Carlos Llamas Flores: Biografía de un Maestro Dedicado a la Enseñanza

Don Carlos Llamas Flores dedicó su vida a la enseñanza, transmitiendo su pasión por la física y la química a innumerables generaciones. Su legado perdura en la memoria de quienes fueron sus alumnos y compañeros.

Antiguo instituto de Bachillerato de Almendralejo, donde Carlos Llamas Flores impartió clases.

Primeros Años y Formación

Carlos Llamas nació en Estepa, donde sus padres, ambos maestros de escuela, le inculcaron la cultura. Estudió en los salesianos de Utrera, una enseñanza que sembró en él profundas creencias religiosas. Se licenció en Física y Química en la Universidad de Sevilla.

Llegada a Almendralejo y Vida Profesional

En 1952, Carlos Llamas llegó a Almendralejo para ejercer como profesor de Física y Química. Era un hombre alto, imponente, recordado por las calles del centro de Almendralejo, con las manos ligeramente cruzadas en su espalda. Fue concejal unos años, mostrando su compromiso con la vida pública.

En su vida familiar aplicaba la física que tanto le gustaba, como cuando contaba en el instituto que en su casa nadie se lavaba las manos con agua caliente en invierno. El motivo era que como el líquido tardaba en salir del grifo, el resultado hubiera sido que la energía se hubiera desperdiciado y, al final, el hijo se hubiera lavado las manos en frío, porque no hubiera esperado a que subiera por las cañerías.

La Cultura del Esfuerzo

De entre todos los valores que tenía don Carlos Llamas Flores, la cultura del esfuerzo era sin duda el que más le importaba. «Siempre nos hizo ver que lo importante no es el dinero, sino tener una formación y lograr un buen trabajo con esfuerzo. Siempre decía que el trabajo honra a las personas».

Legado Familiar

Tuvo una familia en la que imprimió esa cultura del esfuerzo en todos sus miembros. Muchos de sus hijos forman parte de la vida pública extremeña: Carlos es ginecólogo, Antonio es director provincial de Correos, Rosario es enfermera y Pablo tiene un cargo de responsabilidad en Cajalmendralejo. El resto ejerce su profesión quizás de forma más anónima, pero siempre prestando un servicio a la sociedad, como lo hizo su padre.

Últimos Años

Falleció a los 87 años. «No me siento totalmente una buena persona, aunque sí procuro ser bueno, pero todos tenemos defectos», confesaba don Carlos hace tres años. Descanse en paz.

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