Las canciones infantiles son una herramienta valiosa en la crianza, ya que ayudan a los niños a aprender valores, a divertirse y, especialmente, a relajarse para dormir. Entre estas, las canciones de cuna, también conocidas como "nanas", son utilizadas desde tiempos inmemoriales para calmar a los recién nacidos y facilitarles el sueño. Estas melodías relajantes son beneficiosas para niños de todas las edades, ya que refuerzan la conexión entre padres e hijos.
A diferencia de las canciones infantiles que se centran en enseñar valores, las canciones de cuna se enfocan en transmitir una melodía armoniosa que induzca al sueño. También pueden estar relacionadas con las ventajas de descansar y dormir temprano, lo que ayuda a los niños a adquirir una rutina de sueño saludable.
¡LA MEJOR CANCIÓN DE CUNA PARA PONER LOS NIÑOS A DORMIR PROFUNDAMENTE! Ruido Blanco para Bebés
Importancia de las Canciones Infantiles para Dormir
Para muchos niños, conciliar el sueño puede ser un desafío. Estar solos en la cama, con poca luz y sin la presencia de sus padres, no siempre crea un ambiente propicio para la relajación. Las canciones infantiles para dormir buscan transmitir la tranquilidad que necesitan, asegurándoles que sus padres están presentes en todo momento.
Para aprovechar al máximo las canciones de cuna, se recomienda mantener una luz tenue en la habitación, entornar la puerta para evitar ruidos y utilizar un tono de voz calmado y suave, disminuyendo progresivamente la velocidad a medida que el niño se duerme.
Ejemplos de Canciones Infantiles para Dormir
A continuación, te presentamos algunos ejemplos de canciones infantiles que puedes utilizar para arrullar a tu bebé:
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Pin Pon es un Muñeco
Pin pon es un muñeco, muy guapo y de cartón, de cartón, se lava la carita con agua y con jabón, con jabón…
Esta canción, con su melodía alegre y relajante, transmite serenidad a los niños mientras les enseña sobre el aseo personal y el valor de la amistad.
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Vamos a la Cama
Enseñarles esta canción puede ser la excusa perfecta para ver el lado positivo del momento de ir a descansar, que es básico para ellos (¡y para nosotros!), pero que no siempre lo toman con buen humor (“¡cinco minutos más!”). Para ello, ponemos los ojos en la mañana siguiente, en lo importante que es descansar para vivir con energía y en la rutina de cada día mientras damos las buenas noches a los papás y nos lavamos los dientes.
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Los Cochinitos Ya Están en la Cama
De un estilo similar a la anterior, esta vez nos vamos a dormir con los tres cochinitos que sueñan con ser un rey, con el mar y con trabajar para ayudar a su mamá. Antes de caer entre sueños, aprenderemos que descansar también es divertido, que nos da energía y que dormir nos deja soñar.
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La Lechuza Hace “Shhh”
Junto con otras canciones infantiles para dormir, Leoncito Alado tiene este pequeño recopilatorio que te dará sueño hasta a ti, como Estrellita, ¿dónde estás? y Saco una manita y arroró. Se trata de canciones más modernas que podemos aprendernos para cantar con los peques o aprovechar el audiovídeo para cantar juntos antes de ir a dormir.
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Aserrín, Aserrán
Entre las canciones tradicionales para ir a la cama, Aserrín, Aserrán, canción de la que cada país suele tener una versión diferente como es habitual en las canciones para jugar con los bebés (Cinco lobitos tiene la loba, Al paso, al trote, al galope), es un título ameno, con una letra sencilla y fácil de seguir por los niños y las niñas; además, hará acostarse con una sonrisa relajada en sus caras, ¡ya lo verás!
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Cu cú Cantaba la Rana
Aquí te dejamos una versión de otra de las canciones infantiles para dormir más conocidas: “Cu cú, cu cú cantaba la rana, Cu cú, cu cú debajo del agua, Cu cú, cu cú pasó un caballero, Cu cú, cu cú de capa y sombrero”. A nosotros nos ha encantado la versión del canal infantil de YouTube Leoncito Alado, tanto por las animaciones como por la calidad de la música.
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Un Elefante se Balanceaba…
¡Sobre la tela de una araña! Como veía que no se caía, fue a buscar… ¡a otro elefante! Un clásico de nuestra propia infancia, ¿o no? Una canción divertida que juega con las imágenes y el absurdo para que nuestro hijo o nuestra hija se relaje y se acueste con una sonrisa.
La nana o canción de cuna es un tipo de canción popular que se ha transmitido oralmente de generación en generación, en la que se pueden encontrar muchas de las primeras palabras que se le dicen al niño pequeño. Se admite comúnmente que la nana es una canción breve con la que se arrulla a los niños, que tiene como finalidad esencial que el destinatario de la misma concilie el sueño; su interpretación se produce, en la mayoría de las ocasiones, cuando el niño no se quiere dormir o cuando tiene dificultades para conciliar el sueño.
Gracias a todo eso, la nana, como modalidad de poesía lírica popular de tradición infantil, aún se encuentra viva en la tradición de los países de habla hispana, con ese nombre, o con el de canción de cuna, e incluso con otras denominaciones no tan conocidas en España: arrullos, cantos de arrorró o rurrupatas.
