Bodegas Hijos de Juan Gil: Un Siglo de Tradición Vinícola en Jumilla

Alguien dijo una vez que nadie es profeta en su tierra, pero la historia de Bodegas Hijos de Juan Gil desafía esta afirmación. Para conocer esta historia, nos trasladamos hasta Jumilla, donde todo comenzó en 1916, cuando Juan Gil Giménez construyó una pequeña bodega en el centro de la ciudad.

Su hijo, Juan Gil Guerrero, fue el encargado de tomar el mando en la sucesión, y los hijos de éste, Juan y Paco Gil González continuaron y consolidaron la empresa. En recuerdo de estos hombres y como homenaje de reconocimiento y respeto, la marca emblemática de la bodega es “Juan Gil”.

Otro de los rostros importantes de la bodega es el de Miguel Gil Vera. El pequeño que quería construir aviones creció y se convirtió en ingeniero aeronáutico. Pero la tierra que le vio nacer pudo más y cambió el sueño que le había acompañado durante toda su niñez, por un sueño de lazos de sangre.

Apostándolo todo por la bodega familiar, es a partir del 2002 cuando de manos de Miguel Gil, nace el germen de lo que hoy es el grupo Gil Family Estates. Y es que aquella pequeña empresa familiar ha ido creciendo con el paso de los años.

El Despegue de Gil Family Estates

La bodega que encontramos a día de hoy en Jumilla se consolidó precisamente en esta fecha, en 2002, y se encuentra ubicada en el paraje conocido como La Aragona, en el ‘Término de Arriba’, a unos 10 kilómetros al noroeste de la ciudad. Rodeada de hectáreas de viñedos allí encontramos la variedad de uva Monastrell, autóctona de la DO Jumilla y la principal para los vinos Juan Gil. A ésta también se suma variedades como Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y Petit Verdot.

Como no podía ser de otra manera, con la construcción de la nueva bodega también llegaron las últimas técnicas tecnológicas en materia de hacer vino. Aunque las renovadas instalaciones disponen de varias funcionales naves perfectamente equipadas, es destacable la Sala de Barricas. Su arquitectura interior combina estructuras de bóvedas de crucería con un estilo moderno.

Es curiosa la climatología que envuelve a los viñedos de Juan Gil. Se trata de un clima Continental, a pesar de su vecindad con el Mediterráneo. Las oscilaciones térmicas entre el día y la noche son muy acusadas, llegando a alcanzar hasta los 20º C de oscilación térmica.

La ubicación de la bodega permite la recepción de la uva en un breve espacio de tiempo en condiciones óptimas para su vinificación, evitando así cualquier efecto negativo sobre la calidad de los vinos.

Todas las naves están climatizadas y se dispone de sistemas automáticos de captura de datos que permiten tener trazabilidad absoluta.

En Bodegas Juan Gil nuestra filosofía y método de trabajo, basados en el compromiso con la calidad y la fidelidad a los consumidores, conviven tradición y modernidad, y la aplicación de la más moderna tecnología sobre procedimientos tradicionales de elaboración está dando resultados sorprendentes, obteniendo vinos en los que prevalece el carácter frutal y son señas de identidad en ellos las características típicas de la variedad Monastrell.

El Secreto del Éxito: Innovación y Tradición

¿El secreto? Era a mediados de los años 90 cuando Miguel Gil Vera, se sentó a hablar con su mujer de un tema que iba a cambiar sus vidas. Aunque los dos habían nacido y pasado su infancia en la ciudad murciana de Jumilla, ahora residían en Sevilla con sus dos hijos mayores, que habían nacido allí. Miguel es ingeniero aeronáutico y estaba contratado en CASA (Construcciones Aeronáuticas Sociedad Anónima), en la cadena de montaje, haciendo aviones.

El tema que debían tratar es que le habían ofrecido un buen puesto de ingeniero en su Jumilla natal. Y encima en el mundo del vino, del que procedía y amaba. Les fue regular, primero en la empresa que le contrató, y luego en una segunda de alguna manera ligada a un familiar, de la que decidió dimitir. Tanto es así que el coche de empresa que tenía asignado, lo dejó en la bodega y pidió a un amigo que le llevara a su casa.

Durante dos meses se encerró haciendo números, y llamó a su hermano Ángel, que desde los tiempos de Sevilla le animaba a volver al mundo del vino, para que se le uniera y juntos refundaron Hijos de Juan Gil. Fue en el 2002, ahora hace 20 años. De paso llamaron a los otros siete hermanos que entusiastas, cada uno participa en función de sus posibilidades.

