Cuando un hijo adolescente confiesa a sus padres que quiere dejar los estudios, se les viene el mundo encima. Lo cierto es que, según las cifras oficiales, el abandono educativo ha descendido de forma progresiva en los últimos años, pero el porcentaje todavía es importante, más si te afecta directamente. En este artículo, exploraremos consejos para afrontar que un hijo adolescente quiera dejar de estudiar y cómo hacerle cambiar de opinión sin montar un drama.
La Realidad del Abandono Educativo
La Encuesta de Población Activa, cuyos datos publicó el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deporte en enero pasado, concluye que en 2024 el abandono educativo temprano descendió al 13 %, con 0,7 puntos menos que el ejercicio anterior que estaba en 13,7 %, marcando una tasa a la baja que se ha rebajado en cinco puntos desde 2018.
El hecho de que el dato vaya disminuyendo es esperanzador, aunque todavía es muy elevado, pues implica que existe un 13 % de personas de 18 a 24 años que no ha completado la educación secundaria de segunda etapa (FP de Grado Medio, Básica o Bachillerato) y que no ha seguido ningún tipo de formación en las cuatro semanas anteriores. España es el segundo país con mayor abandono escolar de la Unión Europea, por detrás de Rumanía, y queda un trabajo ingente por hacer para seguir rebajando el dato hasta el objetivo propuesto en Europa que es del 9 % para 2030, donde actualmente la media se sitúa en el 9,6 %.
Otros datos relevantes que acompañan este escenario es que “la probabilidad de que un joven abandone sus estudios es 14 veces mayor cuando su madre solo ha completado la educación primaria en comparación con aquellos cuya madre tiene estudios superiores (2,4 %)”. Por otro lado, los estudiantes varones como los jóvenes de origen inmigrante muestran los datos más altos de abandono de toda la población de 18 a 24 años.
Unos padres que se tienen que enfrentar a que su hijo no quiera seguir ampliando su formación deben ser conocedores de que si no completa la educación secundaria superior tendrá mayores problemas para encontrar un trabajo bien remunerado, se enfrenta a participar menos en sociedad e incluso asciende su riesgo de exclusión. En realidad, cuesta convencerle de que la educación es lo que le va a permitir ser más autónomo y libre y le va a dotar de conocimiento para elegir y para ser capaz de desarrollar su propio espíritu crítico.
Además, ese discurso de los padres resulta demasiado espeso para un joven cuyos pensamientos, que están en otro sitio, le impiden ver el futuro como se lo pintan. Puede que solo piense en divertirse o al contrario esté perdido, se sienta solo y hasta haya caído en una depresión. Los expertos recomiendan que como padres, ante uno de estos escenarios que seguro desconocen, en primer lugar hay que aprender a escuchar de forma activa a su hijo.
De la misma forma se aconseja ir de la mano del colegio coordinándose con su tutor y el orientador para lograr revertir esa decisión de abandonar los estudios con una planificación individualizada. Aunque los datos sitúen la tasa del 13 % en España en la población de entre 18 y 24 años, ya a los 14 años hay adolescentes que empiezan a tener la intención de dejar el instituto.
La propia condición de adolescente viene asociada con una naturaleza rebelde y la necesidad de oponerse a la familia y al sistema en su conjunto. Por otro lado, la temida frase “quiero dejar de estudiar” siempre tiene un trasfondo que conviene conocer porque el joven suele necesitar ayuda para superarlo.
Lo habitual es que sea una consecuencia de la desmotivación, de la falta de expectativas y de un futuro poco claro, de una baja autoestima, de dificultades para relacionarse con sus iguales, con sus padres o con sus hermanos, de una desestructuración familiar, de la pérdida de un ser querido e incluso problemas relacionados con el aprendizaje o de salud mental. Para averiguar dónde está el motivo y cuáles son las causas es imprescindible tener una relación saludable entre padres e hijos y conversar.
Tres formas de hablar con tus hijos adolescentes. Antonio Ríos, médico psicoterapeuta
Sin embargo, es probable que se haya enfriado tanto que esté muy lejos de caracterizarse por un diálogo tranquilo y sosegado. El adolescente ya llevará un tiempo arrastrando un suspenso tras otro, culpando a los profesores de sus notas y mostrándose indiferente a las charlas y a los castigos de sus padres.
