Este artículo busca trazar un retrato de una vida en Huarte, Navarra, a través de los oficios, las pasiones y las historias de sus habitantes. A través de las memorias de su gente, se dibuja un mapa de recuerdos y vivencias que construyen la identidad de un pueblo.
La viveza del rostro de Luchi Navarro induce a pensar en el centón de anécdotas que podría narrar en una animada sobremesa. A Luchi le han sucedido en el gobierno del bar sus hijos José Joaquín y Javi, este último de carácter parecido a su abuelo. Luchi es de 1914, propietario de Casa Navarro, conductor del único taxi que hubo durante años en la villa y uno de los cebolleros más genuinos e impredecibles.
Blanca, su historia y el apodo con el que se la conoce, la de Shiota, están ligados desde siempre al lar de sus ancestros. El primer plano de Blanca la muestra concentrada, como atrapada en el recuerdo de su añorada casa en la calleja de Navarro. cabo, Shiota (o Sota) venía a significar en euskera, según los entendidos, la casa situada frente a las huertas y el regadío.
No cabe duda de que Fermín Marticorena tiene una idea clara de su negocio. apostado (con ese horno que parece salido de una película neorrealista italiana) y el tipo de producto que exhibe entre sus brazos con indisimulado orgullo. de Navarro un establecimiento con el significativo nombre de Miravalles. El joven Marticorena vino de Eugui con el oficio aprendido, pero dispuesto a seguir las artes de los viejos panaderos de Huarte y en cierto modo a reivindicarlos.
Nacida en casa Maire, Esperanza Erice ha sabido desde joven de los sinsabores y de las mieles de la vida. enviudó al poco tiempo, y se casó en segundas nupcias con el sastre Tomás Ilundain, quien aportó una hija a la unión. Ella, como la gran mayoría de sus contemporáneas, ha hecho de su familia y de su casa la obra de su vida. La imagen de Esperanza Erice destila una sobria elegancia.
La acertada combinación de los colores en el nudo del vistoso pañuelo y las filigranas acanaladas del jersey hacen pensar en una señora que sabe cuidar los detalles. es un rasgo que viene de familia. Existen barbas y barbas. Barbas regias, barbas de chivo, barbas pitiminis, barbas cerradas, barbas de barrabás... vislumbre de bondad o algo que se le parece. 1950). vita!, ¡Oh che mestiere!”.
En un tiempo no muy lejano los costureros eran importantes en la vida de las mujeres de Huarte. conceptos básicos de lo que entonces se llamaba corte y confección. Casi enfrente del suyo estaban el de Mari Paz Salaverri y el de Ana Urdaniz, la de Nezketarra. refugiaron generaciones enteras de mujeres, como supo ver la escritora Carmen Martín Gaite.
Pero a la mayoría de personas les retratan tanto sus aficiones como sus oficios u ocupaciones. parece) da testimonio de una pasión por el ciclismo que viene de lejos. etapas los cientos de kilómetros que separan Huarte de París para festejar el triunfo de Federico Martín Bahamontes en el Tour de 1959. Iribertegui (originario de Beriain).
Ha sido desde muy joven una mujer decidida y proclive a romper moldes, como se intuye en la mirada franca, casi retadora, que ofrece a la cámara en su invernadero de Ezpeleta. First National Bank (ahora Citygroup)…Una inmejorable escuela de vida para una mujer que ya de moza ganaba a los chicos jugando a pala.
A Miguel Bezunartea se le escapa en la fotografía una sonrisa mundana, aunque su hierática pose y su casulla son las apropiadas para la liturgia sacerdotal. Miguel ya era un mozo alegre y animoso cuando de seminarista daba la catequesis en la iglesia parroquial de San Juan. La casulla (y por debajo, el alba con el cíngulo) y la custodia remiten a la voluntad de permanecer (e impresionar) de la Iglesia católica.
Ojos reflejan su propósito personal de entender el mundo, empeño absolutamente necesario para quienes se ocupan de pastorear las almas ajenas. propiciado todo tipo de elucubraciones psicoanalíticas. Ser maestro hijo de maestro cotiza doble en la bolsa de la transmisión del conocimiento por vía parental. En la década de 1950, Saturnino Paternain, Félix Erice, Amparo Navarro y María Sarrasín eran los cuatro maestros de Huarte (sin contar la labor docente de las monjas marianistas).euskera) y la villa cuenta hasta con una Escuela de Negocios de ambición internacional.
