Ana Arias: Biografía de una Actriz Comprometida

Alfonso Martínez Foronda nos ofrece en su excepcional serie sobre mujeres que lucharon contra el franquismo, la biografía de una mujer pionera, de reconocido compromiso con la justicia social y la acción sindical que merecía ser contada.

Infancia y Juventud

Ana nace en Jaén, en enero de 1950. Su padre, trabajador del campo; su madre, había sido enfermera. Y es que la historia de su madre, que tanto la marcó, es peculiar, porque fue la persona que hizo todo lo contrario de lo que había querido en su vida. Mujer avanzada para su época, urbana, hija de un comerciante jiennense próspero en los años treinta del siglo pasado -tenía coche e incluso disfrutaban de vacaciones en la playa-, tuvo la desgracia de que su padre, el abuelo de Ana, murió en el famoso bombardeo de Jaén de 1937 y, desde entonces, la familia no levantó cabeza. Y, sin más recursos que su profesión de enfermera, al dejar de trabajar, tuvo que irse a vivir con su marido al campo, a la Casería El Palomo del pago del Zumbel, cerca de la capital jiennense. Ana ha comparado a su madre con la mujer del sastre de la película de La lengua de las mariposas.

Ana Ortega -y sus tres hermanos- pasarán su infancia en esa Casería y no podrán ir a la escuela. Los chicos, desde el principio, al campo, y ellas, dedicadas a la limpieza de la casa y a bordar. De hecho, Ana sigue siendo una excelente bordadora. Pero como la madre estuvo siempre preocupada por el futuro de las dos hijas, una hermana suya, monja -que se vino al campo porque había contraído una enfermedad pulmonar- será la que se encargue de enseñarles a leer y escribir. Luego, cuando venían a la capital algunas temporadas largas, su madre -cuya obsesión era que estudiaran una carrera para que fueran independientes económicamente- se ocupó de que otra familiar suya, una maestra que tampoco ejercía, les siguiera dando clases para que iniciaran el Bachillerato.

Lo hará en el instituto femenino de Jaén donde conocerá, entre otros profesores, a Alfonso Sancho Sáez, un docente que ha dejado huella en muchos estudiantes jiennenses porque supo trasladar el amor por la literatura y por autores como Machado, Unamuno, Rosalía de Castro… Muchos alumnos de Jaén, y entre ellos Ana, no sabían, entonces, que el propio Alfonso Sancho había sido alumno de francés del propio Antonio Machado en el Madrid de la II República, ni que el padre de Alfonso había sido un telegrafista republicano que, al finalizar la guerra, fue depurado y represaliado y desterrado en Jaén.

Y de ahí su presencia en Jaén y de ahí la sensibilidad de Sancho por Machado, aunque nunca dejó traslucir su republicanismo en esa tierra de olivos que, tras la guerra y por la fuerte represión franquista, fue una balsa de aceite. Pero su toma de conciencia social se la hicieron tomar, paradójicamente, “Las Hijas de María” porque todos los domingos, después de misa, iban a repartirles comida a las personas que vivían en los barrios pobres de las faldas del Castillo de Santa Catalina, como El Tomillo o La Magdalena. No se le olvidará el día que llegaron a una casa -por definirla de alguna manera- y la inquilina, una mujer mayor, no se le ocurrió más que decirles: ¿Na más que esto me traéis? Y las “Hijas de María” le dijeron de todo menos bonica. Ana recuerda que “…cuando yo vi a aquella mujer en las pésimas condiciones en que vivía y que encima le regañaran, aquello me revolvió totalmente”. Y, desde entonces, comprobó que la realidad no encaja normalmente con la caridad.

Y es que la toma de conciencia suele ser la acumulación de experiencias que, al contrastarse con la realidad -esto se llama praxis-conforman la ideología. Pero ese era un camino que, durante el franquismo, y en no pocos casos, se transitaba entre hechos contradictorios. Pero en ese proceso contradictorio hubo algo positivo: les enseñó a analizar críticamente la realidad y se preocupó de que todos fueran estudiantes que debían estar bien formados.

