Hipatia de Alejandría: Vida, Obra y Trágica Muerte de una Filósofa

Hipatia de Alejandría, la más importante científica y filósofa de la antigüedad tardía, vivió a caballo entre los siglos IV y V de nuestra era. Su vida, obra y enseñanzas y, sobre todo, su cruel linchamiento a manos de una horda de monjes enfurecidos, la convirtieron en un símbolo del paso a una nueva etapa que ya anticipaba el medievo. La figura de Hipatia ha pasado, así, de la historia a la leyenda, hasta convertirse para muchos en una especie de mártir del viejo mundo clásico en un momento en el que éste se estaba extinguiendo.

Gran parte de su vida se ha perdido en la historia, pero la agitación política y religiosa de la época ayuda a sugerir que, por encima de todo, sus creencias paganas finalmente la llevaron a la muerte. La mayoría de los historiadores estima que Hypatia nació alrededor del 350 d.C. del matemático y filósofo Theon, quien alentó su educación desde una edad temprana.

Se desconocen muchos aspectos de su vida, como la fecha exacta de nacimiento, y la principal fuente de información disponible proviene de los escritos de sus discípulos.

Hipatia representada en "La Escuela de Atenas" de Rafael.

No se aferró a las enseñanzas de su padre y rápidamente encontró otros medios para aprender sobre lo que le interesaba. También se estableció como miembro de la escuela neoplatónica de filosofía y se vestía con las túnicas de la élite académica (algo que solo los hombres podían hacer en ese momento, aunque esto no disuadió a Hypatia en lo más mínimo), se dirigía al centro de la ciudad, para contarle a cualquiera que quisiera escuchar sus pensamientos sobre Platón.

Alejandría en la Época de Hipatia

A mediados del siglo IV, cuando Hipatia vino al mundo, Alejandría seguía siendo la gran metrópoli helénica de la cultura y las artes. En su Museo y su Biblioteca, fundados por la dinastía de los Ptolomeos, se formaron generaciones de científicos, literatos y filósofos. Desde el siglo III d.C. se desarrolló allí la escuela de Alejandría, vehículo de la filosofía neoplatónica, con representantes tan ilustres como Plotino.

Sin embargo, a finales del siglo IV, Alejandría distaba de ser un remanso de paz para la filosofía y la ciencia. La ciudad estaba cada vez más agitada por las pugnas por el poder entre diversos partidos y, en particular, por las disputas religiosas de los grupos cristianos. En efecto, desde al menos el siglo II, Alejandría se había convertido en uno de los principales centros del cristianismo.

Odeón romano de Kom el-Dik, en Alejandría.

Defensores de la ortodoxia más radical, los cristianos alejandrinos mostraron creciente hostilidad contra los vestigios de la cultura pagana, sobre todo desde que, entre 390 y 392, el emperador Teodosio I decretara el fin de los cultos, oráculos y templos de la antigua religión pagana. En 391, por instigación del obispo Teófilo, el Serapeo de Alejandría fue tomado por los cristianos y sus estatuas profanadas, mientras los paganos que habían intentado defenderlo huían despavoridos y sus templos se convertían en iglesias.

Formación Intelectual y Pasión por la Filosofía

Hipatia se crio en Alejandría, una ciudad conocida entonces mundialmente como el centro neurálgico del saber. Vivió desde su infancia en un ambiente académico y culto y estuvo muy influenciada por su padre, un ilustre filósofo y matemático griego dedicado a la investigación y a la enseñanza en el Museo de Alejandría. Él se aseguró de que recibiera una buena educación y se ocupó de su formación, haciendo de ella una mujer sabia, libre y tolerante que llegaría a ser líder de los neoplatónicos alejandrinos.

Hipatia se sumergió desde su más tierna infancia en este ambiente de estudio y discusión intelectual. Su padre fue Teón de Alejandría, conocido matemático y astrónomo que dirigía la Biblioteca del Serapeo, heredera de la gran tradición científica alejandrina.

La joven se dedicó primero a las ciencias, como su padre, con quien trabajó en diversas obras, editando comentarios a Ptolomeo, Euclides y la Aritmética de Diofanto, y escribiendo libros sobre astronomía y geometría. Tras superar a su padre en tales disciplinas, Hipatia volvió su atención a la filosofía. Es posible que viajara a Atenas e Italia, donde quizá tuvo contacto con los círculos neoplatónicos. En cualquier caso llegó a alcanzar un gran saber y pronto ocupó la cátedra de filosofía en la escuela de Alejandría, donde enseñaba las doctrinas de Platón y Aristóteles tanto a cristianos como a paganos.

