Una de las mayores preocupaciones de las madres lactantes es si ciertos alimentos pueden alterar el sabor de la leche materna, afectando la aceptación del bebé. La lactancia materna es el mejor modo de alimentación exclusiva para un bebé hasta los seis meses de vida, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, la alimentación de la madre puede influir en el sabor de la leche y, por ende, en la apetencia del bebé.
Fuente: divinity.es
Si estás dando el pecho a tu bebé es posible que te preocupe cómo afecta tu alimentación a la calidad de la leche o a su sabor, y cómo esto influye en el crecimiento del bebé y en su apetencia por continuar con la lactancia. Evidentemente, que la madre siga una alimentación variada y saludable repercute de manera positiva en ella y en su bebé, ya que se nutre de ella.
Alimentos que pueden alterar el sabor de la leche materna
En cuanto a los cambios de sabor en la leche, es cierto que existen determinados alimentos que pueden alterar su sabor y que, por lo tanto, el bebé lo note cuando amamante.
Alimentos comunes y su impacto
- Ajo: Estudios demuestran que el ajo altera el olor y el sabor de la leche, pero curiosamente, muchos bebés se sienten más atraídos por lactar cuando la intensidad del ajo es mayor.
- Cebolla y puerro: Tienen un efecto similar al ajo debido a la presencia de sulfuro alílico. El olor y sabor desaparecen en pocas horas.
- Espárragos: Contienen asparagina, que cambia el olor y sabor de la leche.
- Col, alcachofas y coles de Bruselas.
- Pimiento: De cualquier color.
- Especias picantes y condimentos fuertes: También pueden alterar el sabor de la leche.
De entrada no hay necesidad de evitar ningún alimento solo porque cambie el sabor de la leche o produzca gases a la madre, ya que esto no tiene porqué tener ningún efecto negativo ni sobre el bebé ni sobre la continuidad de la lactancia. Si notas que un alimento provoca un cambio en el sabor de la leche que hace que el bebé rechace tomarla es decisión tuya evitarlo o no.
Fuente: Madridsalud.es
Recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría (AEP)
Según el Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría (AEP), la lactancia no exige ningún tipo de dieta especial para la madre, más allá del sentido común. Una dieta sana y variada, sin contaminantes ni exceso de aditivos es todo lo que una mujer necesita para llevar adelante una lactancia beneficiosa para ella y el bebé.
Evidentemente, si hay algún tipo de enfermedad o déficit nutricional será necesario que el médico haga recomendaciones concretas, como podrían ser los suplementos alimenticios. Pero esto no implica que haya alimentos obligatorios durante la lactancia. Comer de manera equilibrada, evitar la sensación de hambre y no caer en los alimentos que no se recomiendan en ninguna otra etapa de la vida, como los dulces en exceso o los alimentos ultraprocesados es más que suficiente.
En lo referente al cambio de sabor y olor que provocan determinados alimentos en la leche, ya hemos visto que no hay razones para excluirlos de la dieta a menos que sea una decisión estrictamente personal por parte de la madre. Solo cuando percibimos molestias en el bebé, como vómitos, diarreas, erupciones o rechazo de la leche tras comer un alimento de manera repetida es cuando debemos eliminarlo de la dieta.
Variaciones naturales en el sabor de la leche materna
Una vez aclarado qué alimentos alteran el sabor de la leche y que esto no es un motivo para dejar de tomarlos, merece la pena señalar que la leche materna, independientemente de lo que comamos, también experimenta variaciones de sabor y olor sin que eso se considere un inconveniente para que el bebé la tome. De hecho, se podría afirmar que el bebé agradece la variedad de sabores y que esto le invita a lactar con más ganas.
La primera leche que toma es el calostro, que se produce a lo largo del embarazo y es algo salada porque aún contiene poca lactosa. Si la madre padece mastitis, la leche puede seguir salada, y en algunos casos provoca rechazo, pero solo de manera temporal. Cuando la leche se extrae del pecho y se da posteriormente en biberón también cambia de sabor. Es decir, la leche nunca sabe igual y son muchos los factores que influyen en los cambios, por lo que nada como aplicar el sentido común y disfrutar tanto de una dieta equilibrada como de la lactancia.
