Carta a mi Hijo Mayor: Un Legado de Amor y Sabiduría

Querido hijo, ahora que sales de esta familia donde naciste y te hiciste hombre para formar otra, quiero darte, con mis mejores deseos, los últimos consejos paternales para tu nueva situación. No puedo decirte que hagas cuanto yo hice y omitas cuanto yo dejé de hacer porque mi ejemplo no es del todo bueno.

Deberás luchar con todas tus fuerzas para que tu familia tenga un hogar; hogar y familia van unidos: uno no puede mantenerse sin la otra… y viceversa. Una casa sencilla pero que sea capaz de cobijaros y donde podáis recibir a familiares y amigos es necesaria para que la familia se asiente, crezca y disfrute de la vida. Pero una casa no es un hogar sino solamente la base de un hogar.

Para que una casa llegue a ser un hogar ha de ir llenando sus habitaciones de algo más que de muebles: ha de ir incorporando vivencias, emociones compartidas, un algo intangible pero que va mezclando las cosas con los sentimientos y haciendo que nos sintamos parte de un conjunto humano y material único. Esfuérzate, por tanto, para que tu comportamiento transforme en hogar cada una de las habitaciones de tu casa.

Y que el conjunto de todas ellas sea, al tiempo, una fortaleza inexpugnable para que nadie pueda destruir la familia y un campo abierto donde las personas y la naturaleza, la vida, penetren y enriquezcan a sus habitantes. Haz de tu hogar un sitio pacífico, placentero, limpio, humano… Evita rigurosamente los gritos y los malos modos, atempera las tensiones.

Cuida de utilizar bien el Aseo. Esmérate en la Cocina: lleva allí los mejores alimentos posibles y prepáralos con cuidado cuando te corresponda. Una buena alimentación, preparada con gusto y tomada con comedimiento y deleite, hace la vida muy placentera. El Salón es habitación importante de la casa.

Lugar de reunión de la familia, tanto para actos solemnes como cotidianos, reservado cuando sea necesario y abierto cuando las visitas se acojan a vuestra hospitalidad. No ocupes nunca un lugar preferente en él sino uno discreto: te harás respetar no por el lugar que ocupes o el tono imperioso de tu voz sino por lo que digas y cómo lo digas. No olvides destinar una habitación de tu hogar a Biblioteca.

Atesora allí los buenos libros y la buena música. Usa siempre que puedas estas joyas que nos proporcionan el contacto con la letra y la imagen impresas y los sonidos que el hombre recoge de la Naturaleza, porque ellos contienen lo mejor de la Cultura que el ser humano ha ido creando a través de siglos de evolución. Cuida especialmente el Dormitorio.

No hay habitación más importante en el hogar porque en ella la familia, su núcleo central, la pareja fundadora, se recoge y se funde, sueña y goza, renueva sus fuerzas y crea vida… No dejes que nadie comparta esa habitación que sólo es para ti y tu compañera. Sólo si alguna vez viene un hijo, y en sus primeros meses o años, puesto que él es el resultado de vuestra fusión y necesitará de vuestro cuidado permanente, podrá compartir vuestro territorio sagrado.

Pero el resto de la gente ha de mantenerse fuera de él: ni presente ni latente, nadie debe molestar vuestro diálogo nocturno, vuestra intimidad física y espiritual… Sé especialmente respetuoso con tu compañera en el lecho. Si en el resto de la casa has de tener en cuenta que ella es igual que tú en derechos y obligaciones pero diferente en gustos y actitudes, en el dormitorio has de extremar estos principios.

No olvides nunca que su cuerpo no te pertenece y que has de acercarte a él como a un territorio al que has sido llamado como invitado, nunca como invasor: recórrelo suavemente, mirando cada uno de sus valles o colinas, sus bosques, como se miran los mejores frutos de la Creación. Escucha atentamente las palabras y la música de tu compañera, pero también sus silencios, y no olvides preparar tus canciones para susurrarle al oído tu amor cuando ella esté presta a escucharte.

Si ella lo desea, deléitate con los ricos olores del cuerpo de la amada y acaricia con tus dedos y tus labios cada parte, cada poro de su piel; bebe delicadamente en sus veneros… Penetra en su cuerpo con el mayor respeto y veneración pero, sobre todo, intenta penetrar en su espíritu, intenta comprenderla… Y no olvides nunca que, por mucho tiempo que pase y por mucho que te esfuerces, jamás llegarás a hacerlo del todo, que siempre te quedarán por descubrir en ella nuevos jardines, nuevos arroyos, nuevas melodías, que siempre serás un compañero, obligado a ser respetuoso y agradecido, nunca un conquistador.