Cabe destacar que convencer a un hijo de que vuelva a estudiar o de que sus notas repunten es una tarea que requiere de una alta dosis de paciencia, de constancia y de confianza, en concordancia con el centro de estudios y cuyos resultados empiezan a vislumbrarse a largo plazo. En realidad todo se basa en lograr que padres e hijos vuelvan a relacionarse, a llevarse bien y a ser capaces de hablar no solo de las notas sino de todo en general: de gustos, de aficiones, de música, de los amigos…
Que las notas sean el único motivo de conversación es como si los adultos estuvieran las 24 horas del día hablando del trabajo y de sus logros laborales. Por ello, también hay que darle espacio al tiempo de descanso y de ocio, confiar más y controlar menos. El objetivo es que las dudas del adolescente se transformen en convicciones y que la desmotivación para estudiar deje paso a un plan de acción estructurado que le permita recuperar la senda correcta en el colegio, la confianza de sus profesores y verse capaz de remontar.
Los adolescentes no conocen y olvidan el valor de las notas, que en realidad por sí solas son insignificantes porque lo importante es ser consciente del valor del esfuerzo diario plagado de responsabilidad y de autonomía. A su vez es hora de diagnosticar y de tratar después cualquier problema relacionado con el aprendizaje si lo hubiera. Estas dificultades pueden haber pasado desapercibidas pero ya en secundaria quedan patentes.
Para ello también es necesario coordinarse con el colegio y con su departamento de orientación educativa. Puede que tan solo se trata de unos malos hábitos de estudio o de falta de autonomía y de compromiso. Todo ello da lugar a malos resultados lo que a su vez provoca desmotivación. También puede haber dificultades con alguna asignatura en concreto que al final acaba afectando a las demás.
Otro escenario es que la decisión de abandonar los estudios la cause un problema psicológico debido a dificultades económicas en casa, el divorcio de los padres, la pérdida de un ser querido, dificultades para sentirse que forma parte de su grupo de amigos, malas influencias o incluso acoso o bullying.
Cuando se conoce el fondo real del problema no es que sea fácil solucionarlo, pero sí es posible plantear cómo hacerlo y ponerse manos a la obra. Para ello primero es necesario hablar y escuchar buscando un momento tranquilo sin invadir el espacio del adolescente y sin interrogar, demostrando que tiene todo el apoyo de sus padres y de que se interesan por todas las facetas de su vida y no solo por las notas.
Después hay que ayudar a plantear soluciones, dejando primero que trace el camino a su manera a través de sus propias decisiones y en caso de no haberse resuelto el problema buscar otras alternativas donde las riendas las lleven los padres.
Por otra parte, se debe tener claro que igual que es una necesidad dedicar horas al estudio también es imprescindible distraerse con actividades de ocio, con los amigos o con el deporte. Por último, conviene trazar juntos un plan de futuro que llame su atención en función de sus gustos y de sus intereses y que le ayude a recuperar el interés por los estudios.
La falta de ganas de estudiar en niños y adolescentes es un problema común al que se enfrentan muchos padres y madres. Tú también fuiste adolescente y experimentaste en tu propia carne lo tedioso que puede llegar a ser ir al colegio y hacer tareas. Por esto, antes de alarmarte, debes empatizar con tu hijo y tratar de entender sus comportamientos.
Si tu hijo no quiere estudiar, hay unas razones específicas que debes conocer para poder ayudarle a encontrar de nuevo la motivación y el entusiasmo por aprender. A continuación, te explicaremos las posibles causas de su desgano y te mostraremos qué puedes hacer para ayudarle.
¿Qué puedo hacer si mi hijo no quiere estudiar?
Si te estás enfrentando al problema de que tu hijo no quiere estudiar, es muy probable que tu primera reacción haya sido culparle y reñirle, porque prefiere hacer otras actividades antes que sus tareas. Esto es comprensible, como padre tu tarea es preocuparte por el futuro académico y profesional de tu hijo, pero es importante que veas todo el panorama y entiendas que son muchos los factores los que pueden estar influyendo en el desgano de tu hijo para estudiar.
Lo primero que debes hacer es mantener la calma y estudiar la situación con cabeza fría. Puede que tu hijo esté pasando por una fase que será pasajera o que la causa se pueda intervenir fácilmente para solucionar el problema. A veces tu hijo sólo necesita tiempo para adaptarse a su entorno si está experimentando cambios. Además, debes tener en cuenta que este problema no es solo responsabilidad de tu hijo, la familia, los padres y los profesores son figuras que influyen en su comportamiento. Esto sumado a que cada ser humano es diferente y tiene características que lo hacen único.