El padre Forner fue un jesuita que impartía clases en el instituto masculino de Jaén desde mediados de los años sesenta y creará una comunidad con alumnos de ese centro, a los que se les unirán chicas del instituto femenino, algunas de ellas por relaciones de noviazgo con ellos. En ese grupo hay alumnos como Manolo Monereo Pérez, Francisco Menéndez Martos, Manuel Rodríguez Elvira, Jesús Florido, Manuel Peralta o los hermanos Pulido; y, entre las chicas, Juana García Ruiz, Lola Parras Chica, María José Robles Delgado, Chari Bueno o Ana Ortega Serrano, entre otras. Notar previamente que muchos de ellos serán protagonistas de la lucha antifranquista en Granada en los años siguientes.

Forner, en fin, les inculcará la idea de que la cultura les haría libres o mantener una posición crítica respecto de lo que le rodea y hará, dentro de su labor apostólica, una lectura progresista de los evangelios. No obstante, mantendrá en lo político una posición netamente anticomunista -de rechazo visceral a toda ideología que niegue la existencia de Dios- y, en lo moral, defenderá, por ejemplo, el “matrimonio blanco”, negando de plano las relaciones sexuales, es decir, no se podía tener descendencia para poderse dedicarte plenamente a los demás para no “distraerse” con la familia.

Para alguno de los que formaron esta comunidad, como Ana Ortega, los planteamientos del Padre Forner frisaban la secta porque, además, les exigía no comprar ropa, ir mal vestidos -paseaban por Jaén, literalmente, con un saco, con la consiguiente desaprobación familiar-, prohibición de pintarse para las mujeres, no tener relaciones sexuales… Pero en ese proceso contradictorio hubo algo positivo: les enseñó a analizar críticamente la realidad y se preocupó de que todos fueran estudiantes que debían estar bien formados.

Compromiso Social y Activismo

De ahí al compromiso social había un paso. Uno de esos casos de compromiso social será el de Ana Ortega. Ella no pudo cursar Medicina en Granada, como era su deseo, tanto por dificultades económicas como por la oposición de sus progenitores. Como opción intermedia iniciará sus estudios de Enfermería en el cuso 1967/68 en Jaén en el Hospital Viejo (San Juan de Dios) en régimen de internado. Era un centro de “beneficencia” donde volvía a reproducirse la diferencia entre clases sociales: un pabellón para ricos (militares y gente rica) y otro para pobres.

”… allí vuelvo a vivir la pobreza a los que venían a la Beneficencia. Los lavábamos y les quitábamos los piojos. Y vuelvo a vivir la actitud de las religiosas, las monjas… que trataban a la gente [pobre] como seres inferiores. Recuerdo cosas tremendas, como un parto en una habitación -la mujer era muy joven, y padecía una grave enfermedad cardíaca-. Le abrieron la barriga para intentar salvarle el feto, porque para ellos tenía más valor el feto que la vida de la madre. Era tremendo.

Pero también comprobará el sexismo de la enseñanza de enfermería, pues las chicas tenían la obligación de permanecer internas -sí o sí- y los chicos asistían a clase y se iban a sus domicilios. Esto no era exclusivo de Jaén, sino de todas las Escuelas de Enfermería. El internado era regentado por monjas y, aunque la especialidad dependía de la Universidad de Granada, mantenían un régimen cuartelero. Solo podían salir el domingo un rato a su casa y vuelta al hospital donde, además de estudiar, debían trabajar en el mismo sin remuneración alguna. Incluso las alumnas de la capital, cuando llegaban las vacaciones de Navidad o Semana Santa, como había un acuerdo para que los alumnos y alumnas de los pueblos se fueran a sus residencias de origen, las de Jaén capital se quedaban a cargo del hospital. Noches incluidas y, encima, ellas tenían que pagar su propia matrícula. Un negocio redondo.

