para mantener a su familia (tuvo seis hijos, de los que sólo dos sobrevivieron) y pagar las curas de su esposa en Baden y los lujos que se permitían en su apartamento -entre ellos el ponche y los dulces, a los que el goloso Mozart era aficionadísimo- no le bastaban sus ingresos. Desde 1783, el compositor pedía préstamos a algunos conocidos.

Fue así como, en 1791, le llegó al músico la petición de escribir una Misa de réquiem, por la que se le pagaría generosamente. Un hombre embozado fue a su casa para transmitirle el encargo, negándose a revelar de dónde procedía. Mozart estaba ya gravemente enfermo, pero lo aceptó de inmediato.

Hoy sabemos que la propuesta procedía del adinerado conde Walsegg, que acababa de enviudar y deseaba disponer, para los funerales de su esposa, de una Misa de difuntos. Walsegg quería también que el autor de la obra permaneciera oculto, de modo que él mismo transcribiría la pieza, de su puño y letra, y la haría pasar como propia.

Así, sin sospecharlo, este caprichoso aristócrata propició una de las piezas más grandiosas de la historia de la música, el Réquiem para cuatro voces solistas, coro, órgano y orquesta. Mozart no pudo terminarlo (fue su discípulo y amigo Franz Süssmayr quien lo completó).

Máscara mortuoria de Mozart

Cuando la guerra entre Austria y Turquía hizo que la economía de la aristocracia se resintiera, Mozart se encontró sin dinero, la familia se trasladó a un barrio mas humilde y comenzó a pedir dinero prestado a sus amigos, eso hizo que su carácter empeorara, estaba deprimido y de mal humor, aunque seguía componiendo febrilmente (Mozart era hiperactivo), notaba que ahora le costaba concentrarse en sus obras y también se cansaba al caminar, finalmente enfermó y después de unos días de fiebre alta murió, posiblemente de una pielonefritis.

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