Cólicos y Diarrea en Bebés: Causas y Tratamiento

Controlar las deposiciones del bebé es importante para saber cómo se encuentra internamente. La diarrea es una de las formas en las que el bebé puede manifestar que no todo va como debería, por lo que puede ser preocupante para los padres, pero ¿por qué se produce la diarrea del lactante?

La diarrea en bebés se define como el aumento en el número de deposiciones diarias o bien la disminución de su consistencia habitual (heces más líquidas). Cada niño realiza deposiciones a un ritmo determinado (varias veces en un día, diariamente o cada dos o tres días) y con una consistencia diferente.

La diarrea en bebés recién nacidos no es lo habitual. Es cierto que las heces de los recién nacidos serán muy blanditas, pero no son líquidas, que es lo que sucede cuando un recién nacido tiene diarrea. Las deposiciones de los recién nacidos suelen ser de aspecto amarillo, un poco líquida y granulosas.

Tipos de heces en bebés.

Causas de la Diarrea en Bebés

La diarrea puede deberse a diversas causas:

  • Sensibilidad alimentaria: El cambio de dieta en el bebé puede producir estas heces líquidas. Si tu bebé presenta diarrea amarilla significa que el organismo no está absorbiendo de forma adecuada las grasas a nivel intestinal.
  • Infecciones: Puede ser causa por una gastroenteritis infecciosa o producida por bacterias como la salmonella, en cuyo caso el pediatra puede indicar la toma de un antibiótico.
  • Alergias o Intolerancias: Si el pediatra sospecha una alergia o intolerancia realizará al bebé las pruebas oportunas para diagnosticarlo y retirará de la dieta el alimento causante de los síntomas.

A pesar de que, en nuestro medio, la causa más frecuente de diarrea es la infección intestinal, no podemos olvidar otras causas como: Infecciones en otros órganos (otitis, infección de orina…); intolerancias alimenticias; errores dietéticos o iatrogénica (tras administrar antibiótico oral, laxantes…).

Tipos de Diarrea Según el Agente Causante

  • Diarreas por virus: Suelen ser líquidas, abundantes, frecuentemente inodoras, suelen contener poco moco y sangre, y se asocian habitualmente a vómitos (más de 4 por día), los primeros días. Suele haber febrícula o fiebre menor de 39º C. Es frecuente que los niños afectados sean pequeños (menores de 3 años). En las diarreas por rotavirus es habitual un proceso catarral de vías altas previo.
  • Diarreas por bacterias: Suelen presentar fiebre más elevada (mayor a 39º C), mayor frecuencia de deposiciones por día (más de 5) y la presencia de moco y sangre en las heces es mayor, así como el dolor abdominal de tipo cólico. Las heces son más densas y los vómitos son menos frecuentes.

¿Es normal la diarrea en nuestros bebés? ¿Cuáles son las causas y cómo podemos tratarla?

Rotavirus

Dentro de la etiología viral, la gastroenteritis por rotavirus constituye la causa más frecuente de diarrea en niños de países desarrollados. Los rotavirus pertenecen a la familia de los reoviridae, con siete grupos antigénicos distintos (de la A a la G), siendo los virus del grupo A los que causan la diarrea infantil. Se concentran el mayor número de casos por debajo de los 3 años, especialmente entre los 3 y los 12 meses y en los meses de invierno.

¿Cómo se contagian los niños?

La transmisión se produce por vía fecal-oral, especialmente por las manos contaminadas. Los rotavirus pueden encontrarse sobre los juguetes y otras superficies duras en guarderías (contaminadas al tocar el objeto con las manos sucias), interviniendo en el mecanismo de transmisión cuando el niño se pone el objeto contaminado en la boca. Es frecuente, así, la diseminación en familias, colegios, guarderías, ¡incluso en hospitales!, siendo la principal causa de gastroenteritis de niños ingresados (gastroenteritis nosocomial). La transmisión respiratoria es menos frecuente.

¿Qué manifestaciones clínicas provoca?

El período de incubación suele estar entre 1 a 3 días. Afecta principalmente a lactantes y niños menores de 2 años con un comienzo brusco de diarrea, vómitos, sensación de dolor abdominal y fiebre que no suele sobrepasar los 39º C. Las deposiciones generalmente son líquidas y abundantes, ocasionalmente con moco y algún hilito de sangre. La duración del cuadro suele estar entre los 2 a 6 días, y hasta en el 40 % de los casos coexiste un cuadro catarral, con mucosidades nasales y tos.

¿Se puede prevenir?

