Los recién nacidos presentan un gran desafío para los padres. Tantas cosas nuevas. Es una preocupación común que los padres noten que su recién nacido tiene la nariz tapada o suelta mocos. Este artículo proporciona consejos útiles y consejos para los padres sobre cómo tratar el moco en los recién nacidos.
Cuando comienza la temporada de frío y, sobre todo, la guardería, los mocos son muy habituales en los bebés. Asomarán, prácticamente, de octubre a junio por su naricilla. Los dichosos mocos acompañan a los niños durante el año escolar, provocándoles malestar y en ocasiones complicaciones como bronquitis u otitis.
Cuando tu bebé está congestionado y tiene mocos, es normal que como madre o padre sientas una gran preocupación, especialmente si se trata del primer catarro del bebé. Vamos a ver algunos consejos prácticos sobre cómo sacar los mocos a tu bebé y cuidar de su bienestar.
Lavado nasal
En cualquier caso, la aparición de la congestión nasal en bebés no está relacionado con el uso de la leche, como se ha comentado en algún foro.
¿Por qué los bebés tienen mocos?
La presencia de moco en un recién nacido es algo normal y forma parte del funcionamiento y desarrollo normales del sistema respiratorio. El moco ayuda a proteger al bebé de agentes externos como bacterias y virus, y también sirve para humidificar, calentar y filtrar el aire que respira el bebé. Es importante que los padres entiendan que la presencia de mocos en un recién nacido no es necesariamente un signo de enfermedad, sino más bien una respuesta natural del organismo.
Los recién nacidos de forma fisiológica tienen las fosas nasales muy estrechas. Además, de forma muy habitual regurgitan, y las secreciones de leche se pueden convertir en mocos. Y encima los bebés lloran a menudo, lo que hace que también creen mucosidad. Estas tres cosas juntas hace que sea muy habitual que un recién nacido tenga mocos. Esto es completamente habitual y normal.
Si además tu pequeño no ha cumplido el año, ármate de paciencia porque los doce primeros meses de su vida son los más complicados, dado que su sistema inmunológico aún está desarrollándose. Piensa que su sistema inmunológico aún está en desarrollo, lo que los hace más susceptibles a infecciones respiratorias. Sin embargo, en ocasiones, los mocos pueden acumularse, bloqueando las vías respiratorias y haciendo que el bebé tenga dificultad para respirar. Además, la incapacidad del bebé para sonarse la nariz por sí solo agrava la situación.
Es probable que tu bebé tenga un catarro o resfriado, una enfermedad muy normal en los bebés que no debe preocuparte. De hecho, los más pequeños de la casa suelen resfriarse unas 5 o 6 veces al año. Los resfriados están causados, fundamentalmente, por virus y se trasmiten de unas personas a otras. También debes tener en cuenta que su sistema inmunitario aún no ha estado en contacto con muchos virus. Todavía los está conociendo y está aprendiendo a enfrentarse a ellos.
Los mocos o mucosidad son un mecanismo de defensa del organismo. Cuando un virus entra por la nariz, las mucosas que recubren las fosas nasales comienzan a producir mocos para expulsar al microorganismo fuera del cuerpo. De esta manera, evitan que el virus entre en los pulmones. Si tu bebé tiene mocos, no debes preocuparte, por algo les llamamos “mocosos”. Sin embargo, los bebés no saben sonarse con un pañuelo, ni tampoco saben respirar por la boca. Cuando tienen mocos, pueden tener dificultades para respirar.
Un niño puede pasar entre cinco y ocho procesos respiratorios anuales.
A veces nos acompañan durante todo el año, pero esto significa que su sistema inmunitario está funcionando. Estos aparecen a partir que el verano nos dice adiós. Los moquetes suelen ser transparentes, pero a veces aparecen más amarillentos o verde claro, esto significa que está reteniendo las bacterias o virus que están en el ambiente, es normal.
