Antonio Cánovas del Castillo, nacido en Málaga el 8 de febrero de 1828 y fallecido en Mondragón el 8 de agosto de 1897, fue un destacado político e historiador español del siglo XIX. Su ideología política estaba estrechamente vinculada al conservadurismo, y dedicó su vida a la política, con una dilatada carrera parlamentaria.
Cánovas fue político y orador, historiador y académico, hombre dado a la especulación y a la acción. Concebir a Cánovas como un simple político no solo lo empobrecería, sino que también lo haría incomprensible. Pocas figuras en la historia contemporánea española tienen una biografía tan excepcional como la de Antonio Cánovas, presente en los avatares nacionales desde el final del reinado de Isabel II hasta su asesinato en el verano de 1897.
Retrato de Antonio Cánovas del Castillo por Ricardo de Madrazo y Garreta (1896)
Biografía de Antonio Cánovas del Castillo .
Primeros Años y Formación
Cánovas estudió Filosofía y Jurisprudencia en Madrid (1845). Pronto empezó a ser conocido por sus actividades literarias, principalmente por sus estudios históricos, que más tarde le valdrían su plaza como académico y director de la Real Academia de Historia hasta su muerte (1882-1897). Perteneció también a la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (1881), a la de Bellas Artes de San Fernando (1882) y a la recién creada de Jurisprudencia y Legislación (1882), que también presidió.
Carrera Política
Además de su faceta de historiador, la verdadera vocación de Cánovas fue la política, a la que se dedicó activamente. Participó en la sublevación de julio de 1854, dirigida contra Isabel II, siéndole atribuida la redacción del "Manifiesto de Manzanares". Triunfante la revolución liberal, Cánovas ocupó un puesto en el Ministerio de Estado. Al ocupar el poder el general O'Donnell, en 1858, y organizada definitivamente la Unión Liberal, ocupó la Dirección General de Administración Local y, posteriormente, la Subsecretaría del Ministerio de la Gobernación.
Al sobrevenir el cambio político, ocasionado por el triunfo de la Revolución de Septiembre de 1868, empieza la vida política de Cánovas como gran estadista. Cánovas siempre quiso que la vuelta a la monarquía fuera el fruto de un deseo intrínseco del pueblo español y no el fruto de la imposición militar, y como tal se entiende en el "Manifiesto de Sandhurst" del 1 de diciembre de 1874. Tras la revolución y el fin de la monarquía borbónica, se encargó de preparar el caldo de cultivo para la restauración de la monarquía en la figura de un nuevo rey, Alfonso XII, hijo de Isabel II, que fue unánimemente secundada por los jefes del Ejército y por la población civil.
La Restauración Borbónica
A partir de entonces, se inició el gobierno largo de Cánovas, durante el cual se aprobó la Constitución de 1876, que restableció el principio de soberanía compartida entre el rey y las Cortes. Cánovas diseñó un modelo bipartidista formando él un partido conservador y buscó una figura que uniera la opción política alternativa, encontrándola en Sagasta, que asumiría el liderazgo del Partido Liberal, con el cual se turnarían los conservadores en el poder.
Su objetivo era terminar con la violencia política y los levantamientos militares que habían aparecido durante el reinado de Isabel II. Cánovas realizó en los dos años siguientes una obra enorme, que instauró las premisas del régimen que gobernaria hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera (1923). Preparó e hizo aprobar la Constitución de 1876, estableciendo una monarquía liberal inspirada en las prácticas parlamentarias europeas.
Presidencia del Consejo de Ministros
D. Antonio Cánovas del Castillo fue cinco veces presidente del gobierno durante los reinados de Isabel II (1833-1868), Alfonso XII de Borbón (1874-1885) y María Cristina de Habsburgo-Lorena que al fallecer Alfonso XII, ejerció la regencia durante la minoría de edad de su hijo, el rey Alfonso XIII desde 1885 hasta su muerte en 1897, aunque se comentaba que ya a su edad iba a dimitir.
