Superar un Aborto por Síndrome de Down: Apoyo Psicológico y Reflexiones

El aborto es un tema incómodo, habitualmente silenciado, con potentes emociones, ideologías, posturas dentro de la familia, ética médica y derechos fundamentales involucrados. El embarazo no sólo se gesta en el cuerpo, sino también en la mente de la mujer, por lo que es importante tener en cuenta qué supone para ella tanto estar embarazada como dejar de estarlo. Hay tantas subjetividades como personas.

Este artículo aborda la compleja situación de superar un aborto, especialmente cuando está relacionado con un diagnóstico de Síndrome de Down (SD). Se exploran los efectos psicológicos, las opciones de apoyo y las implicaciones éticas y sociales de esta decisión.

1. La Eugenesia y el Síndrome de Down

El número de nacimientos de niños con síndrome de Down ha disminuido debido a las prácticas eugenésicas. Este movimiento eugenésico se ha beneficiado del avance científico experimentado en los últimos años en las pruebas de diagnóstico preimplantatorio y prenatal. Se argumenta que el aborto, justificado por anomalías en el feto, permite a las parejas embarcarse en nuevos embarazos libre de peligro. En efecto, en la sociedad actual se da una lucha desenfrenada de la perfección física y estética o predilección por el “sin defecto”, llamado también “handifobia”.

La eugenesia, cuyo origen está en la teoría de la selección natural de Darwin (1822-1911), es la ciencia que persigue transformar la naturaleza humana para lograr la mejora de la especie. La versión moderna de eugenesia fue introducida por el científico británico Francis Galton (1809-1882), sobrino de Charles Darwin. Galton propuso el reemplazo de la selección «natural» por una selección más voluntarista. Uno de los objetivos de la corriente eugenésica es confundir a la sociedad manipulando el lenguaje para que los nuevos términos resulten socialmente más aceptables.

Un ejemplo de esta tendencia eugenésica en la sociedad actual es el aumento espectacular de abortos bajo el prediagnóstico del “síndrome de Down” en España durante el año 2007 (85% de fetos diagnosticados) y en otros países.

Por todo ello se ha considerado necesario y de justicia social hacer una propuesta de prevención de la eugenesia para defender la vida de estos niños que tienen la misma dignidad que el resto de las personas, con independencia de su discapacidad. Y una de las maneras más eficaces, entre otras muchas, de prevenir la eugenesia es el ofrecer un adecuado apoyo psicológico a los padres en un momento tan delicado como es el del diagnóstico.

Y, por último, no podemos olvidar que un niño con síndrome de Down no se reduce a un conjunto de síntomas que describen un cuadro médico concreto, sino que es una persona única e irrepetible y como tal es digna de ser querida por sus progenitores y por la sociedad.

Como afirma Lejeune (2009): “si por medio de la técnica pudiera observar los cromosomas de ese niño y viese alguna anomalía, que tiene trisomía veintiuno, por ejemplo, yo diría que eso es una enfermedad. Pero, al observar los otros cuarenta y seis cromosomas normales, vería la humanidad de ese niño.

La Filosofía Personalista hace hincapié en el concepto clásico de persona partiendo de una base antropológica. Toda persona es digna (dignidad ontológica) porque es un fin en sí misma y no un medio al servicio de los demás. La dignidad ontológica o constitutiva es también irrenunciable y pertenece a todo hombre por el hecho de serlo y se halla indisolublemente ligada a su naturaleza racional y libre. Esta dignidad ontológica no es otorgada, sino que se tiene intrínsecamente desde que existimos hasta que morimos, por lo que no se puede confundir el término dignidad con el de “calidad de vida.

La persona es una realidad única e irrepetible y, por tanto, insustituible. La actitud de identificar la persona con todo ser humano vivo “conduce a adoptar una actitud de respeto hacia todo individuo humano, cualquiera que sea su edad o su estado de salud, y por consiguiente, a juzgar que ciertas prácticas, tales como el aborto, el infanticidio, la experimentación con embriones o la eutanasia son éticamente inaceptables”. Por el contrario, la posición que exige alguna condición añadida para reconocer la condición de persona, como por ejemplo “la utilidad” conduce a una actitud de indiferencia hacia los seres humanos más débiles. En definitiva, las personas somos personas con una serie de potencialidades (potencialidad intrínseca) que no es lo mismo que afirmar que somos “personas potenciales”.