Con el bebé sentado apoyado en nuestro pecho con su espalda, pondremos nuestras manos cubriendo todo su pecho, pondremos las manos planas y haremos un movimiento de acercamiento entre una y otra, de arriba abajo, presionaremos con una mano la zona de la tripita de abajo hacia arriba y a la vez con la otra mano presionaremos la zona de los pulmones de arriba hacia abajo, a la vez ambas manos presionan un poco hacia la espalda, duraran 5 segundos y lo haremos 10 veces, se descansará un poquito y volveremos a empezar. Esta última maniobra se puede realizar con el bebé tumbado, pero elevado un poco de manera que quede de forma inclinada.
Una de las defensas del aparato respiratorio es inflamándose, la inflamación genera moco, es un medio de defensa. A veces se producen en demasiada cantidad y terminan produciendo problemas. Tenemos que saber que los mocos no bajan de la nariz al pecho.
En conclusión: no hay que asustarse si mi bebé tiene mocos. Haya o no mocos en la nariz del bebé, esta debe limpiarse con cierta frecuencia, puesto que este simple acto repercutirá en una mejor respiración del bebé. Lo que deberemos hacer es limpiar las vías respiratorias de nuestro bebé las veces que sean necesarias, especialmente antes de dormir. De esta manera, los recién nacidos descansarán mucho mejor y también ingerirán alimentos sin tantas molestias.
¿Y qué hago con estos mocos? Pues nada. Irán y vendrán. Como mucho intentaremos alcanzarlos con una gasita o algo parecido. Pero no se recomienda gran cosa. Ni siquiera hacer lavados nasales. Y ni mucho menos succionarlos con aspiradores nasales ni con peras.
Los pediatras nos dicen cuando nuestros peques sufren estos problemas por un virus, que nos vayamos a casa con un antitérmico, utilizar solo si tiene fiebre e hidratar a nuestro pequeño, realmente hay poco más que hacer. No nos asustemos, al cabo de los días los síntomas desaparecerán. Estos virus suelen producir problemas respiratorios leves o moderadas, lo que llamamos Bronquiolitis.
Las congestiones nasales son un verdadero enemigo para los recién nacidos y también durante los primeros años de vida de los bebés. Cuando un bebé tiene mocos, puede ser una preocupación para los padres. Los bebés suelen resfriarse de manera común y debemos también considerar que este tipo de mucosidades son una primera barrera defensiva del bebé (y también de un adulto) cuando es infectado por algún tipo de virus respiratorio.
¿Cuándo debo preocuparme por los mocos de mi bebé?
La presencia de mocos en bebés no siempre es motivo de alarma. En muchos casos, simplemente son el resultado de un resfriado leve o una reacción a irritantes como el polvo o el aire seco. Por ejemplo, si notas que tu bebé tiene mocos en la garganta y además presenta fiebre alta, rechaza la comida o está muy irritable, podría ser señal de una infección respiratoria más seria, como bronquiolitis o neumonía.
En los casos en que al bebé le cueste respirar de forma persistente o grave, muestre signos de dificultad respiratoria o si le preocupa su bienestar general, es esencial acudir sin demora a un profesional sanitario. La mucosidad tapona las fosas nasales de tal modo que al niño le cuesta comer. Se nota porque el bebé no puede respirar y comer a la vez. La mucosidad hace que le cueste respirar. Ante cualquiera de estos síntomas o si tenemos la duda de que el recién nacido pueda no estar bien, siempre se recomienda consultar a un pediatra.
Es importante saber cuándo es necesario consultar al pediatra.
Cómo sacar los mocos a un bebé
Existen varias técnicas para despejar la nariz de tu bebé y ayudarle a respirar. Vamos a ver algunos consejos prácticos sobre cómo sacar los mocos a tu bebé de manera segura y efectiva.
Una de las preguntas más frecuentes de los padres es cómo sacar los mocos a un bebé de manera segura y efectiva. A continuación, se presentan diversos métodos:
1. Usa una pera de goma o aspirador nasal
Aspirador nasal: es un tubo con perita que succiona los mocos. Un método común y efectivo para quitar los mocos de tu bebé es el uso de aspiradores nasales anatómicos o en forma de pera como los que puedes encontrar en el Neceser de Aseo Bebé, Verde de Suavinex. Estos dispositivos están diseñados específicamente para bebés.
