La nana o canción de cuna es un tipo de canción popular que se ha transmitido oralmente de generación en generación, en la que se pueden encontrar muchas de las primeras palabras que se le dicen al niño pequeño. Se admite comúnmente que la nana es una canción breve con la que se arrulla a los niños, que tiene como finalidad esencial que el destinatario de la misma concilie el sueño; su interpretación se produce, en la mayoría de las ocasiones, cuando el niño no se quiere dormir o cuando tiene dificultades para conciliar el sueño.
En cualquier clasificación del Cancionero Infantil que contemple las edades del niño, habría que incluir la canción de cuna -junto a los primeros juegos mímicos- en el apartado de composiciones que requieren la figura de un adulto como emisor de la cantilena, y que se corresponde con los primeros años de la vida del infante, es decir, desde su mismo nacimiento hasta los momentos en que empieza a ser capaz de expresarse oralmente con cierta autonomía, aunque ello no impedirá que se sigan practicando durante más tiempo (Cerrillo, 2005: 33-44).
Gracias a todo eso, la nana, como modalidad de poesía lírica popular de tradición infantil, aún se encuentra viva en la tradición de los países de habla hispana, con ese nombre, o con el de canción de cuna, e incluso con otras denominaciones no tan conocidas en España: arrullos, cantos de arrorró o rurrupatas.
Su vigorosa existencia en la tradición hispánica se corrobora con documentos que confirman su interpretación desde hace muchísimos años, pero no se trata de una existencia exclusiva del mundo de habla española, pues este tipo de canciones, (con otros nombres, pero con los mismos contenidos y parecidas formas) se interpretaron y se interpretan también en otros países hablantes de lenguas diferentes: ya en el siglo XIX, Francisco Rodríguez Marín comprobó las semejanzas que existían entre nanas españolas, italianas, portuguesas y francesas, afirmando no sólo las influencias que entre ellas se producían, sino también su pertenencia a una tradición común, en este caso románica.
Pero volvamos a la nana hispánica: su origen español, al igual que los demás géneros del folclore infantil, parece fuera de toda duda; de otro modo, sería difícil explicar no sólo los parecidos, sino incluso las exactitudes, que existen entre composiciones de diversos países hispanoamericanos, que antes de la llegada de los españoles hablaban lenguas muy diferentes.
Los registros de embarque de las expediciones españolas a América nos indican que, junto a libros religiosos, vidas de santos, sermones, vocabularios eclesiásticos, obras de Garcilaso de la Vega o Fray Luis de Granada, también se llevaron al otro lado del Atlántico colecciones de romances y de canciones, así como resmas de coplas (que solían incluir textos de tradición popular), catones y cartillas2.
Además, los testimonios indirectos de algunos cronistas de Indias (Pedro Cieza de León, Diego Fernández Palencia o Bernal Díaz del Castillo) nos confirman este trasvase de España a América: Díaz del Castillo, en su Conquista de Nueva España (BAE, XXVI, 36, p...
De sobra son conocidas las versiones que, en diversos países de la América de habla hispana, existen de los temas romancísticos de Mambrú, Delgadina, Bartolo o La pájara pinta, por poner sólo algunos ejemplos, manteniendo casi siempre los elementos básicos de la composición originaria española.
Existen muchas coincidencias entre esos testimonios [se refiere a los que cita Rodrigo Caro en Días geniales o lúdricos y otros poetas españoles de la Edad de Oro] y las rimas infantiles de nuestro tiempo: como si los niños de hoy fueran los mismos -casi los mismos- que vivieron en los siglos XVI y XVII (y aún podemos decir, como si fueran los mismos que vivieron en la Edad Media, puesto que esas cancioncitas eran ya viejas cuando fueron recogidas).
Como si los niños fueran inmunes a los cambios históricos, a la renovación de las corrientes culturales, al ir y venir de las modas poéticas. La canción de cuna es uno de los pocos géneros del Cancionero Infantil en que el papel de emisor lo representa un adulto.
