La figura de Camille Claudel tiene un carácter emblemático, pues su trayectoria expresa hasta qué punto ha sido -y todavía sigue siendo- difícil para una mujer desarrollar una actividad como artista. Camille Anastacia Kendall Maria Nicola Claudel, nacida en 1864, fue una escultora francesa proveniente de una familia adinerada.
En la localidad de unos 6.000 habitantes de Nogent-sur-Seine, situada en al norte de Francia, se inauguró el Museo Camille Claudel (1864-1943). Su apertura coincide con el centenario de la muerte de Rodin, a quien Camille estuvo conflictivamente ligada. ¿Por qué un museo con su nombre en esa pequeña ciudad? Claudel vivió allí de niña con su familia, entre los once y catorce años, en el mismo espacio donde hoy se sitúa el museo. Nogent-sur-Seine está además «inscrita» en la memoria literaria de Francia porque Flaubert veraneaba allí con frecuencia. Y se dice que algunos espacios y ambientes de sus obras derivan de sus paisajes.
Esculpiendo desde la injusticia: la trágica historia de Camille Claudel
Inicios y Formación Artística
Quería ser artista y tenía predisposición para el manejo de la arcilla. Con el apoyo de sus padres (circunstancia poco habitual en la época) una joven Camille se presentó en París en 1881. Con la idea de favorecer los estudios de su único hijo varón, Paul, y que este pudiera convertirse en diplomático, su padre, registrador público, convence a su mujer en 1881 para que se instale en París con sus tres hijos. El deseo del padre se cumplió: Paul Claudel sería diplomático, y además un excelente escritor.
En esa época, la Escuela de Bellas Artes de París no admitía mujeres, y Camille comienza ese mismo año sus estudios de escultura en una academia privada. Camille comienza a recibir clases en la academia del escultor Filippo Colarossi, en pleno barrio de Montparnasse. La Academia de Bellas Artes no aceptaba mujeres, pero en ese taller privado podían recibir formación sin pagar unas tarifas exorbitantes, ya que en algunas escuelas era habitual que las mujeres pagaran el doble que los hombres. Al principio, era Alfred Boucher quien supervisaba su trabajo, pero este le solicitó a Auguste Rodin que lo sustituyera en sus clases. Fue entonces cuando se produjo un encuentro determinante que afectará a ambos.
En 1882 será admitida en la Escuela de Bellas Artes de París, ingresando en la Academia Colarussi. Tras serle negado el ingreso en Bellas Artes, Camillle comienza a trabajar en un estudio de la calle Notre-Dame- des-Champs, que comparte con dos jóvenes norteamericanas y donde el escultor Boucher va a darles clase. La labor artística y creativa de Camille iba a seguir un camino difícil y tortuoso en el mundo de la escultura, pues aunque ya había habido otras mujeres en el mundo de las artes que destacaron a finales del S. XIX.
Al poco tiempo Alfred Boucher tiene que trasladarse a Roma y pide a Rodin que dé clase a sus alumnas. Rodin tenía entonces 44 años y sólo hacía 7 que había iniciado una fulgurante carrera y en este momento tenía gran cantidad de encargos, estaba trabajando en la que sería una de sus obras más famosas:” las puertas del infierno”. Por otra parte su vida personal era demasiado complicada como para dedicar tiempo a tres señoritas con veleidades artísticas. Pronto Rodin cambia de parecer, y un día de otoño de 1883 se presenta en el taller de las jóvenes con intención de rechazar la oferta de Boucher pero lo primero que se encuentra es a Camille Claudel que está trabajando la cabeza de la escultura de un joven de 17 años, la cual le causa gran impacto porque presenta las nuevas formas que Rodin cree estar aportando al arte escultórico.
Relación con Auguste Rodin
El paso decisivo en su trayectoria tendría lugar en 1884, cuando empezó a trabajar en el taller de Rodin. Al año siguiente entró a estudiar en su taller y se convirtió, con el paso del tiempo, en colaboradora y amante. Con él mantuvo una relación tempestuosa: fuente de inspiración, modelo y amante. Rodin era un hombre maduro (43 años) cuando conoció a Camille Claudel (18 años). Desde hacía más de veinte años vivía con Rose Beuret. Como fruto de esa relación tuvieron un hijo. Frente a Rose, Camille representaba la juventud, la inteligencia. Era hermosa, inquieta y culta. Y era artista. Y esto supuso una gran atracción para Rodin. Esta admiración se tradujo en una pasión violenta.