Sinesio, obispo de Cirene, fue discípulo suyo y habla de ella con fervor y admiración en diversas cartas que le dirigió: especialmente conmovedora es la última carta que, moribundo, envió a su maestra pidiendo consejo y benevolencia.

El historiador cristiano Sócrates la considera la tercera cabeza de la historia del platonismo, tras el propio Platón y Plotino. A su puerta acudían nobles, artistas y pensadores, que conformaron acaso el último círculo académico e intelectual del helenismo. El propio prefecto de la ciudad, Orestes, delegado del emperador, se contaba entre sus discípulos. Sócrates escribió de ella: «Gracias a su aplomo y cortesanía, que había adquirido mediante el cultivo de su mente, aparecía a menudo en público en presencia de los magistrados. Y no se sentía intimidada al asistir a una asamblea de hombres.

Impartía sus enseñanzas en la escuela heredada de su padre, su legendaria elocuencia se hacía notar, tanto como sus dotes intelectuales. Pero sus pupilos, aristócratas cristianos, futuros rectores del imperio, entre los que -amén de Hesiquio y Sinesio- sobresale Orestes, prefecto de Egipto, la instaban a que mantuviera sus enseñanzas en secreto.

Contribuciones Científicas

Asimismo, Hipatia estuvo muy interesada por la mecánica. Se le atribuye la invención del hidrómetro, un aparato para determinar la densidad de los líquidos sin necesidad de calcular su volumen ni su masa, utilizando para ello el principio físico de Arquímedes.

Hipatia también se refirió a las Secciones cónicas de Apolonio de Perga, desarrolló su propio canon, concibió y fabricó un astrolabio plano y un areómetro -entre otros instrumentos-, porque para ella la ciencia siempre era empírica. Abanderada de la ciencia -y del interés de la mujer en tan digna disciplina-, su vida fue la observación y el razonamiento para estructurar y sistematizar los conocimientos, deducir principios y leyes generales con capacidad predictiva.

Astrolabio, uno de los inventos atribuidos a Hipatia.

Vida Personal y Castidad

A todo esto se añade que Hipatia era una mujer de enorme belleza. Pese a algunas noticias contradictorias que la citan como esposa de un filósofo llamado Isidoro, parece que nunca se casó y permaneció virgen en su escuela. Según la enciclopedia bizantina Suda, uno de sus alumnos se enamoró perdidamente de ella e Hipatia, no pudiendo convencerle con su elocuencia de que cejara en su locura, le enseñó algunos paños con su menstruación, diciéndole: «¿Y esto es objeto de tu amor, muchacho? Dime qué hay de hermoso en ello». Así le hizo comprender que el amor carnal no era deseable para un filósofo que aspirase a la pureza.

La intelectual se dedicó a la castidad. Nunca se casó y, según todos los informes, se asumió que era virgen hasta su muerte. La sociedad griega antigua valoraba el celibato como una virtud y, como tales, hombres y mujeres aceptaban y respetaban a Hypatia en gran parte porque parecía ser casi asexuada. Sin embargo, la abstinencia no la inmunizó de los avances sexuales.

Una de sus más célebres anécdotas es la referida a aquel discípulo que le confesó a la maestra alejandrina el amor que sentía por ella. Hipatia le mostró un paño manchado con la sangre de su menstruación mientras le decía: “Es de esto de lo que estás enamorado”. Estuvo casada con otro filósofo -Isidoro-, pero, al parecer, nunca consumaron.

Víctima de la Intolerancia Religiosa y Política

Pese a todo, Hipatia pudo proseguir sus enseñanzas filosóficas hasta que, en 415, estalló una nueva crisis. En ese año, Cirilo, que había sucedido a su tío Teófilo como obispo y patriarca de Alejandría -el título que ostentaban como cabeza de la Iglesia egipcia-, entró en conflicto con el prefecto de la ciudad, Orestes. El motivo del choque era un debate teológico sobre la naturaleza de Cristo: frente a la tesis de una doble naturaleza, humana y divina, defendida por el patriarca de Constantinopla, Nestorio, Cirilo y los alejandrinos sostenían el monofisismo, según el cual Cristo tiene una sola naturaleza en la que predomina el elemento divino. En realidad, detrás de la disputa estaba la voluntad de Cirilo de defender la autonomía de la Iglesia egipcia frente a la capital del Imperio de Oriente.

Hipatia mantenía amistad con Orestes, y los cristianos no tardaron en responsabilizarla del conflicto que había tenido lugar. Detrás de ello estuvo seguramente el obispo Cirilo. Según algunas fuentes, en una ocasión Cirilo vio a una muchedumbre que acudía a una lujosa casa; cuando supo que era la escuela de Hipatia y que todo el mundo buscaba sus sabias lecciones concibió un odio furioso hacia ella. No se podía tolerar tal comportamiento en una mujer, desde el punto de vista de los cristianos más ortodoxos. Pero, seguramente, su odio se debía sobre todo a la influencia social y política de Hipatia.