Recientemente sabemos que la leche materna contiene unos compuestos (mucinas defensivas, como la lacthaderina) que previenen y protegen al niño lactado frente a este virus. Existe una vacuna contra el rotavirus (comercializada por dos laboratorios farmacéuticos) que se administra de forma oral en los primeros meses de vida y que ha demostrado capacidad para disminuir la probabilidad de contagio por esta infección. La vacuna es la forma mas eficaz de prevención de la enfermedad.

Complicaciones de la Diarrea Aguda

Las complicaciones más frecuentes que pueden aparecer son la deshidratación (pérdida excesiva de agua y electrolitos), la hipoglucemia (bajadas en los niveles de glucosa en sangre, especialmente en lactantes pequeños) y la intolerancia transitoria a la lactosa (alteración de la pared intestinal que lleva consigo la destrucción de enzimas que digieren la lactosa) y hace que se prolongue la diarrea.

El principal peligro de la diarrea es la deshidratación y puede ser mas rápida como mas pequeño es el niño sobretodo si tiene fiebre y vomita ya que pierde líquidos por la diarrea, los vómitos y la fiebre.

Signos de Deshidratación en Niños

  • Sequedad de boca y lengua con voracidad para el agua (sed)
  • Falta de lágrimas en el llanto
  • Disminución de las micciones. Pañales no humedecidos luego de 3 - 4 o más horas
  • Abdomen, ojos y mejillas hundidos
  • Fiebre alta
  • Apatía o irritabilidad
  • Piel que no se aplana al elevarla y soltarla: la piel está pastosa y al pellizcarla se queda marcado el pliegue
  • En los lactantes pequeños la fontanela (parte superior de la cabeza que no tiene hueso) está deprimida
  • El pulso puede ser rápido y débil y la piel estar fría (en deshidrataciones graves)

Para valorar cuanto se ha deshidratado un niño, la mejor forma de hacerlo es a través de la pérdida de peso que ha tenido desde el inicio de la diarrea, de manera que si un niño pequeño ha perdido menos de un 5 % de su peso tiene una deshidratación leve, si pierde de un 5 a un 10 % es moderada y si pierde más de un 10 % será una deshidratación severa.

Tratamiento de la Diarrea Aguda

Si has observado que tu bebé tiene diarrea estarás preocupado/a preguntándote qué tienes qué hacer. La diarrea en bebés, aunque no debe tomarse a la ligera, no suele suponer un problema muy grave, especialmente si es ligera y poco abundante.

El tratamiento se basa en estos puntos:

  1. Uso de una solución de rehidratación oral (SRO) para corregir la deshidratación las primeras horas (3-4)
  2. Continuar, siempre, la lactancia materna
  3. Realimentación precoz, con una dieta normal, cuando tolere los líquidos orales
  4. Prevención de la deshidratación posterior suplementando con líquidos, mientras dure la diarrea
  5. No medicación innecesaria

En el tratamiento de la diarrea aguda el primer objetivo ha de ser la prevención de la deshidratación o si ésta ya está instaurada impedir que progrese y buscar una rápida rehidratación. La rehidratación oral tiene una primera fase cuyo objetivo es reemplazar las pérdidas de agua y de sales que se han producido a través de los vómitos y diarreas y una segunda fase de mantenimiento, cuyo objetivo es cubrir las pérdidas anormales que se puedan seguir produciendo y reemplazar las normales que tiene el niño a través de la orina, sudor y respiración.

Ofreceremos SRO en pequeñas cantidades al inicio para ir aumentando cantidad y frecuencia según vaya tolerando. Si el niño vomita, deben esperarse unos diez minutos e intentarlo de nuevo, dándole de beber despacio, a pequeños sorbos.

Inmediatamente tras la rehidratación se debe prestar atención a la etapa de reparación nutricional a través de la alimentación variada sin restricciones y con abundantes líquidos.

Sales de Rehidratación Oral (SRO)

A través de numerosos ensayos clínicos con fórmulas de rehidratación oral, hoy sabemos que SRO son seguras para el tratamiento de la deshidratación en el curso de la diarrea.

En el mercado existen diversas marcas de SRO, dispuestas para su uso como preparado farmacéutico, las cuales contienen básicamente glucosa, sodio, potasio, cloruros y bicarbonato o citratos, que disueltas en agua (según las recomendaciones que indique el pediatra) son seguras para la rehidratación en nuestro medio. No deben ser indicadas bebidas carbonatadas (como coca-cola o gaseosas) o bebidas para deportistas, pues tienen proporciones inadecuadas de electrolitos y suelen ser hipertónicas con un alto contenido en carbohidratos.

