Desde que somos pequeños, a nuestro padre le ponemos muchos nombres: papá, papi, su apodo. Pero tiene un solo nombre, aunque en cada casa le llamen de una manera distinta. Con nuestro otro Padre, esta vez el de arriba, pasa lo mismo: le llamamos Señor, Padre, Dios, Salvador, Mesías...
Pero podría confundirnos el nombre de Jesús, ya que -a parte de utilizar todo tipo de distinciones hacia Él en el evangelio- le llamamos Emmanuel, Jesucristo, Cristo etc.
Para aclarar, Jesús solo tiene un nombre y es Jesús, que significa concretamente 'Salvador' en arameo, Yeshúa. Este es el nombre que María y Jesús ponen a su hijo gracias a lo que el ángel les dice.
La Anunciación, donde el ángel Gabriel revela a María el nombre de su hijo.
El nombre Emmanuel
Por otro lado, el nombre 'Emmanuel' proviene del Antiguo Testamento. Es decir, el día que nace Jesús, en la Navidad, se cumple una profecía que aparece en la Biblia. En el libro del profeta Isaías se dice: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel”. Emmanuel significa 'Dios con nosotros', así que no deja lugar a dudas.
Al inicio del Evangelio de san Mateo (Mt 1, 18-24) el ángel le dice a José que "no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados". El evangelista añade: "Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa 'Dios-con-nosotros'".
Además, nosotros nos llamamos cristianos, porque seguimos a Cristo. Pero, ¿no seguíamos a Jesús? Sí, claro que sí. Cristo quiere decir literalmente 'Mesías' que proviene de 'ungido'. Esto quiere decir que cuando llamamos a Jesús, Jesucristo, simplemente estamos añadiendo que Jesús es el Mesías.
Hijo de Dios, Cordero de Dios, Hijo del Hombre, Hijo de David, Rey de los judíos.... Nombres que se refieren todos a Jesús. Que en el fondo, lo que importa es que fue un hombre -y es Dios- que vino al mundo para salvarnos, que murió por nosotros, nos amó sin límite, y que resucitó apra devolver la esperanza a nuestras vidas.
Jesús en el judaísmo
El judaísmo, religión en cuyo marco se desarrolló la predicación de Jesús, rechaza la creencia de que Jesús es Dios, ya que resulta incompatible con su estricto monoteísmo. Igualmente rechaza su identificación con el Mesías o como profeta.
En líneas generales, puede decirse que el judaísmo prestó escasa atención a Jesús de Nazaret. Sin embargo, un personaje llamado Yeshu (alt: Jeshu, Yeishu, en hebreo: יש"ו) es mencionado en antiguos textos rabínicos, entre ellos el Talmud de Babilonia, redactado en fecha anterior al año 600, y la literatura midrásica, de entre 200 y 700. El nombre es similar, aunque no idéntico, a Yeshúa, que es considerado por muchos autores el nombre original de Jesús en arameo. Además, en varios manuscritos del Talmud de Babilonia aparece con el sobrenombre "ha-Notztri", que puede significar "el Nazareno". Por este motivo, y por ciertas coincidencias entre la historia de Jesús conocida por los evangelios cristianos y la del Yeshu citado en el Talmud, algunos autores han identificado a ambos personajes.
¿Por qué hablaba Jesús Arameo? Descubrir Los Orígenes de la Lengua
El idioma de Jesús
«Jesús estuvo aquí, en esta tierra. «El Papa tiene razón. La lengua de Jesús era el arameo», afirma Santiago Guijarro, catedrático de Nuevo Testamento de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca.
Al doctor en Teología Bíblica Jaime Vázquez Allegue le llama la atención que el Papa tuviera que corregir al primer ministro de Israel con esa precisión tan acertada de que Jesús hablaba arameo. Es algo que se sabe «desde siempre», asegura. De hecho, subraya, «el propio Nuevo Testamento (escrito en griego) está plagado de arameísmos».