La leche materna sabe diferente en función de lo que come la madre, por lo que el bebé tiene más experiencias gustativas. De hecho, es el único alimento que cambia su sabor de una toma a otra. Los bebés alimentados con leche materna van a tener la suerte de experimentar con diferentes sabores a través de la leche de su madre, mientras que los bebés alimentados con leche de fórmula no probarán otro sabor durante su periodo de lactancia, por tanto, sus experiencias gustativas van a ser igual a cero.
La leche materna no sabe siempre igual, cambia de sabor según la dieta de la madre, los compuestos volátiles que aportan sabor y aroma a los alimentos que come la madre pasan a la leche materna. Esta amalgama de sabores que atrapa de los alimentos favorece que el lactante se acostumbre a diferentes sabores desde edades tempranas.
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Se facilita el proceso de aceptación a la alimentación complementaria, ya que los nuevos alimentos no le resultaran extraños. Esto favorece a que, en un futuro, su dieta sea más variada. A mayor variedad de alimentos que consuma la madre, mayor será el abanico de nuevos sabores que recibe el lactante.
Es sumamente importante alentar a las madres a seguir una dieta variada y equilibrada, que contenga sobre todo frutas y verduras.
La leche materna por su contenido en lactosa tiene sabor dulce. Todo lactante prefiere este sabor al resto de sabores (saldos, ácidos y amargos), que no le son tan conocidos. Aunque si se piensa con detenimiento, estos sabores también pasan al lactante a través de la leche de la madre. Estudios demuestran que esto puede tener un efecto positivo en sus papilas gustativas, haciendo que sea más receptivo al sabor de diferentes alimentos cuanto más leche materna tome y la dieta de la madre sea más variada. El bebé irá adquiriendo mayor experiencia a los nuevos sabores comparado con un lactante alimentado con fórmula.
Cuando el bebé empieza con la alimentación complementaria, no es lo más aconsejable iniciar con alimentos de sabor dulce, ya que estamos predisponiendo al lactante a aumentar su preferencia por este sabor, además de desaprovechar un periodo en el cual el bebé tiene un interés mayor por probar nuevos alimentos.
Por lo tanto, las papillas de cereales, que tan extendidas están en nuestra cultura como el primer alimento que prueba el lactante, no son la elección más recomendable. Son dulces y están compuestas con cereales hidrolizados.
Como alternativa, es preferible empezar por alimentos de sabor salado como podrían ser los cereales no hidrolizados (arroz, maíz, tapioca, quinoa, trigo...) Esto permite introducir de forma temprana alimentos que contengan hierro y zinc, nutrientes que a partir de los 6 meses necesita el lactante en mayor cantidad que la que la leche (materna o de fórmula) le aporta.
Lo más sensato es no tardar demasiado tiempo en que tome carne, pescado o huevo (alimentos ricos en hierro y zinc).
En cambio, se le ofrecen en sustitución otros alimentos cuyos nutrientes ya son aportados por la leche materna y de mucha mejor calidad.
Empezar por las frutas no tiene mucha lógica, principalmente porque son alimentos que contienen pocas calorías, muchísimas menos que la leche. Otro inconveniente es su sabor, ya que la mayoría son de sabor ácido y resulta ser más fastidioso que las acepten aquellos bebés alimentados con fórmula. A esto se le suma que a la mayoría de los lactantes el sabor les resulta «raro», ya que solemos ofrecérselas combinando diferentes frutas y esto aumenta más su rechazo.
Mi recomendación y la de muchos expertos es que el lactante debe iniciar la alimentación complementaria a partir de los 6 meses, empezando con un alimento nuevo cada vez, de este modo en poco tiempo su dieta incluirá una variedad de alimentos suficientes para que pueda comer los mismos que el resto de la familia. Resulta ilógico acostumbrarlo a un tipo de alimentos que nunca ha probado antes y que nunca más va a volver a comer.