Terminada la carrera de Enfermería en el hospital de Jaén, y decidida a estudiar Medicina, viene a Granada en el curso 1971/72, pero llega tarde y no logra matricularse. Curso perdido. Todavía, pero durante poco tiempo, está en la órbita del padre Forner, que había organizado para algunos de sus seguidores, ya un tanto distanciados, un piso en Pedro Antonio de Alarcón. Allí, junto a otros estudiantes “fornelianos”, y en contacto con otros estudiantes, comenzará una andadura antifranquista irreversible.

Afirma que fue uno de esos compañeros, José Ramón Barrios, estudiante de Filosofía, el que la pone en contacto con el PCE, aunque no podrá precisar de qué manera, ni con quién. Cosas de la clandestinidad. Asiste a reuniones que eran como pre células, pero la clandestinidad llevaba aparejada normas rígidas para preservar la seguridad. Y es que, durante mucho tiempo, el Partido había tenido a Ana Ortega en “cuarentena” y, de hecho, le pusieron a un militante de Filosofía -del que no recuerda su nombre- para formarla en marxismo.

Es un momento de conocer a otros militantes -de los que no sabe nada- como Miguel Ángel Pérez Espejo -estudiante de Medicina represaliado durante el Estado de Excepción de 1969, Ildefonso Prieto Muñoz y otros de los que no puede recordar sus nombres. Hay que anotar que la primera célula del PCE en Medicina se crea en torno a 1970 con Antonio Aragón Orellana -que había sido represaliado anteriormente-, Emilio García Carlos o Leontino García García.

En el curso 72/73 se matricula en Selectivo de Medicina, al tiempo que tiene que seguir trabajando en el Hospital Ruiz de Alda (actual Virgen de las Nieves). Un hecho decisivo será que en el verano de 1972 conocerá a Araceli Ortiz Arteaga, otra mujer antifranquista de la que nos ocuparemos en otro artículo y que durante sus vacaciones también trabajaba en el mismo lugar. Será Araceli la que le de entrada, orgánicamente, en el PCE.

Y las elegidas en esa ocasión fueron Ana Ortega y Araceli Ortiz. Y surge el amor. El Partido, a veces, y de forma excepcional, “concedía el favor” de que a determinados estudiantes de confianza los ponía en contacto con el movimiento obrero para asistir a sus reuniones. Y las elegidas en esa ocasión fueron Ana Ortega y Araceli Ortiz. Una de ellas se celebraba los domingos en casa de Camila Guardia -era la mujer de Manuel de la Fuente “El Negro”-, en el Polígono de Cartuja. Allí se reunían, fundamentalmente, trabajadores de la construcción.

Y allí, sería sobre 1972 o comienzos de 1973 “recuerdo a un chico rubio, rubio, con un jersey rojo que me impactó tremendamente, que me impactó una barbaridad. Y luego volví a verlo cuando íbamos a las asambleas de CCOO que se hacían en el Pantano de Cubillas y luego algunos días me buscó, salíamos…” y poco a poco se hicieron pareja. Era Manuel Sánchez Díaz, “El Rubio de la Virgencica”, que había salido de la prisión en diciembre de 1971, condenado por el TOP a 1 año y 2 meses de prisión por su pertenencia a las Comisiones Obreras Juveniles. No era necesario formalizar ningún noviazgo y, poco después, comenzaron a vivir juntos para toda su vida.

Será a través de algunas de estas militantes, como Araceli Ortiz -que alternaba los estudios de Derecho con su trabajo durante el verano en el hospital Ruiz de Alda- cuando se cree a finales de 1972 o comienzos de 1973 -y a instancias del PCE- un primer núcleo embrionario de las primeras Comisiones Obreras de Sanidad en ese hospital. Entre ellas, la propia Araceli Ortiz (aunque dedicada más a la vida partidaria en su Facultad de Derecho), su amiga Kati Ruiz López -ambas procedían de la Escuela de ATS de Granada-, y las jiennenses Ana Ortega Serrano y María José Robles Delgado -que había venido a Granada a finales de 1972 procedente también de la Escuela de Enfermería de Jaén-, todas ellas enfermeras en ese mismo centro hospitalario.