2. El Diagnóstico Prenatal y la Decisión del Aborto

La revisión de los estudios disponibles sobre la comunicación del diagnóstico de trisomía evidencia la imperiosa necesidad de mejorar las habilidades del profesional sanitario, ya que la manera de transmitir un diagnóstico prenatal condiciona en gran medida la decisión a tomar por la madre. En el caso del diagnóstico postnatal la aceptación del niño con s.

En efecto, en España y en otros países europeos se está dando en los últimos años una paradoja dramática: la edad de la maternidad se retrasa (lo que aumenta la probabilidad de concebir un niño con trisomía), pero la incidencia del síndrome de Down, lejos de crecer, disminuye. Se está dando una extensión del diagnóstico prenatal a toda la población femenina (hiperdiagnóstico) y se debe a las demandas conocidas como “vida equivocada/incorrecta” y “nacimiento equivocado/incorrecto”. Y este fácil acceso al diagnóstico prenatal orientados al aborto en caso de anomalías fetales, fomenta la idea de que la paternidad responsable debería evitar el nacimiento de un bebé discapacitado. Está cristalizando el pensamiento de que abortar fetos con discapacidades es una forma de altruismo y no un acto homicida.

La cuestión del aborto no es únicamente un tema de la autonomía de la madre, sino que hace referencia al choque entre esa autonomía y la beneficencia debida al feto como ser humano, cuya dignidad debe ser respetada. La madre, apelando al principio de autonomía, no puede decidir optar por tener o no tener a su hijo, simplemente porque el niño es una persona única, valiosa, irrepetible e insustituible y un fin en sí misma, no una prolongación de su madre. Es bien sabido que realmente ninguna madre quiere eliminar a su hijo por muy mermadas que tenga éste sus capacidades, como puede ser el caso del niño con síndrome de Down. Lo que sucede es que en ese momento la madre no está actuando de forma realmente autónoma y libre, sino que se encuentra bajo la presión de las personas que le rodean y que le generan una gran ansiedad e incapacidad para decidir.

Pero para que ese consentimiento sea válido desde el punto de vista jurídico se requiere que sea realmente libre y consciente y, por consiguiente, que esté bien informado. Hoy en día vivimos en un contexto social en el que, de modo más o menos claro, se invita/empuja a la pareja a tomar una decisión contraria a la vida del nasciturus con síndrome de Down, por lo que estamos ante un consentimiento informado débil o aparente.

Queda claro que la tendencia eugenésica limita la libertad de la madre a la hora de decidir si realizar o no un diagnóstico prenatal. Si el médico parte ya de la idea de que, ante un feto con síndrome de Down, la mejor (o la única) opción es que el embarazo no llegue nunca a término, será muy difícil -si no hace un serio ejercicio de excelencia profesional, y esto requiere esfuerzo y dedicación- que no transmita ese mismo sentimiento personal a sus pacientes y los conduzca a tomar la decisión de interrumpir efectivamente el embarazo. No podemos olvidar que una madre o médico que valora la vida, con independencia de las características específicas del niño, considera que no merece la pena correr el riesgo que conlleva la técnica invasiva (1% amniocentesis) por muy pequeño que sea.

Del modo de transmitir la noticia pueden depender decisiones relevantes, por eso es muy importante asegurarnos de que la información aportada por el personal sanitario a las madres sea veraz y objetiva y no esté sesgada por los valores y creencias de aquéllos. La mayoría de los médicos admite que no ha recibido formación sobre este proceso ni sobre cómo llevarlo a cabo de manera sensible y respetuosa.

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3. Efectos Psicológicos del Aborto

La experiencia del aborto tendrá efectos muy diferentes según características de personalidad de la mujer, habilidades de afrontamiento, objetivos o deseos vitales, elementos situacionales, si es un aborto inducido o involuntario, si es un embarazo prematuro o está avanzado, etc.