Ángel Oroz es digno representante de una estirpe no sólo emprendedora sino muy dotada para la técnica, en particular para la mecánica de automoción. Pero los Oroz se han dedicado desde siempre a muchas más cosas que reparar y vender tractores y maquinaria agrícola. modo de taxi un vehículo conocido como “la Rubia”, en el que se desplazaba en ocasiones el párroco para dar el viático a los enfermos. Así que nada tiene de sorprendente que Ángel haga honor a su nombre de pila y se dedique a dar alas nuevas a motores fuera de combate.
Pule y pinta cada una de sus piezas y las monta de nuevo en una tarea de auténtica filigrana en metal. con motores y turbinas, podrían servirpara alzar el vuelo. Es de esa clase de personas que nacen con el arte dentro como otras lo hacen con pies planos o con orejas de soplillo. alguien en una actividad extraordinaria (“tiene madera”, se decía) le ha venido a José Urdín doblemente al pelo. universo preindustrial que José recrea con el buril.
Electricista de profesión, este natural de San Martín de Unx se radicó en la década de 1959 en Huarte poco después de haberse casado con Fany, una joven del valle de Esteríbar. casa Pastorico crió a sus hijos (a los que él mismo hacía los juguetes) y aprovechó las horas libres para perfeccionar su escultura autodidacta y para documentarse sobre el arte popular vasco. jubilado, dedica ahora sus días a esculpir sus piezas, junto a algunas de las cuales aparece, sereno e intímamente orgulloso, en la fotografía.
Rosario Larrañeta (o Ro, como le llama todo el mundo) no fue una monja al uso. Ahora, como directora del Coro Parroquial y de la Coral Virgen Blanca, despierta la admiración de la cincuentena de cantantes cuyas voces armoniza sin necesidad de alardear de batuta. fotografía, tomada mientras dirigía a la Coral en una boda, la presenta como alguien que se multiplica en un montaje acorde con su dedicación y entusiasmo. pero eso no le impide desplegar una incesante actividad cultural ni ser la primera en animar una buena juerga.
Apenas un detalle de su indumentaria revela la condición de monja de Pilar Iribarren: la cruz marianista sobre su blusa. El estetoscopio, la bata blanca y el armario con las medicinas dan pistas seguras sobre su actividad. Hija de una familia de hortelanos, Pilar nació en casa Frexca, en el barrio del Portal. Tras optar por la vida religiosa eligió una de las dos congregaciones presentes en Huarte. Si hubiera preferido a las auxiliadoras, cuyo edificio se alzaba en el parque Mokarte, no podría divisar el Miravalles cada mañana. La transparencia de su mirada y el armónico abrazo a la garrafa demuestran que comparten más cosas que sus iniciales.
Hijos, cuatro nietos, un historial de división de trabajo (barbero él, provisora de paños limpios ella), un reparto de leche durante decenios en Huarte y un ultramarinos de corta vida. Él nació en Urroz, pero se crió en Huarte, donde abrió su primera peluquería tras haber aprendido el oficio en Irún, San Sebastián, Bilbao y Pamplona. después de casarse y entre los dos montaron un reparto de leche. Siempre tranquilo y bienhumorado, Paco dejó de cortar el pelo en Huarte para hacerlo en Pamplona, aunque siguió acarreando garrafas, más tarde botellas y finalmente bolsas de leche. implantó el tetrabrik, la familia, que ya no vivía en el pueblo, tenía una pequeña tienda en la calle Leandro Azcárate, gobernada con indiscutible garbo por Pilar hasta que se traspasó en 1974. ella y otros muchos de su generación han sido, por encima de todo, currelas.
A Marina Sarasíbar le cabe el honor de haber sido la primera diplomada universitaria que ejerció en Huarte. durante casi medio siglo administró remedios, repartió consejos y proporcionó consuelo desde su despacho de farmacia en la calle Zubiarte. asesoró a la presidencia en las corridas de San Fermín. Con él tuvo un hijo y una hija. El armario blanco ante el que posa Marina presenta el orden que es de esperar en una apoteca. médico hijo del pueblo que marcó toda una época en Huarte. rememorar aquellas reboticas en las que los farmacéuticos elaboraban pócimas y ungüentos con fórmulas magistrales.
