Todo empezó como cualquier domingo. Su adolescente había salido el sábado, se levantó tarde y estuvo “con sus cosas” hasta la hora de comer. Y ahí, sentados a la mesa, su madre encontró a su adolescente con un chupetón en el cuello que no se esforzaba por ocultar. Sabía, claro, lo que eso significaba, pero ¿qué decir? ¿Cómo abordar la situación si descubres que tu hijo adolescente tiene un chupetón en el cuello?
Un chupetón no parece, en principio, algo grave (aunque puede tener riesgos para la salud), pero en términos educativos es el indicio de que tu adolescente está comenzando a tener sus primeras relaciones y, en algunos casos, puede significar también que no está lejos el día que comience a experimentar con el sexo.
Y eso significa que, si aún no lo has hecho, es el momento de hablar de “eso”…¿Por un simple chupetón? Sí, por un simple chupetón. Porque en educación, nada es tan simple (ni tan complicado, en realidad) como lo pintan.
Un chupetón, más allá de ser solo una marca física, puede convertirse en una oportunidad valiosa para conversar con un adolescente sobre afectividad, intimidad y respeto. Ya sabes que en Adolescencia positiva defendemos que en lugar de reaccionar con juicio o castigo, es posible usar cualquier momento o situación propia de esta etapa para hablar sobre el significado de los gestos físicos, la importancia del consentimiento mutuo y la responsabilidad que implica mostrar o recibir afecto.
Este tipo de diálogo puede abrir la puerta a reflexionar sobre cómo construir relaciones sanas, reconocer los propios límites y respetar los de los demás. De esa forma, lo que podría verse como un simple incidente se transforma en un espacio educativo y de confianza, donde se transmiten valores que acompañarán al adolescente en sus vínculos presentes y futuros.
¿Qué significa un chupetón en el cuello de tu adolescente?
Un chupetón, en principio, significa lo obvio: que tu adolescente está experimentando con los acercamientos íntimos. Es decir, que ha comenzado a tener una conducta más claramente sexual.
Y esto no quiere decir, ni mucho menos, que vaya a tener relaciones íntimas en poco tiempo; puede que sí y puede que no: depende de muchos otros factores, difíciles de enumerar. Por eso os interesa, a ti y a tu adolescente, conocer todas las implicaciones de los chupetones: las físicas y las sociales. Socialmente, para un adolescente, un chupetón puede ser muchas cosas (algunas inocentes y otras, no tanto).
¿Qué es un chupetón y cómo se hace?
Un chupetón es una marca rojiza o morada en la piel provocada por la succión y presión repetida en una zona blanda, como el cuello o el hombro. Esta acción rompe pequeños vasos sanguíneos llamados capilares, lo que hace que la sangre se acumule bajo la superficie y genere un moretón. Al principio la marca suele ser roja, pero con los días puede cambiar a tonos morados, azules o amarillentos hasta desaparecer.
Si nunca has visto cómo se hace un chupetón, te explicamos que se produce cuando una persona coloca sus labios sobre la piel, sella el área y aspira durante unos segundos, a veces combinando la presión con un ligero mordisqueo. Aunque por lo general es inofensivo, un chupetón puede resultar doloroso, permanecer visible durante varios días y, en casos raros, causar molestias mayores si se hace con mucha fuerza. Por eso, es importante que siempre se realice con consentimiento y cuidado.
Consejos Prácticos Para Hablar De Sexualidad Con Tu Hijo Adolescente | Dr. Denise Nunez
Los chupetones, desde el punto de vista médico
Desde un punto de vista médico, estrictamente físico, un chupetón es un hematoma, una hiperpigmentación de la piel en una zona donde la piel es particularmente vulnerable (el cuello, por lo general). Se producen cuando se rompen los capilares, los vasos sanguíneos más pequeños que tenemos, como consecuencia de un mordisco o de una succión excesiva. Se trata, exactamente, del mismo tipo de lesión que aparece cuando nos damos un golpe. En este sentido, hay algunas desventajas de los chupetones que quizá te gustaría conocer:
- Pueden ser dolorosos: Durante el encuentro sexual, la liberación de endorfinas disminuye la sensación de dolor, pero el chupetón no deja de ser una lesión, y no es raro que después resulte doloroso. Este es el “efecto secundario” más frecuente de los chupetones.
- Pueden ser foco de transmisión de algunas ETS: No es algo muy común, pero puede suceder: si la persona que realiza el chupetón tiene herpes oral en estado activo, el contacto continuado con la piel puede transmitirlo. Hay que recordar, además, que el herpes oral no siempre se manifiesta con lesiones en la zona, así que puede suceder sin que el transmisor lo sepa.
- Pueden dejar una marca permanente en la piel: En el caso de chupetones muy profundos y prolongados, puede quedar en la piel una marca indeleble, de por vida. Como decimos, es una consecuencia muy infrecuente, pero no está de más conocerla para convencer a nuestros adolescentes de realizar esta práctica con moderación.
- Pueden formar coágulos de consecuencias graves: Es rarísimo, y por tanto no es cuestión de alarmarse, pero hay varios casos documentados de personas que, tras recibir un chupetón, han experimentado el desplazamiento de un coágulo de sangre; hace años se conoció el de un adolescente mexicano que falleció por la embolia repentina que le provocó un coágulo (consecuencia de un chupetón) al llegar a su cerebro.