Mitos sobre el sabor de la leche materna
La leche materna no es de un sabor. La leche materna no tiene un sabor estándar, el sabor de la leche materna es cambiante y sorprendente. Todos los alimentos que la madre consume suelen tener compuestos volátiles que llegan a la leche y la “saborizan”.
Nos han dicho durante años que esto es un problema y que la madre debe evitar comer ciertos alimentos. En cada país os van a recomendar no comer alimentos diferentes para que la leche no sea amarga. La lista es tan extensa que si nos priváramos de todos los alimentos que nos prohiben en todo el mundo, casi no podríamos comer ni beber nada de nada.
La ciencia ha demostrado que a los bebés les gusta la variedad y que maman con más interés si la leche sabe a algo diferente. Y es que ellos no conocen la leche con sabor neutro.
Por ejemplo, el calostro tiene poca lactosa (el azúcar de la leche materna), lo que hace que su sabor sea salado. En el caso de que la madre tenga una ingurgitación o una mastitis, la leche está más salada también. La leche también experimenta cambios de sabor cuando se la ofrecemos extraída al bebé.
Y es que la lipasa, una enzima propia de la leche humana, se encarga de fragmentar la grasa de la leche para que sea más digerible para el bebé. Y sin duda, cada vez que la madre come un nuevo alimento, el bebé prueba ese nuevo sabor.
La lactancia materna suele ser uno de los motivos de consulta más frecuente en las revisiones del posparto. Muchas madres piden consejos a sus matronas, pero otras a menudo por pudor no preguntan sus dudas.
Curiosidades de la leche materna que quizá ignores
- Efectivamente, a partir del segundo trimestre del embarazo, las mamas empiezan a fabricar calostro, incluso algunas gestantes pueden notar que salen gotas de leche del pecho durante el embarazo. El calostro es la primera leche que fabrican los pechos maternos y el primer alimento del bebé. Es una sustancia amarillenta y cremosa. Los beneficios que proporcionan al bebé son inigualables.
- El reflejo de succión se desarrolla dentro del seno materno.
- En el pezón hay varias salidas de los diferentes conductos que llevan la leche hacia el exterior. A veces cuando el bebé suelta el pezón bruscamente, podemos visualizar diferentes chorros de leche que salen de diferentes zonas del pezón. Este es uno de los motivos (que no el único) para que se insista tanto en que el bebé cubra con su boca todo el pezón, para que todos los conductos queden dentro de su boca. Que el bebé se enganche bien al pecho es imprescindible para una buena lactancia.
- Una de las curiosidades de la lactancia materna es que el pecho de la mamá produce más leche cuanto más se estimula.
- La composición de la leche materna se adapta al crecimiento de nuestro bebé, de manera que su composición no es la misma en el momento del nacimiento que un mes después, por ejemplo.
- Según los alimentos que tome la mamá así será el sabor de su leche. Algunos alimentos como alcachofas o espárragos dan cierto sabor amargo a la leche y puede que a nuestro bebé no le guste demasiado.
- Existen diferentes estudios en mamíferos que demuestran la diferente composición de la leche materna según la cría sea macho o hembra. En 2013 investigadores de la Universidad de Harvard (EEUU) realizaron un estudio sobre la composición de la leche materna en humanos. La conclusión es que la leche materna para los niños está compuesta por un 35% más de grasa y proteínas que la leche materna para niñas, mientras que la leche materna para niñas contiene mayor cantidad de calcio.
- En las unidades de Neonatología de los diferentes hospitales se intenta alimentar a los niños prematuros con leche materna, bien de su madre, bien donada por otras madres. Está ampliamente demostrado cuán beneficiosa es esta leche para estos niños.
- Estas sustancias protegen al bebé de infecciones.
- El simple estímulo de recordar a tu bebé, ver una foto suya o hablar de tu pequeñín puede ser estímulo suficiente para que se produzca la subida de la leche, aunque el bebé ya no sea recién nacido o estéis separados, en la incorporación al trabajo, por ejemplo.
