Antonio González Pacheco: La controvertida biografía de "Billy el Niño"

Antonio González Pacheco, conocido como "Billy el Niño", fue una figura controvertida en la historia reciente de España. Este policía, adscrito a la Brigada Político Social (BPS) durante el franquismo, se ganó una reputación por su papel en la represión y tortura de opositores al régimen. Su biografía, marcada por acusaciones de torturas y una impunidad que se extendió hasta su muerte, sigue generando debate y controversia en la sociedad española.

Dirección General de Seguridad en Madrid, centro de detención durante el franquismo.

Orígenes y primeros años

Antonio González Pacheco nació en Aldea del Cano, Cáceres, el 6 de octubre de 1946. Los vecinos de este pueblo, dedicado a la agricultura y al turismo, aún recuerdan al policía franquista acusado de las torturas más salvajes. "Sus padres tenían un comercio y él ayudaba a su padre en la tienda hasta que murió", relata uno de los vecinos, reconociendo que en el pueblo "no se habla de él para nada". "Era feísimo", asegura otra vecina.

A mediados de los sesenta, Pacheco decide abandonar la casa familiar, situada en el centro del pueblo. Ahora, ese establecimiento propiedad de la familia de Billy el Niño lo regenta uno de los sobrinos del policía franquista que se niega a hablar con el equipo del programa.

Ascenso en la Brigada Político Social

En España, se trataba de organizar el exterminio de cualquier rastro, tanto de las instituciones republicanas, como de las organizaciones políticas y sociales que apoyaron a la República. En ese contexto, Antonio González Pacheco, adscrito a la BPS de Madrid, destacó por ser una pieza importante en los intentos de desarticular al movimiento obrero organizado, fundamentalmente las Comisiones Obreras y al movimiento estudiantil, que en Madrid, se convirtieron por su capacidad de movilización en un verdadero quebradero de cabeza para el régimen.

Junto a Saturnino Yagüe, comisario jefe en los años setenta, los nombres de Delso, Gelabert, Sainz, junto a “Billy el Niño”, se asocian a una Dirección General de Seguridad, actual sede del gobierno regional de Madrid, como centro de terror para las decenas de miles de hombres y mujeres que pasaron literalmente por sus manos. Las palizas, torturas o “falsas ejecuciones” formaban parte del modus operandi de la BPS para conseguir arrancar delaciones o admitir responsabilidades en las personas detenidas para poderlas procesar conforme a las leyes franquistas.

Si cabe, González Pacheco se caracterizaba por su omnipresencia a la hora de desarticular organizaciones tanto en Madrid como fuera de Madrid. Se jactaba de haber participado, durante los Estados de Excepción declarados por el régimen en los años setenta, en la desarticulación de la huelga de campesinos del Marco de Jerez o en la detención de antifranquistas vascos.

Víctimas de torturas durante el franquismo.

"Billy el Niño": El apodo y su significado

El otro Billy el Niño, Juan Antonio González Pacheco, estaba muy orgulloso de que le hubieran puesto el mismo mote que al célebre pistolero del Lejano Oeste, aunque no compartía con él más que el aspecto desnutrido y la escasa estatura. “Practicaba el orgullo de ser blanco: era esmirriado, chúcaro y soez” escribe Borges en la única frase que puede aplicarse a ambos, ya que la bravura y la valentía legendarias del forajido distan años luz de la miseria y la bajeza de este nauseabundo funcionario de policía.

Otra característica que comparten, por desgracia, es que González Pacheco, al igual que Billy the Kid, resume y simboliza una época: el inmundo estercolero del franquismo, en cuyo epicentro, los tenebrosos sótanos de la Dirección General de la Seguridad, González Pacheco daba rienda suelta a su vesania bajo la impunidad de una placa y la benevolencia del régimen. Torturadores sádicos, violadores por deporte y matones de uniforme proliferaron a millares en el aparato policial y represivo de esa dictadura que imperó en España durante cuatro décadas y en la que él no era más que uno más, un burócrata en el infierno.

