¿Cuándo se formó Italia como país? Un recorrido histórico por la unificación italiana

Italia, oficialmente conocida como la República Italiana, es un país ubicado en el corazón del Mediterráneo, en el sur de Europa. Su historia es larga y rica, remontándose a la antigüedad. Para comprender cómo se formó Italia como país, es necesario analizar los eventos que marcaron su proceso de unificación.

El Legado del Imperio Romano

Pensar en la Historia de Italia es pensar en el Imperio Romano, esa época gloriosa de conquistas. El Imperio Romano (27 a.C. - 476 d.C.) nació con la expansión de Roma y se convirtió en una de las civilizaciones más influyentes de la historia. Su nacimiento está ligado a la leyenda de Rómulo y Remo: los dos hermanos gemelos que fueron amamantados por una loba al quedar huérfanos.

El Imperio no se ciñó solo al territorio italiano, sino que supuso también la expansión a lo largo del Mediterráneo, llegando a abarcar la Península Ibérica y territorios de Francia, Gran Bretaña, Europa Central y Oriente Medio hasta Armenia. Esta expansión no cesó hasta principios del siglo II, cuando comenzó una etapa de estancamiento, que dio paso a una posterior decadencia.

Aportes del Imperio Romano

  • Leyes: La base del derecho europeo viene de las leyes romanas.
  • Infraestructura: Calzadas romanas, acueductos, pozos que a día de hoy se siguen utilizando.
  • Lengua: La expansión del latín se la debemos a los romanos.

La Edad Media en Italia

La Edad Media en Italia estuvo marcada por la caída del Imperio Romano occidental en el año 476. Con la caída del Imperio Romano y las invasiones bárbaras, Italia vivió varios siglos de luchas constantes por el dominio de la península. Estas divisiones provocaron, no solo un periodo de conflicto y guerras, sino también la división de Italia en pequeños Estados.

Al no existir un poder central, y estar en escena multitud de actores, la división territorial era desigual y testigo de enfrentamientos. Por si fuera poco, en el siglo X, también se produjo el enfrentamiento entre la Iglesia y el Imperio, o lo que es lo mismo la lucha papa vs. Emperador: estas fueron llamadas las luchas güelfos y gibelinos. Los primeros estaban del lado del papa y los segundos de la figura del emperador.

El Renacimiento Italiano (Siglos XIV-XVII)

Italia fue la cuna del Renacimiento, que se inició en la Toscana, concretamente en las ciudades de Florencia y Siena y, posteriormente, tuvo un gran auge en Roma. El Renacimiento italiano marcó el inicio del mundo moderno y la aportación de los Médicis, en Florencia, fue clave para ello. No obstante, a pesar de un auge cultural, que fue acompañado de bonanza económica, la fragmentación política del país continuó.

El ARTE DEL RENACIMIENTO: características, pintura, arquitectura, escultura y artistas

Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y Galileo Galilei son figuras destacadas de esta época. De hecho, España controlaba varias regiones de Italia, como Milán, Nápoles, Sicilia, Sardonia, el sur de la Toscana y algunos otros pequeños estados del norte; un control que duró hasta mitad de la década de 1700. Posteriormente, fue otra gran figura de la historia la que empezó a hacerse con el control: hablamos de Napoleón Bonaparte, que a finales de 1700 entró en el país y llegó a ocupar Roma unos años más tarde.

La Unificación de Italia (Siglo XIX)

La unificación de Italia fue un proceso que duró décadas y se dividió en varias etapas. Dos hechos marcaron este periodo:
  1. La caída de Napoleón en 1814, junto con la intención de expulsar a Austria, que dio comienzo a la llamada época de la Unificación, previa al Reino de Italia.
  2. La toma de Roma por parte de Víctor Manuel II en 1870, hito de esta época que puso fin a la unificación, y también determinó la monarquía como forma de estado.

