Análisis de "Canción de cuna" de Gregorio Martínez Sierra: Un Clásico del Teatro y Cine Español

Hay películas que resultan extraordinarias pero no sabemos exactamente por qué. Es lo que ocurre con Canción de cuna, acaso el más personal de todos los proyectos de José Luis Garci.

La obra de teatro en la que se basa el film de Garci se estrenó por primera vez en 1911 y, hasta la fecha, ha tenido hasta cinco trasposiciones distintas al séptimo arte: Mitchell Leisen la llevó al cine en 1933, con el título de Cradle Song, y el propio Martínez Sierra dirigió una adaptación en Argentina, ya después de la Guerra Civil, en 1941. Garci escuchó por primera vez Canción de cuna en la radio cuando era un joven adolescente, y enseguida se marchó a la Biblioteca Nacional a leer la obra. Desde entonces, siempre quiso llevarla al cine, pero se trataba de un proyecto tan ambicioso como arriesgado, ya que iba a contracorriente del cine que se estaba haciendo, no solo en España, sino en todo occidente. Afortunadamente, y a pesar de las advertencias de sus amigos, Garci logró poner en pie un proyecto delicioso, una auténtica joya del cine español, tanto desde el punto de vista de la puesta en escena como de la dirección de actrices.

La obra teatral Canción de cuna fue para sus autores la aventura más emocionante de su carrera de dramaturgos, recordaba María Lejárraga en sus memorias. Idéntica emoción embargó al público que asistió a aquel estreno el 21 de febrero de 1911 en el madrileño teatro Lara y a los millones de espectadores que, durante décadas, la aplaudieron en los escenarios de todo el mundo, convirtiéndola en una de las comedias españolas más representadas del siglo XX. Tras los triunfos resonantes en el Civic Repertory Theatre de Broadway (Nueva York) y en el Studio des Champs-Élysées (París), fue presentada en 1936 en la Comédie Française como una de las escasas obras extranjeras contemporáneas que figuraban en su selecto repertorio. Mereció también cinco adaptaciones cinematográficas entre 1933 y 1993, y varias versiones televisivas. Hoy permanece alejada de los teatros, pero no ha perdido su encanto ni su fuerza de atracción.

Una lectura moderna de la obra nos descubre nuevos valores en una comedia que sigue cautivándonos por su poesía, por el perfecto engranaje de sus escenas, por su belleza formal y por la sutil representación de un mundo complejo más allá de su apariencia sencilla, amable y optimista.

José Luis Garci

Sinopsis

Cuando a las puertas de un convento de clausura aparece un cesto con una niña dentro, las monjas sienten despertar su instinto maternal. La superiora y el médico del pueblo, que es el único hombre autorizado a entrar allí, llegan a un acuerdo: él adoptará a la niña, pero se la entregará a las monjas para que la eduquen.

Ficha Técnica

  • Año: 1994
  • Duración: 101 min.
  • País: España
  • Dirección: José Luis Garci
  • Guion: José Luis Garci, Horacio Valcárcel

Calma Bebé | Canciones Infantiles

Aspectos Destacados de la Película de Garci

Fue la primera película española en el festival de Sundance, elegida personalmente por Robert Redford, que vio en ella una forma de hacer cine ya extinta, la de los años cuarenta. Canción de cuna, trasposición fílmica de la obra de teatro homónima de Gregorio Martínez Sierra (pero en realidad escrita por su mujer, María de la O Lejárraga), es una historia sin acción y sin conflicto, pero con mucha emoción, que subraya el paso del tiempo y la vida en una pequeña comunidad de monjas de clausura.

Alfredo Landa, que interpreta magistralmente a don José, el médico rural -que apenas aparece en la obra de teatro pero que adquiere un peso fundamental en la versión de Garci-, pensaba que el director se estaba guardando un as en la manga, que debía haber algo en el guion que Garci les estaba ocultando deliberadamente a los actores. Pero no era así: Canción de cuna no es una película de acción, sino de emoción y sentimientos, de creación de atmósferas. Y es que, al fin y al cabo, lo que se presenta es una historia de mujeres que no pueden ser madres, pero a las que la vida les ofrece la posibilidad de serlo.

La fotografía de Manuel Rojas, la música de Manuel Balboa, los decorados de Gil Parrondo y el vestuario de Yvonne Blake (resulta delicioso el color vainilla de los hábitos de las monjas) se combinan de una forma magistral para crear una atmósfera que oscila entre Dreyer y Zurbarán, algo subrayado por el hecho de que la película se rodara en el Monasterio de Silos y en el Convento de la Vid, en Burgos.

Sin duda, uno de los grandes momentos de Canción de cuna es el final del primer cuadro, cuando las monjas han decidido quedarse con la niña y la Madre Teresa (Fiorella Faltoyano) le pregunta a don José si podrá verla corretear. Los dos personajes se dan la mano (es una despedida) a través de la cancela del convento. En ese mismo espacio creado por Gil Parrondo concluye la cinta, cuando Carmelo Gómez, prometido de la joven Teresa le pregunta a la Madre Superiora (que ahora es Amparo Larrañaga) si puede ver los rostros de las monjas.

