La película Estoy hecho un chaval, dirigida por Pedro Lazaga y protagonizada por Paco Martínez Soria, es una comedia que aborda temas como la jubilación, la paternidad tardía y la reinserción laboral. Estrenada en los últimos años de la década de los 70, la cinta refleja las dificultades que enfrentaba un hombre de avanzada edad al intentar reincorporarse al mercado laboral.
En esta divertida comedia, Paco Martínez Soria se pone en la piel de un hombre cabezón y paciente, que siempre consigue lo que quiere. La película está bien nutrida en cuanto a momentos cómicos se refiere.
Juan (Paco Martínez Soria) es un contable a punto de jubilarse. En el momento en el que ya puede colgar el sombrero se entera de que va a ser padre de nuevo, lo que le obliga a buscar un nuevo trabajo. Juan recibe la noticia de que va a ser padre otra vez, con 65 años, justo al mismo tiempo que le llega la jubilación de su trabajo de contable. Necesitado de dinero, intenta todo tipo de trabajos sin éxito. Entonces su esposa, una maniática del punto de cruz, le anima a que se dedique a este tipo de labores, que se venden muy bien en Alemania.
Esta temática, fácilmente extrapolable a la actualidad, mostraba la precariedad a la que se enfrentaba un sector de la población que, a pesar de su grado de experiencia y facilidad de adaptación, no conseguía un empleo.
Paco Martínez Soria en 1976.
El equipo detrás de la película
El prolífico director Pedro Lazaga y el comediógrafo Alfonso Paso unieron sus esfuerzos por cuarta vez en esta película, protagonizada por un Paco Martínez Soria en el ocaso de su carrera. El mismo Alfonso Paso escribió el guión de la película a partir de la adaptación de su obra de teatro ''Juan Jubilado''. Más preocupado por la cantidad que por la calidad, Paso llegó a tener en su haber más de 120 obras, muchas de las cuales fueron llevadas al cine. Como guionista, su mejor época la vivió colaborando con José Luis Diblidos en cintas como ''Felices Pascuas'' y ''Sierra maldita''.
Concebida en los últimos coletazos de la década de los 70, la cinta sacó a colación las dificultades que suponía para un hombre de avanzada edad su reinserción en el mercado laboral.
Paco Martínez Soria: Un fenómeno cinematográfico
Ya sexagenario, el actor Paco Martínez Soria se erigió como todo un fenómeno cinematográfico capaz de sortear cualquier frontera generacional y conectar con el público a través de películas que suponían un género en sí mismas. Y le fue bien, pero la fama no le llegaría hasta encarnar el papel de abuelo de todos los españoles en la gran pantalla. Acostumbró a recitar comedia encima de las tablas, desde los clásicos Molière y Lope de Vega hasta sus coetáneos teatrales. Convirtió la risa en su modo de vida profesional.
Adaptación de una obra escrita por Fernando Lázaro Carreter, el largometraje convirtió en estrella a un sesentón Martínez Soria. El intérprete, por su parte, alumbró una suerte de personaje que gozaría también de gran popularidad en filmes posteriores: el de pueblerino bonachón, ávido jugador del tute y experto bebedor en porrón que, en guerra contra la modernidad y la tecnología, vivirá desternillantes situaciones en la gran urbe.
Después de protagonizar numerosas astracanadas en el cine entre los años 60 y 70, la era de don Paco Martínez Soria en los carteles de cine llegó a su fin. No sin antes rodar una última comedia en la que podemos ver al actor cambiando la boina por la peluca: La tía de Carlos.
Una de las películas de Paco Martínez Soria que rompen en cierta manera con el papel campestre que tanta fama le había granjeado; eso sí, las salidas de corte zafio no se le quitaron en compañía de Isabel Garcés, rostro también vinculado a las comedias españolas de la época.
El realizador y guionista José Luis Sáenz de Heredia trabajó hasta en dos ocasiones con Paco Martínez Soria. Primero con ¡Se armó el belén! (1969) y después con la presente película. Ambas superaron el millón de espectadores y nos ofrecieron una buena ristra de caricaturescos fotogramas; principalmente en Don Erre que Erre. Y es que Rodrigo Quesada (nombre del personaje que encarna el turiasonense) lo mismo iniciaba un pleito judicial contra la más importante entidad bancaria del país que la armaba con el dependiente de una gasolinera que no disponía de cambio.