Al principio Camille trató al maestro con cierto desdén. Era joven y los halagos de un hombre maduro y admirado hicieron de Camille una persona arrogante. La pasión de Rodin llegó al límite hasta el punto que como un loco enamorado descuido su trabajo. En 1886 no presentó ninguna obra para el Salón (había confesado en una carta a Camille que se encontraba en Inglaterra que estaba dispuesto a renunciar a todo salvo a ella). En septiembre de 1886 Camille, por fin, pareció rendirse a los deseos del maestro. Firmaron un curioso contrato que solo parece obedecer a una broma entre ambos. Apenas cumplieron con alguno de los acuerdos. Hasta 1892 vivieron años relativamente felices compartiendo aficiones y viajes.
Sin embargo, Rodin decidió no hacer oficial su relación íntima con Camille, no aceptó casarse con ella, como sí haría pocos meses antes de su muerte, el 29 de enero de 1917, pero con Rose Beuret, con quien mantenía una relación estable desde 1863. Sobre Camille, según se recoge en una cita datada en 1898, dijo Rodin: «Yo le he mostrado dónde encontraría oro; pero el oro que ella encuentra es de ella».
Camille se convierte en la musa y amante de Rodin, pero esta relación sólo duraría 15 años. Frecuentaron los ambientes artísticos y culturales más importantes de París y realizaron largos viajes. Pero a pesar de esto fue una relación tormentosa y compleja, Rodin vivía con Rose Beuret con la que tenía un hijo de la edad de Camille, y que a pesar de todo nunca la abandonó. Camille trabajó con Rodin en varias esculturas entre ellas en “Las puertas del infierno” pero comienza a tener crisis emocionales y a dar muestra de una supuesta paranoia. Será ella la que corte la relación con Rodin.
Camille posaba para el artista y todas sus obras quedan invadidas por sus rasgos. Para entonces, Camille contaba tan solo con diecinueve años, mientras que Rodin, por su parte, tenía cuarenta y tres. Sin embargo esto no impide que comiencen una relación de amor profundamente tormentosa. La belleza y el talento de la obra de Camille se han visto ensombrecidas por la tormentosa relación que mantuvo con Rodin. Él era un hombre promiscuo y casado. Camille no fue la única amante que mantuvo durante este tiempo. Como siempre, el genio de Camille se diluía bajo la sombra de la figura de Rodin.
Rodin sometió a Camille a constantes vejaciones, reproches y humillaciones. Se exhibía con otras mujeres en su presencia y después le prometía sin cesar que ella sería la única mujer de su vida, algo que nunca llegó a cumplir, consiguiendo incluso que Camille abortara obsesionada por el amor del artista. Claudel colabora con Rodin, ocupándose de manos y pies de muchas de las esculturas de Auguste. También brazos o rostros. De algunas de sus obras no quedan claras las partes esculpidas por Camille. Parece que Rodin jugó todo lo que quiso con la joven aprendiz. Se aprovecha de su talento y de la admiración que Camille siente por él, mientras la anima y enseña.
La estrecha colaboración artística, muy nutritiva para ambos, deriva pronto en amorosa. Un amor con una fogosidad al alcance de ambas personalidades, a los que nos les importa la diferencia de edad. Auguste le saca más de 20 años a Camille. Claudel se entrega al maestro y Rodin aprovecha para maltratarla psicológicamente. Tienen una relación borrascosa, él no esconde otras amantes al mismo tiempo que enlaza a Camille con promesas de boda. Nunca se cumplirán. Rodin frecuenta con Camille Claudel los ambientes artísticos e intelectuales parisinos. La juventud, la chispa y el talento de Camille son una buena carta de presentación para que Rodin presuma. Pero a la vez el escultor mantiene una relación con Rose Beuret, una costurera analfabeta que le cuida y hace las labores de la casa. A Beuret no la muestra en público, no es cool.
Reconocimiento y Ruptura
En 1888 Camille Claudel realizó uno de sus mejores trabajos: ‘Sakountala’ (en mármol blanco), que encierra además un gran significado personal. Está basada en un drama indú escrito por Kalidasa, y representa al rey Dusyanta de rodillas pidiéndole perdón a su amante, la bella y pura Sakountala, por no haber cumplido su promesa de reconocerla a ella y a su hijo.