La intensidad y la duración de los efectos también es muy variable en cada caso. Existen dos síntomas psicológicos que suelen darse en la mayoría de los abortos (voluntarios o involuntarios). Por un lado, la ansiedad en diferentes grados (desde leve hasta ataques de pánico). Y, por otro lado, sentimiento de culpabilidad y creencia (más o menos irracional) de que podrían haber hecho las cosas de forma diferente.

Otros síntomas que pueden aparecer son:

  • Negación o incredulidad.
  • Confusión.
  • Oscilaciones en el estado de ánimo.
  • Tristeza y sensación de vacío.
  • Enfado o rabia.
  • Falta de energía.
  • Irritabilidad.
  • Miedos (a no recuperarse nunca de la pérdida, a no poder reproducirse, a problemas familiares…).
  • Sentimientos de incapacidad y afectación de la autoestima.
  • Desconexión de los propios sentimientos.
  • Aislamiento social.
  • Falta de lívido o disfunciones sexuales.
  • Miedo a la muerte (tanofobia).
  • Insomnio o pesadillas recurrentes.
  • Evitación de todo lo relacionado con bebés o, todo lo contrario, obsesión.
  • Problemas de pareja (modelos de afrontamiento diferentes a la pérdida, falta de intimidad, problemas de comunicación…).

Entre ellas cabe destacar el trabajo de Fergusson, que incluye una muestra de 534 mujeres de las que nacieron 1.265 niños en una región urbana de Nueva Zelanda, a los que ha seguido desde su nacimiento hasta que cumplieron los 30 años (Fergusson, Horwood y Boden, 2008). Los autores llegaron a las siguientes conclusiones:

  • En las mujeres que han abortado voluntariamente, el riesgo de tener problemas de salud mental aumenta en un 30% en relación con las que no lo han hecho.
  • Los trastornos de salud mental atribuibles al aborto inducido representan entre el 1,5% y el 5,5% de la totalidad de los trastornos mentales de las mujeres.

En otro trabajo, firmado por Coleman, se evalúan todos los artículos publicados en lengua inglesa entre los años 1995 y 2009, en el que se incluye un total de 877.181 mujeres, distribuidas en tres grupos: a) mujeres sanas no embarazadas; b) mujeres embarazadas sanas que han dado a luz un niño vivo normal y c) 163.831 mujeres que han abortado voluntariamente. Los autores llegaron a las siguientes conclusiones:

  • Las mujeres que abortaron voluntariamente llegan a tener un 81% más de probabilidades de padecer enfermedades mentales.
  • La posibilidad de sufrir problemas de ansiedad es un 34% mayor.
  • La probabilidad de sufrir depresión es un 37% mayor.
  • La probabilidad de caer en el alcoholismo es un 110% mayor.
  • La probabilidad de consumir marihuana es un 220% mayor.

Un equipo liderado por el mismo autor publicó otro estudio en 2017 que incluyó a 987 mujeres estadounidenses que respondieron a una encuesta psicológica después de haberse sometido a un aborto voluntario (Coleman, Boswell, Etzkorn & Turnwald, 2017). Se planteaba la siguiente cuestión: ¿cuáles son los aspectos negativos más importantes que provienen de su decisión de abortar? Las respuestas obtenidas aportaron las siguientes conclusiones:

  • El 23% de las encuestadas reconoció que el aborto había terminado con una vida humana.
  • El 14,4% sufrieron depresión.
  • El 14% sufrió culpabilidad y remordimiento.
  • El 14,4% experimentó odio a sí misma.
  • El 10,9% sufrió vergüenza.
  • El 9% cayó en el alcoholismo y las drogas.
  • El 9,3% se arrepintió.
  • El 7,7% se autocastigó y cayó en la promiscuidad.
  • El 7.6 % sufrió baja autoestima.
  • El 7 % sufrió ansiedad y miedo.
  • El 7,2% sufrió pensamientos suicidas.