Querido hijo, no tengo oro ni plata, más lo que tengo te doy. Lentamente se aproxima el tiempo en que debo emprender el camino que no tiene regreso. Nadie es sabio de nacimiento. Querido hijo, no todo lo que brilla es oro. Nada es grande si no es bueno y nada es verídico si no perdura.

No te dejes engañar por la idea de que puedes aconsejarte solo y que conoces el camino por ti mismo. Considérate demasiado bueno para obrar mal. No entregues tu corazón a cosas perecederas. No desconfíes de nadie tanto como de ti mismo; dentro de nosotros vive el juez que nos enseña y cuya voz es más importante para nosotros que el aplauso de todo el mundo y la sabiduría de los griegos y egipcios; hazte el propósito, hijo, de no actuar contra su voz y si algo piensas o intentas hacer, póntelo primero en la mente y pídele consejo a tu juez interno; al principio, él hablará únicamente en forma muy suave balbuceando como una criatura inocente.

Sin embargo, si honras su inocencia soltará su lengua y te hablará en forma más perceptible. Hay quienes creen que dominan una materia porque hablan de ella; pero no es así hijo mío, no se tienen las cosas por poder hablar de ellas, palabras sólo son palabras y ten cuidado si fluyen en forma demasiado hábil y ligera, pues los caballos cuyos carros están cargados de mercancías avanzan con pasos más lentos. Nada esperes del trajín ni de los trajinantes y pasa de largo donde haya escándalo callejero.

Si alguien quiere enseñarte sabiduría, mírale la cara, si lo ves enorgullecido, déjalo, no hagas caso de sus enseñanzas por más famoso que sea. [...]Desdeñar algo es fácil, hijo, pero es mucho mejor comprenderlo. No instruyas a otros hasta que tú seas instruido. Quiere sólo una cosa y esa quiérela de corazón. Cuida de tu cuerpo pero no de tal manera como si fuera tu alma. Obedece a la autoridad y deja que otros la discutan. Se correcto con cualquier persona pero confíate difícilmente. No adules a persona alguna y no te dejes adular. Honra a cada quien según su rango y deja que se avergüence si no se lo merece. No debas a persona alguna, pero se afable como si todos fueran tus acreedores. No quieras ser siempre generoso pero procura ser siempre justo.

Desconfía de la gesticulación y procura que tus modales sean sencillos y correctos. No lastimes a doncella alguna y piensa que tu madre también lo fue. No digas todo lo que sabes, pero siempre debes saber lo que dices. No te sientes donde se sientan los burlones porque ellos son los más miserables de todas las criaturas. Respeta y sigue a los hombres piadosos, mas no a los santurrones. Haz lo que merezca recompensa, pero no pretendas obtenerla. Lo mejor que puedes dar a un enemigo es el perdón. A un oponente tolerancia. A un amigo, oídos. A tu hijo, buen ejemplo. A tu madre, una conducta que la haga sentirse siempre orgullosa de ti. A tu prójimo siempre caridad.

Cuando yo muera ciérrame los ojos; no me llores... Lo demás lo dice ella. «Hola cielo. No se por donde empezar. Me gustaria que supieras ante todo, que aunque a ti no te lo parezca, yo también soy persona. Siempre pensamos que los papás son invencibles que son los más fuertes y que pueden con todo. Pues no, lo siento, soy de carne y hueso. Ahora entiendo esos tics, que te cambian a menudo. Ahora sí puedo responderte cuando me preguntes por qué tus amigos del cole no te invitaban a sus cumples. Lo primero, tenía que aceptar que tienes tus limitaciones. Tenía que quitarme ese sentimiento de culpabilidad que me ha perseguido durante tanto tiempo.

