Carricoches y Coches de Juguete: Un Viaje a Través de la Historia y la Evolución

Los juguetes han sido compañeros inseparables de la infancia a lo largo de la historia. Entre ellos, los carricoches y los coches de juguete ocupan un lugar especial, reflejando no solo la evolución de la tecnología y el diseño, sino también los cambios culturales y sociales. Desde los primeros modelos artesanales hasta los sofisticados coches eléctricos infantiles, estos juguetes han cautivado a generaciones de niños y coleccionistas.

Antiguo carricoche de bebé.

Orígenes y Evolución de los Carricoches de Bebé

Los padres siempre han buscado maneras de desplazar a sus bebés de forma cómoda y segura. La información más antigua sobre este tema data de la época egipcia, donde se ataban a los bebés en telas para que los padres pudieran llevarlos consigo. Sin embargo, el concepto moderno de carricoche no surgió hasta el siglo XVIII.

No fue hasta hace poco más de 250 años cuando un arquitecto diseñó el primer carricoche para el tercer Duque de Devonshire, allá por el siglo XVIII (1733). Este arquitecto y paisajista británico, de nombre William Kent, recibió el encargo de diseñar un medio de transporte, que a modo de juguete, divirtiera a los hijos del duque. Así fue como Kent tuvo la genial idea de construir un artefacto con forma de carruaje adaptado al tamaño de los pequeños. Kent desarrolló una cesta con ruedas en la que los niños podrían sentarse para ser transportados. Esta primera creación fue la que se asimiló a los carritos de bebé que puedes encontrar en la actualidad.

La idea del carrito gustó a otros miembros de la familia real y el invento de Kent comenzó a popularizarse, pero obviamente este invento era usado exclusivamente por los padres de la alta sociedad con alta capacidad adquisitiva.

La Reina Victoria popularizó el uso de carricoches.

Un avance significativo ocurrió en 1889, cuando a William Richardson se le ocurrió que cada rueda podía moverse por separado. Esto aumentó la capacidad para maniobrar el carrito. En 1930, la familia Crandall, en los Estados Unidos, creó la primera empresa fabricante de carritos de bebé. Posteriormente, en 1920, los cochecitos comenzaron a bajar sus precios haciendo que familias de clase media pudiesen adquirirlos. Además, empezaron a hacerse más grandes y seguros. Se le añadieron frenos y su estructura era cada vez más resistente.

Fue tras la Primera Guerra Mundial cuando empezaron a aparecer diseños más modernos y revolucionarios. El fin de la Gran Guerra, trajo consigo el baby boom y por lo tanto un aumento de la demanda que provocó que la producción de cochecitos se disparara y que se abarataran los precios. Estéticamente, la goma y el plástico empezaban a formar parte de la estructura de los coches de paseo, cada vez más ligeros y modernos. Hasta que a mediados del s.XX se convirtieron en un producto indispensable para todo padre de clase media de Estados Unidos o Inglaterra.

La evolución de los carritos llega hasta nuestros días, donde encontramos de diferentes tipos en función de nuestras necesidades. Los cochecitos modernos son compactos y ligeros cuando estos se pliegan, y también son fáciles de maniobrar.

La Historia y Evolución de los Coches de Juguete

Los niños siempre han deseado juguetes con ruedas: carros, diligencias o trenes y, con la llegada del siglo XX, los coches. Los primeros imitaban a aquellos automóviles clásicos de principios de siglo y estaban hechos de diferentes materiales: madera, hojalata, cartón, celuloide y finalmente plástico.

En la década de los años veinte del pasado siglo aparecieron tres puntos principales de producción de juguetes: Barcelona, Onil e Ibi, estas últimas en Alicante. Los primeros se tallaron en madera. La fábrica fundada por Fernando Sauquillo en Denia crea en 1929 la colección de coches de juguete “Sport”. Una línea de biplazas a pedales fabricada en metal y que causaron sensación en la Exposición Internacional de Barcelona de ese mismo año.

Pero los verdaderos pioneros de la industria juguetera levantina fueron los hermanos Payá, que en 1909 transformaron su fábrica de canalones, cubos y otros utensilios de hojalata en una próspera industria juguetera, que solo en 6 años se convertiría en la fábrica de juguetes más productiva de España. Todavía hay, tras el cierre de la industria en 1984, siguen fabricando series limitadas para coleccionistas.

Coche desmontable de hojalata y plástico de Payá (años cincuenta).

Al final de la década de los 50 la empresa Minimodels presentó una serie de coches de carreras en miniatura que podían circular por una pista con una ranura que les servía de guía, además de toma de corriente, para sus pequeños motores eléctricos.

