En el presente estudio hemos querido reunir toda una serie de mitos y de leyendas que desde los orígenes del hombre han atormentado y preocupado a gran número de personas. El material que vamos a manejar en este análisis ha sido dividido en secciones, para así poder analizar con mayor detenimiento los distintos fenómenos a tratar. Haremos un breve recorrido por el "terror" a través del comentario de diversas leyendas referidas respectivamente a las almas en pena, a los duendes, a los espíritus y fantasmas y finalmente a las leyendas urbanas, que intentaremos poner en relación con el resto de manifestaciones.
Mención aparte merecen las leyendas e historias recogidas para tratar el tema de los espíritus y de las leyendas urbanas. Para estos temas el grueso de la información ha sido recogido en el Instituto de Enseñanza Secundaria Arcipreste de Hita de la localidad de Azuqueca (Guadalajara), teniendo los alumnos entrevistados edades comprendidas entre los catorce y los dieciséis años. Los informantes entrevistados para el presente artículo son de procedencia geográfica muy variada. En su gran mayoría las leyendas se han documentado en zonas rurales y los entrevistados han sido personas de mediana edad y ancianos.
Almas en Pena
Gran número de leyendas nos narran historias acerca de difuntos que se aparecen. Normalmente lo hacen de noche, en sitios solitarios, o en determinadas fechas. Los espíritus de estos difuntos se manifiestan adoptando diferentes formas y sonidos, tales como una luz resplandeciente, una sombra, la figura del difunto, ruidos, lamentos, etc.
Cuando una persona muere y deja a alguien ofendido, su alma vuelve del otro mundo a dar "avisos" por medio de ruidos, voces y otras manifestaciones, hasta que la persona ofendida le perdona de todo corazón o dedica rezos y misas en bien de aquella alma en pena. En sus apariciones las almas pueden pedir o necesitar distintas cosas: sepultura, que les quiten la cruz o el hábito con que fueron amortajados y que les impide que los demonios lleven su alma al infierno...
En estas situaciones, el familiar, acompañado del alma del difunto, debe ir a cumplir lo que esa alma solicita, normalmente hacer funerales pendientes o realizar alguna otra buena obra. En otros casos, las almas en pena tan sólo tienen algo que comunicar a sus familiares: alguna noticia que en el pasado no dieron a conocer, o algún aviso importante de tragedias que han visto les van a suceder a los mortales...
Normalmente, el medio más eficaz y usado en la ayuda de estos seres atormentados, que piden auxilio, es la Santa Misa y el rezo de oraciones, así como la señal de la cruz ante su aparición. Tras esta breve introducción al tema de las almas en pena, pasaremos a analizar alguna de las leyendas recogidas en la presente investigación.
El Hombre Miedoso y la Zarza, Más las Misas del Ánima en Pena
Don Salvador Embid, de 88 años de edad, natural de Huertapelayo, provincia de Guadalajara nos contaba una historia que ocurrió en su pueblo al tío Navo:
El tío Navo era un pastor de allí, de Huertapelayo, y salía al campo a sus ovejas, y en el camino se le aparecía ella, su mujer, que había muerto hacía un tiempo atrás. En su casa oía ruidos tremendos de muebles, de cosas que se caían, que se rompían, de piedras que se caían del tejado, unos escándalos tremendos, y el hombre estaba asustado, pues salía al campo y la mujer se le agarraba a las piernas y no le dejaba andar, y una vez se enganchó en una zarza y no podía andar, hasta que amaneció y vio que era una zarza y dijo: "No tengo miedo a nadie". Cogió la navaja y cortó la zarza que le estaba teniendo.