Yo sabía desde que naciste, aunque no he estudiado ninguna carrera, que algo no iba bien. Te llamaba y no me contestabas, hacías los deberes y te los dejabas encima del escritorio de tu habitación, le pegabas a los niños para que jugaran contigo y aunque tu padre y yo te decíamos que si salían detrás tuya no era para jugar, sino porque les habías pegado, no nos entendías…….. Siempre has tenido dentro de tí ese silencio tan especial, tan distante que no me dejabas ni asomarme dentro de tí. Durante muchos años los cumpleaños de los amigos no han existido porque no te invitaban a ninguno. Los profesores casi no te veían porque según ellos «tenías el sitio comprado en la última fila de la clase». Sabes, me alegro que te hayan diagnosticado, ya le encuentro un porqué a muchas cosas. Ya se cuales son tus logros, si, tus logros, los que yo antes veía una tontería porque eres inteligente y te pedía más y más. QUE TONTA HE SIDO, y te pido perdón por todo ello.

Eres divertido, inteligente, noble, FUERTE, cariñoso, locuaz, intuitivo……………….aunque un poco cabezota. Las circunstancias no nos acompaña mucho verdad? Sabes que no paro en todo el día. El trabajo, la casa, reuniones, bancos…………y un largo etcétera que muchas veces nos distancia sin querer. Que me extresa y me deprime. También sabes que a raiz de diagnosticarte a ti, nos dimos cuenta que papá tiene lo mismo que tú. Ahora te miro y sí te veo. Te admiro mucho como persona, si si, yo te admiro. Bueno cielo, sabes una cosa?

El primogénito de una casa enseña a los padres muchísimas cosas sobre la vida, y por eso se merece unas palabras especiales. Esta es una carta de esas que se escriben sin saber si la leerás algún día, aunque yo creo que sí, puesto que la guardaré y en algún momento decidiré dártela para que sepas que siempre serás mi primero en todo, en este camino que empecé cuando llegaste a mis brazos, el camino de la maternidad.

Desde que llegaste a mi vida, todo cambió. Eres mi primer hijo, mi primera experiencia en esta increíble aventura que es la maternidad. A medida que te observo crecer y me preparo para la llegada de tu hermanita, quiero que sepas que siempre serás mi primero en todo. El que me enseñó lo que es querer así. Ya antes de conocerte sospechaba que esto iba a ser fuerte, pero desde el momento en que te sostuve en mis brazos, supe que mi vida había cambiado para siempre.

No entendía cómo era posible amar tanto a alguien a quien acababa de conocer, pero tú me enseñaste lo que es el amor de madre. Es un amor que nace desde lo más profundo del corazón, un amor puro que lleva tu nombre. No puedo imaginar mi vida sin ti, y cada día me esfuerzo por ser la mejor madre para ti. Eres el primero que me hizo pasar noches en vela, que me hizo saber lo cansado que es ser madre y mujer trabajadora. Fuiste el primero que hizo que mi corazón se derritiera con tu sonrisa, con tu primer (y todos los siguientes) ‘mamá’ o ‘mamá, te quiero’. Porque contigo he tenido todas las ‘primeras veces’ de la maternidad. Porque tus abrazos me recargan las pilas mucho más que si me voy de vacaciones a la otra punta del mundo, porque tú eres mi energía, mi tesoro y mi todo. Ser madre me ha enseñado mucho más de lo que pensaba, no solo de los demás, sino de mí misma. Contigo he vivido mis primeras noches en vela, mis primeras preocupaciones y mis primeras alegrías como madre. Me has enseñado a priorizar las necesidades y a encontrar fuerzas que no sabía que tenía. Gracias a ti, he aprendido que los errores no son fracasos, sino oportunidades para mejorar y crecer juntos. Criarte no ha sido siempre fácil, pero cada desafío ha valido la pena.

He pasado muchas noches sin dormir y otros tantos días llenos de preocupaciones, pero cada sonrisa tuya ha sido una recompensa. A veces he querido protegerte de todo, meterte en una burbuja donde nada malo pudiera pasarte, pero sé que eso no te permitiría crecer. A pesar de las lágrimas, sé que debo dejarte aprender y experimentar por ti mismo. La maternidad me ha transformado. Me ha enseñado a ser más paciente, más comprensiva y a ver el mundo a través de tus ojos. Ser tu madre me ha hecho una persona más fuerte, más resiliente y más amorosa. Cada día que paso contigo es una lección que atesoro y que me hace mejor.