Por otra parte, en el ámbito iberoamericano nos encontramos con el informe redactado por Cristián Rodríguez R. de la Escuela de Psicología de la Universidad de los Andes titulado ‘Vivencias Post-Aborto’, donde analiza los estudios que tanto en Europa como en América se han llevado a cabo.

4. ¿Cómo Superarlo?

En los casos en que existan efectos psicológicos, ¿es posible la recuperación? Recuperar significa “recibir algo que fue quitado”, por lo que difícilmente habrá sensación de recuperación. Es más adecuado hablar de reconciliación. Puede tardar meses o años, pero, aunque parezca imposible, llega. Algunas de las cosas que ayudan en el proceso de reconciliación son:

  • El apoyo externo, sentir el arrope del entorno, sobre todo de la pareja.
  • Poder hablar de la pérdida e integrarla progresivamente dentro de la propia experiencia vital.
  • No evitar las emociones negativas ni apresurarse por “pasar página”. Es un proceso.
  • Crear un conjunto de recuerdos, un espacio con significado para el no-nacido.
  • Recibir información adecuada (si es necesario, psicoterapia) o participar en grupos de ayuda mutua.

5. Alcance a Nivel Psicológico: Embarazo Deseado y No Deseado

Para poder entender el alcance del aborto a nivel psicológico es preciso tener en cuenta si ha sido voluntario o espontáneo.

5.1. Embarazo Deseado

Si ha sido un embarazo deseado (es decir, se ha buscado activamente o no se ha buscado, pero se ha aceptado con ilusión después), es necesario poder entender el aborto como un duelo. Es un proyecto truncado. En muchas ocasiones, desde el punto de vista social no se reconoce la pérdida puesto que el feto no se ha llegado a formar y a nacer. Es importante visibilizar este hecho y poder abordarlo en toda su profundidad. Es esperable que los síntomas sean más graves cuanto más avanzada esté la gestación.

5.2. Embarazo No Deseado

Si el embarazo no ha sido deseado, puede haber múltiples reacciones a nivel psicológico. Hay mujeres que deciden abortar, pero igualmente les parece muy duro. En estos casos, los efectos del aborto pueden ser similares a si el aborto hubiera sido espontáneo (algunas investigaciones incluso dicen que incluso más, porque al impacto del aborto hay que añadir las emociones que supone decidir interrumpirlo -por ejemplo, sentimientos acusados de culpabilidad, auto rechazo, etc.).

Estudios recientes están mostrando que hay un número importante de mujeres que interrumpen voluntariamente el embarazo y no tienen secuelas ni a medio ni a largo plazo, llegándose incluso a cuestionar lo que algunos han llamado el “síndrome postaborto” como conjunto de efectos incuestionables tras un aborto. Según las investigaciones científicas actuales, con instrumentos de medida más afinados y más parámetros estadísticos, no existen pruebas fehacientes que aseguren que tras un aborto haya efectos psicológicos seguros. Dependerá de muchos otros factores: el momento vital de la persona y sus prioridades, la valoración del hipotético futuro padre, creencias religiosas, factores situacionales, económicos, profesionales, y un largo etcétera.

Por otro lado, se están analizando los efectos psicológicos de no poder abortar, aun cuando la mujer tiene claro que lo quiere, pero que por múltiples causas no puede practicarse. Estas mujeres sufren más problemas de autoestima, más ansiedad y malestar en general y tienen más probabilidades de padecer trastornos mentales en el futuro.

6. Fundación Madrina: Apoyo Integral

Madrid, 21 de marzo de 2024 - En el día internacional del síndrome Down, Madrina alerta que en España la cifra de niños nacidos con esta alteración cromosómica, ha disminuido a la mitad en las últimas dos décadas, debido a la aplicación generalizada del aborto selectivo.

Igualmente, la Fundación Madrina solicita una mayor protección legal del niño con síndrome Down, al amparo de los derechos fundamentales, así como una mayor acompañamiento de los padres y familiares conLa Constitución Española, reconoce el derecho a la vida y la igualdad de todos los ciudadanos. Por su parte, la Carta Magna Europea, prohíbe la discriminación por motivos de discapacidad; y la Carta de los Derechos Humanos y el Tratado de la UNESCO, protegen los derechos de las personas con discapacidad, incluyendo el derecho a la educación, la salud y el trabajo.

