Cólicos al Hacer Ejercicio: Causas y Prevención

Hacer deporte es una de las actividades más saludables que podemos hacer para proteger nuestro organismo. Sin embargo, es bastante habitual que, después de empezar a hacer ciertos ejercicios, especialmente aeróbicos, como es correr, aparezca un dolor punzante en el estómago que dificulte su realización.

De hecho, en muchos casos, es necesario parar y tomar aire antes de poder seguir debido a lo molesto que resulta. El flato, también llamado en algunos países como "vaso" o "dolor de caballo", es un dolor punzante que puede aparecer a los pocos minutos de empezar a realizar alguna actividad física.

Este dolor es más habitual cuando la actividad que se realiza es aeróbica, como puede ser correr, nadar, saltar o bailar. Se trata de un dolor que se suele situar en algún punto cercano al estómago, ya sea encima, debajo, a un lado o, incluso, en alguna parte superior cercana a las costillas.

El flato es un dolor bastante molesto que surge en estas ocasiones de forma bastante frecuente. A pesar de ello, todavía a día de hoy no existe un consenso entre los médicos a la hora de confirmar qué es lo que lo causa. No obstante, las principales teorías al respecto hacen referencia al diafragma, que podría verse sobrecargado al iniciar la actividad física y resentirse.

Existe una creencia muy extendida que dice que el flato sería el resultado de una especie de bolsa de aire que se coloca mal como consecuencia de respirar muy rápido al iniciar la actividad deportiva. Sin embargo, las teorías actuales afirman que esto no es verdad, al menos, en la explicación tan sencilla que da de este problema.

Al parecer, el flato surgiría como resultado de la inflamación de una parte del diafragma, que es el músculo que se encarga de expandir y contraer los pulmones para que entre y salga el aire de su interior y se pueda realizar la respiración de manera natural.

El problema surgiría cuando, debido al esfuerzo físico, el diafragma se resentiría, ya fuese por una actividad muy prolongada, por una actividad que se realiza de forma muy rápida, por la presencia de alimentos en el estómago, lo cual haría que se hinchase y presionase al diafragma o, incluso, debido a que se tragase aire y fuera al estómago, lo que también haría que este se hinchase y presionase al diafragma, lo que conllevaría la aparición del dolor abdominal al correr. De este modo, se puede afirmar que una bolsa de aire mal situada podría llegar a causar el flato o dolor de barriga al hacer ejercicio.

El flato, o dolor de barriga al correr, se considera más molesto que peligroso. Por lo general, este dolor remite por sí solo pasados unos pocos minutos y no deja efectos secundarios de ningún tipo. Únicamente, se podría considerar peligroso en el caso de que existiera un daño importante en el diafragma.

Sin embargo, en este caso, la aparición de este dolor sería más un síntoma de un daño previo que la causa de dicho daño, por lo que no se suele asociar con un peligro que requiera de asistencia sanitaria.

No obstante, cuando aparece dolor abdominal bajo al correr, lo más recomendable es reducir la velocidad de la marcha o detenerse si el dolor fuera muy intenso. Lo más común será que el flato o dolor de barriga desaparezca por sí solo a los pocos minutos, evidenciando que no supondría ningún problema más allá de una simple molestia.

La mejor forma de evitar el flato o dolor de barriga al correr pasa por una correcta prevención.

Sin embargo hasta un 20-50% de los corredores de larga distancia y triatletas y con mayor incidencia en las mujeres, padecen síntomas digestivos relacionados con el esfuerzo (4). Suelen ser transitorios y variables: náuseas, vómitos, pirosis, diarrea y sangrado gastrointestinal (5).

El sufrimiento gastrointestinal aumenta cuando la práctica deportiva se realiza en días de calor, sin entrenamiento previo y con una pobre hidratación (2).

La práctica de ejercicio intenso supone una situación de estrés para el tracto digestivo. La presencia de sangre oculta en heces, atribuida al sufrimiento de la mucosa intestinal por isquemia transitoria, es un hecho habitual en atletas tras la realización de una prueba de resistencia (10). En contraste con este signo, la hemorragia digestiva franca es un acontecimiento excepcional tras la realización de ejercicio.

La colitis isquémica es la forma más frecuente de isquemia intestinal y se produce como consecuencia de la pérdida transitoria del flujo vascular necesario para responder a las necesidades metabólicas del colon.

La enfermedad es más frecuente en pacientes mayores de 65 años y más cuando concurren otras patologías asociadas tales como hipertensión arterial o diabetes (11). Sin embargo, no es excepcional en pacientes jóvenes, en estos casos las causas predisponentes más frecuentes son el consumo de cocaína o de metanefrinas, la toma de fármacos psicotropos o estrógenos, los estados de hipercoagulabilidad, la drepanocitosis y el ejercicio físico extenuante (12).

Por lo general, los casos de colitis isquémica tras el ejercicio son reversibles y frecuentemente pasan desapercibidos, pero la forma de presentación puede ser grave y poner en peligro la vida del enfermo (13). El caso que presentamos pone de manifiesto la necesidad de incluir en el diagnóstico diferencial la colitis isquémica como causa de rectorragia aun en pacientes jóvenes.

