Casa Cuna Santa Cruz de Tenerife: Historia y Legado

Casa y cuna son dos palabras que evocan seguridad, protección, inicio de la vida, descubrimiento del mundo... Escribió Mario Benedetti que no debemos ser sectarios porque "la infancia a veces es un paraíso perdido, pero otras veces es un infierno de mierda."

Niños Robados Canarias BEBES ROBADOS

La historia de la Casa Cuna de Santa Cruz de Tenerife es un relato complejo, entrelazado con la beneficencia, la asistencia social y, lamentablemente, también con episodios oscuros de sustracción de menores.

Fachada del Museo de la Naturaleza y el Hombre, antiguo edificio de la Casa Cuna.

Orígenes y Fundación

Las obras comenzaron el 11 de febrero de 1746. Como los sacerdotes fallecieron al año siguiente, los trabajos pudieron continuar gracias a las aportaciones del obispo Juan Francisco Guillén, quién ayudó con su propio peculio; el coronel Juan Francisco Domingo de Franchi, quien puso la mitad de la renta de un solar; el cónsul de Francia, Francisco Casalón, que dejó 10.000 pesos en su testamento, etc.

El huésped más ilustre de esta institución fue el teniente general Antonio Benavides y Molina, natural de La Matanza de Acentejo, el cual, después de haberle salvado la vida al Rey Felipe V en la batalla de Villaviciosa, haber sido gobernador de la Florida, Veracruz y Yucatán, pasaría sus últimos años en este hospital, logrando del Rey importantes beneficios para el centro.

Infraestructura Inicial

Las instalaciones del Hospital fueron de lo más elemental y rudimentarias posible: dos salas para enfermos, con 15 camas para mujeres y 15 para hombres; enfermería; cocina y comedor. El Hospital poseía, barranco arriba, una serie de huertas en las que se cultivaban verduras y hortalizas para los acogidos (espacio que hoy ocupa el TEA). Lo último en terminarse fue la Capilla, gracias a la importante donación que hizo el obispo Guillén.

En esta capilla se encontraba el Cristo de las Tribulaciones, al que los enfermos le tenían gran devoción. A esta Imagen se le atribuye el milagro de curar de una grave enfermedad, en la primavera de 1795, a María Nicolasa Eduardo, esposa de don José de Carta, y el haber salvado a esta capital de una epidemia de cólera morbo, en 1893, motivo por el que también se le conoce como Señor de Santa Cruz.

Reconstrucción tras el Incendio

El 17 de marzo de 1888, un incendio destruyó toda la parte antigua del edificio, lográndose apagar gracias a la intervención de los marineros de dos buques franceses surtos en el puerto. Las obras de reconstrucción, dirigidas por el arquitecto municipal Manuel de Cámara, comenzaron rápidamente, gracias a las aportaciones de la Reina Regente, 3.000 pesetas; la Colonia Canaria de Montevideo, 10.000 pesetas; la Asociación Canaria de Beneficencia de la Habana, 3.757 pesetas; el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, 500 pesetas, etc.

Terminadas los trabajos, el 3 de noviembre de 1897, sobre el frontón de la fachada principal se instaló una imagen de bronce que representa La Caridad, donada por Santiago de la Rosa y León, inspector de establecimientos benéficos y presidente de la Diputación Provincial de Canarias, quién la había traído de París.

Siglo XX: Ampliación y Nuevos Servicios

Cuando, en 1914, todos los centros de beneficencia pasan a depender del Cabildo Insular de Tenerife, su consejero inspector, Patricio Estévanez, se dio cuenta de que el Hospital era insuficiente para la demanda existente, motivo por el que encargó al arquitecto Antonio Pintor un proyecto de ampliación, que sería aprobado en 1920.

En 1926 se instalan los servicios de Obstetricia y Ginecología, tres años más tarde los de Otorrinolaringología y, en 1949, el Dr. En 1961, el Cabildo Insular de Tenerife trajo la primera bomba de cobalto (Siemens), para la lucha contra el cáncer, y comienza a funcionar la Unidad de Telecobaltoterapia, siendo puesta en marcha por el Dr. Leocadio López, quien también trataba a los pacientes.

