En el antiguo Egipto, la imagen de Isis, prototipo de esposa y madre, resaltaba el papel principal de las mujeres: generar descendencia. Casadas desde la primera menstruación, a lo largo de su vida habitualmente parían entre 4 y 8 hijos, a los que se sumaban otros tantos abortos naturales. Para lograr la concepción, las futuras madres invocaban el favor divino con amuletos, especialmente del enano Bes.
También recitaban encantamientos protectores y presentaban estelas votivas, sobre todo a Hathor, que personificaba la feminidad, el amor y la sexualidad; a Mut, «la madre»; a la hipopótama Tueris, cuyo vientre abultado y pechos colgantes sugieren el embarazo, o incluso al arquitecto divinizado Imhotep, «el que da un hijo a quien no lo tiene».
Los egipcios disponían de métodos para pronosticar un parto normal o con complicaciones. Mezclando la leche de una mujer que hubiera parido un hijo varón con una planta llamada bededu-ka, formaban una mezcla que la madre ingería o se introducía por vía vaginal; si la mujer vomitaba era señal de que pariría de forma natural y sin aprietos, pero si tenía ventosidades el riesgo era seguro (Papiro de Berlín 194). También era eficaz fumigar la vagina con excrementos de hipopótamo y esperar a que salieran por la orina o que la mujer expulsara ventosidades.
Igualmente, se introducía durante la noche un ajo húmedo en la vagina y se observaba si por la mañana la mujer tenía mal aliento, lo que era señal de que daría a luz sin contratiempos.
El Temido Parto en el Antiguo Egipto
El parto tenía lugar en la casa, en un espacio temporal habilitado en la terraza o en el jardín, que los egipcios denominaron «lugar (o pérgola) de nacimiento». Estaba ornamentado con columnas papiriformes y una enredadera de una variedad de aristoloquia, una planta asociada al alumbramiento y a la lactancia de cuyo tallo se extraía un jugo usado para acelerar el parto.
Mientras otras mujeres recitaban numerosas fórmulas protectoras para ahuyentar las fuerzas hostiles, la parturienta se acuclillaba sobre cuatro ladrillos de adobe, decorados con divinidades propiciadoras asociadas a la diosa Mesjenet, «la del lugar de nacimiento», guardiana de la madre y del niño, a la vez que personificación del «lugar donde uno se posa», es decir, los ladrillos. Unas comadronas, que encarnaban a las diosas Isis, Hathor y Renenutet, la asistían para que no se agachara y mantuviera sus pies sobre los ladrillos, de modo que facilitara el trabajo a la otra partera.
Todo el proceso se acompañaba de liturgias y fórmulas protectoras recitadas por las comadronas y por la propia madre, como indica el Papiro Leiden I: «Regocijo, regocijo en el cielo, el parto se acelera. Ven a mí, Hathor, mi señora, en mi pabellón, en mi hora feliz».
Se creía que si el pequeño nacía en uno de los muchos días nefastos del año, el destino podría depararle la muerte en toda suerte de circunstancias terribles, como por el ataque de un cocodrilo o un toro, al mantener relaciones sexuales o un día de borrachera. De hecho, era habitual que para conjurar esta clase de vaticinios los egipcios se protegieran a lo largo de toda su vida con amuletos y plegarias.
Cuando la criatura salía del vientre materno se cortaba el cordón umbilical. Para realizar este acto no podía utilizarse un instrumento cualquiera, sino solo un cuchillo mágico de sílex, llamado peseshkaf, que más tarde se enterraba. El Papiro Ebers nos explica detalladamente el modo de hacerlo: «Remedio para hacer que descienda la placenta de una mujer a su lugar natural: serrín de pino […]. Espolvorear el ladrillo cubierto de tela. Deberás hacer que ella se siente sobre él».
Según nos informan los Papiros del Rameseum, para asegurar la protección y la longevidad del bebé se le hacía ingerir durante tres días «un pequeño trozo de su placenta […], triturarla en la leche y dársela a beber. Si vomita, morirá; si [traga], vivirá». El resto de la placenta se enterraba, posiblemente bajo el suelo de la casa, para asegurar de este modo futuros nacimientos.
Después del parto, si la mujer era de clase acomodada, la vestían con lino de calidad y se peinaba con un atado en forma de coletas y trenzas que sujetaba con una cinta. Para reponerse consumía, entre otras cosas, el «pan de nacimiento», con propiedades mágico-protectoras, elaborado con miel y otros nutrientes.
Durante catorce días descansaba y se purificaba junto a su hijo en el edificio provisional donde había parido, período en el que se realizaban asimismo danzas profilácticas y rituales.
