El Legado de Calvin Murphy y Otros Gigantes de Baja Estatura en la NBA

En el mundo del baloncesto, donde la altura a menudo se considera una ventaja, la historia de Calvin Murphy y otros jugadores de baja estatura sirve como un testimonio de que el talento, la habilidad y la determinación pueden superar las limitaciones físicas. Con tan solo 1,75 metros de altura, Murphy dejó una huella imborrable en la NBA, allanando el camino para futuras generaciones de jugadores que desafiaron los prejuicios y demostraron que el tamaño no lo es todo.

Isaiah Thomas (Tacoma, Washington, 1989) es el penúltimo exponente del reivindicativo y frenético baloncesto de los bajitos, que encuentran estos días, en los que el juego se tiende al ritmo y al espacio, resquicios a su éxito que nunca antes tuvieron.

Nombres que pertenecen a la mitología NBA, Muggsy Bogues, Spud Webb, Nate Robinson, Lentejita Boykins... aunque de esas fragancias minúsculas que poblaron la Liga tal vez sólo Calvin Murphy se pueda comparar a lo que está alcanzando el compulsivo base anotador de los Celtics.

Ambos con 175 centímetros, son los dos tipos más pequeños que jamás pisaron un All Star. Aunque lo de Isaiah -quien repetirá en unas semanas en Nueva Orleans- empieza a superar todo: hace unos días asestó 52 puntos a los Heat, firmando 29 en el último cuarto, récord celtic; la siguiente noche repartió 15 asistencias ante Utah.

Porque más allá de la referencia que su propio nombre hace a otro base genial -no es casual, se llama así porque su padre, fan de los Bulls, meses antes de nacer su hijo perdió una apuesta sobre la final de conferencia entre Chicago y Detroit de 1989-, no hay nada de exótico en este Isaiah Thomas, cuarto máximo anotador de la NBA (28 puntos por partido), sólo superado por Russell Westbrook, Anthony Davis y DeMarcus Cousins.

«Es una estrella clara y definida, la cabeza de la serpiente de los Celtics», se rinde LeBron James.

Nadie más pequeño que Tyrone Bogues (1,59), el ratón de Baltimore, pisó nunca una pista NBA. Le lanzó a la fama su defensa a Petrovic en el Mundial de España de 1986. Permaneció 14 temporadas, la mayoría en los Hornets. Aunque a la memoria viene una estampa única, la que dejó cuando coincidió en los Bullets con Manute Bol, 72 centímetros de distancia.

El impacto de Spud Webb (1,68) llegó tras ganar el concurso de mates de 1986 en Dallas, su ciudad natal. Era rookie de Atlanta y se enfrentó en aquella final de leyenda a su compañero Dominique Wilkins. Más allá de eso, lo más destacable de sus 12 cursos en la NBA fue que en 1995 tuvo el mejor porcentaje de tiros libres.

«Webb, Bogues, Boykins, Nate Robinson... no eran tan buenos. La verdad es que nunca vi un jugador tan pequeño tan dominante, sobre todo en su estado de forma actual», admite Hurtado, que analiza a fondo el baloncesto fulgurante del genio Isaiah: «Disfruta en el desequilibrio. Driblando muy abajo, donde la ayuda no llega. Choca con el grande, aguanta en el aire, con mucho físico, y suele acabar con medio gancho. Es muy listo en los robos y compatibiliza bien cuando hay otro base en cancha. Me alucina que, con muy buenas defensas en contra, es capaz de darle mucha parábola al tiro».

Otra circunstancia hace especial al zurdo Isaiah, amigo del boxeador Floyd Mayweather, quien le regaló un Bentley por su cumpleaños. Cuando arde la responsabilidad, más se agranda su menuda figura. Es el jugador que más puntos mete en el último cuarto, como si se agigantara en la hora de la verdad.

Pero, ¿cómo puede triunfar un tipo de estatura normal en un mundo de gigantes? De «prejuicios» hablan sin tapujos dos de los máximos exponentes de los bajitos del basket nacional: Chichi Creus y Gonzalo Martínez. Incluso desde la parte técnica, Hurtado entona el mea culpa de la profesión: «A los pequeños siempre les cuesta más. Y aquí me autoinculpo como entrenador. Pensamos que en defensa no van a poder con los grandes y parece que ya no valen. En categorías inferiores vemos el dominio y la presencia de jugadores africanos, con físicos tremendos. Tenemos prejuicios, pero por otro lado nos identificamos más con ellos, porque su juego es más espectacular, véase Curry».

Isaiah también estuvo bajo sospecha: en el draft de 2011 no se pronunció su nombre hasta la última posición (60, por Sacramento). «En general el bajito lo tiene más difícil, el entrenador mira más al alto, siempre fue así. Aunque en mi época siempre había un refugio, ser el base, algo que ahora también se va perdiendo, como los súper altos. Prima la homogeneidad. Seguro que el sueño de la mayoría de los técnicos es tener un quinteto de jugadores de dos metros con versatilidad», apunta Creus (1,76).