O madres que protagonizan sentimientos enfrentados: ternura y enfado, nerviosismo y paciencia, soledad y compañía, alegría y tristeza, carencias y regalos, pero por encima de los cuales siempre es perceptible el amor de madre, amor materno-filial, a fin de cuentas.
Las reverendas madres de todos los cantares y los cantares de todas las madres, que son «nina, nina y lala, lala», cuyo uso es tan natural, que, no habiendo qué cantar o no sabiendo, ellos mismos se nos vienen a la boca y se nos salen de ella sin cuidado y artificio, y son tan bien contentadizos, que se contentan con cualquier tono, y no extrañan ninguna voz por mala que sea, condición muy propia de madres.
El adulto-varón, cuando es citado, suele estar ausente, bien porque ha salido de viaje, bien porque está trabajando. La sencillez comunicativa de la nana, en la que un emisor (el adulto) transmite un mensaje (directo, breve y conciso) a un destinatario (el niño) del que no se suele esperar contestación, no es impedimento para que aparezcan elementos que, literariamente, la enriquecen; sirva como ejemplo que el emisor se apoya en determinados personajes -que tienen una función secundaria- para reforzar los contenidos de su mensaje, es decir, para incitar al niño a que concilie el sueño.
La frecuente presencia de la madre, las citas a la ausencia del padre, las referencias a diversos quehaceres hogareños (lavar, planchar, cocinar) y el constante recuerdo del amor que los padres sienten por su hijo confieren a las nanas un especial tono afectivo, muy familiar, que las identifica, y que, además, aparece potenciado por la presencia de abundantes diminutivos: «nanita», «casita», «pajaritos», «chiquitín», «ojitos», «guagüita», etc., por un lado, y de frecuentes estribillos que, con su ritmo reiterativo y machacón, logran crear esa sensación de arrullo que, presumiblemente, debe ayudar al niño a dormirse: A la ro, ro, ro; A la nea, nea; Ea, ea, ea; Arrorró, arrorró; Ea la ea, ea la ea, son algunos de los más usados en la nana hispánica.
El tono afectivo a que antes nos hemos referido no es el único en la tradición de la nana: es también importante el tono derivado de la propia concepción de estas canciones, es decir, el tono imperativo con que se induce al niño a que concilie el sueño lo más rápidamente que sea posible.
Precisamente, las nanas en que este tono imperativo es más explícito son las que más vivas se conservan, tanto en España como en Hispanoamérica. Se unen, pues, en ocasiones, lo familiar y lo imperativo, pero ello no nos oculta la existencia explícita de amenaza en otras nanas: conocida es la tradición del coco, personaje que, curiosamente, no aparece en muchas nanas españolas, pero cuya existencia popular está muy extendida, asociada siempre al género de la nana.
La fuerza mágica del coco es, precisamente, su desdibujo. Nunca puede aparecer, aunque ronde las habitaciones. Y lo delicioso es que sigue desdibujado para todos. Se trata de una abstracción poética y, por eso, el miedo que produce es un miedo cósmico, un miedo en el cual los sentidos no pueden poner sus límites salvadores… porque no tiene explicación posible [...] El miedo que el niño le tenga depende de su fantasía y puede, incluso, serle simpático.
En lenguaje de los niños, vale figura que causa espanto, y ninguna tanto como las que están a lo oscuro o muestran color negro de 'cus', nombre propio de Can, que reinó en Etiopía, tierra de los negros. El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua se refiere al «coco», en la cuarta entrada de dicho término, como «fantasma que se figura para meter miedo a los niños».
Y el Diccionario de uso del español, de María Moliner, por su parte, lo define como «ser fantástico, supuesto demonio, con el que se asusta a los niños» (Moliner, 1987: 655), y remite a otros personajes de significado similar, como bu, camuñas, cancón, cuco y papón, a los que nosotros añadiríamos El tío del saco y el Sacamantencas.
La tradición de la nana no es sólo española, ni siquiera hispana; con la misma o con otras denominaciones, en toda Europa se asusta con el coco, entendiendo como tal ese ser imaginario que produce miedos infantiles, que serán mayores o menores, según sea la propia fantasía del niño destinatario de la amenaza.