Aunque las SRO son extremadamente efectivas en la restauración de líquidos y electrolitos, no ejercen efecto alguno sobre el volumen de las diarreas o la duración de las mismas. Es por este motivo que la realimentación juega un papel decisivo ya en las primeras etapas del tratamiento.

Realimentación

Actualmente existe suficiente evidencia científica a favor de mantener la alimentación durante los episodios de diarrea, pues la alimentación precoz promueve la recuperación de la mucosa más precozmente. Debemos «alimentar al intestino» en los episodios diarreicos, pues éste se nutre básicamente de los compuestos nutritivos del lumen ( los alimentos digeridos que transporta en su interior). La alimentación precoz está relacionada con la disminución de la enfermedad, aumento significativo de peso y mejoría del estado nutricional.

El niño pequeño con diarrea suele perder el apetito, por ello es importante ofrecerle frecuentemente pequeñas cantidades de comidas que le gusten.

No hay comidas que «corten la diarrea»; la dieta es para darle al niño alimentos que se digieren rápido y que lo alimenten hasta que la diarrea se cure (5 a 7 días).

En caso de que el bebé se alimente con lactancia materna, la lactancia nunca debe suspenderse ni por unas horas.

En los niños sin deshidratación no es necesario suspender la alimentación (estos niños suelen rechazar las SRO, señal de que no están deshidratados), aunque -si el niño es mayor y tiene dolor abdominal- es aconsejable un pequeño período de reposo digestivo.

No tiene ninguna base científica preparar las fórmulas adaptadas más diluidas, así que los biberones tienen que prepararse a la concentración habitual. Si observamos que la diarrea persiste más de una semana o diez días -especialmente cuando sea de inequívoco origen viral- podemos sospechar una intolerancia a la lactosa e indicar una fórmula exenta de lactosa durante unas semanas hasta recuperarse la mucosa intestinal.

La típica dieta astringente (arroz, manzana, plátano, patata…) está siendo cuestionada, ya que aunque inicialmente puede aumentar la consistencia de las deposiciones esta dieta es monótona y muchas veces no aceptada por los niños que dejan de comer.

Aunque no haya acuerdo respecto a los alimentos preferibles para la realimentación, la experiencia clínica basada en estudios clínicos controlados sugiere que los carbohidratos complejos (arroz, trigo, patatas, pan y cereales), carnes magras (pollo, pavo), yogur (especialmente si contienen lactobacilos vivos), frutas (manzana, plátano maduro) y algunos vegetales son bien tolerados.

Prevención de la Diarrea

Una vez más la respuesta es extremar las medidas de higiene. Lograr que todo el personal que cuide de los niños y toda la familia se lave las manos con agua y jabón antes de comer o preparar alimentos y después de ir al baño. No olvidar lavar las manos tanto del bebé (se suele tocar los genitales) como del adulto tras el cambio de pañal.

  • Tirar los pañales de los lactantes en un cubo con tapa.
  • Tapar la comida y el agua para beber a fin de protegerlos de los gérmenes.
  • Seguir siempre las indicaciones y pautas alimentarias aconsejadas por el pediatra a fin de evitar dietas inadecuadas, sobre todo en las primeras etapas de la vida.

Cólicos del Lactante

Unas pocas semanas después del nacimiento, muchos bebés sufren los llamados “cólicos del lactante”. El cólico del lactante es muy común en los primeros meses de vida. Los cólicos afectan hasta al 40% de los bebés de uno a cuatro meses de edad. Se manifiestan como crisis de llantos intensos, especialmente hacia las últimas horas de la tarde, acompañados de un abdomen hinchado y distendido.

Se desconocen exactamente las causas de los cólicos, pero se cree que son debidos a que los recién nacidos tienen dificultades para absorber la lactosa, por lo cual se producen muchos gases en el intestino. Así pues, los cólicos del lactante no son una enfermedad, sino una fase más en el desarrollo normal del bebé que remite espontáneamente.

Los lactantes durante los primeros cuatro meses de vida no absorben completamente la carga de lactosa contenida tanto en las fórmulas adaptadas como en la leche materna, y esto hace que se produzca gran cantidad de gas intestinal. Si tu bebé continúa comiendo, ganando peso y no presenta otros síntomas, no se esperan más complicaciones.

Los cólicos del lactante son una alteración caracterizada por crisis de llanto inconsolable que se produce en niños sanos. Motivo muy frecuente de consulta, puede afectar hasta un 40 por ciento de lactantes y supone angustia e impotencia en los padres del bebé. Comúnmente se define como un llanto incontrolable, paroxístico, sin causa identificable, mas frecuente a últimas horas de la tarde, en un lactante sano entre las dos semanas y los cuatro meses de edad. Suele acompañarse de rigidez, flexión de miembros inferiores sobre el abdomen y meteorismo.