Se produjo la ruptura en los primeros meses de 1893. Pero los encuentros esporádicos se mantuvieron hasta 1898. Tras la ruptura con Rodin, Camille intentó afirmarse como escultora, pero las múltiples barreras sociales y prejuicios en la Francia de entonces lo hicieron inviable. La obra de Claudel empieza a ser reconocida en los circuitos artísticos. A la vez, sigue trabajando y suplicando la atención de Rodin, que se aprovecha de esa dependencia. Incluso la convence para que aborte con una nueva promesa de matrimonio. En 1889 Camille finalmente se da cuenta de que eso no va a pasar y corta la relación. La ruptura la desestabiliza. O tal vez agrava tendencias que ya estaban ahí, no lo se. Parece claro que bucea en la depresión.
Claudel sigue creando, dolida, agitada. De esa época es una de sus obras más famosas, La Edad Madura. Representa a una joven arrodillada agarrando a un hombre arrastrado por una mujer madura con aspecto maléfico. La alegoría autobiográfica no puede ser más clara. Tras su ruptura con Rodin se rumorea una aventura con el músico Claude Debussy, que estaba casado. Aunque tal vez es una de esas habladurías que suelen arrojarse a las mujeres que viven libremente y desafían las buenas costumbres.
Camilla Claudel recibió su primer gran encargo, por parte del estado francés, en 1895. Su relación con Rodin ya había acabado (la ruptura se produjo en 1892, aunque mantuvieron encuentros esporádicos hasta 1898). Es una obra original, abierta, con una línea compositiva en fuerte diagonal marcada por la mirada de la joven hacía el adulto y subrayada por los brazos de ambos. Para la artista supuso un reto técnico afrontar la composición de tres figuras alejándose del concepto promulgado por el Ministerio de Bellas Artes. Desecha un eje central para expandir su composición en horizontal. También abandona la relación escultura y pedestal. En L’âge mûr la propia base cumple una función. Asemeja a una ola encrespada pero también asemeja a un barco imagen que queda subrayada por el revoloteo del manto de la figura de la vejez.
Es un conjunto escultórico formado por tres piezas. Alude claramente al triángulo amoroso. Por un lado Rodin (madurez) parece caminar, pensativo, con desgana. Avanza su cuerpo pero deja su mano atrás donde se encuentra postrada de rodillas Camille (juventud) que implora y trata de retener al hombre maduro, al amor de su vida, al maestro, al artista, al compañero. Mientras una figura revolotea sobre Rodin acompañando con un gesto cariñoso. El cuerpo de la madurez refleja el proceso de envejecimiento. La juventud es el contrapunto de las dos figuras anteriores. Los esfuerzos de la artista se concentraron en el rostro de la joven. La forma de abrir los ojos, la concentración de la mujer en la mirada, la inclinación de la cabeza, la tensión en los músculos, todo ello está realizado para acentuar la mirada de la joven. Es el único punto de encuentro con el grupo de la izquierda. Claudel va más allá. Más que su historia personal lo que quiso es reflejar las relaciones humanas. Quiso inventar una configuración expresiva de la idea del Destino representada por las tres edades del Hombre. Realiza una obra simbólica.
Alcanzada la madurez el hombre se siente atraído por la juventud a la que tiende una mano. Por un lado no quiere abandonar la juventud y por otro lado no quiere desdeñar el amor de una joven. La vejez acoge en su seno a la madurez como un refugio frente al amor impetuoso de la juventud, situado en uno de los extremos. La figuras aparecen desnudas. Nada viste a la juventud gozosa de su cuerpo sin arrugas. Apenas está cubierto el cuerpo de la madurez aunque si que parece que la vejez lo envuelve con su propio manto que revolotea alrededor de ambas figuras. L’âge mûr fue la obra maestra de Camille Claudel.
Camille expuso de manera regular y en 1895 recibió un encargo oficial del estado francés. Es decir, que su arte se valoraba independientemente de la colaboración que emprendió con Rodin.
Internamiento y Fallecimiento
Camille se distanció no solo de Rodin sino también de su familia. El aislamiento y la incomprensión hicieron mella en su férrea voluntad. Tuvo los primeros brotes de locura. Al mismo ritmo que crea y se alaba su talento, algo en el interior de Camille le lleva a destruir algunas de sus obras a martillazos. Pasa temporadas enteras encerrada en casa, abandonando su aspecto y la higiene. Su familia está cada vez más preocupada. El qué dirán pesa: su madre, de rígidas costumbres burguesas, su hermano con una carrera diplomática.