Coloca a tu bebé en una posición cómoda en la que puedas reclinarle la cabeza, hidrata sus fosas nasales con suero fisiológico e inserta la punta hueca en uno de los agujeros de su nariz. Si utilizas una pera, podrás apretar el cuerpo para hacer succión y extraer los mocos.
Aspirador nasal para bebés
El aspirador nasal es una herramienta utilizada para eliminar la mucosidad del bebé.
Hay que evitar aspirar con perilla o aspiradores de mocos.
2. Solución salina para aflojar los mocos
Otra forma muy efectiva de limpiar los mocos del bebé es utilizando gotas de solución salina. Coloca al bebé en una posición semi reclinada y añade unas gotas de solución salina en cada fosa nasal.
Los lavados nasales: consiste en echar suero fisiológico en las fosas nasales del bebé para que, al salir, arrastre los mocos hacia fuera. Los lavados nasales con suero fisiológico son el método menos invasivo.
Cuando se trata de abordar el moco de las fosas nasales de un recién nacido, el uso de suero fisiológico puede ser muy beneficioso. Utilizando la solución salina de la forma adecuada, los padres pueden contribuir a mantener las fosas nasales despejadas, reduciendo el malestar potencial causado por la acumulación de mocos. A continuación, se puede utilizar una jeringa en forma de pera o un aspirador nasal para aspirar el moco aflojado.
Tumba al bebé boca arriba o boca abajo y gira su cabeza hacia el lado, sujetándole bien. Échale el suero en el orificio nasal que queda más arriba. Suele ser suficiente con unos 2 ml en cada fosa nasal. Si la nariz está muy obstruida, se puede echar un poco de suero, masajear para reblandecer y volver a echar más suero.
Se recomienda realizarlo antes de dormir o antes de las tomas de leche.
Poner dos gotas de suero en cada orificio, si el bebé esta llorando, cuando vaya a coger aire fuerte por la boca le tapo la boca, conseguiré que coja aire por la nariz fuerte, este moco bajará por la garganta hasta el estómago y lo expulsará en las cacas, en alguna ocasión puede tener el estómago con mucho moco y llegará a vomitarlo, esto es tan bueno como expulsarlo por las cacas.
Hay que sujetarle bien, sin fuerza. Inmovilizar los brazos a lo largo de su cuerpo a la altura de las muñecas. El bebé estará tumbado boca arriba, con unos de mis brazos, lo paso por encima de su cuerpo y con la zona del codo y el costado de mi cuerpo sujeto los brazos de mi bebe. Echaremos las dos gotas de suero por cada orificio para hidratar los mocos más expuestos.
Tapar la boca, cuando vaya a hacer la inspiración.
Lavado nasal con suero fisiológico
El suero fisiológico es otra herramienta útil para la limpieza nasal. Utiliza una jeringuilla sin aguja para aplicar el suero en las fosas nasales del bebé. Los lavados nasales pueden ser incómodos para el bebé. Para hacerlos menos molestos, asegúrate de usar una cantidad adecuada de solución salina y realiza el proceso lentamente.
Aerosoles. Poner dos gotas de suero en cada orificio, si el bebé esta llorando, cuando vaya a coger aire fuerte por la boca le tapo la boca, conseguiré que coja aire por la nariz fuerte, este moco bajará por la garganta hasta el estómago y lo expulsará en las cacas, en alguna ocasión puede tener el estómago con mucho moco y llegará a vomitarlo, esto es tan bueno como expulsarlo por las cacas.
3. Humidificador o baño de vapor
El aire seco puede hacer que los mocos en bebés se sequen y se endurezcan, dificultando aún más su eliminación. Para ello, coloca en su cuarto un vaporizador eléctrico, recipientes llenos de agua o un humidificador. En este caso tendrás que lavarlo todos los días para evitar la formación de hongos, ya que sus esporas son nocivas para la respiración.