Como en Santa Cruz se fueron abriendo centros específicos para cada una de las patologías, en 1917, los enfermos psiquiátricos fueron llevados desde el Hospital al nuevo Sanatorio, impulsado por el benemérito doctor Juan Febles Campos. Curiosamente, el transporte de estos enfermos al nuevo manicomio se realizó en tranvía. En 1936, los niños y las niñas fueron trasladados al recién inaugurado Jardín Infantil de la Sagrada Familia, la Casa Cuna.

Cierre y Rehabilitación

La inauguración, en 1971, del Hospital General y Clínico de Tenerife, más tarde Hospital Universitario de Canarias, hizo innecesarias las dependencias del edificio del barrio del Cabo, ya de por sí bastantes desfasadas, hicieron que se cerrara definitivamente.

En 1994, después de haber permanecido cerrado y olvidado, el Cabildo Insular de Tenerife comenzó la rehabilitación integral del histórico edificio, adaptando sus espacios para Museo de la Naturaleza y el Hombre, siendo inaugurado por S.M.

La Casa Cuna como Institución de Beneficencia

Cuando la Diputación Provincial hizo entrega al Cabildo de Tenerife de los asilos y establecimientos benéficos, el 7 de enero de 1914, el Consejo Rector de la Corporación insular se planteó construir un edificio que pudiera albergar a estos niños huérfanos y desamparados que desde mediados del siglo XIX se venían acogiendo en pésimas condiciones higiénicas en la Cuna de Expósitos, Maternidad, y Casa de Huérfanos, instalada en el Hospital Civil de Santa Cruz de Tenerife.

Interior de la Casa Cuna.

Pero, no sería hasta 1933 cuando el Cabildo de Tenerife aprobó construir un centro dedicado a alojar a los niños huérfanos de la Isla, en el que hubiera espacios amplios y verdes.

El proyecto se llevó a cabo en un terreno de 13.349 metros cuadrados, donado por don Álvaro Rodríguez López, en la zona de Hoya Fría, donde había un salón para el empaquetado de plátanos, vivienda, gañanía, dos pequeños estanques, varias huertas y caminos anexos.

Donativos y Construcción

Las obras de adaptación necesarias para utilizarlo se realizarían con los numerosos donativos aportados por el pueblo de Tenerife, tanto en metálico como en materiales de construcción (bolsas de cemento, ladrillos, azulejos, etc.). Los niños y niñas serían trasladados a este nuevo emplazamiento el 16 de agosto de 1933.

Al año siguiente, el Cabildo Insular adquiriría los terrenos contiguos a los solares donados por don Álvaro, y encargaría el proyecto del Jardín Infantil de la Sagrada Familia al arquitecto José Enrique Marrero Regalado.

Las obras, adjudicadas a la Compañía de Construcciones Hidráulicas y Civiles SA, comenzarían en febrero del año 1938 y fueron articuladas en tres bloques: la casa de maternidad, el orfanato, y la iglesia. El acceso al complejo se realizaba a través de una avenida.

La grave situación económica, ocasionada por la posguerra española y el conflicto bélico internacional, unido a la sensible baja de la recaudación de los arbitrios insulares, daría lugar a que los trabajos se suspendieran en noviembre de 1942, reanudándose en 1944.

Equipamiento y Funcionamiento

Para la puesta en funcionamiento de la Casa Cuna se le dotó de mobiliario y enseres de cocina y se contrató una cocinera y una demandadera. Se instaló una estufa de desinfección con su correspondiente caldera generadora de vapor, un aparato de Rayos X para diagnóstico, etc. Curiosamente, el horno de pastelería que se instaló había pertenecido al Hotel Quisisana. Aprovechando la gañanía existente en la finca, se montó una vaquería, con la que suministraba leche fresca a la Casa Cuna y a los otros Establecimientos Insulares de Beneficencia.

La oficina de admisión del Establecimiento se encargaba de recoger a los recién nacidos y lactantes, mientras que la Corporación insular decretaba los ingresos de los mayores de 7 años. Las normas establecidas para obtener la condición de acogido eran la orfandad, la pobreza y el abandono de sus padres.

En la fachada principal se colocó “un torno” que permitía el “depósito anónimo” de los neonatos que por diversas circunstancias de la vida no podían ser cuidados por sus progenitores.

