Chavela Vargas: Biografía, Vida Personal y Legado Musical

Chavela Vargas es una de esas mujeres que se dan una vez por siglo. Fue el gran ícono de la música mexicana y una figura que pasó por la vida despertando la admiración de unos y la sorpresa de otros.

Su voz y el sentimiento que le puso a cada una de sus interpretaciones son un legado valioso para la historia de la música.

Uno de los aspectos curiosos de Chavela Vargas, el ícono mexicano, es que ni se llamaba Chavela ni había nacido en México. Su verdadero nombre era María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano y había nacido en un pueblito llamado San Joaquín de Flores, en la provincia de Heredia (Costa Rica).

La cantante Chavela Vargas nació en México ya grande, en el año 1942, cuando se puso sus pantalones y su sarape o jorongo rojo, se calzó sus huaraches y empezó a cantar su desgarro, a decir sus canciones como solo ella podía hacerlo, por cabarets y cantinas. Lo de antes no había sido sino una larga huida hacia adelante, una lucha contra todo, contra el mundo.

Amiga de Frida Kahlo y de Diego Rivera, de Pablo Neruda, de Joaquín Sabina, de Pedro Almodóvar, Chavela representa el espíritu de una época que vio nacer el futuro a base de revoluciones, guitarras, adicciones y desamores.

Este libro recupera los momentos que forjaron la leyenda, y les da vida a través de las pinturas de la artista Irene Mala y de los textos de Salva F. Romero.

Siempre supuse que había conseguido hacer, con su vida, lo que le había venido en gana. Obviamente, detrás de esa Chavela ya impúdica y disfrutona había algo de infancia perdida, algo de búsqueda de lo que no se encuentra, mucho dolor y mucha música.

Chavela fue una mujer que vivió sin limitarse, queriendo beberse hasta la última gota de vida disponible. El precio a pagar por una vida apasionada, todos los sabemos, es alto. De la pasión nadie sale indemne. Nadie.

Chavela Vargas nació el 17 de abril de 1919, en Costa Rica. Creció siendo una niña triste. Su familia era excesivamente religiosa y llena de prejuicios.

Ella no era como otras niñas. En su apariencia había algo que no encajaba y por eso sus padres se avergonzaban de ella. Cuando llegaba una visita, le pedían que se escondiera.

Desde los 8 años comenzó a cantar y ya nunca dejaría de hacerlo. Chavela no jugaba con muñecas. Era retraída y solitaria. Sus padres se divorciaron cuando ella era aún muy joven.

Ninguno de ellos quiso hacerse cargo de la jovencita extraña que cantaba desde el alma. Por eso fue a vivir con unos tíos suyos y poco después enfermó de poliomielitis.

A los 17 años, harta del desamor, se marchó a México a buscar una nueva vida. Comenzó a cantar en centros nocturnos, vestida con tacones y perfectamente maquillada. Más adelante diría que se sentía “como un travesti” cuando lo hacía.

Así que bien pronto decidió cortarse el cabello, ponerse pantalones, que en ese entonces no eran usados por las mujeres, y echarse encima un poncho para cantar. Y claro, también se instaló un revólver al cinto, para que no se dudara del mensaje que quería transmitir.

En los primeros años del nuevo milenio, Chavela volvió a Costa Rica para reconciliarse con su pasado. Pero le fue muy mal.

Volvió diciendo que su hermana Ofelia quería controlarla, cayó enferma. Enfrentarse a los fantasmas del pasado fue muy duro para ella. Volver a su infancia, a esos años en los que fue tan maltratada e incomprendida, esa época amarga de rechazo y repudio, no le hizo bien.

Así que recogió sus bártulos y huyó de nuevo a México, donde desde 2007 vivió tranquila en su casa de Tepoztlán, al norte de Cuernavaca. Allí se dedicó a buscar la paz y a cultivar plantas curativas.

Inicios de su Carrera Musical

Comenzó su carrera musical de una forma relativamente tardía, a los 30 años. Desde el principio encantó con su voz rasgada, simulando a un hombre ebrio, y el minimalismo musical que la llevaba a cantar acompañada solamente por una guitarra.