El profesor de lingüística israelí Ghil'ad Zuckermann señaló a Reuters que tanto Netanyahu, hijo de un distinguido historiador judío, como el Papa tenían parte de razón. «La lengua natal de Jesús fue el arameo», afirma Zuckermann, una lengua semítica casi desaparecida en la actualidad y estrechamente relacionada con el hebreo.
El alfabeto arameo, la lengua materna de Jesús.
«Desde luego que Jesús conocía el hebreo», continúa Allegue, quien señala que en tiempo de dominación romana, durante el segundo templo de Jerusalén, los judíos eran como mínimo bilingües, «a veces incluso trilingües». A su juicio, «Jesús conocía el hebreo a la perfección ya que no sólo leía la Biblia hebrea sino que era capaz de interpretarla».
Vázquez Allegue incluso se muestra convencido de que Cristo sabía griego. La cuestión de si Jesús conocía el griego ha sido y es muy discutida, según Santiago Guijarro. En Galilea se hablaba el griego, sobre todo en las ciudades y en el ámbito del comercio, como ocurre hoy con el inglés en muchos países y muchas de las inscripciones encontradas allí están en griego, argumenta el catedrático de la Universidad Pontificia.
«Muchos piensan que, dado el oficio de su padre (artesano que trabajaba la piedra, el hierro, etc), es muy probable que hubiera trabajado en la reconstrucción de Séforis y Jesús con él. Años después, durante su predicación en torno al lago Tiberíades, se habría encontrado con que en Tiberias y Magdala, dos localidades al lado de la Decápolis (diez ciudades helenísticas que formaban una confederación independiente al otro lado del lago de Genesaret) se hablaba sin duda griego.
En este sentido, continúa Guijarro, «es muy llamativo que sus palabras se transmitieran desde muy pronto en griego. Esto da idea de la difusión y el carácter vehicular de dicha lengua entonces. Era como el inglés ahora. Todo el mundo sabía, al menos, alguna palabra...
También Jonathan Katz, académico de Lenguas Clásicas de la Universidad de Oxford, cree posible que Jesús conociera el griego. «Jesús probablemente podía hablar un poco de griego aunque, quizá no fuera muy competente en él», señala Katz a la BBC.
Tanto el griego como el latín eran de uso común en la época, aunque este último era el idioma de las leyes y del ejército romano, por lo que no se cree que Jesús lo hablara.
Un texto en el evangelio de Juan que narra la escena de la mujer adúltera que presentan a Jesús y sobre la que se pronunciará con las palabras «el que esté libre de pecado que tire la primera piedra» alude a que «Jesús escribía con el dedo en la tierra». Sin embargo, Guijarro no cree que diga mucho sobre si Cristo sabía escribir o no.
En la antigüedad no había escuelas ni una enseñanza sistemática, por lo que la capacidad de las personas para escribir era muy variada, continúa el experto. Los judíos siempre amaron el texto escrito porque eso eran las sagradas escrituras. Resulta muy difícil saber hoy si Jesús sabía leer y escribir.
«Lo más probable es que no, al menos no al nivel de redactar un texto o leerlo. Pero no se puede afirmar taxativamente porque su interés por las escrituras pudo haberle motivado para aprender a leerlas», considera el biblista.
¿Cuál era el nombre real de Jesús?
Yeshu Nazareen, sería el nombre real de Jesús. “No podemos saber con certeza qué idiomas hablaba Jesús. Jesús, tal como lo diríamos hoy con “J” dura, no era un nombre que existiera en la época de la vida de Jesús. Es probable que también se presentara así.
Al pertenecer a la clase baja, Jesús no tendría el apellido de los romanos ricos e importantes de su época.
Sin embargo, en el Nuevo Testamento y en textos posteriores podemos ver que el griego se convirtió en la lengua elegida. Este texto es una copia del Libro de Juan: 18 que dice “Jesús está siendo juzgado ante Poncio Pilato”. Sin embargo, “Jesús” está escrito en griego como “Iesous”. En la época en que se escribió el Nuevo Testamento, ya existía la tradición de traducir “Yeshua” por “Iesous”.