Fotograma de la película Canción de cuna

Análisis de la Puesta en Escena

Película donde todo rezuma sentimiento, pero se presenta con un vigor visual, con un dominio del lenguaje cinematográfico, con un inteligentísimo retrato de caracteres, con un férreo ritmo narrativo, con unos interludios de humor… absolutamente cautivantes. A las puertas de un convento de clausura aparece un cesta con una niña dentro.

En sobreimpresión, comienzan los títulos de crédito, acompañados musicalmente por una sencilla versión al violín de la Salve Regina gregoriana. La cámara se queda en el convento. Una magnífica sucesión de tomas muestra parsimoniosamente la vida de las monjas, mientras va introduciendo al espectador en el clima de paz y austeridad en que viven. La luz se filtra a lo Carl Dreyer por entre las sobrias paredes del caserón. El resto de la película mantendrá casi sin fisuras esta tensión estética y dramática, asombrosamente relajante, siempre al borde del sentimentalismo.

Ciertamente, todo rezuma sentimiento, pero se presenta con un vigor visual, con un dominio del lenguaje cinematográfico, con un inteligentísimo retrato de caracteres, con un férreo ritmo narrativo, con unos interludios de humor… absolutamente cautivantes.

Recepción y Crítica

Había gran expectación ante el retorno a la gran pantalla de José Luis Garci, tras siete años de aventura televisiva y editorial. Quedaban muy atrás sus primeros éxitos como guionista (La cabina, La Gioconda está triste) y como director (Asignatura pendiente, Las verdes praderas, El Crack…), e incluso aquel histórico Oscar al mejor film en habla no inglesa que recibiera en 1983 por Volver a empezar, la primera producción española merecedora de ese galardón. De todos modos, su argumento es insólito para los tiempos que corren. Se basa en la obra teatral homónima escrita en 1911 por Gregorio Martínez Sierra, aunque, como se ha sabido más tarde, la autora material fue en gran medida su mujer, María Lejárraga. Ya antes había sido llevada al cine en tres ocasiones. Su sinopsis es muy sencilla. Un lugar de Castilla, a finales del siglo pasado. En la puerta de un convento de monjas dominicas de clausura dejan una niña recién nacida. Las monjas se quedan con ella para educarla, después de que la adopte legalmente Don José (Alfredo Landa), el médico del pueblo, uno de los pocos varones que pueden entrar a la clausura. Pasan 18 años, la niña (Maribel Verdú) se casa con un buen muchacho del lugar (Carmelo Gómez) y los dos se van para hacer las Américas. No hay más: nueve monjas, una chica, su novio y el médico. Acción.

“Saber mirar es saber amar”, se dice en la película. Y uno piensa, con apasionada intolerancia, que si a alguien no le gusta Canción de cuna es porque no ha sabido mirarla… Una obra de arte; eso es. Y viene a la memoria aquello del cineasta ruso Andrei Tarkovski: “Las obras de arte surgen del esfuerzo por expresar ideales éticos, y suponen la ligazón orgánica de idea y forma”. ¿Será consciente Garci de todo lo que aporta su película en nuestra perpleja sociedad materializada? Quizá no. Ya se sabe que las obras de arte suelen trascender la intención de quienes las concibieron. Seguramente, Garci sólo ha querido traducir en imágenes la bonita historia que le hizo llorar cuando era joven, desde esa mirada respetuosa pero algo distante del médico interpretado por Alfredo Landa. Pero, a la postre, es una mirada que se rinde ante la talla humana y espiritual de ese grupo de monjas, de esas mujeres admirables y llenas de humanidad que le transportan a una dimensión distinta, llena de sosiego y de alegría.

Pasan los días y es difícil quitarse de la cabeza Canción de cuna. Y vuelven a la mente el espejo, el canario, y el “Puellam habemus!”, y los rostros y las voces, siempre perfectos -¿quién lo diría tratándose de una película española?-, de los actores y actrices, y los memorables primeros planos de la despedida… Uno intenta ser crítico consigo mismo -¡soy un sentimental!- y le busca peros a la película. Sí, es verdad que la amistad entre la primera priora y el médico -sólo esbozada en la obra original- llega muy lejos en la película; y que el salto de 18 años en el tiempo -como otras muchas elipsis- provoca cierto vértigo; Garci ha arriesgado también en su decidido afán de síntesis narrativa. En cualquier caso, por su rotunda belleza, por la sinceridad y coherencia de sus planteamientos cristianos, por su “saber mirar”…, Canción de cuna me parece una obra maestra, una de las mejores películas españolas de todos los tiempos, todo un clásico desde su primera proyección. Ojalá que llene los cines de muchos países.