Se consideraba que la madre debía amamantar a su bebé durante tres años, para garantizar la salud del niño y, a la vez, evitar embarazos demasiado seguidos. En el caso de una mala producción de leche, se acudía a otra madre reciente a modo de nodriza.
El milagro del parto velado
Parto Velado: Un Fenómeno Raro
Nacer con la bolsa amniótica íntegra o intacta, sin romper, con el bebé rodeado de líquido amniótico -tal y como estuvo en el útero materno- es extremadamente raro. Ocurre en 1 de cada 80.000 nacimientos. Es lo que se llama parto velado. Y a los niños que así vienen al mundo se les conoce como enmantillados, con manto, velo o toquilla. Cuando la mujer se pone de parto, lo normal es que se rompa la bolsa que envuelve al feto, es decir el saco o bolsa amniótica o de aguas.
También la bolsa le permite moverse libremente dentro del útero materno, y así favorecer el desarrollo musculoesquelético. Lo normal es que cuando empieza el parto esta membrana se rasgue y se produzca lo que se conoce como romper aguas o romper la fuente. De hecho, este es un signo o síntoma, completamente indoloro, de que el parto ha comenzado o que está a punto de iniciarse.
El parto velado también se produce a veces en los partos por cesárea, aunque en escasísimas ocasiones "porque enseguida se rasga la bolsa". Pero lo normal es que se dé en los partos naturales, ya que una de las prácticas en los partos medicalizados es rasgar la bolsa amniótica en el caso de que esta no se haya rasgado de forma natural. Se realiza sobre todo cuando el parto se detiene y la mujer no consigue dilatar. Entonces se rompe de forma artificial, para estimular el proceso.
En ocasiones la bolsa amniótica se rasga semanas antes de la fecha probable de parto y la mujer nota un incesante "goteo". En estos casos, se debe acudir con urgencia a un hospital, ya que hay mucho riesgo de infección.
Nacer con velo, enmantillado, con zurrón, con el manto de la virgen, con toquilla… existen diferentes formas populares de llamar a este tipo de parto que desde siempre ha estado rodeado de múltiples leyendas. Desde luego, resulta muy curioso, como se puede ver esta foto, que ha sido un fenómeno viral en Internet: impresiona contemplar al bebé tal y como estaban dentro del útero materno.
Históricamente de los niños que así nacían se pensaba que tenían poderes extraordinarios o que iban a tener mucha fortuna, aunque la realidad luego fuera muy distinta. Al emperador romano Antonius Diadumenianus del siglo III, que recibió este nombre por el velo, cinta o diadema con la que había nacido, sin embargo, la buena fortuna no le acompañó: murió asesinado muy joven.
Imagen de un parto velado que ha sido viral en diferentes redes sociales, pero se publicó anteriormente en la red de microblogging Tumblr a través de una matrona de Oregón. Tiene una peculiaridad: posee propiedades elásticas que permiten que se estire a medida que el bebé crece. Además, no posee músculos, ni nervios, vasos linfáticos y sanguíneos.
A partir de la semana 12 de gestación el bebé también interviene con su orina y hacia la semanas 18 a 20 de gestación el líquido amniótico está producido en un 90 por ciento por su riñón: llena su vejiga cada 30 o 45 minutos y la vacía posteriormente.
El parto a veces se tiene que programar y provocar. Es lo que los médicos llaman parto inducido. La causa más frecuente es que el bebé se encuentra calentito y muy cómodo dentro de su mamá y la mujer no se pone de parto a pesar de haber superado la semana 41ª de gestación.
Otras Técnicas y Condiciones
- Hipnoparto o "HipnoBirthing": Este conjunto técnicas persigue reducir el miedo al parto llevando a la embarazada a un estado de relajación profunda.
- Placenta adherida (acreta): Los ginecólogos ven cada día más casos. Si en los años 50 se presentaba en 1 de cada 25.000 partos, ahora la incidencia es de 1 caso por cada 2.500 nacimientos.
- Analgesia epidural: Desde los años 90 del siglo pasado, se ha ido generalizando su uso para el alivio del dolor del parto. Actualmente, en nuestro entorno, la mayoría de las mujeres recurren a ella para afrontar con tranquilidad ese exigente momento.
El manteo o rebozo es una técnica ancestral que utiliza un rebozo o pañuelo para masajear la pelvis y otras partes del cuerpo. Es muy recomendable en el embarazo y también durante el parto, por ser muy relajante y aliviar las molestias que padece la madre. Favorece de la dilatación y mejora la experiencia del parto.