El 3 de marzo de 1913 moría su padre, Louis-Prosper Claudel. Su padre fue una de las pocas personas que le comprendió. Mientras vive el padre, su gran defensor, no hay peligro. Pero su padre muere en marzo de 1913. Una semana después del fallecimiento su madre firmó los papeles para el internamiento en un psiquiátrico en Ville-Evrard siendo sacada a rastras de su propia casa. Se le diagnostica manía persecutoria y delirios de grandeza. Quizás fuera cierto. O quizás Claudel tuviera algo de razón para decir que era una gran escultora y que se le había ninguneado. Quizás tuviera momentos de delirio, pero seguro que tuvo muchos de lucidez, tal como prueban sus cartas.
Bajo el diagnóstico de manía persecutoria y delirios de grandeza, fue encerrada, no volviendo a salir jamás, pese a los informes favorables de alguno de lo médicos que le atendieron. Su hermano Paul tampoco movió un dedo por ayudarla. Madre e hijo no accedieron a que le visitaran ni a que mantuviera correspondencia con nadie. Y nunca salió de su prisión en Montdevergues. Se pasó 30 años encerrada en el manicomio, sin recibir apenas visitas de nadie. Un castigo terrible. Algo que tiene que trastornarte por fuerza. Claudel se encerró en larguísimos silencios. Durante esos años no volvió a esculpir nada, su razón para vivir. Llega la Segunda Guerra Mundial y Camille Claudel se convierte en una víctima más de esas 45.000 personas que murieron de hambre en los sanatorios psiquiátricos franceses.
El 10 de marzo de 1913, tres enfermeros enviados por su familia echaron la puerta de su estudio abajo y le colocaron una camisa de fuerza. Se le diagnosticó ‘una sistemática manía persecutoria acompañada de delirios de grandeza’, frase que resume perfectamente el precio a pagar por no compartir el destino que se esperaba en aquella época para las mujeres. El 19 de octubre de 1943, sola, en total abandono, olvidada por todos y con la mayoría de sus obras destruidas por su propia desesperación murió en el sanatorio de Montdeverguer (la trasladaron allí en 1914). Si los últimos años de su vida fueron trágicos, el colofón lo puso su enterramiento. Ni su propio hermano (diplomático, dramaturgo y poeta) acudió al funeral. Fue enterrada en una tumba sin nombre, con tal solo una inscripción: 1943 nº 392. Se le diagnostica manía persecutoria y delirios de grandeza. Quizás fuera cierto. O quizás Claudel tuviera algo de razón para decir que era una gran escultora y que se le había ninguneado. Quizás tuviera momentos de delirio, pero seguro que tuvo muchos de lucidez, tal como prueban sus cartas.
Su médico autorizó las visitas, pero su madre las prohibió. En septiembre de 1914, ante el avance de las tropas alemanas, las internas de Ville-Evrard fueron llevadas al sur de Francia, a la clínica psiquiátrica de Montdevergues. Camille fue trasladada junto a las demás. Allí pasó el resto de su vida, caminando en su habitación y deambulando por el jardín. Sola, sin amistades ni familia, hasta morir olvidada.
En 1917 moría Rodín, un clavo más sobre su ataúd. El 19 de octubre de 1943, a los 80 años de su fallecimiento, recordamos a una mujer que lo perdió todo por amor. Falleció en 1943, a los 79 años de edad, y fue enterrada en una tumba sin nombre, sólo con los números 1943 -n392, en el pequeño cementerio de la institución mental de Montdevergues.
“Estoy aburrida de esta esclavitud. Me gustaría estar en mi casa y cerrar bien la puerta. Recluida a la fuerza, la única rebelión posible de Camille Claudel, su único poder, fue negarse a sí misma y por tanto dejar de crear. «Tras apoderarse de la obra realizada a lo largo de toda mi vida, me obligan a cumplir los años de prisión que tanto merecían ellos…». A la muerte de Paul Claudel en 1955, se levantó el veto que existía en la familia acerca de Camille y los descendientes quisieron darle una tumba digna.