María de la O Lejárraga: La Autora Tras la Sombra

Cuando se abre el período de sesiones de la 2ª Legislatura republicana -1933- uno de los pocos nombres femeninos que se escucharon en el hemiciclo, para jurar el cargo de Diputada, es el de María de la O Lejárraga García. Y es que, efectivamente, María, con los apellidos de Lejárraga y García, era una perfecta desconocida para casi todos los presentes. Sin embargo, la inmensa mayoría de los representantes que formaron la Cámara de Diputados de 1933 habían asistido a muchas de sus obras teatrales, habían leído muchos de sus numerosos artículos de prensa y asistido a buen número de sus conferencias. Nadie, o muy pocos, identificaban a María Lejárraga, porque era conocida por el pseudónimo con el publicaba, es decir, con el nombre de María de Martínez Sierra, uniendo a su nombre de pila, los dos apellidos de su marido, ya en estas fechas 'ex'.

'Doña María', como le llamaba 'La Pasionaria', había formado un 'tandem' literario con Gregorio Martínez Sierra desde la primera década del siglo XX. Ella escribía, y su marido, Gregorio, se ocupaba de la intendencia, o sea, de las relaciones y de las labores de difusión y comercializción de las obras y sus representaciones. Hemos de imaginárnoslo un 'buen gestor' de la industria de la cultura y de los espectáculos.

María de la O Lejárraga

María había nacido en San Millán de la Cogolla (La Rioja) en 1874, y muy joven llega a Madrid. Estudia magisterio y entabla relaciones afectivas con Gregorio que terminan en matrimonio. Los primeros trabajos teatrales (1907) de la familia Martínez Sierra - Lejárraga están relacionados con las representaciones teatrales de obras extranjeras traducidas al castellano. Los grandes momentos crativos de obras dramáticas originales corresponden con los años 1911, 1912 y 1913. De la primera fecha es la obra de la que nos ocupamos en esta página: 'Canción de Cuna', a la que se suman 'Lirio entre Espinas' y otras cuatro más. La gran creación de 1912 es 'Mamá', a la que se añade 'Madame Pepita' y dos más. Finalmente en 1914 y 1915 destaca como letrista de obras musicadas tan conocidas como 'Las Golondrinas' y 'El Amor Brujo'.

María de la O Lejárraga, nacida en 1874 en San Millán de la Cogolla, La Rioja, es una de las figuras más intrigantes y multifacéticas del panorama cultural y literario español de principios del siglo XX. En el presente artículo, se abordará la vida y obra de Maria de la O Lejárraga, explorando no solo su rica contribución literaria sino también su lucha y estrategias frente a las restricciones impuestas por el género en su época. Además, se discutirá el papel que jugaron sus amistades y redes intelectuales en su desarrollo como figura clave en el movimiento feminista de la época. A través de este análisis, buscamos no solo rendir homenaje a su legado, sino también entender las dinámicas de reconocimiento y olvido que frecuentemente rodean a las contribuciones femeninas en el arte y la literatura.

Maria de la O Lejarraga nació en una España en plena efervescencia cultural y social. Criada en un ambiente donde la educación se consideraba un pilar fundamental, Lejarraga se adelantó a su tiempo, abogando por la educación y la independencia de la mujer desde sus primeros años. En 1899, Maria se casó con Gregorio Martínez Sierra, un dramaturgo y director de teatro.

Curiosidades

  • La obra de teatro en la que se basa el film de Garci se estrenó por primera vez en 1911 y, hasta la fecha, ha sido llevada al cine en cinco ocasiones.
  • El estadounidense Mitchell Leisen hizo una versión en 1933 con el título de Cradle Song, y el propio Martínez Sierra dirigió una adaptación en Argentina, en 1941.
  • Garci escuchó por primera vez Canción de cuna en la radio cuando era un joven adolescente, y enseguida se marchó a la Biblioteca Nacional a leer la obra. Desde entonces, siempre quiso llevarla al cine, pero se trataba de un proyecto tan ambicioso como arriesgado, ya que iba a contracorriente del cine que se estaba haciendo, no solo en España, sino en todo occidente. Afortunadamente, y a pesar de las advertencias de sus amigos, Garci logró poner en pie el proyecto.
  • El libro que Don José regala a la madre superiora es de Juan Luis Vives, humanista y filósofo español del siglo XV, contemporáneo de Erasmo de Rótterdam. Aplicó la psicología en la educación, se opuso a los métodos tradicionales, recomendando el empleo del método inductivo y experimental. Precursor de la lengua materna junto a las clásicas, y defensor de la cultura de la mujer.

Frases Destacadas

  • “Dios hizo el aire para las alas, y las alas para volar”.
  • “Sé tan poco de Dios que ni siquiera sé que existe, y si existe, nos tiene un poco olvidados o quizás lo hemos olvidado nosotros a Él”.
  • “Tengo la sensación de haber perdido algo que era mío y que ya quería”.
  • “A veces la vida huele a tomillo”.
  • “El cariño humano, pasa”
  • “Los hombres son diferentes; ni mejores ni peores.

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