Anna Freud, nacida el 3 de diciembre de 1895 en Viena y fallecida en Londres el 9 de octubre de 1982, fue una figura clave en el desarrollo del psicoanálisis infantil y una ferviente defensora de las teorías de su padre, Sigmund Freud. La menor de los seis hijos del matrimonio entre Sigmund Freud y Martha Bernays ni se casó ni tuvo descendientes y fue además la máxima defensora intelectual de las teorías de su padre.
La publicación del libro de Elisabet Riera, "Fresas silvestres para Miss Freud", arroja luz sobre la vida de Anna Freud, una de las psicoanalistas infantiles más destacadas, pero a menudo eclipsada por la fama de su padre. Un padre, a veces, lejos de ser un refugio, constituye una condena.
La novela es fruto de un trabajo de investigación de la obra de la psicoanalista y de las cartas personales que se conservan en los museos de la familia Freud en sus domicilios de Viena y Londres. La estructura del texto está basada en los “flashback”. Es algo que le va bien al tema de fondo ya que, según Elisabet Riera, es una forma de narrar “muy psicoanalítica”. El relato navega por los recuerdos de Miss Freud: su infancia en Viena, su psicastenia adolescente, sus fantasías sexuales, los meses que pasó sola en Merano y sus deseos reprimidos.
Primeros Años y Relación con Sigmund Freud
Anna llegó a la familia por accidente. Era la sexta y última hija de los Freud, la única que Martha Bernays no amamantó. La relación con su madre fue competitiva y distante: «Nunca pudo entender los gustos austeros de Anna en cuanto a cuidados, vestuario, vida social, etc. En cambio, su hija Sophie, su predilecta, cumplió todas estas expectativas, hecho que agravó las diferencias entre hermanas», sostiene la autora. Del libro se desprende que la propia Anna desarrolló el famoso complejo de Edipo que más tarde Freud convertiría en universal: «ese ardor infantil se transformó después en admiración por el trabajo del profesor, se convirtió en su discípula».
La pequeña Anna fue apodada por sus familiares como «el diablo negro», pues su hiperactividad chocaba frontalmente con el prototipo de feminidad recto, pasivo y discreto que se propugnaba en la época. Por ello todo su empeño era hacerse querer y sobre todo darse a valer. De pequeña lo hacía mediante rabietas que le llevaron a ganar el apodo cariñoso de demonio negro. Y conforme fue creciendo, tomó consciencia de que debía cambiar sobre todo después de que la mandaran sola a un pueblo, Merano [hoy perteneciente a Italia]. Es justo en ese momento cuando ella toma la decisión de ser como su padre quiere que sea, y cuando regresa a Viena vuelve ya convertida en la discípula de su padre.
Sigmund psicoanalizó a Anna durante cuatro años interrumpidamente y estos fueron algunos uno de los temas que ellos trataron en profundidad. Ella se sentaba en el diván y le explicaba a su padre cuáles eran sus fantasías. Tras este periodo, Freud publicó un estudio llamado Pegan a un niño, que versa sobre esas fantasías que tenía Anna y llega a la conclusión de que el hecho de pegar a un niño era la manera que ella tenía de decir "papá me pega a mí y no a mis hermanos, así que me presta atención a mí". De manera sintética, ella interpreta esta forma de castigo como una forma de amor.
A ella le marcó mucho el hecho de ser la menor de sus hermanos, es la hermana que viene de casualidad porque sus padres ya habían decidido no tener más hijos. Anna no solo es que era la menor, además era una hija que vino cuando ya no querían tener más hijos. La niña se sintió siempre la no deseada y tuvo que competir con Sophie. Es este otro aspecto que la marcó.
Anna siempre estuvo muy vigilante por ocupar un lugar predominante y especial cerca de su padre. De hecho compitió, de una manera elegante con todas las mujeres que podían desplazarla, en teoría, de ese lugar. Inclusive con su propia madre, y eso que ésta no podía ser rival, al menos intelectualmente. Ruth M. Brunswick sí lo fue. Oliver (otro hijo de Freud), llegó a afirmar que ésta se encontraba más cerca de Freud que ella y además sus caracteres eran completamente diferentes. La turbulencia de Ruth contrastaba con la serenidad de Ana. En definitiva, el lugar anhelado, lo conquistó plenamente, de manera que algunos pensaron que la defensa apasionada que hizo Freud del análisis profano, venía motivada por el deseo de asegurar a Ana su porvenir.
Sigmund Freud le mandaba a su hija mensajes contradictorios como "crece pero quédate a mi lado".
