Hay gente que se come la placenta de sus hijos. No es algo realmente nuevo, claro, pero desde hace unos años la placentofagia parece haberse puesto de moda y cada vez son más las personas que la practican. Su nombre, como su carne, no es que suene agradable: placentofagia. Y se trata, como el título indica, de comer la placenta, un órgano efímero bañado en hormonas y mística. Puede ingerirla la madre tras el parto o personas ajenas, seducidas por sus supuestos beneficios. Es un método controvertido y puede entrañar riesgos, según alerta la comunidad médica.
Diagrama de la placenta humana.
¿Qué es la Placentofagia?
Antes de adentrarnos en todo aquello que tenga que ver con la placentofagia, conviene saber de qué estamos hablando exactamente. La placenta, básicamente, constituye la conexión vital entre la madre y el bebé. La placenta tiene más misiones, como por ejemplo fabricar hormonas que permiten que el embarazo siga adelante, y sintetizar estrógenos para controlar el metabolismo materno y estimular el crecimiento del bebé.
Se come en batidos, cocinada o cruda y, normalmente, debido a su sabor y difícil textura, en cápsulas, triturada. Se ha convertido en moda de estrellas de cine y práctica entre mujeres que reivindican el poder sobre su parto.
La Falta de Evidencia Científica
Con la placentofagia tenemos un problema grave: no hay estudios o artículos científicos que demuestren que, tal y como aseguran algunos, comerse una placenta tenga efectos positivos sobre el organismo humano. Sobre esto último, de hecho, tampoco hay pruebas irrefutables de que el ser humano haya llevado a cabo la placentofagia desde el origen de los tiempos. El doctor William B. Over escribió en 1979 un texto llamado ‘Notes on placentophagy’ (‘Notas sobre la placentofagia’) donde detallaba las poquísimas referencias a esta práctica en humanos que existen en nuestra historia.
Hay una total ausencia de estudios científicos que demuestren los supuestos efectos beneficiosos de la placentofagia. Ober concluye que el motivo más plausible por el cual el ser humano en determinadas circunstancias se ha comido la placenta se llama ´hambre´. Nada de “sabiduría ancestral” o entelequias por el estilo.
Dándole vueltas a este asunto me he dado cuenta de que en realidad yo no debería esgrimir argumentos en contra de la placentofagia, que es lo que me piden las amables gestantes, sino que alguien debería aportarme sólidas pruebas científicas a favor.
Argumentos No Válidos
No aceptaré como ”sólidas pruebas científicas” justificaciones como las que siguen: “lo dice un ginecólogo”, “aparece en una página web a favor del parto natural”, “es una práctica ancestral” (como la guerra), “lo hacen muchos mamíferos” (también duermen en el suelo, no se lavan los dientes y no han leído un libro en su vida, y no por ello les imitamos), y mucho menos “Tom Cruise siempre lo hace, y mira qué sanísimo está” (¿no estará sanísimo por ser multimillonario?).
Quiero ver con mis propios ojos artículos científicos serios a favor de la placentofagia (¿leyeron ya el texto “Señalar al melón como causa de su pudrimiento, ensayo aleatorizado y controlado”?). Quiero poder examinar investigaciones que estén publicadas en revistas indexadas, con revisión por pares, llevadas a cabo en una amplia muestra de seres humanos (lo he subrayado adrede) que haya sido seguida durante suficiente tiempo como para poder detectar tanto los supuestos efectos positivos de esta práctica, como los negativos. Si pone “placentophagy” en PubMed (www.pubmed.gov) verá que de eso no hay ni por asomo.
He subrayado “seres humanos”, porque los estudios en ratas, cabras, vacas u otros mamíferos no me valen. En agosto de 2013, “Neurology Today”, la revista oficial de la Academia Americana de Neurología publicaba un texto con un título que habla por sí solo: ¿Por qué los resultados de modelos animales a menudo no se traducen en resultados clínicos?”.
¿Por Qué Algunos Mamíferos Comen la Placenta?
¿Y qué hay sobre los mamíferos que practican la placentofagia? ¿Por qué algunos animales se comen la placenta al dar a luz a sus crías? En un artículo titulado ‘Placentophagia in Humans and Nonhuman Mammals: Causes and Consequences’ (‘Placentofagia en humanos y mamíferos no humanos: causas y consecuencias’, Mark B. Kristal, Jean M. DiPirro y Alexis C. Hay dos claves a tener en cuenta aquí. Estas hipótesis no han sido demostradas. Lo cierto es que no tienen mucho sentido en la sociedad actual, y menos si hablamos de personas de cierta fama. Cualquiera de las celebridades que se encargan de amplificar el mensaje sobre los presuntos efectos positivos de comer placenta tiene a su alcance todo lo que necesita en el momento de dar a luz.
¿Por Qué se Practica la Placentofagia en Humanos?
Llegados a este punto, ¿por qué se practica la placentofagia en humanos? ¿Por qué hay madres que deciden comerse la placenta tras el parto si no hay ningún estudio clínico que lo aconseje? Todo apunta a que estos defensores se están basando en la teoría de que si otros mamíferos lo hacen por una serie de razones, las cuales como hemos visto tampoco están estudiadas a fondo ni aceptadas como buenas de forma irrefutable, el ser humano también puede hacerlo.
Figuras del mundo de espectáculo, como Kim Kardashian o Tom Cruise, han defendido sus bondades nutricionales. Se publican libros de recetas y cada vez más madres realizan esta práctica en distintos países del mundo. Algunos estudios consideran que es una práctica que se realiza principalmente en Occidente por mujeres blancas de clase media y que está creciendo en popularidad.