- El nombre es curioso, pero de lo más clarificador. Un consejo: Poner al pecho al bebé cuando le tienen que realizar alguna técnica molesta o dolorosa, como una vacuna, hace que el bebé esté relajado y no sienta el dolor, de ahí el nombre.
Hay mitos que se aseguran que la leche materna tiene sabores distintos según la alimentación de la mamá y según la etapa de la lactancia en la que se encuentre la madre. Y lo cierto es que hay mucha verdad en ello, ya que, a diferencia de la leche de fórmula artificial, “la leche materna producida por cada mujer es diferente”, asegura Verónica Valverde González, Vicepresidenta de la Asociación de Matronas de Madrid (AMM).
“La leche materna va variando en sabor, densidad, color e incluso olor. Su sabor suele ser dulce, pero depende de cada mujer y en el momento de la lactancia en que nos encontremos. La fisiología de la lactancia materna es maravillosa, y es gracias a ella que el ser humano ha sobrevivido milenios”, añade la experta.
Fuente: natalben.com
Por qué la leche materna es lo mejor para el bebé
La leche materna es el mejor alimento que podemos ofrecerle al bebé por varios motivos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se recomienda la alimentación exclusiva con leche materna durante los 6 primeros meses de vida y, junto con la alimentación complementaria, hasta mínimo los 2 años de edad.
La matrona nos cuenta que “los componentes de la leche materna son, principalmente, agua, proteínas, lípidos, hidratos de carbono, vitaminas, minerales e inmunoglobulinas que ayudan al desarrollo inmunológico del recién nacido, lo que previene de posibles infecciones o enfermedades en el futuro. La concentración de los componentes de la leche materna va variando en función de las necesidades del lactante”, dice.
Y nos pone un ejemplo: “si el bebé que ha nacido es un bebé prematuro , la leche producida por esa madre será la idónea para un prematuro de esa edad gestacional, adaptándose a sus necesidades nutricionales y a la inmadurez de su sistema digestivo. Igualmente, la leche materna también se adapta al número de recién nacidos, por ejemplo, si ha habido un parto gemelar, se producirá leche suficiente para ambos recién nacidos”.
Qué alimentos son los que hacen cambiar el sabor de la leche materna
Como decíamos, que la leche materna producida por cada mujer sea diferente hace que la leche producida sea única, y por supuesto, “la alimentación tiene mucho que ver en la forma en la que influirá en la composición de la leche que produzca”, afirma la matrona y añade que esto, precisamente, es uno de los aspectos más beneficiosos de la alimentación a base de leche materna porque “los bebés amamantados van a ir acostumbrándose a diferentes sabores y texturas, lo que hace que sean lactantes a los que va a resultar más fácil el inicio de la alimentación complementaria y van a rechazar menos alimentos”, asegura la experta.
La alimentación de una embarazada debe ser variada y saludable y, sobre todo, tener en cuenta aquellos alimentos que debe excluir de su dieta durante los meses que dure la lactancia, aunque según nos dice la matrona, “ exceptuando el alcohol, no hay ningún alimento prohibido como tal en la lactancia, tan solo mantener una dieta sana y equilibrada y una adecuada hidratación”.
Además, algo curioso que ocurre con la leche materna es que su color puede ser variable. Estamos habituados a ver la leche materna de color blanco o, intuitivamente, pensar en color blanco cuando hablamos de leche, pero lo cierto es que la leche materna puede ser de distintas tonalidades, “tiene ciertos tonos amarillentos y una consistencia y olor diferente a la leche tratada artificialmente”, explica matrona.
La lactancia materna es mucho más que alimento
Más allá de alimento, que, por supuesto, es fundamental para el sustento del pequeño durante los primeros meses, la lactancia es vida para el bebé en muchos sentidos.
Esto es así debido a que los brazos y el pecho de mamá son su cobijo, el lugar más seguro del mundo para el pequeño que acaba de nacer, ya que lo único que ha conocido hasta su alumbramiento es el útero de su mamá; sin embargo, ahora, con su venida al mundo se tiene que enfrentar a diferentes estímulos ajenos a su madre.