Las niñas podían permanecer en el Establecimiento hasta finalizar su educación y formación, mientras que los varones, al cumplir los 9 años, pasaban a las Escuelas Profesionales Salesianas, donde estudiaban y aprendían un oficio, becados por el Cabildo. En todo momento, los padres o encargados legítimos podían, mediante una comparecencia, reclamar y llevarse a sus hijos o tutelados.

En 1945, el Jardín Infantil de la Sagrada Familia contaba con todas las infraestructuras necesarias para lo que había sido creado: dormitorios, comedor-cocina, terrazas, estufa de desinfección, lavadero-secadero y aulas destinadas a la docencia, etc.

En 1970, los 500 niños y niñas estaban distribuidos en distintos pabellones. El destinado a los menores de seis años disponía de un dormitorio para lactantes, con capacidad para 85 camas y servicios sanitarios adyacentes; un dormitorio para niños de destete, con 100 camas y un solárium destinado a las sesiones de helioterapia, orientado al Naciente; un comedor, con capacidad para 130 chicos; dos amplias terrazas, patio de recreo, enfermería, despacho médico, ropero, etc.

El pabellón dedicado a albergar niños entre seis y 14 años tenía cuatro dormitorios, de 25 camas cada uno; cuarto ropero, escuela graduada, comedor grande con galería cubierta, dos campos de recreo y campo de fútbol, servicios sanitarios necesarios y un taller de zapatería.

Las dependencias para las niñas entre seis y 14 años contaban con dos dormitorios, con 100 camas cada uno; una sala escuela, con jardín y patio de recreo exterior; comedor con galería cubierta, con capacidad para 200 niñas; sala de costura, ropero y planchado y servicios sanitarios.

También las 13 hijas de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, encargadas del cuidado y la educación de los niños y niñas, disponían de un dormitorio, oratorio, enfermería, comedor, ropero y lavadero.

Se impartían la Enseñanza Primaria y el Bachillerato, los oficios de artesanía, telares, máquinas de punto, incrustaciones, marquetería y repujados; clases de pintura, música y gimnasia, las disciplinas de practicante, puericultura y taquimecanografía.

El Negocio de los Niños Robados

Álvaro Luis Martín podría haber escrito esa frase del escritor uruguayo. A los dos días de nacer fue entregado en una caja de cartón con sus iniciales en la Casa Cuna de Tenerife, dependiente del cabildo Insular y gestionada por religiosas católicas. Según consta en la denuncia que presentó ante la Fiscalía de Santa Cruz de Tenerife el 25 de agosto de 2011 "Este maltrato se prolongó durante años. Cuando creían que me portaba mal me metían desnudo en un congelador de carne vacuna, eso ocurrió cuando tenía siete años. Estuve media hora suplicando que por favor me sacaran de allí".

Liberia Hernández, que también estuvo en la Casa Cuna de Tenerife, recuerda que a las niñas que se orinaban les ponían sus bragas en la cabeza y les colgaban un cartel que ponía "meona" y las hacían pasear por el patio para que se burlaran de ellas los otros niños.

Liberia recuerda que para esas fiestas las vestían de punta en blanco. Cogían a media docena de niñas y las llevaban al despacho de Sor Juana y allí las enseñaban a matrimonios bien, militares o familias alemanas que les miraban el pelo (las preferían rubias), la dentadura o les levantaban la falda para asegurarse que las piernas no estaban torcidas. Si les gustaban cerraban el trato económico de la adopción con las monjas.

La historia de Álvaro y Liberia y otras miles similares comenzaba con la frase: "Nos encargamos de todo" que soltaba Sor Juana, Sor Pino, Sor María o alguna otra religiosa después de quedarse con el hijo de una mujer que normalmente era de clase baja.

Es el título elegido por el sociólogo Francisco González de Tena para el libro que recoge su investigación sobre los casos de niños robados a sus madres biológicas en España durante el franquismo y la transición política. Casos que ha investigado recogiendo testimonio de víctimas, familiares e intentando acceder (en muchos casos sin poder hacerlo) a archivos de Casas Cunas, hogares de auxilio social y otras instituciones.