Les gustaba, claro, el nombre de la empresa, pero no sólo por su padre, sino también por su abuelo y bisabuelo, este último que fue quien fundó la bodega Juan Gil en 1916. El negocio era próspero y se dedicaba a elaborar vino de Jumilla a granel para la exportación.

Su nieto, llamado también Juan Gil, fue la tercera generación de la bodega, pero no confiando demasiado en el futuro del vino hizo que sus nueve hijos tuvieran una formación al margen del trabajo en la bodega. Circunstancias hicieron que la bodega desapareciera.

La estrategia consiste en comprar viñedos de gran calidad en zonas y denominaciones de origen poco conocidas, o que no están en primera línea, hacer vinos ricos de precios muy competitivos y lanzarse a la exportación, sin descuidar el mercado nacional.

Empezaron con sus tierras de Jumilla donde triunfaron rotundamente con sus vinos Juan Gil, y con una distribución excelente. ¿Quién no ha visto esta marca en restaurantes y vinotecas? A mí, personalmente, me llamó muchísimo la atención en cierta ocasión en que pasé unos días en Miami. Pedí a mis anfitriones que me llevaran a ver las más importantes tiendas de vino de la zona y vi muchos vinos españoles. Había bastantes Muga, Valtravieso, Marqués de Cáceres…, pero el que barría y no faltaba en ninguna tienda era el Juan Gil etiqueta plata.

En Jumilla, además de esta bodega fundaron otra, El Nido, de vinos especiales y de alto precio. Después saltaron a la cercana Almansa en donde tras comprar unos viñedos de primera de la variedad garnacha tintorera hicieron la línea de los Laya, Alaya Tierra y La Atalaya. Después fueron a Calatayud en busca de esas garnachas de Aragón soberbias con los vinos Atteca, Atteca Armas y Honoro Vera.

A Aragón volverían años después, pero esta vez a Campo de Borja con la firma Morca, como los Godina, Morca, Tourán. En Tarragona saltaron primero a Montsant con la bodega Can Blau y los vinos Blau, Can Blau y Mas de Can Blau. Aparecieron en Rueda a hacer blancos y se instalaron en la zona segoviana, donde compraron viñedos viejos, como en los demás sitios, plantados en vaso y que no se abarcan con los brazos. Las marcas Shaya, Arindo, Shaya Habis.

Siguiendo con los blancos desembarcaron después en Rías Baixas con la bodega Lagar de la Condesa, que hace magníficos albariños. En Zamora, y como vinos de la tierra de Castilla y León, con Entresuelo, Tridente en sus versiones de las variedades tempranillo, mencía y prieto picudo.

Utilizan igualmente una marca que es Honoro Vera, que está en diferentes denominaciones a la vez. Toda la línea de vinos pasa por elaboraciones de precios más módicos, a los más caros que andan sobre los 100 euros. Variedades autóctonas de las distintas zonas, viñedos viejos y espectaculares de poca producción y mucha calidad, vinos serios elaborados por diferentes enólogos especialistas.

Y, sobre todo, la reivindicación de unas denominaciones de origen que esta familia está poniendo en el mapa, y no solo en España.

No se sabe si Miguel Gil en aquellos dos meses de reflexión en que decidió saltar adelante, llego a imaginar hasta donde iban a llegar, de momento.

Hace ya cien años, Juan Gil decidió cumplir su sueño: fundar una bodega. Murió pocos meses antes de la primera cosecha y su hijo, del mismo nombre, siguió el proyecto de su padre. Pero la tragedia cayó de nuevo sobre la familia, y el sucesor moría a los 58 años dejando a su mujer, con nueve hijos, al frente de la empresa.

Rosario Vera dio un volantazo a su vida y se puso manos a la obra para que la empresa familiar se mantuviera en pie. Una idea que se materializó con los años y que ha dado la razón al patriarca y sus descendientes.

Familia Gil Bodegas Familiares es una compañía millonaria, que arroja unos beneficios espectaculares cada año y que tiene viñedos repartidos por casi todas las denominaciones de origen de España. Venden en el extranjero, con Estados Unidos como mercado de referencia y sus vinos son apreciados en medio mundo.

La tercera generación al mando, esos nueve hermanos, quieren devolver parte de lo que consideran que han recibido de la sociedad. Bodegas Gil. Porque las nuevas generaciones, los 26 descendientes, deberán heredar una empresa, dicen, pero también el espíritu familiar, basado en los valores y la unión de los seres queridos.

Por eso, desde 2016 organizan el concurso Gil Soundtrack Awards, en el que premian a la mejor banda sonora de un cortometraje que ellos mismos escogen. Este año, la directora del filme es Agustina Macri, nada más y nada menos, la hija del expresidente argentino Mauricio Macri, una cineasta consolidada, afincada en Barcelona desde que tomara las riendas del espectáculo ‘10’, de Cirque du Soleil, dedicado a Leo Messi.