Entre los militares, el propio combate es señalado por algunos autores como un factor de riesgo para la aparición de colitis isquémica post-esfuerzo (15).

En los últimos años estamos viendo un aumento del ejercicio físico, en ocasiones preocupante. Una obsesión por la mejora de la imagen corporal, o ritmos realmente competitivos en los deportistas amateur, que conlleva a la práctica de ejercicio inapropiado, desproporcionado, sin planificación y sin supervisión profesional. Esto puede llevar a consecuencias realmente graves pues puede desarrollar «Rabdomiólisis inducida por ejercicio«, o Rabdomiólisis de esfuerzo.

Es una patología que puede tener graves consecuencias, y sin embargo es fácil de prevenir. La rabdomiólisis es una enfermedad caracterizada por daño celular del músculo esquelético, donde se libera material tóxico intracelular hacia la circulación sistémica.

Es un síndrome que conduce a necrosis de las células del músculo esquelético por daño muscular y de la liberación del contenido celular al torrente sanguíneo. Podemos desarrollar una rabdomiólisis por ejercicio excesivo. El hecho de realizar un esfuerzo extremo en el entrenamiento puede ser el desencadenante de una rabdomiólisis. Todo ello provoca un daño a las células del músculo esquelético e influyen en la integridad de la membrana plasmática (sarcolema) y conducen a la liberación de material tóxico a la circulación sistémica.

El daño muscular provoca liberación de endotoxinas y citocinas en la circulación sistémica, que perpetúa la vasoconstricción, mientras que la mioglobina, que es liberada por las células musculares muertas, degrada el óxido nítrico, que es el vasodilatador endógeno más potente. Esto conduce a la vasoconstricción renal, isquemia renal y, posteriormente, la disminución de la producción de adenosina trifosfato debido a la disminución en el suministro de oxígeno en las células tubulares renales.

Debido a la lesión renal aguda, la disfunción endotelial y la inflamación local contribuyen al daño tisular e isquemia renal, que resultan en disfunción orgánica. En cuanto al desequilibrio electrolítico, la hiperpotasemia se agrava aún más por acidosis metabólica inducida por liberación de diversos ácidos orgánicos y disminución de las concentraciones de calcio.

El mecanismo subyacente se caracteriza por secuestro de líquidos en el músculo lesionado, induce depleción de volumen y la consiguiente activación del sistema nervioso simpático, hormona antidiurética y sistema renina-angiotensina, que favorecen la vasocontricción, retención de sal y de agua.

La triada clásica de síntomas incluye dolor muscular, debilidad y orina oscura. Las manifestaciones clínicas generales son: malestar general, fiebre, taquicardia, náusea y vómito. Podemos sentir rigidez, calambres, hinchazón, dolor en las articulaciones o fatiga, que podemos confuncir con agujetas tras una sesión de ejercicio intenso.

Pero la rabdomiólisis además, puede cursar con náuseas o vómitos, convulsiones, fiebre, y uno de los signos que mejor nos pueden ayudar a reconocerla es el color muy oscuro de nuestra orina.

Los músculos afectados con mayor frecuencia son los de la pantorrilla y la espalda baja. Los músculos pueden estar sensibles y aumentar su volumen, puede haber cambios en la piel que sugieren necrosis por presión, y dolor extremo; el dolor de las pantorrillas puede simular trombosis venosa y el de la espalda cólico renal.

Lo más importante es que acudamos a un centro médico. Allí nos realizarán una analítica, y determinarán si existen concentraciones elevadas de creatina fosfocinasa. Esto podrá confirmar si se trata o no de un caso de rabdomiólisis por esfuerzo. En caso afirmativo se trata al paciente eliminando lo más rápido posible la mioglobina de su torrente sanguíneo.

Para ello realizarán una rehidratación agresiva aportando gran cantidad de líquidos con electrolitos de forma intravenosa y tomando medicamentos diuréticos que ayuden a la evacuación. Este tratamiento puede ser eficaz en pacientes con una forma leve de la enfermedad. En pacientes con acidosis metabólica severa y disfunción renal relacionada con mioglobinuria se requerirá realizar diálisis.

Como hemos visto, la rabdomiólisis por ejercicio o de esfuerzo es una patología muy grave con fatales consecuencias, pero que podemos prevenir de manera sencilla.

El entrenamiento progresivo y con indicaciones dirigidas por profesionales son las mejores estrategias para prevenir la rabdomiólisis. De este modo evitaremos exponernos a entrenamientos extremos o para los que no estamos preparados.

Otra de las claves para mantenernos a salvo es cuidar nuestra hidratación antes, durante y después del entrenamiento. Una de las causas de la rabdomiólisis es exponer al cuerpo a temperaturas extremas. Pues la ausencia de adaptación al calor, sudoración profusa, falta de reposición hidroelectrolítica adecuada y temperatura ambiental elevada pueden dar lugar a la rabdomiólisis y a una de sus complicaciones más importante: INSUFICIENCIA RENAL AGUDA.

Desde Clínica Atlas, te recomendamos que te pongas en manos de un profesional cualificado, que entrenes con sentido común para mejorar tu salud, nunca para perjudicarla, y sobre todo, que disfrutes realizando tu deporte favorito.

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