González de Tena entregó su informe a Pablo de Greiff, relator de los Derechos Humanos para la ONU. Greiff reprochó al estado español su obstrucción a la justicia universal al no facilitar el esclarecimiento de estos hechos y permitir que la Iglesia católica siga impidiendo el acceso a las víctimas a los archivos en los que están sus datos personales. La Iglesia quiere mantener la impunidad de aquellas monjas y curas que traficaron con niños de pobres para dar alegría a militares, caciques y gerifaltes del régimen franquista que convirtieron instituciones con nombres tan bonitos como "Casa Cuna" en casas de los horrores en las que se torturaba, se abusaba sexualmente y se separaba a los niños de sus madres con mentiras.

El robo de menores en España comenzó, según la antropóloga Neus Roig en su libro No llores que vas a ser feliz, en el año 1938 como consecuencia de la represión ideológica ejercida durante la Guerra Civil y la primera posguerra hacia la mujer “roja” y sus descendientes. Una práctica dilatada en el tiempo que poco a poco dejó de ser una forma de presión para convertirse en una red de negocio en la que se vieron envueltas instituciones públicas, prestigiosas clínicas privadas y la Iglesia Católica.

Aunque es muy común catalogar el robo de bebés como una de las atrocidades que ocurrieron durante la dictadura franquista, lo cierto es que esta práctica perduró hasta bastante avanzada la democracia. Tanto es así que el último caso registrado data del año 2001 en la provincia de Huelva. Es decir, hace tan solo 19 años.

En Canarias, la trama de bebés robados tuvo una especial relevancia por la situación periférica de las Islas. Esta condición las convirtió en parte de un triángulo de distribución por la ventaja que concedía la lejanía geográfica al disminuir las posibilidades de que los menores se reencontraran con sus familias biológicas.

El Torno: Un Elemento Clave

¿Cómo podría producirse el robo de bebés en la Casa Cuna de Tenerife? Según varias fuentes personales, el factor que permitía que esto ocurriese radica en la forma en la que un menor podía llegar al hospicio.

En una primera opción, la madre biológica o algún familiar lo llevaba al hospicio alegando que no podía hacerse cargo de él pero manteniendo sus datos personales y orígenes y, por tanto, su identidad. Sin embargo, la segunda manera permitía desprenderse del menor a través del torno, una especie de puerta giratoria que comunicaba la edificación con el exterior y en la que cualquier persona podía dejar a una niña o un niño de manera anónima. Así, los menores que entraban a la Casa Cuna a través del torno lo hacían de forma anónima, sin identidad, y pasaban a adoptar un único apellido: Expósito.

Esta entrega anónima se podía producir de manera voluntaria y legal, pero en el contexto de las prácticas ilícitas de sustracción de menores, esta alternativa jugó un papel fundamental: El torno permitía justificar la llegada de un bebé a la Casa Cuna sin dar explicación alguna sobre su origen.

Modus Operandi

¿De dónde procedían los menores realmente? Esta pregunta se responde al conocer la vinculación directa que existía entre la Casa Cuna y el antiguo Hospital Civil, que estaban coordinados por el mismo personal.

Hospital Civil Nuestra Señora de Los Desamparados.

Según varias fuentes especializadas en el tema, el método a través del que se producía el robo de bebés en la Casa Cuna de Tenerife era muy similar al que se llevaba a cabo en otros centros, como la clínica San Ramón de Madrid. Esta era una conocida maternidad privada que perteneció al ya fallecido ginecólogo Eduardo Vela, quien fue el primer acusado por robo de menores en 2013.

Siguiendo este patrón que se repetía en hospitales, maternidades y centros de mujeres de toda España, en el Hospital Civil de Tenerife antes de que la criatura naciera ya había sido asignada a un matrimonio católico. Fuentes del Colectivo Sin Identidad, formado por mujeres y hombres que crecieron en la Casa Cuna, también afirmaron para RTVE haber visto cómo los militares de origen alemán venían a por niños rubios de ojos azules o cómo desde Argentina venían a por niños morenos.

Patio de la antigua Casa Cuna de Tenerife.