Así, un día de marzo de 415, una muchedumbre de cristianos enloquecidos, encabezada por un tal Pedro, interceptó a Hipatia en su carro, cuando volvía a su casa, y la derribó al suelo. Allí, según las fuentes, le arrancaron las vestiduras y la arrastraron hasta una iglesia cercana, en el antiguo Cesareo, donde la despedazaron y le arrancaron la carne de sus miembros con piedras afiladas o conchas. Luego reunieron sus restos y los llevaron a un lugar llamado Cinarion, donde los arrojaron al fuego, como si conjurasen de este modo a un diabólico ídolo pagano.

Representación del ataque y asesinato de Hipatia.

La mayor parte de las fuentes (incluso cristianos como Sócrates) condenan este crimen y la actitud de Cirilo, mientras que otros -como Juan de Nikio- justificaron la postura del obispo sosteniendo que Hipatia era en realidad una peligrosa hechicera. La causa de su cruel asesinato, afirma la Suda, fue «la envidia de Cirilo, según unos, por su extraordinaria sabiduría, especialmente en astronomía. Pero otros dicen que sucedió por la consabida insolencia y rebeldía de los alejandrinos».

Otro ocho de marzo, el del 415, hace hoy 1608 años, Hipatia de Alejandría es apresada, desollada, descuartizada y quemada -viva, si es que no había muerto ya en una de las primeras fases del suplicio- por una chusma celosa y fanática. A decir verdad, son tan pocos los datos sobre el brutal asesinato de esta neoplatónica griega, natural de la colonia romana de Egipto, que no se puede afirmar categóricamente que fue un día tal que hoy del siglo V. La veracidad de la fecha exacta del crimen podrá ponerse en duda. Pero no así el acierto de conmemorar, en el día de la mujer, el holocausto de la filósofa que impartió sus enseñanzas a quien quisiera escucharlas.

HIPATIA DE ALEJANDRIA | Draw My Life

Su brutal asesinato fue uno de los mayores oprobios, acaso el mayor, de ese epicentro cultural de la antigüedad que fue Alejandría. Su brutal asesinato hay que enmarcarlo dentro de las luchas intestinas de los cristianos coptos. Más que a la lógica, los credos atienden a su revelación y a sus dogmas. De una u otra manera, para todos, la mujer es una suerte de personificación del pecado.

Hipatia fue acusada por los partidarios de Cirilo, el nuevo patriarca de Alejandría, de haber influido en Orestes para que su antiguo discípulo pusiera al emperador al corriente de las persecuciones de los judíos, promovidas por el patriarca Cirilo. Y un día tal que hoy, una turba de energúmenos fue a buscar a la sabia. Su brutal asesinato fue uno de los mayores oprobios, acaso el mayor, de ese epicentro cultural de la antigüedad que fue Alejandría. No fue un momento estelar, fue un momento ignominioso.

Legado y Reconocimiento Póstumo

El recuerdo de Hipatia perduró entre los egipcios, tanto entre el pueblo como en la tradición literaria. Pero fue sobre todo a partir del siglo XVIII, en plena Ilustración, cuando se convirtió en defensora de la razón y mártir de la filosofía. Ella había sido maestra, conferencista, filósofa y matemática... una persona que difícilmente se pensaría podría excitar tal furia de fundamentalistas religiosos.

Así las cosas, nada más lógico que los ilustrados fueran los primeros en reivindicarla tras el ostracismo al que se la condenó tras su oprobioso linchamiento.

Ahora bien, muerta la sabia, nació la mártir de la lógica y la ciencia, del feminismo, ese humanismo incontestable que hoy la recuerda, como lo hicieron los ilustrados, artistas y creadores tan dispares como Julia Margaret Cameron, la fotógrafa pictorialista -tía abuela de Virginia Woolf, por cierto-; Carl Sagan, astrónomo y divulgador científico; Hugo Pratt o el cineasta español Alejandro Amenábar.

Como la de otras figuras que encontraron una muerte trágica, la imagen de Hipatia se ha ido mitificando con el paso de los siglos. Su figura resurgió en el Renacimiento; de hecho, se cree que está retratada en la obra maestra de Rafael, La Escuela de Atenas, entre las mentes más brillantes de la historia de la humanidad. En el periodo de la Ilustración, Hipatia fue convertida en símbolo de la lucha de la razón contra la superstición y la represión de la Iglesia.

Publicaciones populares: