El baño del recién nacido es una de las preocupaciones más comunes de los padres primerizos. ¿Cómo debe hacerse? ¿Cuánto tiempo debe durar? ¿A qué temperatura debe estar el agua? Estas son algunas de las preguntas más frecuentes.
Los bebés estaban flotando en el interior de su mamá, bien calentitos. Además, la naturaleza es sorprendente y los bebés están untados por todo su cuerpo de una capita blanca, una especie de “mantequilla”; el vérnix caseoso.
Esta es una sustancia fundamentalmente grasa que recubre todo el cuerpo del bebé y le otorga un color blanquecino tras su nacimiento. ¿Pero para qué sirve? Imagínate que te sumerges en un baño caliente, estás tan a gustito, que te quedas un poquito más y cuando sales, ¿qué le ha pasado a la piel de tus dedos? Eso es, que se ha quedado toda arrugada como un garbancito.
El vérnix caseoso tiene muchas funciones. Posee un efecto protector de la piel del bebé en el entorno intrauterino. Lo fascinante es que esta sustancia, una vez que el bebé ha nacido parece que, entre otras cosas, protege al bebé de la deshidratación y también de posibles infecciones del ambiente exterior que le rodea.
Sabiendo esto, podría ser conveniente mantener esta “crema hidratante natural” unos cuantos días después del parto para que la piel del bebé pueda hacer la transición a un entorno seco extrauterino. Además, esta sustancia se va absorbiendo poco a poco por la piel del bebé y desaparece en los días siguientes al parto.
Por eso sería recomendable no bañar al bebé los primeros días después de su nacimiento. La dermatóloga Dra. Ángela Hernández Martín recomienda un periodo de una semana tras el parto para preservar el efecto protector de esta maravillosa sustancia.
¿Cómo bañar a un recién nacido? | Clínica Alemana
Frecuencia del baño: ¿diario o cada dos días?
No existe un consenso sobre cada cuánto hay que bañar a un recién nacido, según la Asociación Española de Pediatría. Puede ser a diario, cada dos días… Lo fundamental es que el bebé esté bien aseado en todo momento.
Durante los primeros meses de vida los bebés apenas se ensucian (salvo la zona del pañal), por lo que tu sentido común te irá indicando si has de bañarlo a diario o dos o tres veces por semana. No obstante, si el bebé disfruta del baño, es aconsejable hacerlo todos los días para crear una rutina que favorezca el sueño y el descanso del bebé.
Según el NHS, bañar a un bebé dos o tres veces a la semana es suficiente y no es necesario hacerlo a diario. Sin embargo, hacerlo todos los días tampoco les dañará la piel si no se abusa del tiempo que se esté en el agua: si el pequeño disfruta con esos momentos de relax en la bañera, entonces se los podemos regalar cada día, ya que la hora del baño es una de las mejores para que los padres se vinculen con sus hijos desde sus primeros días de vida.
En la actualidad la OMS recomienda retrasar el primer baño del recién nacido hasta veinticuatro horas después del nacimiento. El recién nacido nace cubierto por una substancia, el vernix caseoso, que tiene cualidades beneficiosas para la piel.
Tras esta primera semana, al menos, el baño de un recién nacido tendría que convertirse en un momento de relajación y no tanto en un momento de higiene. Los bebés están limpitos, y las caquitas al provenir de la leche de mamá, rica en sustancias vivas, presentan un olor muy particular, casi dulce.
Si decidimos bañar a nuestro bebé, busquemos un lugar calmado, con temperatura agradable, sin interrupciones, creando un ambiente de disfrute, de relajación y poco a poco, si mantenemos estas premisas, el bebé irá asociando el baño a un estado de auténtica calma y quietud, un auténtico regalo para todos sus sentidos.
El baño no tiene por qué ser diario, basta con realizarlo con una frecuencia de 2 o 3 veces a la semana.
No es habitual que los bebés transpiren o que se ensucien tanto como para necesitar un baño completo. Durante su primer año de vida, probablemente sea suficiente con bañar al bebé tres veces por semana. Hay que elegir un momento calmado y dedicar a esta tarea tiempo y atención ya que no es solo una cuestión de higiene sino un momento relajante para él.
Muchos expertos en puericultura recomiendan no lavar la piel del bebé durante las 24 - 48 horas posteriores al nacimiento para preservar la grasa natural (vernix caseosa) que recubre su cuerpo y que lo ha protegido mientras estaba en el útero. Transcurrido este tiempo, se aconseja asear al pequeño por partes -principalmente la zona en contacto con el pañal-, pasándole una esponja humedecida en agua y secándolo suavemente.
Hace algunas décadas, la pauta habitual era bañar al bebé nada más nacer para retirar los residuos de líquido amniótico o sangre adheridos a la piel del pequeño. Sin embargo, al hacerlo se retiraba también la vérnix caseosa, una sustancia blanquecina compuesta por agua, grasas y proteínas que recubre al feto para protegerlo de la deshidratación dentro del útero y, además, facilita su salida por el canal de parto.