El misterio de lo otro es que decía que en su casa caían piedras escaleras abajo desde la cámara y el hombre vivía en susto permanente y cuando amanecía y se iba a las ovejas, en el camino, se le agarraba ella a las piernas y no le dejaba andar. Entonces, él vivía en un susto tremendo hasta que un día le dijo: "- ¿Quieres decirme qué es lo que quieres? ¿por qué me estás tal?". "- Sencillamente porque me tienes toda la noche de ánimas, que me habías ofrecido una misa y no me la has hecho". Hizo la misa y desapareció el alma (1).
La primera parte de esta historia es un paralelo del cuento popularísimo de la comarca del Ripollés recogido por Román Violant I Simorra en su libro El Pirineo Español. Erase una vez un sastre, que al regresar de trabajar de un pueblo, por la noche, se encontró con que, de súbito, le tiraban del vestido, aterrorizado, pues tenía la certeza de que eran las almas en pena que lo retenían, pidió clemencia a los muertos para que le dejaran seguir adelante, sin embargo, no lo soltaron.
Pasó la noche suplicando en vano a las almas en pena, hasta que al llegar el alba, se dio cuenta de que una zarza del camino se le había enganchado a la capa. Sacó las tijeras y cortó la zarza, al propio tiempo que decía, en tono bravucón: "lo mismo hubiera hecho si fueras un fantasma" (2). En las dos historias las almas en pena se agarran al cuerpo del hombre o tiran de su vestimenta impidiéndole avanzar. Los dos hombres sospechan que son las almas en pena las que producen tal efecto, sin embargo, en los dos casos, descubren que son unas zarzas las que les impiden avanzar y cortándolas sin miedo exclaman: "lo mismo hubiera hecho si fueras un fantasma" / "No tengo miedo a nadie".
En estas dos leyendas al igual que en otras muchas, como la recogida en La punta del Arco Iris, titulada "El ánima en Pena (Priego, Córdoba)", el hombre se encuentra con el alma en pena fuera de la casa y ésta le quiere llevar. En Huertapelayo, el tío Navo había prometido una misa al alma de su difunta esposa y no se la había hecho; el ánima en pena de Priego había realizado una promesa en vida y no la había cumplido, necesitando ahora que alguien la cumpla por ella. En cualquier caso una vez realizado lo solicitado por el alma, ésta puede descansar y desaparece.
Las ánimas era una cosa que está en todos los pueblos. Las almas en pena, las ánimas, se decía que si salías y te encontrabas con un alma en pena, que te podía llevar. Otras veces, que le podías preguntar que si era un alma en pena, o qué era lo que quería, por si había dejado alguna promesa sin cumplir. Venía a que se la cumpliera algún familiar o amigo, y cumplía su promesa para ir a descansar...
Mi tía, una tía segunda que ya se murió. Esa decía que sí, que había visto un ánima en pena, y que se la había presentado varias noches. Ella preguntaba que, si era un ánima en pena o un espíritu, que dijese lo que quería, lo que le pasaba. Porque decían que lo mismo era un alma en pena que había muerto porque había hecho alguna promesa y había muerto antes de cumplirla. Entonces el alma estaba penando toda la vida hasta haber cumplido la promesa. Ya decía lo que quería, e iba la otra persona, lo cumplía y el alma ya descansaba.
El ánima le dijo que fuera a San Francisco, a una iglesia donde estaba la imagen más popular de la ciudad. Allí, delante de unos altares que escuchara misa y rezara no sé cuántos padrenuestros. Y ya se dejó de tener la pesadilla, o de verla todos los días o de acordarse de ella (3).
Otra de las propiedades atribuidas a las almas en pena, como de muebles, de cosas que se caían, que se rompían, que señalábamos más arriba, era su capacidad de manifestarse a través de luces, humo, ruidos, sonidos... Siempre por la noche, y en la casa donde antes habían vivido. El tío Navo vivía atormentado por los ruidos que cada noche soportaba en su casa: "en casa oía ruidos tremendos, piedras que se caían del tejado, unos escándalos tremendos".
Vemos pues, cómo las almas para conseguir lo que necesitan, asustan a las personas a las que solicitan su ayuda, tal vez, porque de otra forma teman que no vayan a ser atendidas. Todas estas características las podemos contemplar también en "El ánima en pena de S. Carlos del Valle (Ciudad Real)", recogida también en La punta del Arco Iris. El alma en pena aquí, regresa para hacer que se le cumpla la promesa que se le había hecho.
Cuando la guerra, había allí una familia muy humilde, y tenía siete hijos. Entonces, uno de ellos se tuvo que marchar a la guerra. Y la madre, la pobrecilla, ofreció: - ¡Ay, si mi hijo viene con vida, prometo a las almas del purgatorio ponerles una arroba de aceite en lamparillas! Bueno, pues resulta que, mientras la guerra, la madre muere. Y el hijo vuelve sano y salvo. Entonces, el padre le recuerda que han pasado muchos años: - ¡Ay, hijo, tenías que cumplir la promesa que hizo tu madre, no sea que la pobre esté penando! - ¡Anda, anda! Déjate de tonterías.- Bueno, ¡si eso era una promesa de madre! ¡Qué vamos a cumplir! Eso son tonterías.
Total, que uno se fue a Barcelona, otro se fue a Valencia, otro... Desaparecieron todos del pueblo, y nadie se acordó. Pero sí, al que le hizo la promesa, llegó un momento, que estaba en Barcelona, pasó a su dormitorio, y vio la habitación llena de humo. Entonces se asustó. Y dijo a su mujer: - Oye, mira, que la habitación...Pasó ella y dice: - Oye, que aquí no hay nada.Y volvió él a pasar: - Que yo no puedo pasar aquí, que yo me ahogo, que esto está lleno de humo.Y se acordó de la promesa de su madre, ¿sabes? Entonces salió corriendo y se fue al pueblo. Reúne a los hermanos: - Mirar, que ha pasado esto.- ¡Ay, la promesa de madre, la promesa de madre! Vamos a cumplirla.
Cogen un cuadro de las ánimas, que lo tenían ellos, ponen el cuadro, ponen una palangana, y dicen: - Vamos a poner de vez en cuando, cada uno, dos litros de aceite. Sin apagarse la lamparilla. Vamos a meter dos litros cada uno.Eran seis o siete hijos. Entonces, así lo hacen. Ponen la lamparilla, se van, al rato vuelven. Ha desaparecido el aceite. Y decían: - ¡Pero bueno! Y la lamparilla ¿cómo consume tanto aceite? Pues resulta que vuelven a llenar la palangana. Hasta que la arroba de aceite no se consumió, creo que fue en veinticuatro horas. Oye, me lo contó una hija, está casada con un primo mió. Dice que parece mentira, pero que el aceite volaba (4).
El Rezo a las Almas del Purgatorio
Normalmente lo que con más frecuencia solicitan las almas del purgatorio o ánimas son oraciones. Dicen que si una noche rezas a las almas del purgatorio, el resto de noches de tu vida tendrás que seguir rezándoles o de lo contrario no te dejarán descansar.
Todas las noches rezaba a las ánimas del purgatorio. Una noche venía muy cansada y se durmió y por la noche sintió que se le caía algo encima, en principio creyó que era un terremoto. Se levantó, salió a la calle, pero en la calle no había nadie, ni pasaba nada. Se volvió a la cama y al cabo de un rato se comenzó a mover la cama y a pasar de todo. Entonces se levantó y se dio cuenta de que esa noche se le había olvidado rezar a las almas del purgatorio, que tengas cuidado, porque siempre te piden tu oración, porque una oración es algo menos de tiempo que tienen que estar en el purgatorio, entonces no cesan de insistir hasta que se las reza (5).