El Manteo o Rebozo: Una Técnica Ancestral Mexicana
El rebozo es una prenda tradicional mexicana, que consiste en una pieza rectangular de tela, larga y ancha, generalmente de algodón o lana, que se puede usar de diferentes maneras. Se realizan sacudidas y una especio de masaje y movimientos con ayuda de esta prenda y es aplicada en la cultura mexicana desde hace siglos como parte importante de la identidad y la historia de México.
Estas maniobras, pueden realizarse a cualquier persona y recorren todo el cuerpo, pero vamos a centrarnos y a explicar su aplicación durante el embarazo y el parto. Se dice que las parteras aztecas ya la utilizaban con las madres y en el momento de dar a luz. Esta técnica se ha utilizado durante generaciones para ayudar a las mujeres durante el embarazo, parto y postparto. Muchas mujeres mexicanas utilizan este mismo pañuelo para portear a su bebé en el posparto.
¿Cómo se realiza el manteo?
- Primero, consigue un rebozo o pañuelo largo de algodón o una bufanda grande. Si no tienes un rebozo, puedes usar una toalla grande en su lugar una sábana.
- Existen varias posturas en las que las mujeres pueden recibir el manteo, procurando que la embarazada esté estable, relajada y cómoda para recibir la técnica. En pie, a cuatro patas, tumbada sobre la espalda, apoyada sobre una pelota…
- Los movimientos deben ser suaves, rítmicos y controlados, del estilo "mecedora".
Evidencia Científica y Beneficios del Manteo
La OMS declara y avala a la medicina tradicional en su documento “Guía General de Metodologías en investigación y evaluación de la medicina tradicional” definiéndose como la “suma de conocimientos, habilidades y prácticas basadas en teorías, creencias y experiencias indígenas de diferentes culturas”.
No hay mucha evidencia científica respecto a esta técnica, pero esto no quiere decir que no pueda ser usada con cierto respaldo por diversos motivos. Existen escritos y referencias no científicas y poco a poco empiezan a aparecer estudios desde 2015 hasta la actualidad, que avalan sus beneficios y dejan claras sus contraindicaciones.
Beneficios del Manteo
- Durante el embarazo:
- Relaja músculos, articulaciones y ligamentos.
- Mejora el dolor sacro, lumbar y ciático durante el embarazo.
- Al sostener el vientre de la mujer embarazada proporciona alivio inmediato en la tensión en la espalda y las caderas.
- Junto con otras técnicas, puede ayudar a los bebés que están de nalgas a ponerse de cabeza, ya que puede ayudar a "desencajar" las nalgas de la pelvis materna permitiéndole girar para colocarse en posición cefálica (de cabeza), que es la posición más fácil para el parto vaginal.
- Durante el parto:
- Ayuda en el inicio del trabajo de parto ya que potencia la dinámica uterina, favoreciendo así una evolución más fisiológica de todo el proceso
- Mejora el confort y alivia el dolor en la fase de dilatación. acomodación o manteado.
- Ayuda al bebé a que se posicione de una manera correcta y disminuye el dolor entre contracciones.
- Ayuda a regularizar y potenciar las contracciones ayudando al comienzo de parto.
- Ayuda a relajar y disminuye el estrés y la ansiedad, es una técnica agradable sobre todo si lo utilizamos con musicoterapia y aromaterapia.
- Puede proporcionar una sensación de seguridad y comodidad que ayuda a las mujeres a relajarse al notar como disminuye la tensión muscular.
- Al estar más relajadas, las mujeres tienden a sentirse más conectadas con su bebé, convirtiéndose en una experiencia íntima y agradable que fomenta el vínculo madre-hijo.
El rebozo es tanto una técnica ancestral como moderna, renace desde sus orígenes tradicionales como nueva técnica de apoyo para las mujeres y que pueden aplicar los acompañantes y profesionales durante el embarazo y parto.
Puede ser una herramienta valiosa para las mujeres embarazadas que buscan aliviar algunas de las molestias asociadas con el embarazo y fomentar una conexión más profunda con su bebé. Sin embargo, es importante hablar con un profesional de la salud antes de probar cualquier técnica nueva durante el embarazo.
La técnica tiene múltiples beneficios tanto en embarazo como en la fase de dilatación durante parto: mejora la acomodación de la cabeza fetal en la pelvis, disminuye el dolor y aumenta el confort en las gestantes. Ya se está introduciendo en las diferentes áreas de la zona de maternidad de los hospitales actuales y cada vez la usan y aceptan más profesionales.
Sin embargo, la evidencia científica, aunque prometedora, es escasa, lo cual indica la necesidad de aumentar la literatura existente y será necesario realizar más estudios científicos al respecto.
