El Complejo Materno: Una Perspectiva Freudiana

El complejo materno es un concepto fundamental en el psicoanálisis freudiano, profundamente arraigado en la historia del psicoanálisis y en la teoría del simbolismo. Este artículo explorará la definición del complejo materno, su desarrollo y su impacto en la psique humana, basándose en las ideas de Sigmund Freud, Carl Jung y otros psicoanalistas.

Definición del Complejo Materno

Para Freud, el trauma es un flujo excesivo de sensaciones que se vuelve intolerable para el psiquismo de un sujeto. Por lo tanto, el trauma es una experiencia que desborda las posibilidades de elaboración de quien lo experimenta, una definición aceptada no solo por la corriente psicoanalítica. Ese exceso de excitación, sin posibilidades de ser descargada o controlada, daría origen a cuadros clínicos significativos e incapacitantes.

El trauma precoz materno se refiere al conjunto de situaciones traumáticas experimentadas por la madre y su repercusión en la relación con su hijo. Esto ocurre especialmente durante los primeros años de vida de ambos. El trauma inscrito durante la infancia de la madre y no resuelto por esta puede desencadenar una patología que se verá reflejada en su hijo. Esta situación se daría porque el acontecimiento traumático carece de una representación en la psique materna.

Al respecto, Sigmund Freud afirmaba: “la herencia arcaica del ser humano no abarca solo predisposiciones, sino también contenidos, huellas mnémicas de lo vivenciado por generaciones anteriores. Con ello, tanto el alcance como la significatividad de la herencia arcaica se acrecentarían de manera sustantiva”.

La Vivencia del Trauma Materno

Lo específico del trauma precoz materno es que fue experimentado por la madre, pero puede dar lugar a la transmisión posterior al niño. La consecuencia habitual es que esto se manifieste a través de una condición psicosomática en su hijo.

El comportamiento de la madre es inconsciente e involucra una violencia que debería ser dosificada. Sin embargo, al no serlo, es vivenciada por el hijo como una presencia materna excesiva o ausente que afecta su aparato psíquico.

Esta situación termina siendo reflejada en el cuerpo del niño y la constitución subjetiva de este. Por tanto, la subjetividad materna se relaciona con la subjetividad del niño de una manera que las dos quedan en un estado de vulnerabilidad.

Los aspectos que dieron lugar al trauma precoz materno, y que no fueron elaborados en su momento, intentan tramitarse a través de la relación con el hijo, en búsqueda de sentido. Es este proceso se desencadena un afecto angustioso y alienante de la madre hacia su hijo, sobre todo, por no reconocer en el hijo un funcionamiento propio.

La Transmisión del Trauma Precoz Materno

En condiciones normales, la madre cumple la tarea de permitirle al hijo la ilusión requerida por este de crear objetos de deseo. Pero luego debe desilusionarlo de manera gradual para que el niño transite de una dependencia total a una independencia propia.

Siguiendo este proceso, el infante podrá elaborar su propia constitución subjetiva. Sin embargo, la interferencia de los traumas no elaborados de la madre puede dar lugar a un efecto alterado, que en el hijo se expresa como una enfermedad.

En el niño se da, de manera natural, un proceso de integración psique-soma que busca conseguir la unidad como individuo. Cuando no se respeta la experiencia individual del infante, el proceso de integración se distorsiona.

Identificación Traumática

Por lo ya dicho, la relación madre-hijo se configura como un vínculo traumático inconsciente de identificación proyectiva. En estas condiciones, los traumas infantiles de la madre emergen continuamente como una experiencia de desvalimiento psíquico.

El carácter traumático de la experiencia de la madre es resultado de la imposibilidad de representar simbólicamente el hecho que generó el trauma original. Es como una herida que no cierra por ausencia de sentido.

Sobre ello, Freud manifiesta: “el factor determinante de la angustia automática es una situación traumática, y esta es, esencialmente, una vivencia de desvalimiento del yo frente a una acumulación de excitación, sea de origen externo o interno, que aquel no puede tramitar”.

La Repetición No Resuelta

El hecho de que el trauma precoz materno no se resuelva, tiene que ver en parte con que haya sucedido a una edad muy temprana. Por tanto, cada vez que la madre enfrente situaciones similares o asociadas al trauma, su reacción será semejante.

De ahí que Freud haya complementado lo dicho con la siguiente apreciación: “el peligro del desvalimiento psíquico se adecúa al período de la inmadurez del yo, así como el peligro de la pérdida de objeto a la falta de autonomía de los primeros años de la niñez”.

Es así como la ausencia de elaboración de la situación traumática crea un vacío que la lleva a repetir una angustia automática. Este es precisamente el indicador de que su experiencia del pasado no ha sido sometida a elaboración psíquica.

A su vez, dicha experiencia se expresará como una ausencia de separación respecto a su hijo. Al no promover la individualidad de este, es asumida como una presencia intrusiva que vincula al hijo con su trauma.

El Complejo Materno y el Desarrollo Psíquico

El complejo materno, como otros complejos, puede tener aspectos positivos y negativos en el desarrollo psíquico de un individuo. En su base, los arquetipos tienen determinados aspectos formales que definen su manifestación.

En el contexto del desarrollo femenino, Freud destaca la importancia del cambio de objeto en la niña, que no se realiza de una vez por todas. Solo con el descubrimiento de que la madre está castrada, la niña puede dejarla caer como objeto de amor y demandar al padre lo que no obtuvo de la madre: el deseo del pene queda reemplazado por el deseo de un hijo. Para la niña, la castración es primero y posibilita el Edipo en vez de destruirlo, aunque este nunca es abolido por completo.