El resentimiento contra la ocupación francesa y el posterior retorno al imperio austríaco caló entre una parte de los intelectuales del norte itálico, principalmente lombardos y piamonteses. Alimentados también por el movimiento romántico y el recuerdo lejano del Imperio Romano, soñaban con materializar esas aspiraciones en una nueva Italia unida, heredera de las glorias del pasado.

Etapas de la Unificación

  • Guerra contra Austria e incorporación de Lombardía.
  • Anexión de los Estados de Parma, Módena y Toscana.
  • La revolución de las dos Sicilias.
  • Incorporación de Venecia.
  • Incorporación de Roma: en septiembre de 1870 Víctor Manuel II ordenó a sus tropas ocupar Roma y declaró la ciudad capital del reino de Italia.
Giuseppe Garibaldi fue en buena parte el artífice material de la unificación italiana. Su gran carisma y sus ideas revolucionarias atrajeron a miles de voluntarios que jugaron un papel decisivo. Tras la proclamación del Reino de Italia en 1861 fue diputado del parlamento durante algunos años, pero nunca se sintió cómodo entre los políticos.

La Primera Guerra Mundial y el Ascenso del Fascismo

La Primera Guerra Mundial se explica como el germen de los primeros nacionalismos en Italia. Precisamente a favor de la guerra estaban también los nacionalistas, que querían que Italia se confirmase como una gran potencia, y los llamados 'irredentisti', que aspiraban a que el país transalpino se enfrentase a Austria para completar la unidad nacional conquistando el Trentino y Venezia-Giulia, dos territorios -hoy regiones italianas- que entonces pertenecían al país austriaco.

La Primera Guerra Mundial es considerada en ese momento, según recogen los libros de texto italianos, el último paso para completar la unificación italiana. La guerra produjo una completa transformación del tejido social y civil del país dejando un clima creciente de inestabilidad política que, después del conflicto y los contrastes de la posguerra, llevará a un regimen autoritario».

La República Italiana (1946)

La monarquía italiana estuvo contra las cuerdas desde el 25 de julio de 1943, momento en que el Gran Consejo del Fascismo se cobró la cabeza de Benito Mussolini tras el desembarco Aliado en Sicilia y el bombardeo de Roma. Tras la liberación, las formas institucionales se elegirían desde el pueblo mediante sufragio universal, directo y secreto para configurar una Asamblea Nacional Constituyente.

El 2 de junio de 1946, la ciudadanía votaría para dilucidar la forma del Estado y los candidatos a la Asamblea Constituyente, encargada de elaborar la Carta Magna. La República ganó con doce millones setecientos dieciocho mil votos, superando a los partidarios de la Monarquía en dos millones de papeletas. Los resultados se emitieron el 11 de junio y Umberto tomó 24 horas después el camino hacia su exilio portugués en Cascais.

De Gasperi y la Democracia Cristiana eran los herederos refinados del Partido Popular de Don Luigi Sturzo y no permitirían redundar en los errores previos al ascenso del fascismo. Después de todo este vendaval la lava se congeló, los funcionarios fascistas mantuvieron sus empleos por absoluta necesidad de la configuración del Estado, la DC supo navegar entre aguas conservadoras y socialdemócratas, el mantra del Bienestar de posguerra, y los sucesos mundiales propiciaron en mayo de 1947 la expulsión de los comunistas y socialistas del gobierno, como en el resto de países del sector occidental del Viejo Mundo.

La Guerra Fría condicionaba el tapete, y en Italia este terminó por definirse en las elecciones de abril de 1948, donde según la leyenda la Democracia Cristiana rubricó su hegemonía al ser más pesadas las maletas de la CIA en contraposición con la ligereza de las del KGB. Sea como fuere todo ello transcurrió desde cauces republicanos, con una presidencia institucional en el Quirinal y la lacra, positiva desde la pluralidad y negativa para la gobernanza, del crisol de partidos en Montecitorio.

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