Lo importante para estos empresarios es fomentar la cultura a través de su sociedad. “Estamos implicados en la sociedad, queremos devolver lo que recibimos, dar valor añadido a la empresa, cuidar de la naturaleza, tener viñedos sostenibles”, destacan en conversación con Vanitatis.

“Nuestra fortaleza es España y es lo que nos guía en nuestro crecimiento”. Un vistazo rápido en el Registro Mercantil nos dice que la fórmula es exitosa: más de 20 millones de euros de facturación y más de dos millones de beneficio neto en el último ejercicio el de 2019 consolidan un proyecto que crece de año en año.

Importan a medio mundo, con Estados Unidos como centro neurálgico de sus operaciones, y sus vinos son alabados por los expertos.

Hablemos de Vino: Juan Gil Aniversario 2015

Llevar una empresa con la que quieres transmitir valores “es muy difícil, sobre todo en el mercado actual, tan competitivo”. Por eso, nos cuentan que con el concurso que se ha celebrado estos días y que cada año sirve para entregar un premio de 50.000 euros de dotación, “lo que queremos y conseguimos es cambiarle la vida a un artista, creemos en el arte y aunque tenemos orejas, no oído musical, somos melómanos y estamos muy orgullosos”.

Los candidatos musicaban el corto ‘Somos Tierra’, dirigido, lo decíamos, por Agustina Macri, una película en la que narra la unión familiar, los retos de volver a empezar y el arraigo al territorio.

Variedades de Uva y Vinos Emblemáticos

Aunque se cultivan también otras, la variedad principal es la Monastrell, autóctona de la zona y de la que Jumilla es la mayor y la más importante zona de producción del mundo. Disponen de unas 350 hectáreas de viñedo de tierras franco-arenosas y calizas con fuerte presencia de pedernal en superficie, de las cuales 120 rodean la bodega. La finca está situada entre 700 y 850 metros sobre el nivel del mar.

La Monastrell es la variedad principal de la finca y de los vinos elaborados por esta bodega.

Algunos vinos destacados:

  • Juan Gil 18 meses: 60% Monastrell, 30% Cabernet Sauvignon y 10% Syrah.
  • Juan Gil 12 meses: 100% Monastrell, procedente de viñedos de más de 40 años.
  • Juan Gil Monastrell: 100% Monastrell de viñedos de 40 años.

En Jumilla ya disponen de 900 hectáreas y de ahí seleccionan lo mejor para sus vinos de gama más alta como son El Nido, Clío, y Corteo.

Con 8 meses de crianza con sus lías, aparece franco, directo, intenso en nariz, con fruta blanca y de hueso como el melocotón, tonos tostados y ahumados de la crianza. En boca tiene volumen, grasa, una acidez estupenda que le da equilibrio y frescura.

El otro es el icónico de Jumilla el Juan Gil Etiqueta Azul, elaborado con 60% de monastrell, 30 de cabernet sauvignon y 10% de syrah con una crianza 18 meses en barrica. Tiene una nariz muy elegante, cargada de fruta madura, tonos minerales, moderno y serio. En la boca es muy sabroso, con estructura y fuerza, pero de paso aterciopelado.

Miguel Gil sabía que se la jugaba cuando dejó su trabajo de ingeniero en Sevilla, y se lanzaba a la piscina del mundo del vino. Probablemente entonces no soñaba que llegarían a donde han llegado.

El viajero se lleva de Jumilla mucho más que el horizonte de la topografía forestal y los viñedos omnipresentes. Si subes al castillo medieval, puedes tomar fotos de vistas panorámicas de una tierra codiciada por varios reyes. Satisfaciendo a enófilos y gourmets por igual gracias a su cultura del vino.

Una invitación a una historia centenaria: la alianza con el vino de la familia Gil. En la antigua bodega y en el nuevo ambiente futurista de la bodega familiar, flota el espíritu de superación impuesto por el fundador Juan Gil, quien embotelló el primer vino en 1916.

Una vez que conoces el secreto de su legado, comprendes la cultura del vino, el coraje para afrontar los contratiempos y el gran cuidado que se tiene desde la poda hasta la tonelería.

Tabla Resumen de Bodegas Juan Gil

Aspecto Descripción
Fundación 1916 por Juan Gil Giménez
Ubicación Principal Jumilla, Murcia, España
Variedad Estrella Monastrell
Estrategia Clave Adquisición de viñedos de alta calidad en DO emergentes
Mercado Principal Estados Unidos y Exportación Global
Filosofía Tradición, innovación y compromiso con la calidad

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