El Trastorno del Espectro Autista (TEA), comúnmente conocido como autismo, es un trastorno neurobiológico que se manifiesta en los primeros tres años de vida. Es crucial conocer los síntomas para una detección y diagnóstico tempranos, así como los posibles tratamientos.
¿Qué es el Autismo?
El autismo es un trastorno del desarrollo que se caracteriza por la incapacidad de establecer un contacto habitual con el mundo exterior. Los niños que sufren autismo son retraídos, ausentes y viven en un mundo interior muy cerrado. Se muestran indiferentes ante lo que ocurre a su alrededor y mantienen una relación afectiva y social muy limitada.
Este trastorno afecta más a los niños que a las niñas.
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Causas del Autismo
La causa del autismo sigue siendo, hoy en día, de origen incierto, aunque parece que se trataría de algún tipo de anomalía en las conexiones neuronales, probablemente, debida a una alteración genética. Algunos expertos apuntan hacia problemas neurológicos (desarrollo anormal de las células nerviosas del cerebro); otros, en cambio, afirman que se trata de un trastorno hereditario.
Hay que tener en cuenta que existen otros trastornos que pueden presentar síntomas muy similares a los del autismo. Para despejar cualquier duda, es importante acudir al pediatra, quien te remitirá directamente a un psiquiatra infantil. Este especialista es el que podrá diagnosticar con certeza si el niño sufre autismo o no.
Signos de Alarma en Bebés
Saber cuándo debemos preocuparnos al ver un retraso en el desarrollo de nuestro hijo es fundamental. El instrumento más utilizado para el cribaje (screening) de los trastornos del espectro autista es el M-CHAT. Este instrumento sirve para identificar posibles señales de alerta de un posible trastorno del espectro autista en un niño pequeño. Es solo un instrumento de que indica riesgo de tener autismo, no es un instrumento que diagnostica el autismo.
Puede ser que su hijo emita sonidos extraños y no diga más de tres palabras a la edad de 14 meses. Hiporreactividad o hiperreactividad a los sonidos u otras formas de estimulación sensorial. En el apartado de recursos de esta página web encontrará unos documentos desarrollados por el Centro para Control de Enfermedades estadounidense, que describen lo que debería hacer su hijo para la edad que tiene, y qué conductas en concreto deberían preocuparle. La primera hoja de cada documento está en inglés, en la segunda hoja encontrará la traducción al español.
A continuación, se presentan algunos signos de alarma que pueden indicar un riesgo de TEA en bebés:
- Defensas anti-relación-comunicación con el otro: Repliegue sobre sí mismo y retirada relacional duradera con desconexión emocional, aislamiento relacional y “ausencia” autísticos.
- Defensas anti-integración: Desmantelamiento sensorial (Meltzer, 1975) o disociación de los diferentes estímulos sensoriales percibidos con refugio en la auto-estimulación sensorial.
- Defensas anti-separación del otro: Identificación adhesiva (Meltzer, 1974) con el objeto-sujeto relacional, con el otro.
- Ausencia o poca presencia de la sonrisa intencional o social: No suele participar en la interacción emocional con el otro.
- Frecuentemente está con la mirada fija: Ausente y como desconectado del exterior. Aislamiento más que ensimismamiento. Ve pero no mira. La mirada no es instrumento comunicativo y de intercambio emocional. No sigue con la mirada.
- El niño se muestra muy bueno, muy fácil de tratar, duerme mucho y es muy tranquilo: En estas condiciones, es muy probable que el bebé se refugie en el sueño como mecanismo de retirada relacional y recurra a mecanismos de auto-estimulación sensorial cuando está despierto, tales como regurgitaciones o balanceos, en lugar de reclamar la atención de su cuidador.
- No pide con su llanto: Cuando se supone que tendría que tener hambre.
- Oye pero no atiende: Cuando se le solicita o se le llama. Sordera ficticia.
- No reclama, no pide llorando: O su llanto es apagado e inexpresivo.
- No comparte: No hace con el otro, y si lo hace a veces, no es por propia iniciativa sino por la insistencia del otro.
- Ausencia o poca frecuencia de movimientos anticipatorios: Como estirar los brazos al ir a cogerlo o pidiendo ser cogido. No hace gestos anticipatorios que comuniquen una demanda de relación.
- Ausencia o muy poca autorregulación del tono muscular corporal: Existencia de hipertonía y/o hipotonía manifiesta al manipularlo y, sobre todo, al intentar acogerlo en el regazo.
- Poca o nula curiosidad exploratoria de sí mismo, del otro, y de su entorno: No reclama la presencia de cuidadores ni de objetos. No suele utilizar las manos ni para explorar, ni para coger, ni para recibir, solamente para auto-estimular sus sensaciones.
- Existe una falta de balbuceo o bien es muy limitado: En la interacción con el cuidador no imita los sonidos cuando éste le habla.
- Frecuentemente rechaza el contacto con el otro: No participa en la interacción cuando se le habla con sonidos tales como gorjeos y laleos.
- Hay hipersensibilidad y baja tolerancia a la frustración: Con ausencia de progreso en la capacidad de esperar la satisfacción de sus necesidades fisiológicas, como el hambre. Una vez saciado parece no necesitar más (relación, comunicación, caricias, juegos, etc.) y se duerme o se retrae aislándose.
- Trastornos del sueño con irritabilidad: Con dificultades para ser consolado en los brazos de quien lo cuida.
- Malformación y/o discapacidad sensorial y/o motora en el bebé: Con dificultades para la relación y comunicación y con repercusión negativa y durable sobre su entorno.
- Apariencia de felicidad y de no frustración: Debido a su estado de no diferenciación en la relación con el otro.
- Presencia de movimientos corporales estereotipados: Repetitivos e invariables como balanceo, gimoteo, aleteo de manos, con los que el bebé intenta, a través de la sensación que le producen estos movimientos, llegar a un estado de no cambio, en el que no existe ni el tiempo ni el espacio.
- Ausencia o poca presencia de interacción lúdica en la relación padres-bebé: Inexistencia o poca presencia de un espacio de juego espontáneo y sin reglas pre-establecidas. Inexistencia de juego creativo en el que las reglas se van poniendo y desarrollando a medida que se va jugando: juego de los cinco lobitos, atrapa el bichito, Cu-Cu…Tac-Tac.
- Insensibilidad o muy poca sensibilidad al dolor.
- Ausencia o poca presencia de vinculación lúdica progresiva con algún objeto del entorno: Que, sustituyendo a quien le cuida, le proporciona seguridad, le tranquiliza y le sirve de compañía en su ausencia.
- Dificultades persistentes con la alimentación.
Intervención y Tratamientos
El autismo no tiene curación. En el campo terapéutico, se intenta que estos niños empiecen a hablar y a relacionarse con los demás cuanto antes. Un niño con autismo necesitará cuidados psicológicos durante toda su vida.
Si los padres reciben el diagnóstico de que su hijo tiene un Trastorno del Espectro Autista (TEA), el equipo médico que realiza el seguimiento les ofrecerá todo tipo de información, así como las asociaciones de ayuda a las que pueden dirigirse.
Tabla de Signos de Alarma por Edad
| Edad | Signos de Alarma |
|---|---|
| Menores de 12 meses |
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| 18-24 meses |
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| A partir de 24 meses |
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