La Fundación desarrolla con éxito el “programa madre”, con atención permanente de “Madrinas hospitalarias” que acompañan a las madres durante el embarazo, y en el preparto, parto y postparto. Su objetivo es triple, por una parte mejorar la salud materno infantil, por otra parte, garantizar un “vínculo de apego seguro” en la madre, y, por último, garantizar un “hábitat materno seguro” para el bebe sano y malito.

7. Humanización de la Medicina

Madrina recomienda una nueva estrategia “humanización de la medicina”, basada en la atención centrada en la familia y el niño malito con SD y otras patologías; que permite generar y coordinar un trabajo de equipo entre profesionales de la salud, familias y organizaciones de apoyo.

Hay varias experiencias y casos de éxito en la humanización de la medicina y en el acompañamiento del bebé malito, en todos los hospitales del mundo, donde ofrecen apoyo emocional y psicológico.

Ejemplos de éxito:

  • Italia: Hospital Gemelli (Roma) - "Método Canguro" y programa "A tu lado". Hospital Bambino Gesù (Roma) - Programas de musicoterapia y terapia con animales.
  • Estados Unidos: Children’s Hospital of Philadelphia - Programas de apoyo emocional para padres. Seattle Children’s Hospital - Programa de "Doulas neonatales".
  • Australia: Programa "Family-Centred Care" y "Doulas neonatales".
  • España: Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona) - Atención centrada en la familia y "Método Madre Canguro".

8. Nacimientos con Otros Síndromes

En España, la incidencia de otros síndromes cromosómicos también ha experimentado cambios. El síndrome Down se presenta en 1 de cada 350 niños nacidos; el síndrome de Klinefelter, en 1 de cada 600 niños nacidos; el síndrome de Turner aparece en 1 de cada 2.500 niñas nacidas; y el síndrome del X frágil, se desarrolla en 1 de cada 4.000 varones nacidos.

9. Apoyo Psicológico Especializado

Nuestro equipo está formado por especialistas en Psicología Reproductiva, Psicología Perinatal y Sexología y te brindaremos el apoyo necesario para continuar tu camino de la manera más saludable, ya que todo es más fácil si tienes una persona a tu lado que sabe de lo que le hablas.

Ofrecemos apoyo o asistencia psicológica en el embarazo, parto y postparto, ya que consideramos el periodo perinatal, el que comprende desde el embarazo hasta los primeros años de vida de tu bebé, como una etapa muy sensible con una gran influencia sobre la salud emocional tanto de la madre como del bebé, por lo que pretendemos promover la salud psicoemocional de la diada madre-bébe, así como la salud de toda la familia.

Acompañamos en Duelo(s) por perdida(s) gestacional(es) y del bebé en torno al nacimiento.

10. Tabla Resumen de Estudios y Conclusiones

Estudio Muestra Conclusiones Principales
Fergusson, Horwood y Boden (2008) 534 mujeres seguidas desde el nacimiento de sus hijos hasta los 30 años. Aumento del 30% en el riesgo de problemas de salud mental en mujeres que han abortado voluntariamente.
Coleman (análisis de estudios 1995-2009) 877.181 mujeres (incluyendo 163.831 que abortaron voluntariamente). Aumento del 81% en la probabilidad de padecer enfermedades mentales en mujeres que abortaron voluntariamente.
Coleman, Boswell, Etzkorn & Turnwald (2017) 987 mujeres estadounidenses que respondieron a una encuesta psicológica después de un aborto voluntario. Identificación de aspectos negativos como el reconocimiento de haber terminado con una vida humana, depresión, culpabilidad, etc.
Rodríguez R. (análisis de estudios cualitativos) 197 mujeres de diversas situaciones culturales, sociales y personales. La experiencia del aborto no es un tema olvidado y cerrado, sino que sigue presente y puede generar ambivalencia y conflictos emocionales.

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