Intervenciones con niños muy pequeños, informadas en apego, desarrollo, trauma y cultura

La Función Materna en el Psicoanálisis

Dentro de las denominadas funciones parentales en la crianza de un niño se combinan dos tipos de funciones: función materna y función paterna. La función materna no viene dada por los modelos de género, que indican las conductas o los patrones educativos que los padres y madres pueden realizar, sino por un efecto que tienen que ver con funciones estructurantes del psiquismo.

La función materna es la interacción en sintonía relacional con el bebé que va configurando un afuera acogedor y amable donde el bebé pueda sentirse formando parte del entorno y el entorno adaptado a su necesidad. A través de esta función se va dosificando el encuentro con ese afuera ajeno y extraño del espacio extra corpóreo que experimenta el recién nacido para convertirlo en un encuentro amable y esperanzador.

La psicoanalista Esther Bick nos dice que: “Cuando el bebé nace, queda en la posición de un astronauta proyectado al espacio exterior sin cápsula espacial (…). El temor predominante del bebé es el de desintegrarse o licuarse. La extrema dependencia del bebé humano al nacer es tal que sin una figura contenedora el lactante no sobrevive.

Su condición neurológica de inmadurez hace que el ser humano quede subordinado al otro en una disparidad asimétrica de saber y de poder, y de producciones simbólicas y sexuales. Por eso la función de la madre no consistirá sólo en cubrir las necesidades autoconservativas, de alimentación, aseo, sino de que a través de éstas el bebé podrá ir obteniendo un plus de placer.

La «madre» como función es la que interpreta las necesidades del niño, le transmite el código de la lengua de la cultura a la que pertenece y contribuye a la implantación de la sexualidad en el psiquismo incipiente del niño tomando al hijo como objeto de amor a través de sus cuidados corporales.

Si bien se trata de una función, podemos ver como se va gestando este sostén emocional que permitirá al niño constituirse como sujeto humano desde antes de nacer, cuando surge el deseo mismo de hijo -diferenciado del deseo de maternidad- y luego durante el transcurso del embarazo.

Su madre en sus vocalizaciones, miradas, con su aroma, sus caricias entre lo autoconservativo y el mundo, introduce el placer en sistemas representacionales. El bebé no sólo se nutre con leche, sino con todo lo que acompaña a la alimentación, la voz de su madre, la sensación de piel a piel que le calma y le sostiene.

El Declive de la Imago Paterna

Lacan señala como significativo que a medida que la familia integraba los más altos logros culturales se fue reduciendo al grupo biológico, y que un gran número de efectos psicológicos parecen proceder de un "declive social de la imago paterna", declive más íntimamente ligado a la dialéctica de la familia conyugal. "Cualquiera que sea el futuro, este declive constituye una crisis psicológica.

Fue en Viena, entonces centro de un Estado en el que convivían las más diversas formas familiares, de las más antiguas a las más evolucionadas, donde "un hijo del patriarcado judío imaginó el complejo de Edipo". Esas neurosis parecen haber evolucionado en el sentido de un complejo en el que puede reconocerse la gran neurosis contemporánea, determinada, a partir de la experiencia psicoanalítica, en la personalidad del padre "siempre carente en cierto sentido, ausente, humillada, dividida o postiza".

El Amor Maternal: Entre la Falta y el Exceso

Ante la propuesta, decir algo sobre el amor maternal, se me venían a la cabeza varios observables clínicos que tienen que ver tanto con la falta como con el exceso de amor, especialmente con el estrago materno. Para ello habrá que buscar, por un lado, la división entre la mujer y la madre y, por otro, el lugar en que se ubica al hijo.

Releí el capítulo sobre «El descubrimiento de la infancia», del libro El niño y la vida familiar en el antiguo régimen de Philippe Ariès (1987), para pensar la influencia de cada época en el modo de relacionarse con el hijo-hija. Sabemos que se engendraban muchos niños para conservar algunos y que la idea de «despilfarro necesario» estuvo vigente hasta el SXVII, es decir, no necesariamente se tenían hijos por amor y era importante que sobrevivieran algunos como futura mano de obra laboral.

La socióloga francesa, Elizabeth Badinter (1991) se pregunta si existe el amor maternal y, para responderse, rastrea el lugar de la madre en la historia de Francia. Hace un recorrido desde lo que llama el «amor ausente» y menciona la indiferencia y el rechazo de las madres por sus hijos. Es significativo que las mujeres de clase alta rechazaban dar el pecho entregándolo a las nodrizas quienes daban de mamar a varios a la vez.

El Complejo Materno en la Clínica Psicoanalítica

En las consultas, en la actualidad, vemos niños con sufrimientos derivados de las dificultades asociadas a los conflictos con los otros con uno varios sujetos significativos. Estos malestares son la expresión sobre todo de la relación con la madre en las primeras fases de la vida.

En este sentido, es importante la figura de “La madre muerta “de A. Ellas parecen incapaces de amar, prisioneras de su propio sufrimiento… La respuesta del niño será una dificultad para afectivizar a la madre y se identificará con ella, como si pudiera evitar el dolor psíquico causado por la retirada traumática de la madre (si soy como ella así la tengo).

Siempre me pregunto en estos casos donde la función materna es fallida, no negligente, sino que quien ocupa el lugar de la madre tiene unas disposiciones inconscientes complicadas… y que estas circunstancias afectan a la vida de los hijos… ¿dónde están el resto de personas que rodean la vida del niño? ¿Dónde está el padre, que no puede colocarse en función materna y proteger a esta madre y a su bebe?

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