El 6 de marzo de 1475, en la villa de Caprese, Toscana, el llanto de un recién nacido rompió la oscuridad, marcando el inicio de una nueva era para las artes y la belleza. Ese niño fue Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni, conocido mundialmente como Miguel Ángel, uno de los más grandes artistas de todos los tiempos.
Desde muy pequeño supo que quería ser artista, algo que no gustó nada a su padre. En aquellos tiempos el oficio de artista no tenía el prestigio que tuvo en otras épocas, pero al final su talento permitió que Lorenzo el Magnífico lo invitara a vivir en su palacio/escuela. Allí destacó sobre los demás, en especial sobre otro alumno, Pietro Torrigiano, que harto de insultos y humillaciones sobre la valentía de firmar obras tan malas, le propinó un puñetazo que le rompió la nariz a Miguel Ángel.
«Ahora va a llevar mi firma hasta el día que muera». Por eso en los retratos de Miguel Angel, el artista siempre tiene la nariz chata. El caso es que nadie discutía que Miguel Angel era un genio… Aunque si que era un guarro… Mientras Leonardo era amable y muy limpio, Miguel Angel era todo lo contrario: siempre sucio, vestido como un mendigo y desprendiendo un olor insoportable.
«Era como estar con un cadaver» afirmaban los ayudantes de la Capilla Sixtina. Según el artista, el baño era malo para la salud. Además su lenguaje iba acorde con su aspecto: «De cada 10 palabras, 5 eran improperios», decían. En toda Italia se conocía su arte y pronto los poderosos quisieron contar con su obra.
Un Renacimiento en Persona
Miguel Ángel fue un hombre del Renacimiento: arquitecto, pintor y poeta, y sobresaliente en todo esos campos. Pero desde luego su pasión, su vocación, su obsesión era la escultura. Miguel Angel fue uno de los más grandes artistas de la historia del arte universal, y no sólo por sus esculturas, sino también por su asombrosa labor pictórica. Fue admirado en vida por sus contemporáneos, que le llamaban el Divino y triunfó en todos los encargos que le fueron encomendados.
Su obsesión por la perfección lo obligaba a no entregar jamás algo mediocre, y tanto en Florencia como en Roma, reyes y papas cayeron rendidos a su arte, aunque ciertamente se vivieron ciertos roces debido a la marcada personalidad de Miguel Angel. El Papa Julio II dijo: «es imposible hablar con él…».
En esa época hizo amistad Miguel Ángel con Francesco Granacci, el cual, aunque joven, se había colocado en el taller de Domenico del Ghirlandaio para aprender el arte de la pintura. Y como Granacci amaba a Miguel Ángel y lo veía muy apto para el dibujo, todos los días le prestaba dibujos del Ghirlandaio que, a la sazón, era considerado, no sólo en Florencia sino en toda Italia, como uno de los mejores maestros existentes.
Y creciendo diariamente en Miguel Ángel el deseo de crear, y no pudiendo Ludovico desviar al muchacho de su dedicación al dibujo, resolvió, ya que no había remedio, sacar algún fruto de esa afición y, aconsejado por sus amigos, lo puso en el taller de Domenico Grillandaio para que aprendiera ese arte.
El David: Un Símbolo de Florencia
Regresa a Florencia que, tras la caída de los Medici en 1494, para celebrar su libertad le encarga una escultura que represente la nueva República Florentina. Y Miguel Ángel concibe el David, nacido de un bloque de mármol imperfecto de cinco metros y diecisiete centímetros.
La Capilla Sixtina: Un Legado Inmortal
El Papa Julio II, en 1504, le encarga un mausoleo majestuoso para cuando muriera, pero luego, en 1508, paró las obras por una nueva misión: los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina. Miguel Ángel no tenía destreza en la pintura, pero aceptó a regañadientes. Mil cien metros cuadros de techo, y rectangular, un espacio oscuro, difícil para su arte. Pero allí se abrió paso una belleza resplandeciente.
Cuatro años después, terminó de reescribir con colores luminosos el Génesis de la Biblia. Narraciones pictóricas literales, pero otras muchas alegorías, interpretaciones, de autoría propia. Casi veinticinco años después, en 1536, tras terminar la magnificencia de la bóveda de la Capilla Sixtina le encargaron el fresco del Juicio final, en la pared frontal del altar. Un mural sobrecogedor donde asoman las tinieblas al volcar su mirada apocalíptica, sobre miedos y temores.
Durante los siguientes cuatro años, Miguel Ángel realizó, prácticamente solo, las más de trescientas figuras que componen la bóveda. Subido a un andamio que él mismo había construido, hubo de soportar terribles dolores de espalda debido a las posturas que tenía que adoptar mientras pintaba. Según dicen, era frecuente verlo trabajar sentado o tumbado boca arriba, mientras la pintura le goteaba en la cara y en el cabello. Así, día tras día, a veces sin descender del andamio ni para dormir.
- ¿Pero cuándo estará terminada?
- Estará…¡cuando esté!
Por fin, un día de 1512, Miguel Ángel dio por terminada la bóveda de la capilla. A partir de ese momento, su fama no hizo más que aumentar gracias a la realización de otras muchas grandes obras escultóricas, pictóricas e incluso arquitectónicas.
Tabla Cronológica de Obras Destacadas
| Año | Obra | Ubicación |
|---|---|---|
| 1497-1499 | Piedad | Basílica de San Pedro, Vaticano |
| 1501-1504 | David | Galería de la Academia, Florencia |
| 1508-1512 | Techo de la Capilla Sixtina | Ciudad del Vaticano |
| 1536-1541 | El Juicio Final | Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano |
Miguel Angel realizó esculturas prodigiosas y frescos alucinantes, todos ellas obras maestras indiscutibles que le permitieron tener una vida muy acomodada, y además pudo vivirla como quiso. Homosexual, tuvo bastantes amantes, incluídos algunos de sus discípulos como Tommaso Cavalieri que incluso dejó a su mujer e hijos para instalarse en su taller. Siempre usó a hombres como modelos, le repugnaba la figura femenina. Hasta para sus mujeres utilizaba hombres… Quizás por eso los cuerpos sean tan musculados.
Siempre usó a hombres como modelos, le repugnaba la figura femenina. Hasta para sus mujeres utilizaba hombres… Quizás por eso los cuerpos sean tan musculados.
Cuando algún tiempo después regresó a Florencia, ya era un escultor famoso. Fue entonces cuando recibió el encargo de realizar una obra de grandes proporciones, el famoso “David”.
Desde sus comienzos, Miguel Ángel fue un artista muy especial. Mientras otros dedicaban su tiempo acudiendo a fiestas y reuniones sociales, él, siempre cubierto de polvo, trabajaba sin descanso con sus martillos y sus cinceles intentando dar vida a los bloques de mármol.
- Verá, Santidad -respondió Miguel Ángel intentando rechazar el ofrecimiento-, como sabéis, yo no soy buen pintor, yo soy escultor.
- ¿Te niegas a realizar el encargo de un papa? -le preguntó asombrado Julio II-.
Pero el Papa no atendió a sus razones y le encomendó la obra que le daría fama universal.
Su creatividad se desbordaba tanto como su energía, trabajaba a diario, no tenía esposa ni hijos y su fuerza, su sensibilidad y su amor los canalizaba a través de su arte. Las turbulencias de su corazón, el estremecimiento por el arte y el anhelo de poder y ambición hacen que, por ejemplo, el escritor francés Mathias Enard creara un pasaje escondido de la vida del artista en la novela primorosa: Habladles de batallas, de reyes y elefantes.
En este mundo, supuestamente, en 1506, Miguel Ángel deja al papa Julio II para acudir al llamado del sultán Beyazid en Constantinopla que le encarga la construcción de un puente sobre el Cuerno de oro, después de que rechazara la propuesta de Leonardo da Vinci. Fue el encuentro de Oriente y Occidente en sus manos.
“Miguel Ángel no era muy guapo, la frente demasiado alta, la nariz torcida desde que se la rompieron en una riña de juventud, las cejas demasiado abundantes, las orejas un tanto despegadas. Se dice que su propia cara le horrorizaba. Solo la vejez y la fama le conferirían, cual pátina sobre un objeto tan feo al principio, un aura sin igual.
La relación del artista con el matrimonio la describe Martin Gayford en la biografía Miguel Ángel: Una vida épica: “Así pues, Miguel Ángel no era un romántico en lo relativo al matrimonio. Cuando se le llamaba la atención acerca de su condición de soltero, solía insinuar que se sentía afortunado de haberse librado tanto de tener esposa como de tener familia, según cuenta Vasari: «En una ocasión, un amigo suyo sacerdote le dijo: ‘Es una lástima que no te hayas casado y tenido muchos hijos a los que poder legar todas tus hermosas obras’. A lo que Miguel Ángel replicó: ‘Siempre he tenido una esposa más que difícil en este exigente arte mío, y las obras que deje atrás serán mis hijos. Incluso si no son nada, vivirán algún tiempo. Habría sido un desastre que Lorenzo Ghiberti no hubiera hecho las puertas de San Giovanni, visto que seguían en pie cuando sus hijos y nietos habían vendido y despilfarrado todo lo que les había legado.
A lo largo de su vida fue notorio que Miguel Ángel albergó sentimientos intensos por varios jóvenes, y dedicó apasionados poemas a más de uno. El escritor Pietro Aretino incluso llegó a insinuar la existencia de tales amoríos por escrito. Es posible que fueran castos. En el ambiente social en el que vivió, la noción de ‘homosexualidad’ o de ser ‘gay’ no existía, pese a que hubiera hombres que mantenían relaciones sexuales exclusivamente con otros hombres. Para Miguel Ángel y sus contemporáneos lo que existía, en cambio, eran un pecado y un delito, teóricamente castigables con la muerte, aunque rara vez sucediera en la práctica: la sodomía. Esta abarcaba cualquier actividad sexual, incluidas las que pudieran tener lugar entre un hombre y una mujer, que no estuviera orientada hacia la procreación, si bien solía designar habitualmente las relaciones sexuales entre dos hombres.
Miguel Ángel deseó y amó a hombres y mujeres. Emociones, deseos, sentimientos, dudas, tormentos, sueños o desencantos que el artista sublimó en sus obras, cuyo rastro se ve en muchos de sus trescientos sonetos y rimas. Y en esa frontera desde donde Miguel Ángel Buonarroti creó, en los predios de las contradicciones, del impulso creativo, de la melancolía, de la búsqueda perpetua de la belleza, del deseo de ser Pigmalión para dar vida a sus creaciones. Las lecturas de Platón, Dante y Petrarca insuflaron su fervor.
La obra de Michelangelo Buonarroti, uno de los genios del Renacimiento, constituye uno de los legados artísticos más bellos del mundo. Escultor, pintor, arquitecto y poeta, Miguel Ángel pasó su vida entre Florencia y Roma. Estuvo muy vinculado a la familia de los Médici, que fueron sus más importantes mecenas, llegando a recibir el encargo de esculpir cuatro tumbas para ellos. El papa Julio II lo llamó a Roma para que trabajara en su sepultura. Los Mouscron, mercaderes flamencos, le encargaron la realización de la famosa Virgen con Niño para la iglesia de Nuestra Señora de Brujas. Seguramente, su obra pictórica más famosa es la realizada en la Capilla Sixtina en la Ciudad del Vaticano. El papa Clemente VII le hizo el encargo de construir una biblioteca en la basílica de San Lorenzo en Florencia. Miguel Ángel acabó construyendo la sacristía nueva.
En 1504, Miguel Ángel Buonarroti alumbró la escultura más grandiosa del Renacimiento, una obra que tardó tres años en realizar y que se convirtió en un símbolo de Florencia contra la tiranía. Durante sus treinta últimos años de vida, Miguel Ángel residió en Roma, dedicado a innumerables proyectos artísticos.
Coronado por Vasari en sus Vidas como la suprema cima artística de todos los tiempos, Miguel Ángel disfrutó ya en vida de una admiración e influencia generalizadas, que han sobrevivido posteriormente. Aunque él mismo se considerase principalmente escultor, lo cierto es que a través del dibujo dominó también la arquitectura y la pintura de su tiempo con una capacidad de inventiva y superación portentosas. Además, gran amante de la literatura y, sobre todo de la obra de Dante, dio a luz una elevada creación poética.
Miguel Ángel nació el 6 de marzo de 1475 en Caprese, Toscana, y creció en Florencia, el centro cultural del Renacimiento temprano. Desde una edad temprana, demostró un talento artístico extraordinario. A los 14 años comenzó su formación con el pintor Domenico Ghirlandaio, pero pronto se inclinó hacia la escultura, su verdadero medio de expresión.
Lorenzo de Medici, el más destacado mecenas de arte de la época, reconoció el talento excepcional del joven Michelangelo y lo acogió en su círculo, sentando las bases para su futura carrera.Entre 1496 y 1501, Michelangelo residió en Roma, donde creó la "Pietà", una de sus obras más tempranas y famosas. Esta escultura, que exhibe una sensibilidad extraordinaria en la expresión y una maestría técnica, consolidó su reputación como gran escultor. En Florencia, siguió con el "David", otro hito.
Esta escultura de mármol de tamaño monumental sigue siendo un símbolo de los ideales del Alto Renacimiento, combinando perfección física y fortaleza espiritual. Con apenas treinta años, Michelangelo se había convertido en un artista aclamado, cuyo nombre se mencionaba junto al de Leonardo da Vinci.
A partir de 1508, Michelangelo se dedicó cada vez más a la pintura y recibió del Papa Julio II el encargo de decorar el techo de la Capilla Sixtina en el Vaticano. En cuatro años creó una obra monumental, que impresiona no solo por sus enormes dimensiones, sino sobre todo por su representación expresiva y anatómicamente precisa de escenas bíblicas. La representación de Adán recibiendo el soplo de vida de Dios es uno de los motivos más icónicos de la historia del arte. Aunque siempre se consideró a sí mismo un escultor, con esta obra Michelangelo demostró su maestría también en el campo de la pintura.
En 1488, Miguel Ángel se convirtió en aprendiz de pintor con Domenico Ghirlandaio. Luego vivió en la casa de Lorenzo de ’Medici, el principal mecenas de las artes en Florencia. Cuando los Medici fueron desterrados de Florencia, Miguel Ángel fue a Bolonia y luego, en 1496, a Roma. En este período sus obras más importantes fueron las esculturas. Su 'Pietà' (1497) se hizo famoso y regresó a Florencia, produciendo su famoso “David” (1501-1504).
En 1505, Pop Julius II encargó a Miguel Ángel que diseñara la propia tumba de Julius en Roma. Debido a las disputas entre Julius y Michelanchelo, el proyecto nunca se completó, a pesar de que Michelanchelo produjo una escultura de Moisés para la tumba. La siguiente comisión importante de Miguel Ángel fue el techo de la Capilla Sixtina en el Vaticano (1508-1512). Fue considerada una gran obra de arte y Miguel Ángel fue considerado como el artista vivo más grande de Italia desde entonces.
A continuación, el nuevo Papa León X encargó la reconstrucción de la fachada de la iglesia de San Lorenzo en Florencia. Miguel Ángel también diseñó monumentos a Giuliano y Lorenzo de 'Medici en la Capilla de los Medici en San Lorenzo. En 1534, Miguel Ángel regresó a Roma. Allí recibió el encargo de pintar “El Juicio Final” en el muro del altar de la Capilla Sixtina (1537-1541). A partir de 1546 fue cada vez más activo como arquitecto, en particular en la gran iglesia de San Pedro.
El biógrafo italiano Giorgio Vasari, llamó Michelangelo Buonarroti el pináculo de todos los logros artísticos desde el comienzo del Renacimiento. Vasari era un sagaz seguidor de él, y publicó la biografía del artista en su clásico Las vidas, en el que acuñó el término Renacimiento, en referencia a la época. Mejor recordado por la pintura, tales como sus frescos en la Capilla Sixtina y por la escultura, como su David, Miguel Ángel fue un arquetipo perfecto del hombre del Renacimiento, porque él también fue un arquitecto, poeta e ingeniero.
Miguel Ángel se acercó a la importante corte de Lorenzo de' Medici (1449-1492), grande mecenas del Renacimiento. En los años noventa del siglo XV, Miguel Ángel trabajó en Florencia, Venecia y Bolonia. Ya en este período, el artista creó obras de valor, pero fue en 1498 que el cardenal francés Jean de Billheres (1400-1499), le encargó, en Roma, una de sus obras maestras, la estatua de mármol de la Piedad, una obra sublime que equilibra los ideales renacentistas de belleza clásica y naturalismo. Alrededor de 1500 Miguel Ángel regresó a Florencia, y en 1504 creó una de sus más famosas esculturas, la estatua de David.
Originalmente era en la Piazza della Signoria, fuera del Palazzo Vecchio, sede del gobierno de la ciudad. La estatua es sin duda una de las obras más conocidas de toda la historia del arte occidental, y ahora se encuentra en la Galería de la Academia de Florencia. Durante este período, Miguel Ángel pintó el Tondo Doni, conocido también como Sagrada familia con San Juan o Sagrada familia de la Tribuna: fue encargado en ocasión del matrimonio del comerciante Angelo Doni y Maddalena Strozzi, y desde el siglo XVII era exhibida en la sala conocida como Tribuna, en la Galería de los Uffizi.
Sólo cuatro años más tarde, Miguel Ángel fue llamado a Roma por el papa Julio II para pintar los frescos de la Capilla Sixtina, su obra maestra pictórica. Julio II tuvo que ser muy persuasivo para convencer a Miguel Ángel para hacerse cargo de la obra, y el artista trató de escapar de este compromiso para concentrarse en la escultura. Sin embargo, Julio II fue capaz de recuperarlo, y por eso Miguel Ángel realizó una de las obras más intensas jamás vistas. En una pared de la capilla se encuentra la famosa representación del Juicio Final, mientras que en los techos, resultado del trabajo artístico de Miguel Ángel, hay la Génesis, con la imagen icónica de la mano de Dios que da vida a Adán.
En cuanto a la arquitectura, Miguel Ángel fue llamado por la familia Medici a realizar sus tumbas en la Basílica de San Lorenzo, y en el 1520 el artista comenzó, sin terminarla, la Sacristía Nueva de la iglesia. Alrededor de 1530 los Medici le encargaron otra de sus obras más importantes de Florencia, la Biblioteca Laurenziana, en el claustro de San Lorenzo. También en Roma hay importantes obras arquitectónicas del artista, incluyendo el proyecto, como arquitecto jefe cúpula de la Basílica de San Pedro.
En 1534, Michelangelo se trasladó definitivamente a Roma, donde pasó las últimas décadas de su vida. Durante este tiempo, se dedicó más a la arquitectura y dejó una marca indeleble en la imagen de la Ciudad Eterna. Murió el 18 de febrero de 1564 en Roma.
Por eso, cuando Miguel Ángel murió, el 18 de febrero de 1564, sus familiares tuvieron que sacar su cuerpo a escondidas para poder enterrarlo en Florencia -tal y como él deseaba-, porque la ciudad de Roma no estaba dispuesta a ceder el honor de conservar los restos de uno de los artistas más geniales de todos los tiempos.
Uno de los creadores más grandes de todos los tiempos nació el 6 de marzo de 1475. Escultor, pintor, arquitecto, poeta y buscador de belleza, creó obras inolvidables: de la 'Piedad', con 24 años, y el 'David', con 29, a la Basílica de san Pedro del Vaticano, con más de setenta, pasando por la Capilla Sixtina.
Un niño que iba para abogado torció su destino y logró pronto su sueño de ser escultor, liberar a las figuras que veía en los bloques de mármol, que le abrió el camino para realizar otros sueños que desconocía: pintor y arquitecto. Alcanzó la gloria. Fue la gran luz del Renacimiento.
Le pusieron de nombre Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni. Lo llamarían El Divino. Un hombre enviado por los dioses para mostrar al mundo parte de la realidad de donde procedían las sombras que reflejaban las llamas de la caverna de la que habló Platón.
Miguel Ángel sublima el cuerpo, la materia y lo físico en una atmósfera de misticismo, sensibilidad y sensualidad. Vigor y energía tocadas de delicadeza. Descubre, reconcilia y armoniza lo impensable: el ser humano rozando a Dios o Dios a punto de tocar sus creaciones.
De la grandeza del genio de Miguel Ángel dejó constancia, en 1550, Giorgio Vasari, creador clave del Cinquecento, en su libro clásico de biografías Las vidas.