En Hispanoamérica también se asusta al niño que no duerme con seres reales o imaginarios. Como se puede comprobar, la canción de cuna, a menudo, invoca a seres que provocan en el niño temores, miedos, angustias o llantos. Ante ellos, la arrulladora intenta liberar al niño de todo eso con el arrullo -rítmico, afectivo, maternal- de la nana que canta.
La madre protectora, la madre refugio, la madre cuna, la madre amor es la que conducirá al niño hacia el sueño tranquilo con la voz y la música de la nana. En la nana nos encontramos con la síntesis del amor filial y del miedo provocado; cariño y amenaza explícita; realidad y fantasía. En la nana hispánica está contenida la propia dualidad de la vida misma desde sus orígenes, así como los sentimientos que más vivamente han caracterizado al hombre, con sus obsesiones, sus amores, sus miedos y sus esperanzas.
No podemos olvidar que la canción de cuna está inventada (y sus textos lo expresan) por las pobres mujeres cuyos niños son para ellas una carga, una cruz pesada con la cual muchas veces no pueden [...] Son las pobres mujeres las que dan a sus hijos este pan melancólico y son ellas las que lo llevan a las casas ricas.
Como es fácil comprobar, la literatura busca a las personas a lo largo de toda su vida, bien para presentarle historias que sucedieron hace muchos años, bien para anunciarle los caminos del futuro más cercano, bien para acompañarle en fantásticos viajes o para compartir los sentimientos de personajes que ya son leyenda. La riqueza literaria de la canción de cuna, así como su ininterrumpida transmisión de generación en generación, nos obligan a realizar todos los esfuerzos posibles para evitar que terminen desapareciendo.
Madre cantando una canción de cuna a su bebé
Ejemplos de Canciones de Cuna Populares
Las canciones infantiles ayudan a nuestros hijos e hijas a aprender nuevos valores, a divertirse e incluso a dormir, porque son capaces también de relajarles. A continuación te ofrecemos ejemplos de canciones infantiles que puedes aprovechar en los momentos adecuados y con los que además también aprenderán muchas cosas nuevas.
- Pin Pon es un muñeco: Pin pon es un muñeco, muy guapo y de cartón, de cartón, se lava la carita con agua y con jabón, con jabón… Entre las canciones infantiles para dormir, Pin Pon es un muñeco nos trae una melodía alegre y relajante con la que transmitir serenidad a nuestros hijos e hijas, mientras cantamos una letra orientada al aseo personal y al valor de la amistad: lavarse la cara, peinarse, no ensuciarse a cada rato... ¡y ser amigos de Pin Pon!
- Vamos a la cama: Enseñarles esta canción puede ser la excusa perfecta para ver el lado positivo del momento de ir a descansar, que es básico para ellos (¡y para nosotros!), pero que no siempre lo toman con buen humor (“¡cinco minutos más!”). Para ello, ponemos los ojos en la mañana siguiente, en lo importante que es descansar para vivir con energía y en la rutina de cada día mientras damos las buenas noches a los papás y nos lavamos los dientes. La versión de la Familia Telerín es fantástica, ¿verdad? ¡Pues hay muchas más! Encontrarás canciones más clásicas -las de siempre- y otras más actuales, ¡solo tienes que buscar un poco por los canales infantiles de YouTube o las playlists para niños de Spotify, por ejemplo.
- Los cochinitos ya están en la cama: De un estilo similar a la anterior, esta vez nos vamos a dormir con los tres cochinitos que sueñan con ser un rey, con el mar y con trabajar para ayudar a su mamá. Antes de caer entre sueños, aprenderemos que descansar también es divertido, que nos da energía y que dormir nos deja soñar.
- La lechuza hace “Shhh”: Junto con otras canciones infantiles para dormir, Leoncito Alado tiene este pequeño recopilatorio que te dará sueño hasta a ti, como Estrellita, ¿dónde estás? y Saco una manita y arroró. Se trata de canciones más modernas que podemos aprendernos para cantar con los peques o aprovechar el audiovídeo para cantar juntos antes de ir a dormir.