De entre los numerosos mitos que existen alrededor de la lactancia materna, varios tienen que ver con el sabor de la leche. ¿Hay alimentos que hacen que la leche sepa peor y le guste menos al bebé? O, por el contrario, si la madre aumenta el consumo de determinados alimentos, ¿estará su leche más rica y el niño beberá más? Si la mujer toma una gran variedad de alimentos, ¿su hijo aceptará mejor los nuevos sabores cuando empiece a comer otros alimentos? En el siguiente artículo se aborda qué compuestos modifican el sabor de la leche y cómo influye la leche materna en la alimentación posterior del niño.
Compuestos que modifican el sabor de la leche
La leche humana no es un fluido que sea siempre idéntico ni homogéneo. La composición de la leche materna varía constantemente, adaptándose a las necesidades del bebé. Pero ¿su sabor es siempre el mismo? No, el sabor de la leche materna tiene fluctuaciones atribuibles a esos cambios de composición (con más o menos grasa, más o menos concentrada…) y también a los compuestos responsables del sabor presentes en la dieta de la madre, como los terpenos contenidos en muchas frutas y hortalizas o las especias. También la cantidad de lactosa está muy vinculada al sabor más o menos dulce de la leche y la presencia de compuestos amargos como la urea.
Por tanto, los compuestos volátiles que aportan sabor y aroma a los alimentos pueden pasar a leche materna, pero de manera selectiva y en cantidades muy bajas y, además, con una importante variación de una mujer a otra.
Hay trabajos científicos curiosos, como un estudio antiguo de 1993, que concluía que cuando se daba a las madres cápsulas de ajo, los bebés mamaban más. Pero, de nuevo, hay que recordar las variaciones entre las personas, como indica una investigación reciente que analiza la presencia de los metabolitos de ajo en la leche materna, antes de hacer de ello una recomendación del tipo «toma ajo para que tu bebé mame más cantidad». La recomendación, por tanto, es prudencia.
Al parecer, también las crucíferas (coles, brócoli, coliflores, etc.), la cebolla, el chocolate y los espárragos pueden saborizar la leche, pero no se tiene constancia de que ello influya en su aceptación por parte del pequeño. En cambio, sí pueden afectar a algunos niños con la aparición de cólicos.
Cómo influye la leche materna en la alimentación posterior
La leche humana contiene partículas que producen efectos químico-sensoriales en los bebés y que, además, se relacionan con su aceptación posterior de nuevos alimentos. Lo interesante es que esto no solo sucede con sabores habituales en la dieta de la madre, que podría hacer pensar que el niño los acepta mejor cuando empieza la alimentación complementaria, porque ya había estado expuesto a esos sabores y, por tanto, no le resultan extraños. Los bebés alimentados con lactancia materna aceptan mejor incluso sabores de alimentos que la madre no consumía. Los pequeños alimentados con leche de fórmula, en cambio, no experimentan esas variaciones de sabor, textura y composición durante el periodo de lactancia exclusiva, su alimento es siempre igual y no tienen, en consecuencia, esa ventaja adaptativa.
Así pues, aunque la dieta de la madre varía el sabor de la leche (ya que hay compuestos responsables del sabor y del aroma que llegan a ella), no es posible establecer un patrón claro dieta-sabor. Además de las variaciones individuales de cada mujer, esto depende de más factores, como la cantidad de alimento consumido, el resto de la dieta, la composición nutricional de la leche en ese momento, etc. Por esta razón, no hay motivo para dar consejo dietético a las mujeres lactantes en función de que su ingesta afectará o no al sabor de la leche y a su aceptación por parte del bebé.
Eso sí, siempre es buena idea alentar a que se siga una dieta saludable, no ya por lo que influya este factor en el sabor y composición de la leche, sino por el ejemplo que los hábitos de la madre y el padre puedan transmitir a los hijos y sus repercusiones en su salud futura. Por supuesto, es importante recordar una vez más que la lactancia materna es siempre la mejor opción y debería ser exclusiva hasta los seis meses.