Me has dado el regalo más grande: la maternidad. Y ahora recorro de cero el mismo camino, que será muy diferente. En pocas semanas, dejarás de ser hijo único y te convertirás en hermano mayor. Sé que serás un buen hermano, y quiero que sepas que siempre tendrás un lugar especial en mi corazón. Aunque la llegada de tu hermanita cambiará la dinámica familiar, quiero que estés seguro de que mi amor por ti no disminuirá, sino que crecerá y se multiplicará. Espero no pedirte demasiado, y poder seguir dándotelo todo. La llegada de otra persona a la familia traerá cambios para todos.

Sin embargo, quiero que sepas que siempre habrá espacio para ambos en mi corazón. Tu hermanita tendrá su lugar, pero tú fuiste el primero en llenarlo de amor. Juntos aprenderemos a adaptarnos a esta nueva etapa y a disfrutar de la familia que estamos construyendo. Espero que tardes poco en adaptarte y entiendas que juntos somos mejores. Es importante para mí que tanto tú como tu hermanita os sintáis amados y valorados. Mi amor por cada uno de vosotros es único y especial.

Aunque pueda parecer que el tiempo y la atención se dividen, mi amor por ti no se reduce. Siempre estaré aquí para apoyarte y guiarte, y haré todo lo posible para que ambos sintáis el amor incondicional que os tengo. Quiero prometerte que siempre estaré a tu lado, sin importar lo que pase. Ser el hermano mayor es una responsabilidad, pero también es un privilegio. Siempre podrás contar conmigo para apoyarte y guiarte en esta nueva etapa. Prometo seguir aprendiendo y creciendo contigo, y estar siempre aquí para ti, como lo he intentado hacer siempre.

Es probable que al principio no lo hiciese todo bien, pero te puedo asegurar que lo he hecho todo de la mejor forma que he sabido, pensando siempre en tu bienestar. Pero a ser madre también se aprende, se aprende cada día y lo aprendo gracias a ti. Seguramente me equivocaré, pero estas equivocaciones me harán ver cómo puedo seguir mejorando como madre. Ser madre es un aprendizaje constante, y tú has sido mi mejor maestro. Valoro cada error porque me ha permitido crecer y ser una mejor madre para ti. Juntos hemos aprendido que el amor y la paciencia son la clave para superar cualquier desafío. Mi compromiso contigo es guiarte y apoyarte en cada etapa de tu vida.

Desde tus primeros pasos hasta tus grandes logros, siempre estaré aquí para animarte y celebrar tus éxitos. Quiero que sepas que pase lo que pase, siempre podrás contar conmigo. Eres mi primer hijo, mi primer amor, y siempre tendrás un lugar especial en mi vida. Siempre pensaré que el cumpleaños del primer hijo es una doble celebración. Hoy mi niño cumple 6 años. Ese bebé que se dio prisa por nacer, que me regaló un parto maravilloso, que me hizo conocer el amor más grande, puro, incondicional y desinteresado.

Entiendo el amor de verdad desde que soy madre, y entiendo que solo daría mi vida por mis hijos, que son lo más grande. Ser madre me ha hecho brotar el lado más generoso y entregado pero también el más egoísta y posesivo. Mi niño cumple años y ya queda muy atrás ese bebé que fue. Mi niño que nació pelón y ahora tiene una mata de pelo que para mi lo quiero y que acaricio con más placer casi que a mi gato. Mi niño, con unos ojazos que le ocupan toda la cara y que te lo dicen todo. Esos ojos que lo mismo expresan felicidad total, que me hacen chantaje emocional igualito que Gato con Botas, esos ojos que me expresan su miedo y su inseguridad o su total tranquilidad.

Mi niño, ese que si digo “ains, cuánto me acuerdo de cuando eras un bebé y te dormías sobre mi” me responde “lo se, mamá, y me sigue encantando hacerlo”. Si tuviera que definir con una palabra a mi hijo, lo tengo claro: ESPECIAL. Podría atribuirle muchos calificativos que sin duda los tiene: guapo -soy su madre, qué voy a decir-, cariñoso, alegre, simpático, generoso, inteligente… Podría seguir hasta el infinito porque soy su madre y todos los adjetivos son pocos. Especial por su manera de querer, por su manera de demostrarlo, por cómo necesita querer y ser querido, necesita tanto recibir cariño como darlo. Por su independencia dependiente, es un niño resuelto y valiente pero siempre necesita tenernos cerca, necesita nuestros abrazos, necesita nuestra presencia. Por su empatía, cómo es capaz de entender los sentimientos ajenos, ponerse de igual a igual. Por su sensibilidad, cómo le afecta que alguien se pueda sentir mal o sea “diferente” por algún motivo. Iván es muy especial y es algo que me encanta.