A continuación, te vamos a explicar las principales razones por las que tu hijo podría no querer estudiar.
¿Por qué mi hijo no quiere estudiar?
- Falta de motivación: Es muy frecuente que con la llegada de la adolescencia notes cambios en tu hijo. Así, niños que solían ser responsables y aplicados en el estudio cambian de conducta y pierden la motivación.
- Problemas familiares: Situaciones como discusiones, violencia, enfermedades, falta de comunicación y comprensión, entre otras, son factores que pueden influenciar el desgano de tu hijo por estudiar.
- Dificultades en las asignaturas: Puede ser que tu hijo esté teniendo problemas a la hora de entender alguna asignatura específica, sin necesidad de que tenga algún problema cognitivo o de aprendizaje.
- Baja autoestima: La adolescencia es la etapa en la que se presentan las mayores frustraciones e inseguridades en un ser humano, esto sumado a problemas para comprender un tema o una asignatura pueden afectar el rendimiento académico de tu hijo.
- Bullying: El acoso escolar es cada vez un fenómeno más común y se da por parte de alumnos y profesores. Si tu hijo está enfrentando este tipo de violencia, puede estar experimentando tristeza y miedo.
¿Cómo hacer que mi hijo quiera estudiar?
Ahora que tienes claro cuáles pueden ser las razones de que tu hijo no quiera estudiar, te vamos a mostrar las acciones que puedes tomar para remediar la situación.
- Habla con tu hijo y escúchalo: Sabemos que en ocasiones puede ser muy complicado entablar una conversación con tu hijo, por eso al intentarlo debes ser paciente y construir un espacio seguro en el que tu hijo pueda expresarse sin que ninguno de los dos pierda la calma.
- Busca el origen del problema: En este punto lo que debes tratar de hacer es comprender el panorama completo de la vida de tu hijo, tanto en el aspecto personal, como social y académico. Empieza por indagar y descubrir si el problema de tu hijo está causado por alguna de las razones que expusimos, para esto puede ser útil hablar también con sus profesores.
- Sé más flexible con tus hijos y dales espacio: Si tu hijo tiene algún interés o pasatiempo como un deporte, música o baile es importante que le permitas el espacio para desarrollar sus aficiones, siempre y cuando se comprometa a cumplir con sus obligaciones académicas.
- Hablad sobre el futuro: Una buena forma de motivarlo en su estudio es hablar con tu hijo sobre sus planes para el futuro y ayudarlo en su búsqueda de información y alternativas. Mostrarle a tu hijo la importancia de que se fije objetivos a corto y largo plazo es una manera de incentivarlo a que piense sobre lo que debe hacer para lograrlos.
Libera a tu hijo de la ansiedad que le puede generar la presión de tus expectativas.
El Dilema de la Elección Profesional
¿Ciencias o letras? ¿Bachillerato o estudios técnicos? ¿Formación profesional o universitaria? Hacia los 15 años llega una decisión importante para el futuro de los adolescentes, los primeros pasos en el camino de su itinerario profesional. Y, demasiado a menudo, las respuestas son “no sé” o, en el peor de los casos, “no me importa”. No saber qué se quiere estudiar no es, como muchos padres y educadores piensan, una cuestión de madurez.
En la elección de estudios intervienen muchos factores, no solo personales: familiares y sociales, fundamentalmente. Esto tampoco significa, en absoluto, que los adolescentes no estén preparados intelectualmente para tomar esta decisión. De hecho, las características cerebrales de la adolescencia nos indican todo lo contrario: el reajuste neuronal de esta etapa, unido a la toma de riesgos, la atracción por lo nuevo y la capacidad de crear hábitos mentales hacen de la adolescencia el momento más indicado para trazar un primer plan de vida y comprometerse con él.
Y sí, es posible ayudar a tu hijo o a tu hija a construir un plan de futuro adecuado a sus pasiones y a sus capacidades, y a esforzarse por alcanzarlo. No debemos pintar la elección de un proyecto profesional como un compromiso cerrado de futuro.
¿Por qué los adolescentes no saben qué es lo que quieren hacer en la vida?
La sociedad nos dice a menudo que los adolescentes son unos pasotas, que no les interesa nada, que son vagos, que no se esfuerzan, que… Es solo una, pero muy importante: ellas tienen un plan. Un objetivo. Y van a por él. Pero ¿por qué hay tantos adolescentes confundidos a la hora de elegir su orientación profesional? Las razones son varias:
- El miedo a equivocarse: A veces pintamos la elección de un proyecto profesional como un compromiso cerrado de futuro.