Hay juguetes que no pasan de moda y que, por muchos años que lleven en el mercado, siguen presentes, año tras año. A principios de la década de 1960, los productos Scalextric llegaron a España. En 1961, Lines Bros Group, la empresa británica creadora de uno de los juguetes más populares del mundo, firmaba un acuerdo con Exin para su distribución en nuestro país. Después de una etapa de consolidación, en la que los productos Scalextric eran made in UK, en 1965 llegó el primer modelo fabricado en España, el Cooper, aún de diseño y conceptualización británicos.

En la década de los 60 aparece una de las muñecas más solicitadas de las navidades, desde aquella época hasta hoy: Barbie. Una muñeca tan singular no podía dejar de tener su propio coche. El primero de todos fue un precioso descapotable Austin Healey.

Anteriormente mencionábamos a Payá como una de las industrias jugueteras más relevantes del levante español. Otra es Rico, que junto con Payá fue una de las primeras en fabricar vehículos teledirigidos entre los 70 y 80. Eso sí, con cable, todavía no existía el radiocontrol en el mundo del juguete y era tan corto que hacía que te tuvieras que desplazar sin alejarte demasiado del coche. Aquellos coches teledirigidos causaron furor, pero era un lujo al que pocos podían acceder. Entre los modelos más codiciados de Rico estaban: el camión Pegaso, el Superbólido, el Rico Bus y el Mercedes.

La intención de Mattel de crear una marca de coches a escala comenzó a tomar forma en 1963, el plan era que el equipo de Mattel trabajara en ello y Harry Bradley, diseñador de General Motors, fue el encargado de crear los primeros bocetos. En 1968 se presentó su primera edición, la cual constaba de 16 modelos conocidos por los coleccionistas como Sweet Sixteen. Se distinguían de la competencia por que su acabado estaba muy cuidado, los detalles habían sido minuciosamente elaborados y algo muy importante: eran más veloces que cualquier otro auto de juguete.

Para los coleccionistas, uno de los modelos más deseados es el 1969 Pink-Rear Loading Volkswagen Beach Bomb. Una combi rosa que cargaba unas tablas de surf a través de su ventanilla trasera.

En televisión comenzó a aparecer en los ochenta un niño que se llamaba Santi Rico que anunciaba esta marca. Así finalizaban los anuncios de los coches en miniatura Guisval, una canción de esas que se quedan grabadas para toda la vida. Lo más atrayente era Play City, una pequeña ciudad con gasolinera, montaje de calles y hasta parking con elevador que pertenecía a la colección Chiquis. En el catálogo de Guisval además podíamos encontrar modelos a escala de diversos vehículos y marcas, que siempre han estado bien considerados por su alto nivel de detalle y la calidad de sus materiales. Además venían montados en una cajita de plástico transparente con el nombre del modelo para facilitar el coleccionismo.

“Súbete a mi moto, mi Vespino Rosi”. Si escuchas el anuncio ya no te quitas la canción de la cabeza. Injusa impactó brutalmente en el corazón de los niños, todo el mundo quería probar aquella moto. Era una de las primeras a batería y que se podía conducir de verdad que veíamos en España. El problema era aquello que aparecía al final del anuncio y que decía: “Más de 5.000 pesetas”.

Ya en la década de los noventa aparece una serie de coches diferentes, los Hot Wheels. Sus detalles exclusivos y su llamativo diseño han hecho que estén pensados sobre todo para el coleccionismo. Incluso se han sacado piezas especiales basadas en películas o series de TV. Además son coches con un nivel de rozamiento bajo por lo que se usan mucho para jugar a alcanzar grandes velocidades.

A partir del año 2000 se empezaron a ver por los parques y plazas de las ciudades a niños montados sobre modelos a escala de coches de marcas conocidas. La marca Feber fue una de las primeras marcas de juguetes en producir estos modelos. El más conocido el Suzuki Vitara descapotable y biplaza. Este tipo de juguetes han terminado cautivado incluso a las marcas de coches y muchas de ellas han sacado versiones de sus automóviles más representativos para el deleite de los pequeños conductores.

Y aparte de todo lo anterior, la historia del coche de juguete ha tenido muchos más protagonistas: los MicroMachines, esos diminutos cochecillos; el coche musical de Barriguitas; el juego de conducción Autocross Turbo, con aquella pista llena de curvas; las maquetas de Tamiya, para las que había que tener un don especial, buen pulso y mucha paciencia, o los coches radiodirigidos, entre otros muchos.

Como os empezamos contando en este artículo, la nueva Volkswagen T2 Camper Van llegará muy pronto a la familia Lego Creator Expert. Nos encontramos con un modelo que incluye un techo extensible como el de las campers actuales y un interior que incluye todas las comodidades habituales para ser un hogar sobre ruedas, desde una zona con cocina completa (incluyendo fregadero, muebles, nevera y gas) hasta un pequeño comedor con una mesa y asientos plegables para formar una cama. También hay toda clase de accesorios, como tazas y demás piezas para hacerlo aún más realista, mientras que para el exterior hay sillas plegables de playa y tablas de surf.