Asumió también en muchas ocasiones la Presidencia del Consejo de Ministros. En el contexto de su dilatada vida política asumió en numerosas ocasiones responsabilidades de Gobierno, como ministro de Gobernación, de Ultramar, de Guerra y de Hacienda.
Logros y Desafíos
Sus logros fundamentales han sido reconocidos; como: el fin del intervencionismo militar mediante el "pronunciamiento"; la solución, regular la alternancia de los partidos del gobierno, la reconciliación de la Corona con las fuerzas políticas más liberales, la consolidación del Congreso y el Senado como centros reales de la vida política; la incorporación al sistema del catolicismo político; aislando al carlismo y la consecución de un marco político estable que facilitaría un desarrollo económico sostenido.
En su haber como gobernante hay que anotar la pacificación del país, poniendo fin a la sublevación cantonal (1874), la Tercera Guerra Carlista (1875) y la Guerra de los Diez Años en Cuba (1878). Pero se mostró impotente ante los nuevos conflictos que suscitaban el nacionalismo catalán, el movimiento obrero, el anarquismo, las disidencias internas de su partido (Francisco Silvela) y la reaparición del movimiento independentista en Cuba (1895).
El Final de su Carrera y Legado
Cánovas formó su último Gobierno en 1895, durante la regencia de María Cristina. Se produjo entonces una nueva insurrección en las colonias y Cánovas aplicó todas sus energías en sofocar el alzamiento en Cuba; una vez entregaran las armas los insurrectos, el académico aseguró que se plantearía reformar la libertad autonómica de las Antillas.
Junto al reconocimiento de sus éxitos, la figura de Cánovas ha estado siempre unida a una fuerte discusión, sobre los aspectos de su obra de gobierno. La obra de Cánovas fue injustamente valorada ya que la España que dejó a su muerte era muy diferente a la que había cuando era presidente del gobierno. Grandes diferencias entre los españoles tan profundas y tan graves que no planteaban ninguna duda sobre los problemas que acaecieron posteriormente.
Sus gobiernos estuvieron marcados, principalmente, por un mayor desarrollo del capitalismo en lo económico, la creación del Código de Comercio en lo jurídico, los conflictos con Cuba que desembocaron en la guerra de Independencia cubana, y las crecientes tensiones con anarquistas y otros colectivos obreros, siendo asesinado en 1897, durante su sexto mandato, por el anarquista Michele Angiolillo.
Pese a su procedencia malacitana y su residencia en Madrid, durante todos esos años -y aún bastantes de los anteriores- Cánovas salió elegido diputado por Murcia, convirtiendo Cieza, en un feudo absoluto que le dio el acta de diputado hasta en 13 ocasiones.
Cánovas y Vigo
La antigua Estación de Ferrocarril de Vigo, cuya fachada está aún en pie como un vestigio de la arquitectura ferroviaria en Galicia, guarda una estrecha relación con la figura de Antonio Cánovas del Castillo. Este estadista español, ocho veces presidente del Gobierno, jugó un papel fundamental en la construcción de la estación y en el desarrollo de la ciudad. Cánovas del Castillo presidió la sociedad adjudicataria de la línea Madrid-Vigo, impulsando la construcción del tramo Vigo-Ourense e iniciando las obras en 1864. Su decisión de conectar la ciudad al resto de España por ferrocarril abrió nuevas oportunidades comerciales y marcó un hito en su progreso.
Antigua Estación de Ferrocarril de Vigo
En 1880, bajo la presidencia de Cánovas del Castillo, se promulga la Ley de Puertos, y el Puerto de Vigo es declarado de primera categoría e interés general y, apenas unos meses después de la inauguración de la línea de ferrocarril Ourense-Vigo, el 7 de noviembre de 1881 se constituye la Junta de Obras del Puerto de Vigo, antecedente de la actual Autoridad Portuaria.
El 17 de septiembre de 1897, el Ayuntamiento de Vigo, en un acto de reconocimiento póstumo, decidió nombrar la futura avenida de enlace entre A Laxe y O Berbés como "Avenida de Cánovas del Castillo" en honor al estadista español.