En lo laboral le vino muy bien porque la centró en una disciplina en la que ella pudo desarrollarse y convertirse en una profesional consolidada. En cambio en su vida personal podemos ver que hay algo que no se desarrolló del todo. Al menos su vida sexual y sentimental no fue abierta ni libre.
Influencia de Freud en la Sexualidad de Anna
Según se deduce por los documentos leídos, Freud influyó mucho en la sexualidad de su hija. Sí que tuvo que hacer un gran esfuerzo por reprimir el instinto masturbatorio que sentía desde pequeña, y eso ya es una manera de represión claramente. Pero el hecho de que su padre insistiera tanto, en que había una sexualidad femenina normal y adulta en la que no se debía tocar, ya que eso era síntoma de la sexualidad masculina, le marcó profundamente. Cuando ella crece,a pesar de haber sentido desde siempre fascinación por las mujeres, Anna condena de forma abierta, visceral y pública la homosexualidad.
Tal vez a causa de esa admiración tan grande por su padre, de ese complejo de Edipo tan fuerte, no había cabida en su vida para otro hombre que no fuese su padre. Lo cierto es que cuando Anna tuvo pretendientes Sigmund Freud se encargó de ahuyentarlos.
Anna Freud fue fruto no sólo de la mirada paterna, que en este caso era muy falocéntrica y patriarcal, sino que también fue fruto de una época. Anna Freud fue fruto no sólo de la mirada paterna, que en este caso era muy falocéntrica y patriarcal, sino que también fue fruto de una época.
Anna Freud y Dorothy Burlingham
Ni siquiera cuando Anna comenzó a detectar su fascinación por algunas mujeres -especialmente las que su padre psicoanalizaba: Loe Kahn, Kata Levy o Lou Andreas-Salomé-, experimentó la relación paterno filial ningún signo de erosión. Anna compartió cincuenta años de su vida con Dorothy Burlingham, pero jamás aceptó su homosexualidad. Muy al contrario, «Anna llegó a dar conferencias sobre cómo “curar” a pacientes homosexuales y se opuso a que estos ejercieran el psicoanálisis», concluye Riera.
Anna tenía 29 años y Dorothy 33 cuando se conocieron en Viena, y desde entonces prácticamente no se separaron jamás. Eran amigas íntimas. Eso es lo que decían. Anna Freud hacía incluso conferencias diciendo que la homosexualidad era una enfermedad y en contra de que los homosexuales ejercieran como psicoanalistas. Pero de hecho ella compartió vida con esta mujer durante 50 años, y además hay cartas entre ellas dos muy emotivas y amorosas.
Conoció a Dorothy Burlingham cuando esta le trajo a su hijo mayor a su consulta. Ella era la hija del creador de la firma Tiffany y acababa de separarse de su marido. Anna y ella no se volvieron a separar en 40 años. Se compraron una casita, vivieron juntas, se escribieron desgarradas cartas de amor los pequeños lapsus de tiempo que el nazismo o la enfermedad las separó, compartieron amigos, Anna cuidó como una madre de los hijos de Dorothy.
Contribuciones al Psicoanálisis Infantil
Anna Freud es considerada la primera psicoanalista infantil profesional, junto con Melanie Klein, con quien mantuvo una gran rivalidad. "Hizo un trabajo extraordinario en psicoanálisis, sobre todo en psicoanálisis infantil, y fundó una clínica especializada que sigue abierta en Londres, y a pesar de todo es una mujer que ha trascendido poco históricamente precisamente por ser hija de quien era", señala la periodista catalana Elisabet Riera, autora de una novela, Fresas silvestres para miss Freud, en la que se narra la desconocida vida de Anna Freud, una de las hijas del creador del psiconanálisis, Sigmund Freud.
Si se repasa la biografía de Sigmund Freud, el primer sueño que analizó es un autoanálisis que hace de un sueño que tuvo cuando su esposa, Martha Bernays, está embarazada de Anna. Y en su libro sobre la interpretación de los sueños ya cita que su hija de 19 meses tuvo un sueño en el que se llama a sí misma Anna Freud. Y fue la única que se dedicó al psicoanálisis. Estuvo muy influenciada por su padre desde pequeñita.
Anna Freud fue una psicoanalista de la infancia que trató de dar continuidad a la obra de su padre. Su aporte más grande fueron los mecanismos de defensa y su trabajo del psicoanálisis para niños.