«Yo notaba más la diferencia en los kilos. Nacho Azofra, que no era tan alto, me sacaba 15 ó 20. En mi última época en Estudiantes, con Jayson Granger no me podía ni mover. Campazzo, que es un gran ejemplo, puede pasar fácilmente de 90 kilos. Porque la altura... Hemos sido bajitos siempre, ese ha sido nuestro entorno natural», advierte Gonzalo Martínez (1,78), una leyenda colegial.

«Lo vemos con Campazzo en la ACB, un pequeño con piernas potentes. Tal vez le falte amenaza exterior para volver al Madrid con mando en plaza», apunta Hurtado.

«Ya que el físico no te ayuda, tienes que ser buen tirador y muy rápido, son las claves. Suplir las carencias con la sabiduría táctica, la velocidad y la fortaleza. Aguantar el impacto y mantenerte en el aire. Con todo eso se puede ser influyente, más en el baloncesto actual, claro que sí», aporta el eterno Creus, 25 años de carrera.

«Si me preguntas hace 10 años, te hubiera dicho que ya no quedaría ni un sólo base de 1,80. Parece imposible, pero en el baloncesto actual hay más espacios, ya nadie juega con dos pívots», concluye Martínez, a quien, con cierta reiteración, ponían colorado a la hora de subir al avión con el equipo: «Más de una vez me dijeron que esa tarjeta de embarque estaba reservada para jugadores de baloncesto».

Prejuicios y Desafíos

A pesar de sus logros, los jugadores de baja estatura a menudo enfrentan prejuicios y desafíos adicionales en el mundo del baloncesto. Los entrenadores pueden dudar en darles oportunidades, asumiendo que su falta de altura los convierte en desventajas defensivas. Sin embargo, jugadores como Murphy han demostrado que la inteligencia, la velocidad y la habilidad pueden compensar la falta de centímetros.

De «prejuicios» hablan sin tapujos dos de los máximos exponentes de los bajitos del basket nacional: Chichi Creus y Gonzalo Martínez. Incluso desde la parte técnica, Hurtado entona el mea culpa de la profesión: «A los pequeños siempre les cuesta más. Y aquí me autoinculpo como entrenador. Pensamos que en defensa no van a poder con los grandes y parece que ya no valen. En categorías inferiores vemos el dominio y la presencia de jugadores africanos, con físicos tremendos. Tenemos prejuicios, pero por otro lado nos identificamos más con ellos, porque su juego es más espectacular, véase Curry».

Isaiah también estuvo bajo sospecha: en el draft de 2011 no se pronunció su nombre hasta la última posición (60, por Sacramento). «En general el bajito lo tiene más difícil, el entrenador mira más al alto, siempre fue así. Aunque en mi época siempre había un refugio, ser el base, algo que ahora también se va perdiendo, como los súper altos. Prima la homogeneidad. Seguro que el sueño de la mayoría de los técnicos es tener un quinteto de jugadores de dos metros con versatilidad», apunta Creus (1,76).

«Yo notaba más la diferencia en los kilos. Nacho Azofra, que no era tan alto, me sacaba 15 ó 20. En mi última época en Estudiantes, con Jayson Granger no me podía ni mover. Campazzo, que es un gran ejemplo, puede pasar fácilmente de 90 kilos. Porque la altura... Hemos sido bajitos siempre, ese ha sido nuestro entorno natural», advierte Gonzalo Martínez (1,78), una leyenda colegial.

«Lo vemos con Campazzo en la ACB, un pequeño con piernas potentes. Tal vez le falte amenaza exterior para volver al Madrid con mando en plaza», apunta Hurtado.

«Ya que el físico no te ayuda, tienes que ser buen tirador y muy rápido, son las claves. Suplir las carencias con la sabiduría táctica, la velocidad y la fortaleza. Aguantar el impacto y mantenerte en el aire. Con todo eso se puede ser influyente, más en el baloncesto actual, claro que sí», aporta el eterno Creus, 25 años de carrera.

Spud Webb, un ejemplo de superación en la NBA.

Tabla Comparativa de Jugadores Mencionados

La siguiente tabla resume la información de algunos de los jugadores de baja estatura mencionados en el artículo:

Jugador Estatura Logros Destacados
Calvin Murphy 1,75 m All Star
Isaiah Thomas 1,75 m Anotador destacado en la NBA
Muggsy Bogues 1,59 m Jugó 14 temporadas en la NBA
Spud Webb 1,68 m Ganador del concurso de mates de 1986

Es importante recordar que estas son solo algunas de las muchas historias inspiradoras de jugadores de baja estatura que han desafiado las expectativas y triunfado en el mundo del baloncesto. Su legado continúa inspirando a jugadores de todas las alturas a perseguir sus sueños y demostrar que el tamaño no es un obstáculo para el éxito.

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