Los chupetones, desde el punto de vista social
Probablemente tu adolescente nunca haya escuchado hablar de las consecuencias físicas que pueden tener los chupetones, pero sí tendrá más conocimiento (consciente o inconsciente) de su “valor” social. Porque, socialmente, para un adolescente, un chupetón puede ser muchas cosas (algunas inocentes y otras, no tanto):
1. El chupetón como “medalla de guerra” adolescente
Ya sabemos que a esta edad la mirada del grupo de iguales es fundamental. Lucir un chupetón, para un adolescente, es un indicador de que se tiene una relación íntima con alguien y, por lo tanto, un signo de “ser mayor”, una marca de “estatus social”. Es la razón por la cual, aunque muchas veces resulten incómodos, muchos adolescentes no solo no tratan de rebajar la inflamación o aliviar el malestar, sino que muestran sus chupetones con orgullo.
2. El chupetón como “marca de territorio”
Pero el chupetón también puede ser un primer indicador de una relación abusiva, tóxica: una alarma que cualquier adolescente debería conocer. Porque sucede que en ocasiones el chupetón no es disfrutado por quien lo recibe, y simplemente se trata de una imposición de quien lo realiza, que siente de alguna manera la necesidad de marcar a la otra persona como si fuera de su propiedad (este territorio me pertenece”).
¿Cuánto dura un chupetón y cómo disimularlo?
Un chupetón suele durar entre 3 y 7 días, aunque en algunas personas puede prolongarse hasta 10, dependiendo de la intensidad, el tamaño y la facilidad con la que la piel se amorate. ¿Y dónde aprende de sexo un adolescente que no habla del tema en casa? Si tienes suerte, habrá otro adulto que lo haga por ti, con respeto y cuidado y, si no, aprenderá del porno o de adolescentes que saben tan poco como él.
Por eso, aunque te cueste, es fundamental que hables de sexo con tu adolescente. Y un chupetón puede ser una buena excusa para “tirar del hilo”, sobre todo si lo luce abiertamente, con orgullo de su “medalla” (si lo esconde, también es una buena excusa para iniciar la conversación, pero deberás hacerlo con más tacto).
Recuerda que siempre que hables de temas difíciles con tu adolescente, lo mejor es que vayas poco a poco, y que dejes la conversación si no responde, si se pone a la defensiva… Probablemente se quede pensando en ello y, con un poco de suerte, volverá a sacar el tema, o tú encontrarás otro momento para hacerlo.
Recuerda que tu adolescente siempre te escucha, aunque quiera demostrarte que no.
Qué decir a tu hijo adolescente cuando tiene un chupetón
En cualquier caso, aquí tienes algunas ideas para empezar a hablar del tema del chupetón:
- Habla siempre escuchando y sin juzgar: Este es uno de los principios más firmes. Y es que ser capaz de escuchar sin juzgar marca la diferencia entre que tu adolescente perciba lo que le dices como un sermón o una “bronca” o como una conversación de verdad, es decir, como un intercambio. Al principio puede resultar difícil si recibiste una educación autoritaria, pero con práctica se convertirá en tu mejor herramienta educativa.
- Cultiva su autoestima: Una autoestima sana es la mejor herencia que le puedes dejar a tu adolescente. Porque si tu adolescente se quiere bien, va a ser capaz, en sus relaciones afectivas y sexuales, de marcar límites saludables, protegiéndose de los abusos y entendiendo las relaciones como lo que deberían ser: un lugar de enriquecimiento e intercambio, y no un espacio donde alguien usa a otra persona.
- Háblale de consentimiento y de deseo: Se habla mucho de consentimiento en las relaciones sexuales, y está muy bien, pero quizá sea el momento de ir un paso más allá y comenzar a hablar de deseo, porque no es lo mismo consentir (acceder, decir que sí para satisfacer a otros) que desear. En cualquier caso, tu adolescente debe tener claro que debería parar (y exigir que otras personas paren) cualquier práctica sexual que no sea mutuamente deseada.
- No te olvides de mencionar el sexo seguro: Ahora que el SIDA ha dejado de ser esa epidemia mortal que fue en los años 90 y 2000, parece que la protección, en todos los grupos de edad, se ha rebajado, e incluso algunas ETS están repuntando. Para evitar embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual, es importante que hables de sexo seguro con tu adolescente.
- Proponle invitar a su pareja a casa: Tu adolescente va ganando territorios de libertad, y la mejor manera de supervisar sin caer en el intrusismo es rodearte de la gente que lo rodea. Así no solamente sabrás quiénes y cómo son, sino que le estarás mandando el mensaje de que aceptas y acoges esa nueva vida en la que tu papel está cambiando.
Cómo hablar con tu adolescente sobre afectividad y respeto
Hablar con un adolescente sobre afectividad y respeto requiere un equilibrio entre claridad, apertura y empatía, evitando los sermones y fomentando el diálogo. Lo ideal es crear un ambiente de confianza en el que tu hijo o hija sienta que puede preguntar o compartir sin miedo a juicios. Puedes comenzar por explicar que la afectividad no solo tiene que ver con el contacto físico o las relaciones románticas, sino también con la forma de expresar cariño, cuidado y apoyo en todas las relaciones humanas.
El respeto se transmite tanto con palabras como con ejemplo: escuchar al otro, reconocer sus límites, pedir consentimiento, y valorar sus sentimientos. Es útil hablar de temas como la importancia de poner y respetar límites, la diferencia entre afecto sano y manipulación, y cómo el consentimiento siempre debe ser libre, informado y entusiasta. Usar ejemplos cotidianos y situaciones reales -en redes sociales, amistades o pareja- ayuda a que el mensaje sea más tangible.
Lo más importante es que la conversación sea continua, no un único momento, y que tu adolescente perciba que la afectividad y el respeto son pilares para cualquier relación saludable.
Cuéntanos, ¿te has encontrado un chupetón en el cuello de tu adolescente?