Imagen más antigua de Jesús procedente de la iglesia de la ciudad en ruinas de Dura-Europos.
Jesús y el término Abbá
En el primitivo judaísmo no se podía nombrar a Dios, pero de alguna manera se daba a entender cuando se refería a él, de hecho en el antiguo testamento, figura Jehová o Yahvé (o el tetragrámmaton que lo identifica) unas 10.000 veces.
Jesús llama a dios "Abbá" pero ¿por qué en el Antiguo Testamento jamás sale ni una sola vez esa denominación "Abbá" hacia dios?
Cierto que el Antiguo Testamento aparece Elohim o Yahvé miles de veces. Pero en la época de Jesús y por mera tradición, para cumplir el Segundo mandamiento, los judíos se habían acostumbrado a la ley consuetudinaria de no nombrar a Dios. Lo denominaban Altísimo, Presencia, Lugar, Palabra, Sabiduría, o de cualquier modo. Cada uno a su gusto. Y todo el mundo entendía. No era preciso nombrar a Dios.
Solo el Sumo Sacerdote, el día del ayuno General expiatorio (Yom Kippur) pronunciaba el nombre de Yahvé, en voz baja en el Santo de los Santos, y postrado de hinojos.
Abbá es un vocablo arameo y el Antiguo Testamento está escrito en hebreo (menos 10,11 de Jeremías y 2,4-7,28 de Daniel). Por tanto, la pregunta tiene poco sentido. Abbá es uno de so signos, si duda, de la familiaridad con Dios que debía de tener un profeta, como él lo era. Abbá no es “papaíto”, lenguaje infantil, sino “Papá” que puede ser utilizado con respeto también por los adultos.
En el Antiguo Testamento el título de Dios “(mi) Padre es tan raro que los especialistas señalan solo Eclesiástico 51,10. Pero en Qumrán hay dos testimonios de este uso. El primero en 4Q372: “Mi padre, mi Dios, no me abandones a los gentiles”, atribuido apócrifamente a Josué en un salmo compuesto por él y 4Q460 5,6, donde se lee “Mi padre y mi Señor” (véase “Los hombres de Qumrán, Trotta, Madrid, 1993 de F. García Martínez y J. Trebolle, p. 243). Es uso, por tanto, es un rasgo muy idiosincrático de Jesús, pero no único.
Tal como aparece su figura en los Evangelios, Jesús ni se lo plantea. En el siglo I se consideraba normal que Dios tratara fatal a los impíos, a sus descendientes y en general a todos los enemigos de su pueblo elegido. Les parecía estupendamente (véase el cántico de Zacarías en Lucas 1,67-79.
Jesús conocía y aprobaba el libro de Zacarías, porque aceptaba muy probablemente que el reino de Dios se instauraría en Jerusalén, y que Dios entraría en la ciudad desde el monte de los Olivos (véase Zacarías 14). Jesús no es solo el profeta del Dios misericordioso, sino también el del Dios castigador con el fuego eterno del infierno (seis veces en los Evangelios). Casi el 40 % del Evangelio de Mateo es un aviso del castigo de un Dios enfurecido contra los impíos.
Por tanto, pienso que un judío piadoso y fanático no experimentaba ninguna contradicción entre un Dios, padre amoroso, y un Dios cruel con los enemigos de Israel, que eran los suyos.
Jesús, según los Evangelios, escritos ya en griego, y los autores mismos de esos textos jamás nombran a Yahvé (así con todas las letras) o Elohim, porque los oyentes griegos pensarían que estaban nombrando a una divinidad oriental más, de las que abundaban en el Imperio. Y les harían poco caso. Por eso utilizaban un término más o menos neutro “Dios”, en griego “Theós”, o “ho Theós”, el Dios (se sobrentiende que único) para que quedara claro que ellos hablaban de esa divinidad única que había hecho cielos y tierra. ¡No era en absoluto conveniente utilizar términos judíos! Y menos después de la Gran guerra contra Roma (66-70 d. C.) en la que estos judíos habían puesto en jaque al Imperio.