Por otro lado, el baño de vapor consiste en llenar la bañera con agua caliente y sentarte con tu bebé en el baño (sin meterlo en el agua). La vaporización ayuda a aflojar la mucosidad, facilitando su eliminación. Puedes usar un humidificador o simplemente sentarte con tu bebé en el baño con el agua caliente corriendo (sin que el agua toque al bebé) para crear vapor.
Humidificador en la habitación del bebé
La primera cosa que tenemos que saber sobre la humedad es que hay un rango de confort, esta tiene que estar entre el 40 y 60% de humedad. Si la habitación está por encima de 60 tendremos que poner un des-humificador. Si nuestro pediatra nos indica que hay que tratar a nuestro bebé con un nebulizador, ya le estamos dando la humedad que necesita, en este caso debemos de prescindir del humificador en la habitación, ya que le estamos dando la humedad directamente en el aparato respiratorio que es dónde lo necesita.
Con esto hidratamos esos mocos en los pulmones, con esto conseguiremos que se movilicen los mocos y se puedan expulsar. En estos aparatos pueden ponerse la medicina que será pautada por el pediatra, o podemos poner suero hipertónico. Es muy recomendable que siempre que pongamos un nebulizador tiene que estar prescrito por un pediatra.
4. Cambiar de posición
En ocasiones, los mocos en la garganta del bebé se acumulan cuando pasa mucho tiempo acostado en una sola posición. Colocar al bebé en una posición semisentada facilita la eliminación de los mocos.
5. Masaje nasal
Un masaje suave en el puente de la nariz del bebé puede ayudar a movilizar los mocos.
6. Hidratación
La hidratación es fundamental para que los mocos en bebés no se espesen. Si tu bebé es menor de seis meses, la lactancia materna o la leche de fórmula son su mejor fuente de hidratación. Mantener bien hidratado al bebé es fundamental. La hidratación adecuada ayuda a diluir la mucosidad, facilitando su eliminación.
Intenta que tu hijo se hidrate a menudo porque el líquido ayuda a disolver y a movilizar los mocos.
Otros consejos y recomendaciones
Una nariz limpia de secreciones protege a los pulmones de infecciones, disminuye de otitis y de conjuntivitis.
Debes evitar los medicamentos. Los descongestivos, antihistamínicos y anticatarrales están contraindicados en bebés, ya que pueden producir efectos secundarios. Los antibióticos tampoco son útiles, porque los causantes de resfriados suelen ser virus.
Lo mejor para tratar el resfriado de tu bebé es el lavado nasal, el bienestar y el descanso.
Normalmente, los catarros y resfriados son autolimitados, es decir, se curan solos en pocos días. La fiebre, si la hay, no suele durar más de tres días. Los mocos y el dolor de garganta desaparecen en una semana y la tos en dos o tres.
Si a pesar de los lavados nasales tu bebé tiene problemas para respirar o, simplemente, si tienes alguna duda, es muy recomendable que acudas al pediatra. Además, es muy importante que vigiles la aparición de complicaciones.
Algunos síntomas pueden indicar que el bebé tiene otitis, sinusitis, conjuntivitis purulenta o neumonía, unas enfermedades causadas por bacterias.
Si bien la mayoría de los mocos en bebés se pueden manejar en casa, hay casos en los que es importante acudir al pediatra.
Cuando los mocos se acumulan en la garganta de tu bebé, es probable que notes que tose más de lo habitual o que hace ruidos al respirar. Para quitar los mocos de la garganta del bebé, los métodos mencionados anteriormente, como el uso de solución salina, el humidificador y los baños de vapor, también son útiles.
El lavado frecuente de manos es fundamental. No expongas al niño a cambios bruscos de temperatura, pero tampoco lo tengas en ambientes cerrados todo el día.
Ofrécele una dieta variada, rica en vitaminas A -presente en verduras-, C -en cítricos y hortalizas, cinc -en carnes y legumbres-, hierro -carnes, pescados, huevos y legumbres-.
Recuerda que aunque los mocos pueden ser molestos, en la mayoría de los casos son una respuesta natural del cuerpo del bebé para protegerse de infecciones.