Si prefieres esperar unos días tras el nacimiento del bebé para sumergirlo en el agua o si decides no bañarlo a fondo todos los días puedes optar por el baño en seco.
Preparativos para el baño
Lo primero que tienes que hacer es seleccionar una bañera. Las hay de diferentes materiales y tamaños para que puedas elegir la que más se adapte a tus necesidades.
Antes de empezar, has de preparar todo lo necesario para no dejar solo al bebé en ningún momento.
Preparación de todo lo necesario para el baño: jabón, toalla, crema hidratante, pañal y ropa.
Coloca al bebé en una zona firme y segura, por ejemplo el cambiador, y sitúa la palangana junto a ti. Moja la esponja y la muselina en el agua. Echa una pizca de gel en la esponja y pásasela suavemente por la piel, empezando por las zonas más limpias: cara, cuello, torso, espalda... Enjuágalo suavemente con la muselina para retirar los restos de gel. Al igual que con el baño por inmersión, no es necesario aplicar gel en cada baño, salvo quizás en la zona del pañal. En el resto del cuerpo puedes alternar baños solo con agua. Ve secando cada zona a medida que pases por ella.
Una vez acabado el baño, sitúa al bebé sobre el cambiador, sécalo bien y aplícale crema hidratante o aceite corporal y crema para el pañal.
Se debe procurar que la habitación no esté fría, porque el bebé aún no regula bien su temperatura corporal. “Ha de realizarse en una estancia que esté a una temperatura entre 20 y 25ºC y el agua ha de estar entre 34 y 37ºC”, afirma Carolina González-González.
La temperatura ambiente del cuarto de baño debe ser cálida, entre 23º y 25º centígrados, y la temperatura del agua, entre 36º y 37º centígrados.Tener a mano una toalla limpia, la esponja y el gel, e introducir lentamente al bebé en un baño para bebés o en otro recipiente espacioso y útil para realizarlo.
Debemos seguir un orden en el lavado, empezando por la cabecita, cara, cuerpo y por último los genitales.
Temperatura del agua y duración del baño
La temperatura del agua para bañar al bebé debe oscilar entre 36 y 38º C. Antes de empezar el baño, comprueba la temperatura del agua con un truco bien sencillo: sumerge el codo o el dorso de la mano: si está muy caliente, pon un poco de agua fría.
Comprobar la temperatura del agua antes de introducir al bebé.
Lo óptimo es que el agua esté a temperatura corporal, es decir, entre 36 y 37 ºC.
La duración del baño no debe exceder de unos minutos en los primeros días de vida para evitar que el agua se enfríe, lo que hará que el niño también pierda temperatura.
El baño debe ser breve, menor de cinco minutos.
Pasos para bañar al bebé
Una vez llena la bañera, introduce a tu bebé poco a poco. Cuando ya está tranquilo, empieza a enjabonarlo con un producto con pH neutro. Se recomienda aplicar una pequeña cantidad de producto en la palma de la mano y frotar hasta que salga espuma. Para aplicar el gel, te puedes ayudar de una esponja. Antes de utilizarla, sumerge la esponja en la bañera, aplica el Gel-Champú Suave de Farline y desliza suavemente la esponja por la piel de tu bebé en pequeños círculos.
Cuando empieces a bañar a tu bebé, tienes que tenerlo bien sujeto y que se sienta cómodo. Para eso, sostén su cabeza y cuello con un brazo e introdúcelo poco a poco en la bañera, comenzando por los pies.
Siempre sujetando su cabeza con una mano y colocando la otra en las nalgas, repartir el agua y el gel con la esponja la primera zona la de la cara y el cuero cabelludo, cuidando que no entre agua en ojos y boca y la última, el área del pañal.
Debemos sujetar al bebé de manera firme para que se sienta cómodo y seguro.
Coge al bebé manteniendo tu brazo izquierdo bajo su espalda y agarrando con tu mano su bracito izquierdo, de manera que su cabecita se apoye en tu antebrazo. De esta forma tendrás la otra mano libre y el pequeño estará bien sujeto. Humedece la esponja, échañe un poco de gel y pásasela suavemente de arriba abajo, prestando atención a los pliegues. Después dale la vuelta y lávale la espalda y las nalgas. Deja para el final la zona del culito y límpialo de delante hacia atrás.
Limpia al bebé suavemente, masajeando bien todo el cuerpo sin frotar.
Apoya correctamente al pequeño: con una mano sostenemos al niño mientras está apoyado en la bañera, mientras con la otra movemos suavemente el agua sobre su piel. Durante el primer mes, evita el jabón y otros productos: con el agua es suficiente.
Cuidado del cordón umbilical
Una vez transcurridas 48 horas tras el parto no hay un único criterio acerca de si es mejor bañar al bebé sumergiéndolo en agua o asearlo por partes, sin sumergirlo. Hay expertos que indican que es mejor esperar hasta que se caiga el cordón umbilical para sumergir al bebé, mientras otros abogan por los baños en agua desde el segundo día de vida. En caso de dudas, lo mejor es consultar a tu pediatra o tu matrona para que te aconsejen qué pauta seguir.