Legado y Reconocimiento Póstumo
Pero el espíritu de Camille revoloteaba en el ambiente parisino. La muerte de Paul Claudel en 1955 levantó el veto que había en la familia sobre Camille Cludel y sus descendientes quisieron dar una sepultura digna. Se pusieron en contacto con los dirigentes de Montdeverguer para reclamar los restos mortales. La institución contestó que se había desecho del féretro, depositado en un pequeño cementerio, porque necesitaban el espacio para una ampliación del hospital.
Tras la muerte de su hermano Paul, en 1955, la familia decide que ya no es necesario seguir menospreciando a Camille. Su obra al final ha triunfado. No se si eso sería consuelo para su derrota personal. No se pudo asumir su talento, su genio o su modo de saltarse las convenciones sociales. Su hermano dijo de ella que “tenía luz”, aunque luego fuera uno de los empeñados en convertirla en sombra. Sombra primero bajo su mentor y amante. Sombra bajo su familia.
A pesar del tiempo transcurrido y los infortunios que sufrió, podemos decir que Camille Claudel no ha sido olvidada. Hoy día se estudia su obra al margen de su vinculación sentimental con Auguste Rodin y cada día se sabe más de ella. La apertura en 2017 de un museo en Nogent-sur-Seine, aquella localidad donde se había iniciado en la escultura, ha sido una importante apuesta por darle su lugar en la historia. En 2008, el Ayuntamiento adquirió el inmueble donde había vivido y decidió adosarle un nuevo edificio destinado a un centro de arte que hoy contiene la mayor colección de la escultora en todo el mundo: el Museo Camille Claudel.
Obras Destacadas
- Sakountala (1888)
- La Edad Madura (1898)
- El Abandono (1905)
Destacamos algunas de sus obras que nos ofrecen emoción, fuerza y modernidad. La pareja de bailarines que la constituyen apenas se sostienen.
En 1898 realiza uno de sus trabajos más ambiciosos, el grupo escultórico ‘La edad madura’ (en bronce), realizado en el momento de su definitiva ruptura con Rodin.
En 1905 realiza su última gran escultura, titulada ‘El abandono’ (en bronce), donde retomaría el tema de ‘Sakountala’. A simple vista ambas parecen casi iguales, sin embargo son muy diferentes, no solo porque ‘El abandono’ es de menor tamaño, sino porque se aleja de ‘Sakountala’ en su solidez y cohesión. Esta vez, algunas partes parecen no respetar las proporciones geométricas y el espacio virtual de la escultura. Mucho menos la proporción de la figura humana.
Es inevitable sentir en sus esculturas el reflejo de Rodin. Entre ellas, yo trazaría un itinerario personal a través de Mujer en cuclillas (h. 1884-1885), El hombre inclinado (h. 1886), El abandono (h. 1886), su busto de Rodin (1888-1889), cuatro versiones de El vals (1889-1893), La edad madura (h. 1890), Perseo y la Gorgona (1897-1902), La fortuna (h. 1900), La sirena o La tocadora de flauta (h. 1905), y, de un modo muy especial, tres versiones de La implorante o Imploración (h. 1894-1905). Esta última pieza, una figura femenina desnuda que procede del grupo de La edad madura, es para mí un grito intensamente dolorido de la propia Camille, clamando desgarradamente por su libertad vulnerada.
En cualquier caso, poder ver las obras reunidas de Camille, dialogar hoy con sus esculturas permite apreciar el alcance individual de una voz plástica en la que destella con intensidad la vibración del movimiento.
Museo Camille Claudel
Hay, sin embargo, un problema de escala en su concepción. De sus 15 salas sólo las cuatro últimas están dedicadas a Claudel, mientras que en las once anteriores (espacios mucho más amplios que hacen continuamente ir pensando dónde empieza su obra) se despliega un vasto panorama de la escultura francesa del siglo XIX que culmina con la reconstrucción del ambiente del taller de Rodin.
El tiempo, tan breve, en el que Claudel pudo desarrollar su actividad como escultora es la razón de la escasez de su obra. Sin embargo, las piezas que se conservan tienen gran alcance e intensidad plástica, y hacen pensar qué elevación habría alcanzado su trabajo escultórico si se hubiera podido desarrollar en plena libertad. Este aspecto es el que da sentido a un museo que lleva su nombre, que ejerce así una tarea de rescate, y en el que se muestran 43 esculturas suyas, casi todas de pequeño formato.