Si tuviera que destacar una cualidad… las he dicho arriba, ¡tiene muchas! pero me encantan su generoridad y su capacidad para perdonar. No hemos tenido que enseñarle a compartir, antes de pedirle ofrece, piensa en los demás más que en sí mismo, le gusta ser justo, y si le pides uno, te da dos, aunque ello signifique renunciar a lo suyo. Y esto es algo que en cierta medida me da sentimiento, el ver que prefiere dar algo aunque se quede sin ello con tal de que otro no se sienta mal por no tenerlo. Y su capacidad para perdonar, de la que estoy aprendiendo muchísimo. Seguramente influya el hecho de que yo le pido perdón sin vergüenza ni reparos, siempre he tenido clarísimo que se predica con el ejemplo y a mi no me importa pedirle perdón si me he tropezado y le he hecho daño sin querer, o si le he reñido por algo que no he hecho.

Mi niño hoy cumple 6 años. Nos acordaremos mucho de este cumpleaños. Hace 3 años tuvimos que aplazar su celebración porque su hermana decidió nacer ese día. Este año también hemos tenido que aplazar la fiesta, que era hoy, porque la varicela ha tenido a bien aparecer para fastidiarnos la semana. Tengo la sensación de que pronto mi niño podrá leer estas lineas. Lee muy bien, y seguramente no habrá leído este blog porque yo no se lo he propuesto. Cuando ese momento llegue, cariño, quiero que sepas que no solo te quiero más que a mi vida, que lo sabes porque te lo repito hasta la saciedad, y que estoy muy orgullosa de ti. No por lo que vas consiguiendo a medida que creces, sino por cómo eres. Estoy orgullosa de ti por el simple hecho de ser tú. Gracias por enseñarme a ser mamá, para lo bueno y lo menos bueno. Y ahora me voy a acabar de preparar tu tarta de cumpleaños, esa de chocolate que se que te comerás hasta la última miga, porque te chifla el chocolate.

No es fácil ser el hermano mayor, lo sé por experiencia. Quizás te exijo demasiado sólo por el hecho de que, detrás de ti, hay otros dos niños pequeños a los que veo más indefensos. Ser el mayor implica madurar antes de tiempo y adquirir responsabilidades muy pronto. Me oyes a menudo decir que tienes que dar ejemplo. Comprendo que a ti no te parece justo. Pero fíjate en lo bonito de algo así: tus hermanos te imitan. Ellos te admiran y todo cuanto haces es observado por el mediano, que va donde tú vas. Y si te caes, él también se cae. Muchas veces te preguntarás por qué debes compartir todo cuanto tienes: tu espacio, tus cosas, tu tiempo… Es difícil querer o pedir algo y que, automáticamente, tu hermano demande lo mismo. En realidad, sé que es muy frustrante desear algo y que alguien siempre anhele lo mismo sólo porque tú lo has pretendido. Y lo peor es que, como eres el mayor, muchas veces te pedimos que seas tú el que ceda porque eres más maduro para entenderlo. Y lo haces, o no. Porque obviamente, tú también eres un niño.

Pero no olvides que tus hermanos te necesitan y, lo más importante, ¡no han vivido nunca sin ti! Ellos llegaron y tú ya estabas ahí. Los mayores hemos sido hijos únicos durante un tiempo; unos más, otros menos. Hijo, tú has disfrutado de una etapa de tu vida solo, con nuestros ojos puestos únicamente en ti, atendiendo tus necesidades en el momento, sin «competencia» alguna. Tienes tu álbum de fotos completo, estrenaste toda tu ropa y, lo más increíble, te compramos un coche enorme cuando ni siquiera caminabas. Ser hermano mayor tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Lo sé, te tocará «pelearte» con nosotros para que te dejemos ir a dormir a casa de un amigo o, dentro de más años aún, que te permitamos salir por la noche; tendrás que abrir la veda para tantas cosas… Pero no olvides que todas esas vivencias suelen forjar un carácter responsable y fuerte. Y sobre todo, no olvides, que ser el mayor tiene la gran fortuna de convertir a una mujer en madre. Eso sólo lo hace el primero.

5 Hábitos diarios que fortalecen el vínculo con tus hijos | Marian Rojas Estapé 🧠❤️

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