Su vigorosa existencia en la tradición hispánica se corrobora con documentos que confirman su interpretación desde hace muchísimos años, pero no se trata de una existencia exclusiva del mundo de habla española, pues este tipo de canciones, (con otros nombres, pero con los mismos contenidos y parecidas formas) se interpretaron y se interpretan también en otros países hablantes de lenguas diferentes. Ya en el siglo XIX, Francisco Rodríguez Marín comprobó las semejanzas que existían entre nanas españolas, italianas, portuguesas y francesas, afirmando no sólo las influencias que entre ellas se producían, sino también su pertenencia a una tradición común, en este caso románica.
Pero volvamos a la nana hispánica: su origen español, al igual que los demás géneros del folclore infantil, parece fuera de toda duda; de otro modo, sería difícil explicar no sólo los parecidos, sino incluso las exactitudes, que existen entre composiciones de diversos países hispanoamericanos, que antes de la llegada de los españoles hablaban lenguas muy diferentes.
Existen muchas coincidencias entre esos testimonios y las rimas infantiles de nuestro tiempo: como si los niños de hoy fueran los mismos -casi los mismos- que vivieron en los siglos XVI y XVII (y aún podemos decir, como si fueran los mismos que vivieron en la Edad Media, puesto que esas cancioncitas eran ya viejas cuando fueron recogidas).
Como si los niños fueran inmunes a los cambios históricos, a la renovación de las corrientes culturales, al ir y venir de las modas poéticas. La canción de cuna es uno de los pocos géneros del Cancionero Infantil en que el papel de emisor lo representa un adulto.
El adulto-varón, cuando es citado, suele estar ausente, bien porque ha salido de viaje, bien porque está trabajando. La sencillez comunicativa de la nana, en la que un emisor (el adulto) transmite un mensaje (directo, breve y conciso) a un destinatario (el niño) del que no se suele esperar contestación, no es impedimento para que aparezcan elementos que, literariamente, la enriquecen; sirva como ejemplo que el emisor se apoya en determinados personajes -que tienen una función secundaria- para reforzar los contenidos de su mensaje, es decir, para incitar al niño a que concilie el sueño.
La frecuente presencia de la madre, las citas a la ausencia del padre, las referencias a diversos quehaceres hogareños (lavar, planchar, cocinar) y el constante recuerdo del amor que los padres sienten por su hijo confieren a las nanas un especial tono afectivo, muy familiar, que las identifica, y que, además, aparece potenciado por la presencia de abundantes diminutivos: «nanita», «casita», «pajaritos», «chiquitín», «ojitos», «guagüita», etc., por un lado, y de frecuentes estribillos que, con su ritmo reiterativo y machacón, logran crear esa sensación de arrullo que, presumiblemente, debe ayudar al niño a dormirse: A la ro, ro, ro; A la nea, nea; Ea, ea, ea; Arrorró, arrorró; Ea la ea, ea la ea, son algunos de los más usados en la nana hispánica.
El tono afectivo a que antes nos hemos referido no es el único en la tradición de la nana: es también importante el tono derivado de la propia concepción de estas canciones, es decir, el tono imperativo con que se induce al niño a que concilie el sueño lo más rápidamente que sea posible.
Precisamente, las nanas en que este tono imperativo es más explícito son las que más vivas se conservan, tanto en España como en Hispanoamérica. Se unen, pues, en ocasiones, lo familiar y lo imperativo, pero ello no nos oculta la existencia explícita de amenaza en otras nanas: conocida es la tradición del coco, personaje que, curiosamente, no aparece en muchas nanas españolas, pero cuya existencia popular está muy extendida, asociada siempre al género de la nana.
La tradición de la nana no es sólo española, ni siquiera hispana; con la misma o con otras denominaciones, en toda Europa se asusta con el coco, entendiendo como tal ese ser imaginario que produce miedos infantiles, que serán mayores o menores, según sea la propia fantasía del niño destinatario de la amenaza.
En Hispanoamérica también se asusta al niño que no duerme con seres reales o imaginarios. Como se puede comprobar, la canción de cuna, a menudo, invoca a seres que provocan en el niño temores, miedos, angustias o llantos. Ante ellos, la arrulladora intenta liberar al niño de todo eso con el arrullo -rítmico, afectivo, maternal- de la nana que canta.
La madre protectora, la madre refugio, la madre cuna, la madre amor es la que conducirá al niño hacia el sueño tranquilo con la voz y la música de la nana. En la nana nos encontramos con la síntesis del amor filial y del miedo provocado; cariño y amenaza explícita; realidad y fantasía. En la nana hispánica está contenida la propia dualidad de la vida misma desde sus orígenes, así como los sentimientos que más vivamente han caracterizado al hombre, con sus obsesiones, sus amores, sus miedos y sus esperanzas.
Como es fácil comprobar, la literatura busca a las personas a lo largo de toda su vida, bien para presentarle historias que sucedieron hace muchos años, bien para anunciarle los caminos del futuro más cercano, bien para acompañarle en fantásticos viajes o para compartir los sentimientos de personajes que ya son leyenda. La riqueza literaria de la canción de cuna, así como su ininterrumpida transmisión de generación en generación, nos obligan a realizar todos los esfuerzos posibles para evitar que terminen desapareciendo.