Varios oficios precarios después, y gracias a unos contactos, Chavela llegó a relacionarse con un tal coronel Serrano, quien la envió con una recomendación a la emisora de la Lotería Nacional. Lo primero que allí le dijeron es que cantaba horrible. Ella, lejos de amilanarse, pidió un trabajo en la radio. Y lo consiguió.

Así fue como dio comienzo su carrera musical. En un momento dado se fue de gira con el compositor Pepe Guízar y, a medida que fue prosperando económicamente, se mudó a los mejores barrios de Ciudad de México.

En ellos empezó a codearse con la flor y nata de la farándula: el Indio Fernández, Pedro Infante, Pedro Armendáriz, o Frida Kahlo, a la que conoció en una de las fiestas que esta daba con Diego Rivera en la casa que compartían.

Cuando aquel sarao llegó a su fin, Frida pidió a Chavela que se quedara, pues vivía lejos, y ahí empezó una relación estrecha entre las dos (la cantante comentó luego que amaba a la de Coyoacán sobre todas las cosas, pero que se fue de su lado porque no quiso compartirla).

En otra ocasión, en una de las bodas de Elizabeth Taylor, Chavela se despertó una mañana junto a Ava Gardner.

Chavela empezó a cantar en las fiestas y a actuar en los cabarets, donde rompió moldes desde el principio. En El Quid le pidieron que apareciese con un vestido escotado y tacones, pero ella se dio cuenta rápidamente de que no se sentía a su gusto en esa piel.

Por eso mismo, para actuar en El Otro Refugio se puso un pantalón, una blusa y un poncho. Como no quería contratar mariachis, ni tampoco contaba con presupuesto para poder hacerlo, optó por cantar solo con guitarra. La pusieron a caer de un burro, claro.

En 1955, unos turistas norteamericanos que se sorprendieron al verla actuar en Acapulco le ofrecieron un contrato en el Blue Angel de Nueva York, donde pasaría unos meses.

La cantora, en la cima de su carrera musical, despertaba entonces pasiones con sus boleros rancheros y su carismática personalidad.

Amistades y Relaciones

José Alfredo Jiménez, el gran compositor e intérprete mexicano, quedó fascinado con su presencia escénica. Se volvieron amigos y “compañeros de parranda”. Con él hizo muchas giras y probablemente fue entonces cuando se aficionó decididamente al alcohol. Con él actuaba en clubs y cabarets, pero nunca en los grandes teatros.

Por esos tiempos conoció a la gran pintora Frida Kahlo, con quien, aparentemente, tuvo una relación sentimental. No fue su única amante. Sus devaneos sentimentales no fueron muy conocidos, porque casi todos transcurrieron en medio del secreto.

En Madrid, donde siempre se alojaba en la Residencia de Estudiantes, Chavela fue adoptada por la tribu de Pedro Almodóvar. El director manchego, de quien dijo que era su “único amor en la tierra”, le brindó una segunda juventud al poner sus canciones en sus películas y trabajar con ella en Kika (1993), La flor de mi secreto (1995) y Carne trémula (1997).

El Descenso a los Infiernos

El descenso a los infiernos de Chavela empezaría en 1973, tras la muerte de José Alfredo Jiménez, que le dejó un vacío enorme. Parece ser que descorchó varias botellas de tequila en el funeral del compositor y cantante mexicano.

Su enorme afición a la bebida llevó poco a poco a un hundimiento que duraría alrededor de dos décadas. Años de reclusión en casa (con su perro), fiestas interminables, accidentes de coche, viajes al Tíbet (donde fue expulsada de un monasterio en el que intentaba aprender a meditar, por su afición al alcohol), ruina económica y una relación sentimental con la abogada Alicia Elena Pérez Duarte (que también se convirtió en su representante).

Muchos pensaban que la artista había muerto de veras. Durante una visita a México, la cantante argentina Mercedes Sosa quiso dejar flores en su tumba. Pero Chavela no estaba muerta, solo estaba al borde del abismo.

Se sintió devastada con la muerte de José Alfredo Jiménez y esto la sumergió en su adicción al alcohol. Llegó a retirarse completamente de los escenarios y a vivir de la caridad de sus amigos y conocidos.

Dos amigas suyas le ayudaron a salir de ese foso y luego fue contratada para ir al que sería otro de los países entrañables para ella: España.

Y, de un día para otro, dejó el alcohol y el tabaco (después de que su novia le diera un ultimátum, según se cuenta en el documental de Netflix Chavela), y volvió a coger el micrófono.