- El temor a enfrentarse a los padres: Los padres y las madres tienen unas expectativas bastante claras sobre lo que, a su juicio, deberían estudiar los hijos, y suelen orientarlos hacia las profesiones tradicionales en la familia, hacia aquellas con prestigio social…
- La falta de información: Nuestros adolescentes no saben cómo se construye un itinerario profesional. Es cierto que no pocos centros educativos organizan jornadas de información, pero éstas se limitan en muchas ocasiones a los estudios universitarios, y es raro que incluyan la voz de profesionales con experiencia.
El Papel de los Padres en la Construcción del Proyecto de Vida
Lo responsable es, por tanto, asumir que los hijos necesitan orientación profesional, pero procurando no condicionar, ni con lo que se dice ni con lo que se da a entender. La actitud debe ser apoyar en lugar de actuar; es decir, mostrar interés y sostener los planes académicos de tus hijos, transmitiéndoles la idea de que se cree en su capacidad para tomar una decisión consciente sobre su propio futuro.
Algunas pautas que te pueden ayudar:
- Transmítele unas adecuadas expectativas de éxito: Si tu adolescente sabe que el éxito no es estudiar una carrera en concreto, sino tener una serie de valores, probablemente sentirá menos presión cuando trace su propio proyecto personal.
- Muéstrale confianza: Si quieres que tu adolescente se convierta en una persona con seguridad en sí misma, entonces debes demostrarle que sus decisiones cuentan. Anímale a que decida en todo aquello que no implique un riesgo o la ruptura de los límites familiares.
¿Cómo ayudar a un hijo adolescente en su orientación profesional?
Un adolescente que confía en su capacidad de elegir será un adolescente con menos dificultades a la hora de trazar su itinerario profesional. Con todo, la labor de ayuda y acompañamiento de los padres y del centro escolar seguirá siendo clave.
La mejor manera de acompañar a tu hijo o hija adolescente en su elección de estudios es:
- Olvida tus propias expectativas: Muchas veces, ya lo hemos dicho, las madres y padres proyectamos sobre los hijos una idea de su futuro profesional que es nuestra, no de ellos.
- Conversa mucho con él sobre vocación: No esperes a que sea el momento de elegir: habla con tu hijo o hija de lo que le gusta, de cómo sus intereses podrían cristalizar en una carrera profesional…Y, sobre todo, escúchale mucho.
- No añadas miedo a su miedo: Intenta que vea su elección profesional más como un camino, como un objetivo, que como una carga.
- Ayúdale a conocerse mejor: Para que tu adolescente sepa de verdad qué le gusta, debes ayudarle a descubrirlo sin prejuicios, dejando todas las posibilidades abiertas.
- Fomenta su creatividad: Se trata de explorar las posibilidades hasta dar con aquella que se adapta mejor a las capacidades y pasiones de tu adolescente, de establecer una serie de pasos y de ser capaz, también, de modificarlos si en algún momento los planes no salen como se esperaba.
Los adolescentes que tienen un proyecto de vida son personas más centradas, más capaces de comprometerse con sus propios sueños, más luchadoras y flexibles.
Estrategias Adicionales para Motivar a Estudiar
Motivar a un adolescente a estudiar puede ser un reto para muchos padres y educadores. Los adolescentes suelen tener muchos intereses y distracciones, por lo que a veces es difícil hacerles ver la importancia del estudio. En primer lugar, es importante tener una buena comunicación con los adolescentes, escuchar sus inquietudes y preocupaciones, y establecer una relación de confianza.
Por otro lado, es fundamental que los adolescentes sientan que su esfuerzo y dedicación son valorados y reconocidos. Es importante destacar sus logros y animarlos a seguir mejorando. Otra estrategia efectiva es encontrar maneras de hacer que el estudio sea más interesante y atractivo para los adolescentes.