La Fiesta de las Calabazas en el Día de Todos los Santos
Para terminar tan sólo recogeremos como nota común a las historias recogidas sobre almas en pena, su tendencia a manifestarse de noche y en la casa donde antiguamente vivieron. Esta idea de que las almas vuelven al lugar donde vivieron por la noche, está recogida en muchos pueblos de España, en Huertapelayo, Guadalajara, nos comenta Pedro, un oriundo del pueblo, cómo existía la creencia de que en la noche de ánimas éstas regresan al lugar donde vivieron.
En el pueblo lo que se hacía era una hoguera. Allí, mientras unos estaban cuidando la hoguera, otros estaban tocando las campanas toda la noche, porque existe la creencia de que las ánimas vuelven al lugar donde residieron, las casas. Entonces, imagínate nosotros éramos pequeños, pues, era horrible, porque te ibas a dormir y sabías que en la casa había vivido mucha gente y a algunos los habías visto morir. Era la noche de los santos a las ánimas, como el pueblo estaba a oscuras cogían las calabazas, las vaciaban, les ponían velas, y les hacían ojos. Salir y encontrarte eso, fíjate tú el susto que te pegabas, porque, aunque ya lo sabías, no había quien evitase el miedo (6).
Las almas vuelven a sus casas en la noche de los santos a las ánimas, van buscándolas. Para que no entren, en muchos pueblos sacaban a la puerta una calabaza vacía con ojos y boca y una vela en su interior (al igual que hoy se sigue haciendo en Norteamérica en la celebración de Halloween). En otros sitios para impedir que las ánimas entrasen en las casas tapaban con gachas las cerraduras.
La noche de los Difuntos, la noche de Todos los Santos, del día 1 al día 2 de noviembre, cogen gachas; unos se levantan, otros son amigos, antes había hermandades, e iban tapando todas las cerraduras con gachas, pa que no entren por las cerraduras las ánimas de noche. Las ánimas en pena, que esa noche están buscando, pues para que no entren en todas las casas. Se hace en toda la zona de Priego, en Las Hileras, en Las Lagunillas... (7).
Los Duendes
Al igual que las almas en pena, por las noches en gran número de ocasiones, y en las casas, se aparecen pequeños seres de figura humana que cometen fechorías, revuelven la ropa, recorren y cambian de lugar los muebles, dan gritos, asustan a las amas de casa... Tradicionalmente a estos seres fantásticos, estrechamente ligados con el hogar y la vida familiar, se les ha llamado duendes. Hay quien ha identificado a estos duendes con demonios y sitúan su origen en los ángeles rebeldes del cielo, que expulsados de allí por Dios, cayeron en la tierra o en el agua.
Teólogos como Del Río y Torreblanca creían que éstos eran demonios inferiores en el sentido cristiano de la palabra demonio, el pueblo conserva mejor la noción pagana de espíritus, númenes o como se les quiera llamar, sin aire demasiado diabólico en ciertos casos. En Andalucía, en algunas historias, el duende llegará a relacionarse con las almas en pena. Relación documentada por el historiador de Córdoba, D. Muchos cuentos y romances anónimos de poetas poco conocidos se publicaron sobre duendes durante los siglos XVI y XVII y grandes autores españoles como Lope, Cervantes o Calderón dedicaron páginas de su literatura a tales personajes.
En el siglo XVIII el Padre Feijóo intentó combatir las supersticiones del pueblo aplicando la razón. Achacó la existencia de duendes a estados meramente psicopatológicos o anormales. Anteriormente en El Ente dilucidado de Fuentelapeña, escrito en la segunda mitad del s. XVII se había probado con argumentos teológicos que los duendes no podían ser ni espíritus benignos a modo de ángeles ni espíritus malignos como los demonios o las almas condenadas.
No obstante los duendes han sido un fenómeno muy estudiado en España, llegándose a conclusiones como la siguiente recogida de "Los duendes en la literatura clásica española" de Caro Baroja: Con el nombre de duendes y trasgos se conocen en España unos espíritus que con el tiempo han ido sufriendo modificaciones en las distintas regiones.