Aunque no existía una tarifa establecida, estas familias adoptantes ilegales pagaban por el recién nacido una compensación económica que podía ir desde las 200.000 pesetas hasta superar el millón de pesetas, dependiendo de la capacidad económica de la familia y de las características del bebé, siendo los más caros los de ojos claros y pelo rubio. También en algunas ocasiones se entregaban los menores como un regalo u obsequio a militares, familias “de bien” y, durante el franquismo, a aquellas que fueran relevantes para el Régimen.

El perfil de madre biológica susceptible de ser víctima de una sustracción ilegal eran mujeres jóvenes, a menudo solteras, que hubieran acudido solas a dar a luz y pudieran considerarse vulnerables. Tras el parto, una enfermera se llevaba al neonato y luego le comunicaban a la madre que el bebé había nacido muerto o que había fallecido durante sus primeros momentos de vida a causa de una complicación o deformidad. Esta noticia iba acompañada de una recomendación: “mejor no veas el cuerpo, no te hará ningún bien. Nosotros nos encargamos de todo”. En el caso de que la madre insistiera en verlo, les enseñaban un cuerpo embalsamado y luego les entregaban una caja vacía. Así, las mismas monjas que habían asistido el parto trasladaban a los bebés recién nacidos a la Casa Cuna sin levantar sospechas.

Fecha pediátrica de la Casa Cuna aparentemente irregular, año 1955.

Según los testimonios de varias personas que sospechan haber sido robadas en este centro, al comparar sus expedientes han comprobado que parecen rellenados el mismo día, con el mismo bolígrafo y por la misma persona. Esto les hace pensar que estos informes no se rellenaron a lo largo de la estancia, sino que se realizaron de manera ficticia para entregarlos a los adoptantes. Otra curiosidad es que los nombres de los testigos y del secretario del Registro Civil que hacían las partidas de nacimiento son siempre los mismos, indiferentemente del año de registro.

Situación Legal Actual

Las familias víctimas de estas sustracciones ilegales de recién nacidos han encontrado durante sus búsquedas serias dificultades, por lo que denuncian la ausencia de respaldo jurídico. Hasta ahora, lo que se conoce sobre estas prácticas en la Casa Cuna parte de las investigaciones llevadas a cabo por las propias personas afectadas a través de asociaciones o de los testimonios de las personas involucradas en estas adopciones irregulares, como padres adoptivos ilegales o incluso las monjas que trabajaban allí.

Una de las principales dificultades a las que se enfrentan quienes denuncian es el archivo inmediato de su caso por falta de pruebas. Para intentar traspasar esta barrera tendrían que contratar a un abogado que interponga una querella e investigue el caso. Una alta inversión que muchas personas no se pueden permitir y provoca que terminen abandonando esta vía.

Ante esta situación de desprotección, los colectivos como SOS Bebés Robados y Sin Identidad reclaman una legislación específica que proporcione las herramientas necesarias para la búsqueda, como un banco de ADN nacional y la apertura de los archivos privados de la Iglesia Católica.

Extracto de la ley de bebés robados en Canarias.

En 2018 se aprobó la Ley de menores robados en Canarias, aunque no en su versión original. Esta legislación situó a Canarias como pionera, al ser la única ley nacional sobre bebés robados. Sin embargo, la ley impulsada por Manuel Marrero, diputado de Podemos Canarias, se quedó corta.

A pesar de que el primer borrador sí cumplía con las expectativas de las personas afectadas, la Ley tuvo que reducirse porque su primera versión era demasiado ambiciosa y chocaba con competencias estatales. Finalmente solo se pudieron mantener algunos aspectos, como la creación de un banco de ADN canario y una base de datos.

Entre las principales razones, se encuentra la crisis sanitaria provocada por la Covid 19, que ha requerido toda la atención política los últimos meses. Asimismo, la ley tampoco ha recibido hasta el momento ninguna inversión económica de los Presupuestos Generales ni en los Autonómicos.

Ante este panorama, las personas que sufrieron de una manera u otra las consecuencias de la trama de bebés robados en Canarias prefieren buscar respuestas por su cuenta. Con ayuda de asociaciones como SOS Bebés Robados Canarias investigan sus partidas de bautismo, de nacimiento, inscripciones en el registro civil. Así, aumentan las posibilidades de conseguir una pista que les acerque a sus orígenes y les devuelva sus vidas robadas.

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