El Nacimiento y la Vida de las Morsas: Un Vistazo Profundo

Los mamíferos marinos, con más de 130 especies adaptadas a la vida acuática, representan un fascinante grupo de animales que han evolucionado para prosperar en los océanos del mundo. Entre ellos, la morsa (Odobenus rosmarus) destaca como un pinnípedo emblemático del Ártico.

La morsa, con su distribución circumpolar en el océano Ártico, es uno de los pinnípedos más grandes, solo superada por el elefante marino (Mirounga spp.) y la más grande del Hemisferio Norte.

A continuación, exploraremos en detalle la vida de las morsas, desde su reproducción y características físicas hasta su comportamiento social y su adaptación al desafiante entorno ártico.

Morsa del Atlántico, Atlantic walrus (Odobenus rosmarus rosmarus).

Taxonomía y Subespecies

La morsa es la única especie de la familia Odobenidae, aunque históricamente se han reconocido tres subespecies. Sin embargo, análisis genéticos recientes han confirmado la existencia de solo dos subespecies bien diferenciadas geográficamente:

  • Morsa del Atlántico (Odobenus rosmarus rosmarus): Se encuentra desde el este del Ártico Oriental canadiense, Groenlandia, los archipiélagos de Svalbard, Tierra de Francisco José y Nueva Zembla, hasta el mar de Kara al norte de Siberia.
  • Morsa del Pacífico (Odobenus rosmarus divergens)

Características Morfológicas Destacables

Las morsas presentan una serie de características físicas distintivas que las adaptan a su estilo de vida acuático:

  • Tamaño: Los machos de morsa del Atlántico pueden alcanzar pesos de 1200 a 1500 kg y longitudes cercanas a los 3 m. Las hembras son más pequeñas, pesando entre 600 a 700 kg y alcanzando longitudes de 2,5 m.
  • Piel y grasa: El grosor de la piel varía entre 2 y 4 cm, con una capa de grasa subcutánea de unos 10 cm, que puede alcanzar hasta los 25 cm. Esta capa de grasa es esencial para mantener la temperatura corporal en aguas frías.
  • Colmillos: Una de sus características más patentes son sus enormes colmillos de crecimiento continuo, que pueden alcanzar el metro de longitud. Estos son los molares superiores que en los machos son más largos y gruesos que en las hembras. Les son muy útiles en el día a día; para salir del agua los clavan en el hielo como si de unos piolets se trataran. Asimismo son poderosas armas para ahuyentar, o en su caso, luchar con posibles depredadores, especialmente el oso polar (Ursus maritimus).
  • Vibrisas: Otra característica, que además le es muy útil, es el denso bigote o vibrisas que cubre su labio superior. Las vibrisas son pelos sensoriales que cumplen una importante función táctil a la hora de identificar objetos, especialmente presas en el fondo del mar. Pueden tener entre 400 y 700 de estos pelos, distribuidos en 13-15 filas.

Distribución de la morsa.

Comportamiento Social y Hábitat

La morsa del Atlántico habita en zonas de hielo, preferentemente que estén junto a aguas poco profundas (menos de 80 m de profundidad). Son animales sociales que se pueden encontrar en grupos reducidos, de unos pocos ejemplares, hasta varios cientos. La morsa es ciertamente uno de los pinnípedos más gregarios.

El número de ejemplares en un grupo depende de la población concreta de que se trate, y de la época del año. Es usual, fuera de la época de reproducción, que los grupos estén segregados por sexos y edad. Los machos suelen descansar en playas arenosas y de guijarros, aunque también se pueden localizar en alta mar en áreas con mayores profundidades de agua. Las hembras y los juveniles prefieren permanecer ligados a placas de hielo a la deriva, aunque también se encuentran en zonas costeras.

Alimentación y Buceo

La morsa del Atlántico se alimenta principalmente de moluscos bivalvos, especialmente almejas, que pueden representar el 95% del peso de las presas ingeridas. No obstante, también se alimentan de crustáceos, gusanos, octópodos, holoturias y, en raras ocasiones, de peces demersales de poca movilidad.

Para capturar sus presas se puede sumergir hasta profundidades de 180 metros y permanecer en inmersión durante 24 minutos. Localiza el alimento en el fondo marino mediante las vibrisas que son altamente sensitivas. Para desenterrar algunas presas (almejas por ejemplo) emite chorros de agua con su boca, utilizando también los lados ásperos de su hocico; o también sacuden las aletas delanteras sobre el fondo para crear una turbulencia de agua que descubra a las presas. Los moluscos bivalvos los abren en el interior de la cavidad bucal gracia a su potente capacidad succionadora; ingieren sólo la vianda y expulsan seguidamente las valvas (conchas).

Se ha registrado que el 30% del tiempo la morsa del Atlántico lo pasa en el mar, representado la actividad de buceo el 50%, en la que realiza un promedio diario de 165 inmersiones de 3,5 a 5,5 minutos cada una.

Reproducción de la Morsa del Atlántico

Morsas luchan por proteger a sus crías del deshielo | Planeta Azul II | Discovery Latinoamérica

La época de apareamiento es entre enero y abril, y es cuando ambos sexos se congregan por miles en playas arenosas o rocosas. Ahora bien, la cópula tiene lugar en el agua y suele ocurrir en áreas de hielo a la deriva o en polinias.