Uno de los nombres más prolíficos de las despectivamente denominadas ‘españoladas’, Mariano Ozores, no pudo resistirse a trabajar con Paco Martínez Soria. A los sesenta años, Mariano (personaje que interpreta Paco Martínez Soria) se casa para conseguir un heredero que se quede con la empresa. El hijo no llega, pero se entera de que tiene una hija de 18 años, fruto de una aventura juvenil. Reconozcámoslo.
Elenco y producción
La producción de Estoy hecho un chaval estuvo a cargo de Filmayer S.A. y Estudios Cinematográficos Roma S.A.
Otras películas de Paco Martínez Soria y Pedro Lazaga
El tándem Pedro Lazaga y Paco Martínez Soria fue sinónimo de éxito durante años en las salas de cine. Director y actor explotaron el modelo de hombre rústico, un tanto cateto pero de buen corazón, también en ¿Qué hacemos con los hijos? En este caso, el conflicto entre tradición y modernidad no se centra tanto en las diferencias entre pueblo y ciudad, sino más bien en el contraste entre las generaciones que habitaban en un mismo techo a finales de los sesenta. Con varias caras conocidas en el reparto (Lina Morgan, José Sazatornil y Alfredo Landa, entre otros nombres), Paco Martínez Soria interpreta a Antonio, un taxista que presume de sus hijos, aunque éstos sólo le traen disgustos: Juan está abrumado por las deudas, y Antoñito se niega a estudiar Derecho; la hermana mayor, Luisa, quiere cantar en clubes nocturnos, mientras que Paloma se promete con un guardia urbano. El padre deberá comprender primero la nueva realidad en la que se desenvuelven sus hijos para, a continuación, tratar de ayudarlos.
El director Pedro Lazaga retoma las disparidades existentes entre el campo y la ciudad en esta mezcla a todo color de La ciudad no es para mí y ¿Qué hacemos con los hijos? El problema de la despoblación, sambenito que nuestra sociedad arrastra desde entonces, queda patente en el inicio de la cinta, cuando las tres hijas del protagonista abandonan el pueblo para seguir formándose y progresar económicamente.
Esta falta de oportunidades en el ámbito rural, que propició el éxodo campesino de alrededor 3,1 millones de españoles en la década de los 60, ya fue abordado con comicidad en anteriores películas de Lazaga y Paco Martínez Soria, aunque en Abuelo made in Spain marca el inicio de la trama que obligará al aragonés a visitar nuevamente la ciudad. En esta ocasión, Paco Martínez Soria hace las veces de ovejero que se traslada a Madrid después de que una de sus tres hijas le animase por carta a acudir a la capital para conocer a sus nietos. Cuando el abuelo se presenta en la gran urbe, junto con su cordero, descubre que las tres hermanas no tienen trato entre ellas; y si bien han prosperado en ciertos aspectos, lo cierto es que sus vidas están patas arriba. Echando mano de toda su sabiduría y cabezonería, el pueblerino intentará reconducir la situación.
Sin duda alguna, la llegada de extranjeros a las costas españolas en busca de sol y playa supuso un auténtico choque cultural para las gentes del lugar. Este fenómeno magnético fue representado también por el cine patrio, siendo de nuevo la comedia el mejor hilo conductor de cuantas experiencias trajo consigo el turismo. El turismo es un gran invento se encuentra entre las películas más populares de las protagonizadas por Paco Martínez Soria, quien en esta ocasión tiene por compañía a José Luis López Vázquez para vender el ‘typical spanish’ en las salas de cine y llevar el bikini al interior peninsular. En este filme, sobre el turiasonense recae el papel de alcalde de un pueblo de Aragón que quiere convertir su localidad en una potencia turística.
La etiqueta de ‘paleto’ ha acompañado al personaje interpretado por Paco Martínez Soria en buena parte de sus películas. No obstante, han sido pocos los que han conseguido darle gato por liebre al pueblerino: no se le escapaba una. Esta sapiencia y picardía era vista con buenos ojos por las autoridades de la época, y bien recibida por el público que acudía a las salas de cine. Esta función didáctico-propagandística la plasmó el turiasonense con Severiano, un agricultor que vendió un melonar y se hizo millonario. Aún con tanto dinero debajo del colchón, lleva una vida modesta. Su hija, en cambio, está a punto de casarse con un miembro de la alta alcurnia, y le pide a su padre que aprenda protocolo.