Acusaciones de torturas y crímenes de lesa humanidad

Muchos de los torturados por González Pacheco, hombres y mujeres, han interpuesto denuncias en los tribunales ordinarios para que se haga justicia conforme al derecho y convenios internacionales suscritos por España en relación a la Verdad, Justicia, Reparación y Garantía de no Repetición de las víctimas del franquismo. Del resultado de las elecciones generales dependerá si el Estado asume de una vez por toda su responsabilidad de garantizar la Verdad, la Justicia y Reparación a todas las personas de la Resistencia que fueron asesinadas, desaparecidas, encarceladas, torturadas, depuradas o exiliadas.

Entre las torturas que se le imputan se encuentran:

  • El 'pasillo': el detenido pasaba entre dos filas de agentes policiales que golpeaban con porras, vergajos, puños americanos, patadas y puñetazos.
  • La 'bañera': consistía en la introducción de la cabeza en aguas “extremadamente sucias y nauseabundas” hasta el práctico ahogamiento del detenido.
  • El 'saco de golpes': puñetazos y patadas repetidas en el cuerpo de sus víctimas que descargaba con movimientos y gritos copiados del kárate.
  • Colgamiento de una barra: esposado por la muñeca delante de los tobillos, el detenido quedaba suspendido por la articulación de las rodillas.

Además del intensísimo dolor, esta tortura provocaba abundantes hemorragias y presencia de sangre y coágulos en la orina durante meses. La violencia psicológica y la humillación al detenido eran una constante. Con amenazas, coacciones indicando posibles daños a familiares y compañeros, o despojando de la ropa para mantener desnuda a la víctima.

La impunidad y las condecoraciones

El infierno, sin embargo, no terminó con la muerte de Franco y tuvimos que tragarnos por prescripción democrática toda la mierda que vino después, envuelta en el sacrosanto pacto de la Transición, y en mitad de la mierda, la píldora de que González Pacheco era un héroe. No sólo nunca lo juzgaron por sus crímenes sino que además recibió cuatro medallas por servicios distinguidos con incremento de pensión incluida, los cuales consistían básicamente en arrojar a presos por una ventana, quemarles con brasas de cigarrillo, machacarles los genitales o golpear a una mujer en el abdomen mientras le decía: “Ya no parirás más, puta”.

Pero González Pacheco no actuaba por iniciativa propia, sino obedeciendo directrices estatales: era sólo un mecanismo más de la maquinaria del terror franquista, no la excepción sino la regla. Triste país éste en que la justicia ni siquiera ha tenido el detalle no ya de sentar en el banquillo a este excremento humano sino de quitarle al menos las medallas y honores que se ganó a fuerza de repartir dolor y horror a seres inocentes. Triste democracia en la que cientos de víctimas han tenido que conformarse con que la biología haga el trabajo que no han hecho los jueces. Triste consuelo el ver marchar tranquilamente por la puerta de atrás de un hospital a esta marioneta del espanto, igual que hizo en su día el titiritero mayor del reino.

Según el Centro Directivo de la Policía Nacional, González Pacheco se estuvo beneficiando de un incremento salarial del 15% desde que fue condecorado el 13 de junio de 1977. La condecoración fue otorgada por el entonces ministro del Interior Rodolfo Martín Villa “en atención a sus méritos” y “para premiar servicios de carácter extraordinario”. Pero, según el informe que elaboró Interior en 2018, contaba con un total de cuatro medallas pensionadas que incrementaban en un 50% su sueldo, es decir, cobraba pensión y media del Estado.

En febrero de 2020, el Congreso dio el visto bueno a la petición del diputado EH Bildu Jon Iñárritu para desclasificar las medallas, condecoraciones y premios concedidos a Antonio González Pacheco. La desclasificación implicaba la publicación de la hoja de servicios de 'Billy el Niño', a la que había accedido eldiario.es en diciembre de 2018. El documento constaba de tres folios en los que se recogían las actuaciones de este agente franquista entre 1969 y 1977.