Los Triciclos: De Vehículo para Adultos a Juguete Infantil

¿Los triciclos han sido siempre un juguete para niños?. En la actualidad al escuchar la palabra triciclo, directamente lo asociamos con un entretenimiento infantil, vinculado a una «especie» de bicicleta de tres ruedas, pero el origen de este vehículo esta relacionado con una historia de superación personal, del que se cree que fue su inventor, un relojero alemán parapléjico en el año 1680.

En 1789, Blanchar y Maguier, dos inventores franceses, desarrollaron su propio modelo de triciclo, pero fue en el año 1818 cuando se patentó, y fue por parte del inventor británico Denis Johnson. El Diario Journal de París acuñó los términos «bicicleta» y «triciclo» debido a que surgieron diversas variedades de triciclos.

Años después empezaron a aparecer los primeros triciclos para niños, estos triciclos eran de madera y se mantuvieron como un articulo novedoso y con alcance para unos pocos privilegiados, hasta el último cuarto de siglo XIX, cuando la moda de estos vehículos llegó a Inglaterra con el conocido como «Coventry Lever» , que comenzó siendo un vehículo a palanca, para evolucionar hasta llevar cadena.

En estos años, se expandió su fabricación, siendo especialmente popular su utilización entre las mujeres, dado que era mas cómodo para ellas debido al uso de las voluminosas vestimentas de la época, fue tal el éxito del triciclo que a finales de ese mismo siglo, las ventas de triciclos llegaron a superar al de las bicicletas.

Pero la evolución de las bicicletas y su expansión en el siglo XX, donde se mejoraron prestaciones y seguridad, relegó al triciclo a un segundo plano, limitándolo prácticamente al uso exclusivo como juguete de niños.

En la actualidad en muchas capitales (Londres, Tokio etc…), los jóvenes se han sumado al «look retro» utilizando el triciclo como medio de transporte alternativo, debido a que proporciona mayor estabilidad que las bicicletas, y además de ahorrarse grandes colas en los atascos.

En cuanto a los triciclos infantiles también han experimento un gran desarrollo, incorporando algunas características innovadoras, ya que algunos modelos, pueden ser incluso tan cómodos para el bebé como una silla de paseo, pudiendo utilizarse en diferentes etapas en el crecimiento del niño e ir ajustándolo a las necesidades del mismo.

Juguetes Canarios: Tradición y Creatividad

Los juguetes canarios son una parte esencial del patrimonio cultural del archipiélago. A lo largo de la historia, han reflejado no solo la creatividad de sus artesanos, sino también la conexión profunda de las islas con su entorno natural y sus costumbres. En tiempos pasados, los juguetes no se compraban en tiendas; se fabricaban en casa o por artesanos locales con los materiales que había disponibles.

Los juguetes canarios de madera ocupan un lugar destacado en la historia del archipiélago. Se trataba de piezas sencillas, pero llenas de vida y significado. Algunos de los más populares eran los carritos, los caballitos de madera o las figuras de animales. El trabajo de los artesanos consistía en tallar la madera de forma manual, sin apenas herramientas eléctricas, dándole formas simples pero robustas. A día de hoy, muchos artesanos canarios siguen fabricando estos juguetes de madera, tanto como objeto de colección como para el disfrute de los más pequeños.

Otro de los clásicos de los juguetes canarios tradicionales son los coches de lata. Estos vehículos se fabricaban a partir de latas de conserva, botellas de refrescos y otros materiales reciclados que los niños recogían. Este tipo de juguetes enseñaba a los niños habilidades prácticas: cortar, ensamblar y moldear materiales diversos, además de fomentar la creatividad.

Otros juguetes tradicionales incluyen:

  • Las muñecas de trapo: Hechas a mano por madres y abuelas, con retales de ropa vieja y lana.
  • Las perinolas y trompos: Juguetes sencillos que requerían destreza para hacerlos girar.
  • Los zancos: Muy comunes en las zonas rurales.

Aunque el tiempo ha pasado y los juguetes industriales han ganado terreno, los juguetes canarios tradicionales siguen presentes en la vida cultural del archipiélago. Muchos talleres artesanales en islas como La Palma, Gran Canaria o Tenerife siguen elaborando juguetes de madera y coches de lata, tanto para niños como para coleccionistas. Los turistas también son parte fundamental de la supervivencia de los juguetes canarios, ya que buscan recuerdos auténticos y sostenibles que representen el alma de las islas.

Los juguetes canarios son mucho más que simples objetos de entretenimiento. Representan el saber popular, la creatividad y el respeto por los recursos naturales. En un mundo cada vez más digital, estos juguetes invitan a una reflexión sobre el valor de lo hecho a mano, el juego sencillo y la importancia de preservar las tradiciones.

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