Entre sus principales obras se encuentran:
- War and Children (1943)
- Infans without families (1944)
- Normality and pathology in chilhood
Anna tenía sus estrategias para hacer a un niño analizable: Primero se concentraba en que la relación entre ellos dos fuese recíproca, es decir, que hubiera respuestas activas y que el niño mostrara interés. Luego Freud mencionaba que era vital que evaluaran al niño (evaluación metapsicológica), lo que se hacía a través de la observación y los informes de otras personas sobre el pequeño. Después de captar el interés del niño en la terapia y hacer que el psicoanalista fuese para él una figura que le inspirase confianza, tenía que lograr que el niño se interesase en sí mismo. Anna afirmaba que el analista debía ser el yo ideal de niño para que el tratamiento lograse su objetivo. También incursionaba en el mundo fantástico del menor interpretando sus sueños y fantasías a través de juegos y los reportes verbales que el pequeño daba. Era imprescindible convertirse en la protección del niño para que este pudiera confiar en ella.
Mecanismos de Defensa según Anna Freud
El libro presenta por primera vez la idea central de que instintivamente tratamos de proteger nuestro “ego” (nuestra imagen aceptable de quien somos) con una variedad de defensas.
| Mecanismo de Defensa | Descripción | Ejemplo |
|---|---|---|
| Negación | No admitir que hay un problema. | "Me gusta beber mucho, pero puedo controlarlo". |
| Proyección | Atribuir una mala sensación que se tiene a otra persona. | Pensar que tu pareja va a ser muy crítica si no ganas más dinero, cuando en realidad eres tú quien se siente así. |
| Vuelta contra sí mismo | Pensar mal de nosotros mismos para evitar pensar que alguien que esperamos que nos ame, no lo hace. | Un niño que ha sufrido abusos piensa: "Debo ser malo y no valgo nada, por eso mi padre se comporta así". |
| Sublimación | Redirigir pensamientos o emociones inaceptables en canales "superiores" y más finos. | Artistas que convierten experiencias negativas en obras de arte. |
| Regresión | Volver a una forma de comportarnos que practicábamos cuando éramos más jóvenes. | Culpar a otros, generalmente los padres, de nuestros problemas. |
| Racionalización | Una excusa que suena inteligente para nuestras acciones. | "No quería el trabajo de todos modos". |
| Intelectualización | Neutralizar emociones pensando en temas complejos o históricos. | Pensar en la historia del Imperio Romano para evitar la tristeza de una ruptura amorosa. |
| Formación reactiva | Hacer lo contrario de nuestros sentimientos inaceptables. | Alguien con un fuerte interés en la sexualidad adolescente se une a una religión que enfatiza la abstinencia. |
| Desplazamiento | Redirigir un deseo agresivo a un receptor sustituto. | Gritarle al perro después de una discusión con el jefe. |
| Fantasía | Evitar problemas imaginándolos a mucha distancia. | Soñar despierto con una vida ideal en lugar de enfrentar los problemas reales. |
Estos mecanismos de defensa, según Anna Freud, son estrategias que el ego utiliza para protegerse de conflictos internos y externos. Comprenderlos es fundamental para el psicoanálisis y la terapia.
Últimos Años y Legado
Al final de los días de Sigmund, su hija no solo se convirtió en su discípula -siendo pionera del psicoanálisis infantil y disputándole teorías psicoanalíticas a su rival Melanie Klein-, sino que también se adjudicó el papel de enfermera. Hasta el último segundo de vida del profesor Sigmund Freud. El estuvo enfermo, tenía un cáncer de paladar que sufrió durante muchos años, probablemente a consecuencia de su intensa adicción a los puros. Anna se convirtió en su enfermera desde la primera operación. Era quien le acompañaba a las operaciones y a los cuidados médicos, ella misma le cambiaba y le hacía las curas en casa.
Ana Freud dejó de existir a los 86 años de edad, en su casa de Londres, en el barrio de Hampstead, en el 20 Maresfield Gardens, la casa donde murió su padre, que es como un sudario de reliquias de quien fue el fundador del Psicoanálisis. Murió el nueve de octubre pasado, dejando atrás una vida dedicada al mundo infantil, al estudio modesto y al trabajo en el silencio que tanto sorprende si se lo compara con la turbulenta trayectoria de su padre. Ana Freud ha seguido el mito hasta el final. Ha cumplido con los hilos que el destino había tejido para ella. Su vida ha estado marcada por la fidelidad a unos patrones consanguíneos que nunca violentó.
En cualquier caso, su trabajo con los niños es a lo que se ha dedicado profundamente y donde ha realizado una labor más productiva y quizás no ha recibido el reconocimiento que merece.