El Ministerio del Interior tenía un plan para retirarle las condecoraciones por los “servicios prestados” en su etapa como policía. El ministro, Fernando Grande-Marlaska, aseguró que tenía preparado un cambio de normativa para retirarle las medallas (remuneradas) a quien ha pasado a la historia de España como uno de los principales torturadores de la dictadura.

Manifestación en contra de la impunidad de los crímenes del franquismo.

La querella argentina y el intento de extradición

Tuvo que ser la justicia argentina la que obligara a Antonio González Pacheco, más conocido como 'Billy el Niño', a presentarse por primera vez ante un tribunal. Después de que los juzgados españoles rechazaran reiteradamente las querellas presentadas por diversas víctimas de las torturas de este policía que actúo bajo el amparo del estado durante la dictadura y la transición, la magistrada María Romilda Servini solicitó su extradición para poder juzgarlo por crímenes de lesa humanidad en su país. Finalmente, la Audiencia Nacional, el organismo que heredó las funciones del antiguo Tribunal de Orden Público franquista, ordenó la comparecencia de González Pacheco. Pero acabó denegando la petición de Servini.

Vida posterior y fallecimiento

Tras la muerte de Franco, Billy El Niño se especializó en investigar a los GRAPO y, según relatan fuentes policiales, “se hizo novio de una militante de ese grupo terrorista y así fue clave en la liberación [el 11 de febrero de 1977] de los secuestrados [Antonio María de] Oriol y [Emilio] Villaescusa”, cuyo secuestro podía poner en peligro el camino a la transición democrática liderado por el entonces presidente Adolfo Suárez.

“Se apuntó un tanto en ese momento que neutralizó posibles movimientos militares golpistas y cortó las iniciativas de la propia policía y del entonces ministro del Interior, Rodolfo Martin Villa, para que Pacheco abandonara el cuerpo por su mala fama”, señala otra fuente policial. Pero, finalmente, y tras las muchas presiones para que abandonara la después denominada Brigada Central de Información, fue destinado en 1981 a la Brigada Central de Policía Judicial, donde solo estuvo un año, hasta que desde la cúpula policial e Interior se le indica que no tiene cabida en la nueva esta etapa democrática. Abandona el cuerpo en 1982.

Con el tiempo, dejó de ser un habitual de la juerga nocturna de los pubs de Madrid y comenzó a dedicarse a correr. Incluso participaba en maratones, como el de Nueva York.

Antonio González Pacheco, Billy el Niño, el policía franquista acusado de torturador, murió este jueves por coronavirus en la clínica San Francisco de Asís hacia las 7.00, según informaron fuentes policiales. El expolicía habría muerto a causa del coronavirus, según afirma este diario, y padecía también problemas en el riñón. González Pacheco, de 73 años, muere así sin enfrentarse a las causas judiciales que le acusan de torturas durante los últimos años del régimen.

Este jueves, ni la Dirección General de la Policía ni el Ministerio del Interior querían confirmar su muerte: “No es nuestro, es un policía jubilado”. El siniestro historial que acarreaba Billy el Niño y el escándalo que suscitaba cualquier contacto con excompañeros policías en activo hizo que no quisieran saber nada de él, ni muerto, en los organismos de los que dependió.

“La muerte del torturador González Pacheco sin haber sido juzgado, con sus medallas y privilegios intactos, es una vergüenza para la democracia…”. Esta frase o parecidas se han repetido en días pasados desde que el 7 de mayo falleciera por enfermedad ese torturador, conocido como Billy el Niño. Si la citamos es por quien la ha pronunciado, en concreto un vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, que la completaba añadiendo: “y también para nosotros como Gobierno”.

Esta es la cara de Billy el Niño, el torturador franquista.

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