Se le considera uno de los hombres de más edad (si no el mayor) de Huarte, pero a simple vista nadie lo diría. Martín Oroz no sólo se conserva bien, sino que se muestra muy activo. A este casi nonagenario la querencia por la hostelería le vino de familia. que ponía el acento en algunas de las especialidades de Huarte (como los rellenos y los piporropiles). casero. Quienes lo han probado atestiguan que no sólo está muy rico, sino que constituye un maravilloso remedio para los males relacionados con el aparato digestivo. encarga de hacer llegar su licor milagroso a los huartearras que lo necesitan, sin ahorrarse visitas a centros hospitalarios cuando lo considera conveniente.
Calle Zubiarte. El taller que acoge a Manolo, gran conversador, no es el que fue suyo, sino el de su amigo Antonio Indart. difieren gran cosa de los que él empleaba. El cuadro de San Crispín (patrono de los zapateros) tampoco le debe significar un problema, puesto que quizás tuvo uno parecido o pudo haberlo tenido. elemento perturbador lo constituyen los llaveros. último gol de Raúl en el Camp Nou. descansa el martillo.
El apellido Echeverría y el concepto “electricidad” comparten sonoridad vocálica y parece que también algo así como un campo magnético. la precariedad del servicio. Su hijo Javier le sucedió en el puesto hasta su jubilización en 2002. reparando el tendido de electricidad. Desde luego, un buen trabajo para acumular el fondo físico que demostró el año que hizo una doble peregrinación al castillo de su nombre. participar en la marcha anterior a Javier y, para compensar, fue y volvió andando.
Cada una de las lengüetas del fuelle del acordeón cromático de Ángel Inda podría representar una faceta distinta de su intensa trayectoria profesional. década de 1940 iba para salesiano, pero ha ejercido empleos de lo más diverso. una gran compañía y empresario de restauración. Los dioses le regalaron el don del entusiasmo y él ha puesto de su parte para redondear un currículum en muchos sentidos único. se resaltara que toca cinco instrumentos, aunque en este caso hay que hablar más de una afición que de un trabajo. En la edad en que muchos piensan en la jubilación Ángel sigue mostrándose hiperactivo. protagonizado por el duro James Cagney. Toca la bandurria y el laúd en varias rondallas. Ejerce como organista titular de Mutilva Baja y Huarte, donde fue miembro fundador de su Escuela de Música.
El magnífico paraje de Atondoa constituye el marco físico ideal para retratar a Felipe Aldea. Felipe, que permanece soltero, está catalogado como un ser solitario, por no decir huidizo. Puede que les hable a las plantas o a los árboles, pero no se prodiga en el trato con sus vecinos, aunque nunca tiene un mal gesto ni una palabra desdeñosa para nadie. despertarle demasiado interés. No hay más secreto. Su pasión blaugrana es tal que no hubiera aceptado ser fotografiado de no poder lucir sus galas de hincha. Barça, pero el color verde limón coincide, oh maravilla, con la lustrosa escarola de su huerta. Cinco Copas (Basora, César. Kubala, Moreno y Manchón), que Joan Manuel Serrat glosó en una de sus más famosas canciones.
Emilio Orrio ocupa un lugar destacado en la historia deportiva de Huarte. tuvieron una notable repercusión local. El carácter de Emilio, e incluso la manera de desenvolverse debajo de los palos, siempre pareció ajustarse a la idea imperante en el mundo balompédico de que los porteros están un poco locos. Emilio, fotografiado en el campo de Ugarrandía, era futbolista a tiempo parcial. Los domingos defendía los colores del Iruña, Oberena, Izarra, Azkoyen... pero entre semana trabajaba en la pescadería de su padre, ahora de su propiedad. por cien femenina.
Sonriente y relajado, Javier Campos posa ante su vehículo al lado de su casa familiar, que ha conocido años de gran actividad. La carrocería metalizada del actual coche de Javier reluce en la imagen sin romper el equilibrio de tonos ocres que hace pensar en la luz del otoño. Podría decirse que existía entonces una estrecha conexión entre la venta (de garbanzos, por ejemplo) y el servicio particular de viajeros. pero da más juego pensar que obedece a los arcanos de un tiempo ya terriblemente lejano. alcanzó mayor prestigio social (el hierro era escaso y, consecuentemente, caro). picando el hierro rusiente, moldeando piezas o realizando acabados de todo tipo. dirigen una industria metálica de su propiedad en Noain. laboral que rescata la imagen, tomada en el caserón de la calle Zubiarte. fragua de Vulcano” velazqueña que de una empresa del siglo XXI.
Multiplicar la imagen de Arturo Navaz con el photoshop no es un mero rec...