Especie poligínica

El apareamiento en la morsa es por poliginia, es decir un macho se aparea con varias hembras. De hecho, un macho se puede aparear con hasta 20 hembras en una misma temporada. El primer paso es la selección de los machos reproductores, que se lleva a cabo mediante combates en los que los colmillos juegan un papel importante. Tanto es así, que en las luchas se pueden producir heridas graves e, incluso, letales. Es frecuente observar en los machos cicatrices en torno al cuello y espalda debidos a estos combates.

Los machos victoriosos, por lo general, son los más grandes, fuertes, y de más edad. Estos realizan entonces una variedad de sonidos y vocalizaciones para atraer a las hembras y para marcar el territorio.

Baja tasa de reproducción

La morsa es un animal de vida larga pero con una tasa baja de reproducción; inferior a la de otros pinnípedos. Los machos maduran sexualmente a los 7 y 10 años, pero se aparean cuando tienen 15 años, presumiblemente cuando ya tienen las de ganar en los combates reproductivos.

Las hembras alcanzan la madurez sexual (empiezan a ovular) entre los 4 y 10 años de edad, y a los 9 suelen tener el primer parto. Tras la cópula y fecundación, la implantación del embrión a la placenta se retrasa unos 3-4 meses; el periodo de gestación es de 12 meses; y, por consiguiente, el embarazo tiene una duración de unos 15 o 16 meses. Así pues, potencialmente pueden tener una cría cada 2 años, aunque, por lo general, tienen una cría cada 3 años. El tiempo de fertilidad de las hembras es de unos 21 años.

Crías nadadoras pero materno-dependientes

La mayoría de las crías nacen a finales de mayo y principios de junio y el parto tiene lugar en tierra o sobre el hielo. La cría recién nacida tiene un peso de unos 55 kg y una longitud de unos 120 cm. Aunque nada más nacer ya es capaz de nadar, es muy dependientes de la madre en los primeros años de vida. El periodo de lactancia es de unos 2 años, y mama principalmente en el agua, aunque a veces en tierra o en el hielo.

El destete ocurre gradualmente. Durante los primero 6 meses, más o menos, se alimenta únicamente de leche, después complementa la dieta con alimento sólido. A los dos años ya es capaz de buscar su propio alimento, aunque permanece con la madre hasta unos cinco años. Entonces puede que los juveniles machos se separen del grupo de la madre y se unan a un grupo de machos, mientras que las hembras permanezcan en el grupo de la madre.

La Población de Morsa del Atlántico en las Islas Svalbard

En las islas Svalbard la primera cacería de morsa del Atlántico ocurrió en el año 1604, continuando ininterrumpidamente durante los siguientes 200 años. En el siglo XIX las capturas descendieron drásticamente, posiblemente porque la población había sido ya diezmada. Afortunadamente, se protegió completamente a la morsa en 1952, prohibiendo todo tipo de caza. Desde ese momento la población ha ido aumentando lentamente.

En 2006 se estimó que la población en Svalbard era de 2629 ejemplares, y en 2012 de 3886, lo que representó en ese periodo en un crecimiento del 48%. Además de este crecimiento de la abundancia de la población se detectaron más lugares colonizados y de madres con crías. Datos ciertamente esperanzadores.

No se conoce el tamaño de la población original de morsa anterior a la caza pero se cree que en el área Svardbar/Franz Josef Land debió ser enorme, muy superior a la actual. Es posible que con el tiempo se recupere, pero el futuro de la especie, no obstante, sigue siendo incierto. ¿Cómo afectará el cambio climático, así como la contaminación masiva del planeta?

Comunicación Subacuática: El Secreto de las Aletas de las Morsas

Los paisajes sonoros de los océanos están dominados por el movimiento del agua y el ruido distante de los barcos, pero también están influenciados por eventos más raros como la caída de rayos, terremotos submarinos, fuentes discretas de ruido antropogénico o la rotura y agrietamiento del hielo marino.

Los sonidos producidos por animales marinos como los crustáceos y algunos peces y mamíferos, también otorgan a cada una de las partes del mundo submarino un ecosistema sonoro que puede variar considerablemente con la ubicación y el tiempo. Esto significa que los niveles de sonido ambiental debajo el agua pueden ser altos en un amplio rango de frecuencias y que por lo tanto, para una comunicación efectiva los animales acuáticos que se mantienen en contacto mediante el sonido deben producir señales lo suficientemente potentes para transmitir el mensaje a sus receptores.

Ahora durante un estudio en curso sobre los sonidos asociados al comportamiento reproductivo de las morsas, el equipo de investigadores dirigido por Ole Larsen, del departamento de biología de la Universidad de Dinamarca del Sur, y Colleen Reichmuth, del Instituto de Ciencias Marinas de la Universidad de California en Santa Cruz, acaba de observar y registrar a un macho adulto en cautiverio que producía intensos pulsos transitorios al juntar las aletas delanteras bajo el agua de manera similar a la que los seres humanos tocamos las palmas. Su comportamiento, el cual imita a un aplauso, tuvo lugar coincidiendo con la producción estacional de los sonidos asociados al cortejo de las morsas salvajes y a un ritmo similar.

De este modo los investigadores descubrieron que las morsas pueden generar poderosas pantallas acústicas al juntar sus aletas delanteras bajo el agua. Así mediante el empleo de vídeo de alta velocidad revelaron que la emisión de estos sonidos se producía a través del colapso de las burbujas de aire de un modo similar al que se produce en el caso de los camarones.

Este proceso que recibe el nombre de cavitación ha sido notablemente estudiado en los crustáceos, no obstante nunca había sido observado en mamíferos marinos.

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