Bebé sufriendo de cólicos.

Se han barajado varias posibles causas del cólico, pero más bien se trata de un síndrome que incluye un grupo de alteraciones. Los cólicos del lactante son considerados como un trastorno originado por dificultades de adaptación entre el medio interno y el externo, donde se cree que la microbiota intestinal juega un papel principal. Un bebé con cólicos es un bebé sano. Los cólicos del lactante son habituales y no conllevan riesgos de salud asociados. Normalmente los cólicos del lactante suelen desaparecer a los 3-4 meses sin necesidad de ningún tratamiento.

Tratamiento para los Cólicos

Intente no dejar que su hijo llore. Considere estas posibilidades y pruebe con cada una cinco minutos. Si no hay respuesta pase a otra:

  • Tiene hambre, quiere alimento. No alimentar al niño cada vez que llore, esperar de 2 a 3 horas entre cada toma.
  • No tiene hambre pero quiere succionar.
  • Quiere que le cojan en brazos. No es posible mimar demasiado a un lactante antes de los 4 meses.
  • Está aburrido, necesita estímulo.
  • Está cansado, necesita dormir.
  • Mecer al bebé en la cuna.
  • Darle un paseo en cochecito.
  • Baño tibio.

Puede serle útil colocar al niño erguido o tumbarlo boca abajo sobre el regazo o sobre una bolsa de agua caliente o una manta eléctrica.

Hay que intentar prevenir los ataques mejorando la técnica alimentaria, como el eructo, el entorno apacible, etc. El cólico no es el resultado de una mala crianza por lo que no hay motivo para sentirse culpable.

En niños con llanto inconsolable que no responden a ninguna medida, con deposiciones poco frecuentes, heces duras, explosivas, o gran esfuerzo con la defecación, puede introducirse en la dieta leche sin lactosa. También se han ensayado fármacos como: Diciclomina, Dimeticona o Simeticona.

Consulte con su pediatra antes de administrar cualquier medicamento o realizar cualquier cambio de leche. En casos EXTREMOS puede ingresarse al niño y cambiar únicamente la rutina alimentaria, proporcionando así un descanso a los padres.

No abandonar la lactancia materna ya que no es la causa de los cólicos. Si lo está alimentando con lactancia artificial, no cambie la fórmula a menos que el niño tenga diarrea o vómitos.

Asistencia para la Madre

En caso de lactancia materna, se aconseja a la madre no tomar café, bebidas a base de cola u otros estimulantes. Evite la fatiga y el agotamiento. Realice una siesta diaria si no descansa por la noche. Pida ayuda. Salga de casa para despejar la mente.

¿Cuándo Consultar al Pediatra?

Si tu bebé tiene diarrea y vómitos, deberás procurar ofrecer una buena hidratación para evitar que pierda demasiada agua y sales minerales. Es importante que el bebé tome pequeñas cantidades de líquido cada poco tiempo. El líquido que le des dependerá mucho del tiempo que tenga tu bebé. Si es menor de seis meses y estáis inmersos en la lactancia materna, ofrécele el pecho con más frecuencia.

Es muy importante que no le des a tu bebé ningún tipo de medicamento sin autorización del pediatra. Es posible que eso que te han recomendado agrave más la situación y una simple diarrea de uno o dos días se convierte en un caso más grave. Así que evita todos los medicamentos, y acude a tu pediatra para que te indique la solución más adecuada para tu bebé.

Evita estresarte o frustrarte en este proceso, ya que, de ser así, el bebé lo notará y la situación puede empeorar. Ármate de paciencia y espera a que las deposiciones dejen de ser líquidas, pero siempre bajo la supervisión del pediatra. Si tu bebé tiene poca diarrea le desaparecerá en uno o dos días.

No obstante, existen situaciones en las que hay que visitar al pediatra por la diarrea del lactante:

  • Si la diarrea dura más de 2 o 3 días.
  • Cuando hace muchas deposiciones al día y se acompañan de vómitos.
  • Si en las heces aparecen sangre, pus o mucosidad.
  • Si el bebé tiene fiebre.
  • Si el bebé rechaza completamente la alimentación y los líquidos.
  • Si el bebé tiene signos de deshidratación: sequedad de piel, boca y ojos (no hay lágrimas ni babea), está pálido, el pulso le va muy deprisa y orina poco.
  • Si se tienen dudas sobre el estado de salud del niño y cómo tratarlo.

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