- Aserrín, Aserrán: Entre las canciones tradicionales para ir a la cama, Aserrín, Aserrán, canción de la que cada país suele tener una versión diferente como es habitual en las canciones para jugar con los bebés (Cinco lobitos tiene la loba, Al paso, al trote, al galope), es un título ameno, con una letra sencilla y fácil de seguir por los niños y las niñas; además, hará acostarse con una sonrisa relajada en sus caras, ¡ya lo verás!
- Cu cú cantaba la rana: Aquí te dejamos una versión de otra de las canciones infantiles para dormir más conocidas: “Cu cú, cu cú cantaba la rana, Cu cú, cu cú debajo del agua, Cu cú, cu cú pasó un caballero, Cu cú, cu cú de capa y sombrero”. A nosotros nos ha encantado la versión del canal infantil de YouTube Leoncito Alado, tanto por las animaciones como por la calidad de la música.
- Un elefante se balanceaba… ¡Sobre la tela de una araña!: Como veía que no se caía, fue a buscar… ¡a otro elefante! Un clásico de nuestra propia infancia, ¿o no? Una canción divertida que juega con las imágenes y el absurdo para que nuestro hijo o nuestra hija se relaje y se acueste con una sonrisa. Con ella, también jugaremos a contar y, poco a poco, nos vendrá el sueño mientras contamos un elefante, dos elefantes, tres elefantes; cuatro elefantes se balanceaban…
- Estrellita, ¿dónde estás?: También podemos enseñar a los peques esta versión de ToyCantando de esta canción infantil tradicional para dormir: “Estrellita, ¿dónde estás? Quiero verte titilar. En el cielo o en el mar, ¡un diamante de verdad!” Una melodía que transmite serenidad, una letra que trae paz… ¡Tus hijos te la van a pedir cada noche!
- Hush, Little Baby: Terminamos con una nana o canción infantil para dormir en inglés que puedes cantarles a tus hijos para empezar a familiarizarles con otro idioma. Por supuesto también tienes la versión en castellano de esta preciosa canción adaptada con el oso Traposo en su canal de YouTube. Esta es quizá la nana (lullaby) más famosa en inglés, y verás cómo su fama no es, en absoluto, inmerecida. Tus pequeños se relajarán y, tengan la edad que tengan, se irán a la cama tranquilos, disfrutando de la melodía placentera de Calla, pequeño / Hush, Little Baby.
Niño durmiendo plácidamente
Hay muchas canciones infantiles para dormir, conocidas muchas veces como "canciones de cuna", porque se usan a menudo con los recién nacidos para ayudarles a conciliar el sueño. No obstante, las canciones infantiles para dormir se pueden aprovechar a todas las edades. Son muy relajantes y además ayudan a reforzar la conexión entre los pequeños y la madre o el padre que le dedican el tiempo necesario para dormirse.
A diferencia de las canciones infantiles que enseñan valores, algunas canciones infantiles para dormir se centran más en transmitir una melodía relajante y armoniosa que les ayude a ir cogiendo el sueño poco a poco. También pueden estar relacionadas con las ventajas de descansar e irse a dormir pronto, lo que sí puede ayudarles a ir adquiriendo una rutina habitual de acostarse todas las noches a una hora adecuada y a dormir plácidamente.
Importancia de las Canciones Infantiles para Dormir
Para una gran cantidad de niñas y niños, irse a dormir es algo más complejo de lo que puede parecer a simple vista. Estar a solas en la cama, sin tanta luz como de costumbre y, sobre todo, con la ausencia de los padres en la misma habitación, no son condiciones propicias para que se relajen.
Las canciones infantiles para dormir buscan transmitir esa tranquilidad que necesitan, además de confirmarles que el padre o la madre estarán con ellos en todo momento. A la hora de aprovechar al máximo las canciones infantiles, mantén una luz tenue en la habitación, entorna la puerta para que no os molesten ruidos de otras habitaciones y aplica un tono calmado y progresivamente más lento conforme notes que se van durmiendo.
"Ea La Nana" Canción de Cuna en Cajita Musical y Muchas más Canciones. Lunacreciente
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Bibliografía
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