Quienes la toman piensan que ayuda a prevenir la depresión postparto (el principal motivo por el que se acude a ella, según las encuestas); que estimula la leche materna, que aporta hierro y nutrientes, que devuelve la energía a la madre, por los minerales y hormonas que contiene.
Pero la ciencia no tiene nada claros estos beneficios (no hay evidencias sólidas que los respalde), y sí que entrevé riesgos de infección, aunque tampoco hay registro médico sobre complicaciones derivadas (en 2016, se reportó un caso de infección infantil potencialmente asociado a una placenta tomada en forma de cápsula).
Cápsulas de placenta, una forma común de consumo.
Riesgos para la Salud
Puesto que la placenta se encarga entre otras cosas de retener sustancias nocivas para el feto, en la tendencia actual han surgido todo tipo de recetas en un intento por no ingerirla cruda. Es el caso de la compañía Brooklyn Placenta Services, la cual se encarga de transformar placentas en cápsulas para luego venderlas a precio de oro.
Comerse la placenta encapsulada, guisada con patatas o, mucho peor, cruda, es una muy mala idea. Si no me creen, les invito a que pongan en la base de datos de estudios biomédicos PubMed (www.pubmed.gov), la siguiente estrategia de búsqueda:("Prenatal Exposure Delayed Effects/chemically induced"[MeSH Terms]) AND "humans"[Filter]Si tienen un rato, lean los 668 artículos que aparecen a día de hoy (20 de abril de 2014). Creo que se les pasarán las ganas de catar una “placenta al alioli balsámico de mercurio aromatizada con escabeche de compuestos organoclorados”…
Este peligro estaría en la contaminación de la placenta por acción bacteriana o viral.
Los patólogos argumentan que las placentas pueden estar colonizadas por bacterias y que de hecho algunas están infectadas, como ocurre con el Staphylococcus aureus, presente en la vagina de un 10% de las mujeres.
El dato de que muchos mamíferos se coman la placenta nada más nacer su camada tampoco parece convencerles. No hay pruebas, por otro lado, de que esta haya sido una práctica llevada a cabo por pueblos ancestrales.
Aspectos Legales y Recomendaciones
Hay países que en sus listas de recomendaciones desaconsejan ingerirla porque consideran que puede poner en riesgo al bebé y a la madre.
En algunos países, incluidos España, se puede solicitar la placenta de manera formal, aunque puede haber reticencias por parte del hospital al tratarse de un desecho biológico.
Cuando se entrega la placenta, se indican las medidas necesarias para disminuir al máximo los riesgos sanitarios (como usar guantes en su manipulación, que no esté en contacto con personas sin protección o animales). La mayoría de las madres que la toman, sin embargo, tienen el parto en casa.
La base legal es que se debe respetar, tal como recomienda la OMS, el “derecho de la madre a decidir sobre su vestimenta (la suya y la del bebé), comida, destino de la placenta, y otras prácticas culturalmente importantes”.
Hay culturas que entierran la placenta dentro de sus ritos tradicionales, como los mapuche. Y también hay empresas que las usan para comésticos y suplementos. En algunos países, se utilizan como saborizante (periódicamente, la prensa denuncia la existencia de un mercado negro en China, donde se venden desecadas como si fueran setas o en salazón, según las publicaciones).
¿Qué es la placentofagia y cuáles son sus beneficios?
Experiencias Personales
Así lo ve Irene, de 43 años, ex veterinaria que acaba de tener a su segundo hijo. Es la segunda vez también que toma su placenta.
La primera la intentó freír fresca, a la plancha, pero es un manojo de nervios difícilmente masticable. Se la dieron congelada y en un bote hermético en el hospital. La forma que finalmente ella ha escogido para tomarla es en batido, junto a vegetales, zanahorias o frutos rojos. “Como si fuera un smoothie”, explica.
Dice que sabe a carne, que parece casquería o riñones, que es correosa, que si la masticas hace ñac ñac. Las placentas que toman las madres a veces se cocinan (normalmente al vapor), muchas se encapsulan, tras deshidratarse y triturarse, o se ingieren crudas en estos batidos, trituradas.
“Yo decidí tomar la placenta porque es una conducta habitual en los animales, y porque un parto es un proceso vital muy exigente energéticamente hablando, hay un sangrado, y la placenta es como un alimento nutritivo, es carne y sangre”, dice.
Muchos médicos argumentan, sin embargo, que este tipo de ‘tratamiento’ postparto solo se basa en anécdotas, en el boca a boca, e incluso en el placebo, además de no existir un método estandarizado de consumo.
Irene confirma que se informó por el testimonio de otras madres y de comadronas. Dice que en su segundo parto, en casa, la asistió una médico y que ella era de otra opinión, menos censora con esta práctica que el colectivo en general.
Internet ha expandido la placentofagia gracias a foros sobre la crianza, el auge de las medicinas alternativas, y el parto natural. Quienes lo defienden exponen muchas veces una resistencia a la medicalización y hablan del control de la madre sobre el parto. También citan cuestiones cercanas a la espiritualidad. “Es como una cuestión mística-energética, es una parte tuya, que ha sido de los dos, y que vuelve a ti”, explica Irene. Por la misma razón, también ha enterrado una parte de sus placentas en árboles, un árbol plantado por cada hijo nacido.
'Autocanibalismo' es uno de los adjetivos que suelen usar sus detractores (acaso la placenta sea unos de los últimos grandes tabúes). Falta de efectos y pseudociencia, incluso peligro biológico…
Quienes lo defienden, claro está, no lo ven así.