El Regreso Triunfal

Su audiencia la redescubrió en 1991, cantando cada viernes en un antro gay al que acudía casi a modo de sesión de psicoterapia. Allí la encontró una noche el editor español Manuel Arroyo, que se enamoró de su nueva voz, más madura y más honda, y con el tiempo la llevaría a España, donde a Chavela le esperaba una resurrección artística.

En España, comenzó una nueva etapa de su vida, exitosa y feliz. Su ángel guardián y promotor fue el famoso cineasta Pedro Almodóvar. Él ha declarado que desde tiempo antes lloraba con las canciones de Chavela Vargas. Cuando la conoció personalmente, se hicieron íntimos amigos. Varios temas de la Vargas fueron empleados en sus películas.

España le dio una nueva proyección a su carrera y a su vida. Chavela Vargas fue una gran amiga de sus amigos y en España construyó amistades eternas. Joaquín Sabina, por ejemplo, o el propio Almodóvar y Miguel Bosé.

De México ya traía grandes amigos, como Gabriel García Márquez, con quien cenaba una vez al año, estuvieran donde estuvieran.

A los 80 años, Chavela se lanzó de un paracaídas. A los 90, todavía agotaba boleterías durante sus presentaciones. A los 94, la encontró la muerte, en su México amado, tras un tortuoso viaje a España en el que prácticamente se había despedido. Murió un domingo, como ella quería.

Su Legado

El 7 de agosto se reunieron un sinfín de personas en la Plaza Garibaldi y en el Bellas Artes, donde un grupo de mariachis la despidió cantando Que te vaya bonito.

La voz y la interpretación de Chavela Vargas no se parecen a ninguna otra de su género. Se hizo famosa en todo el mundo con la interpretación de “Piensa en mí”, para la película “Tacones lejanos”, pero a esas alturas ya traía toda una trayectoria y toda una historia tras de sí.

Chavela Vargas es una de esas mujeres que se dan una vez por siglo. Fue el gran ícono de la música mexicana y una figura que pasó por la vida despertando la admiración de unos y la sorpresa de otros.

Su voz y el sentimiento que le puso a cada una de sus interpretaciones son un legado valioso para la historia de la música.

Chavela Vargas es un canto desgarrado por la libertad. Una voz que no necesita más acompañamiento que una guitarra para llevar a su público hasta las lágrimas. Una figura indómita y adelantada a su época que nació en Costa Rica pero se hizo mexicana.

Que nació mujer y se hizo la más macha. Que lo perdió todo en el alcohol y en el dolor, pero que resurgió infinidad de veces. Es La Chamana que conmovió a José Alfredo. “Chavela, así con v, por joder”. La que conoció a todos y pagó como pocas la factura de la soledad.

La marimacha que silenció con sus gritos a una sociedad que la tundió con críticas y después se rindió ante su genio sin igual. Pero la de Chavela es una historia llena de claroscuros, un mito que ella supo forjar desde la adversidad.

El primero fue escribir su propio libro y contar su historia. Después, sacar Luna Grande, un homenaje a Federico García Lorca: su poeta y eterno confesor. También quería ir por última vez a España, incluso en el límite de su salud y teniendo que engañar a la muerte.

El cuarto deseo, el único que no pudo cumplir, fue sacar una versión personal de La Llorona, uno de los temas que consiguió hacer más suyos.

Cuando sus pulmones no dieron más, convaleciente en la cama de un hospital en la soleada ciudad de Cuernavaca, Chavela se quitó la máscara y recitó, según Cortina, sus últimas palabras: “Me voy con México en el corazón”. Su vida se apagó el 5 de agosto de 2012.

Documental Chavela Vargas en Canal+

Tabla Resumen de la Vida de Chavela Vargas

Aspecto Detalle
Nombre Completo María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano
Fecha de Nacimiento 17 de abril de 1919
Lugar de Nacimiento San Joaquín de Flores, Heredia, Costa Rica
Fallecimiento 5 de agosto de 2012, Cuernavaca, México
Nacionalidad Costarricense (de nacimiento), Mexicana (por adopción)
Género Musical Ranchera, Bolero
Influencias José Alfredo Jiménez, Frida Kahlo, Pedro Almodóvar

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