Tabla de Consejos para Padres con Hijos Desmotivados
| Acción | Descripción |
|---|---|
| Comunicación Abierta | Fomenta un diálogo honesto y sin juicios. |
| Empatía | Intenta comprender las razones detrás de su desmotivación. |
| Establecer Metas | Ayuda a definir objetivos realistas y alcanzables. |
| Apoyo Emocional | Brinda aliento y comprensión en momentos difíciles. |
| Recompensas | Reconoce y celebra sus logros, por pequeños que sean. |
En conclusión, si un adolescente quiere dejar de estudiar, es importante tomar medidas para motivarlo a continuar su educación. Motivar a un adolescente desmotivado puede parecer una tarea difícil, pero hay varias estrategias que pueden ayudar a lograrlo. En primer lugar, es importante tratar de entender la causa de la desmotivación, ya que esto puede ayudar a abordar el problema de manera efectiva.
Una vez que se entiende la causa de la desmotivación, se pueden utilizar diferentes técnicas para motivar al adolescente. Por ejemplo, fijar objetivos realistas y alcanzables puede ser útil para motivar a un adolescente desmotivado. Otra forma de motivar a un adolescente desmotivado es brindar apoyo emocional y social. A veces, la falta de motivación puede ser el resultado de problemas personales o sociales.
Por último, es fundamental hacer que el aprendizaje sea interesante y divertido. Una de las principales razones de la desmotivación en los jóvenes es el aburrimiento en el aula. En resumen, para motivar a un adolescente desmotivado, es importante entender la causa de la desmotivación, fijar objetivos realistas, mejorar la autoestima, brindar apoyo emocional y social, y hacer que el aprendizaje sea interesante y divertido.
En la etapa de bachillerato, el equilibrio entre estudio y ocio es fundamental para lograr un buen rendimiento académico y para el bienestar emocional del estudiante. Para lograr un equilibrio entre estudio y ocio, es esencial que los estudiantes establezcan un horario de estudio y se organicen para cumplir con sus tareas y responsabilidades escolares.
Por otro lado, la motivación es clave para lograr este equilibrio. Los padres, tutores y docentes pueden ayudar a motivar a los estudiantes a través de la creación de un ambiente de estudio adecuado y apoyando sus logros académicos. En conclusión, el equilibrio entre estudio y ocio es esencial para el rendimiento académico y el bienestar emocional de los estudiantes de bachillerato.
Es fundamental que se organicen para cumplir con sus responsabilidades académicas y permitirse momentos de descanso y ocio. La motivación es clave para lograr este equilibrio, y se puede fomentar a través de la creación de un ambiente adecuado de estudio y el apoyo de los padres y docentes. Enseñar a un adolescente a organizarse el tiempo para estudiar puede ser un reto, pero es una habilidad importante para su éxito académico y futuro.
En primer lugar, es importante establecer un horario de estudio regular. Ayuda a los adolescentes a crear un horario semanal para que sepan cuándo tienen que estudiar y durante cuánto tiempo. En segundo lugar, es importante enseñarles a priorizar. Ayúdalos a establecer metas y a identificar las tareas más importantes y urgentes.
Otro consejo importante es crear un espacio de estudio adecuado. Por último, es importante darles autonomía y responsabilidad. En resumen, para enseñar a un adolescente a organizarse el tiempo para estudiar, es importante establecer un horario regular, enseñarles a priorizar, crear un espacio de estudio adecuado y darles autonomía y responsabilidad.
Existen diversas formas de ayudar a un estudiante con sus deberes y exámenes, especialmente si se trata de un adolescente que está en la etapa de bachillerato. En conclusión, motivar a los hijos a estudiar y ayudarlos a organizarse y prepararse para sus tareas y exámenes es fundamental para su éxito académico.
Tener una comunicación continua y efectiva con tu hijo adolescente es esencial para motivarlo y ayudarlo a mantener un buen hábito de estudio.
- Establece una comunicación abierta: Mantén una actitud de escucha activa y muestra interés por sus inquietudes y preocupaciones.
- Comunica tus expectativas: Hazle saber que valoras la importancia del estudio y que esperas que dedique un tiempo suficiente a sus tareas escolares.
- Ayúdale a planificar su tiempo: Enséñale la importancia de la organización y la planificación.
- Fomenta la autonomía: Anima a tu hijo adolescente a tomar decisiones y responsabilidades en su propio proceso de aprendizaje.
- Reconoce y valora su esfuerzo: Asegúrate de reconocer y valorar su esfuerzo y logros, por pequeños que sean.
En resumen, tener una comunicación continua y efectiva, establecer expectativas y metas realistas, ayudar a planificar el tiempo, fomentar la autonomía y reconocer el esfuerzo son claves para motivar a los hijos a estudiar y alcanzar sus objetivos académicos.