El muñón del cordón umbilical que presenta el recién nacido después del parto durante los primeros días de vida puede ser una condición que genere dificultades para los primeros baños del bebé. Si el cordón umbilical se moja con frecuencia, las posibilidades de que se momifique y de que se desprenda se retrasan y ello puede favorecer su contaminación y su infección. Por ello suele ser recomendable no realizar los primeros baños sumergiendo al bebé en el agua o, si se realiza, que el nivel del agua no alcance al cordón.
Hasta que el cordón se desprenda, lo recomendable es realizar los “baños de esponja”, evitando así la persistencia del cordón por más de siete-diez días.
Los baños de esponja tienen la misma eficacia que un baño normal, salvo que se realizan sin sumergir al bebé en el agua y, por lo tanto, se evita que el ombligo se moje, absorba agua, se hidrate y tarde más en caerse. Una vez que el ombligo se desprenda y la zona umbilical haya cicatrizado, ya se puede sumergir al bebé y realizar el baño tradicional.
Hasta que el cordón se desprenda, lo recomendable es realizar los 'baños de esponja'.
Debes prestar especial atención al ombligo. Una vez enjabonado hay que secarlo con mucho cuidado y mantenerlo siempre seco.
La limpieza del cordón umbilical debe realizarse desde el primer día de vida y de forma diaria. Debido a que para limpiar el cordón se requiere agua y jabón, un momento adecuado para hacerlo es el momento del baño.
Secado e hidratación
Al sacarlo del agua, debemos secar al bebé con una toalla suave a toquecitos, sin restregar.
Después del baño, ponlo en el cambiador para secarlo bien. Hay que prestar especial atención a los pliegues de la piel, para asegurarse de que está bien seco. A continuación, puedes hidratar su piel.
Sécalo sin frotar, dando pequeños toquecitos suaves.
Una vez seco, aplícale crema hidratante o aceite. Además de acondicionar su delicada piel, este tierno masaje fortalecerá vuestro vínculo y estimulará al pequeño.
Al igual que con el baño por inmersión, no es necesario aplicar gel en cada baño, salvo quizás en la zona del pañal.
No es necesario, por tanto, emplear cremas de forma rutinaria en los recién nacidos.
Cuidado con los pliegues de la piel: al secarlo, hay que asegurarse de que esas zonas están secas.
Otros consejos útiles
El baño relajante ayuda a conciliar el sueño de tu bebé. Por eso, para algunos padres, la mejor hora para bañar al bebé es antes de ir a dormir.
El bebé tiene que sentirse seguro a la hora de entrar en la bañera y que pueda disfrutar de su baño. Por eso, los padres se tienen que mostrar tranquilos y relajados, y disfrutar con su bebé del baño. No te preocupes si los primeros días llora tu bebé al bañarlo.
Siempre es muy importante no dejarlos nunca solos durante el baño: un solo segundo puede ser suficiente para que el bebé resbale y meta la cabeza en el agua, por lo que hay que estar pendientes constantemente.
Y báñate con él: disfrutarás tanto como ellos y será una magnífica manera de terminar un día.
Ten en cuenta que los jabones podrían resecar la piel del bebé.
Hay expertos que indican que, puesto que los recién nacidos apenas se ensucian, no es necesario aplicar gel en cada baño.
No uses champú ni acondicionador: para lavar el pelo a esa edad solo hace falta agua.
Masajea bien todo el cuero cabelludo.
La piel del área del pañal tampoco requiere un cuidado especial. En general, el cambio frecuente de pañal es suficiente para que la orina y las heces no irriten la zona.
El olfato es uno de los sentidos más desarrollados en el recién nacido, junto al tacto, de hecho, el bebé aprende el olor de su madre ya desde el útero. Si se utilizan colonias con olores fuertes se puede dificultar que el recién nacido reconozca a su madre mediante el olfato.
Los recién nacidos pueden llegar a mojar una media de 6-8 pañales al día y realizar hasta una deposición por toma. Así que hay que cambiar de pañales con frecuencia, para que tanto la orina como las heces permanezcan el menor tiempo posible en contacto con la piel del bebé. Para su limpieza se puede utilizar agua y una esponja (impregnada con un jabón suave si es necesario) o toallitas húmedas que respeten el pH de la piel (sin productos irritantes). En las niñas realizar la limpieza de delante hacia atrás (hacia el ano), para evitar que las heces entren en contacto con los genitales.
La cera que se secreta en el conducto auditivo es una sustancia que protege al oído ante posibles agresiones. No se debe intentar extraer.
El pelo de los recién nacidos se puede limpiar a diario en el baño con agua y jabón. Posteriormente se debe secar bien la cabeza para evitar que el niño se enfríe.