El PCE propiciará esa organización embrionaria para ampliar ese frente de lucha entre los profesionales de la sanidad. Buscará alianzas con todos aquellos trabajadores (independientemente de su ideología) que pudieran hilvanar reivindicaciones sentidas del colectivo y, alguna de ellas, como Ana Ortega, será la primera enlace sindical de CCOO ante el vertical sobre 1973 y reelegida en 1975. Ana recuerda la primera reivindicación que hicieron pidiendo una guardería de empresa a finales de 1973.

Precisamente, Ana recuerda la primera reivindicación que hicieron pidiendo una guardería de empresa a finales de 1973. Fue una lucha importante porque implicaron a mucha gente, se metían en el despacho del Director con los niños -con el consiguiente “berrinche” del directivo- y aunque no se consiguió en la práctica, sí que les dieran un complemento económico para pagar la guardería. Esa lucha fue el inicio de las reivindicaciones que luego se sucedieron. Fue algo concreto, una de las características de las CCOO, asumido por todos los trabajadores.

Ana Arias en la Actualidad

Más de dos décadas lleva en pantalla la que, sin duda, es la serie más longeva de la televisión española, 'Cuéntame'. Por esta razón, todos y cada uno de sus personajes se han convertido en caras conocidas para el público y muchos han conseguido ganarse, incluso, su cariño. Más allá de la emblemática familia Alcántara formada por Antonio (Imanol Arias), Merche (Ana Duato) y otros miembros como la pequeña María (Carmen Climent) o Carlitos (Ricardo Gómez), por la ficción han pasado actores que han interpretado papeles clave como el de Paquita. Ana Arias es la encargada de dar vida a este personaje que empezó en 'Cuéntame' casi al inicio de la misma, experimentando una de las mayores evoluciones de la historia, al pasar de ser una joven entrañable y recatada a una mujer valiente y empoderada.

Una transformación debida, en parte, a las muchas experiencias negativas que ha sufrido a lo largo de su vida y que, precisamente, fueron las que le hicieron conectar con la audiencia. Nacida el 19 de octubre del año 1982 en Madrid, Ana Arias lleva la pasión por el mundo del espectáculo en la sangre. Hija de los actores Enrique Simón ('Supermarket') y Diana Arias, comienza a formarse en interpretación desde muy pequeña hasta formalizar sus estudios en la RESAD de Madrid, así como en la fundación Shakespeare y la escuela Barraca. No obstante, siempre le ha gustado la música y también ha asistido a clases de canto desde muy joven. Precisamente, fue su talento como cantante lo que le hizo conseguir el papel de Paquita y del mismo hizo gala en muchos episodios de la serie.

Ella misma ha confesado, en más de una ocasión, que cantar es una de sus grandes aficiones y que no está dispuesta a renunciar a su sueño de ser artista en un futuro. No en vano, tiene otras muchas inquietudes, tal y como muestra a través de las redes sociales, como viajar, la naturaleza, los animales o la gastronomía. Hobbies que practica siempre que su agenda se lo permite, puesto que, además de trabajar en 'Cuéntame' (serie a la que regresaba esta temporada tras varios años fuera de ella), participa en distintas obras de teatro y algún que otro largometraje. Sin embargo, gran parte de su tiempo libre lo ocupan planes de índole personal que realiza junto a sus muchos amigos y no tiene reparos en compartir en su Instagram: cenas, conciertos e, incluso, sesiones de gimnasio.

En lo que respecta a su vida sentimental, mantiene absoluta discreción y, aunque de alguna de sus publicaciones se podría inferir que tiene pareja, parece que solamente se trata de amigos a los que tiene un cariño especial y así se encarga de demostrarlo. Aunque bien es cierto que hace unos años era pillada por los paparazzi en San Sebastián junto a Francisco, un osteópata y nutricionista con quien, según indicaba la revista 'Diez Minutos' entonces, compartía su vida. Tanto es así que en las imágenes que captaron los fotógrafos, se podía ver a Ana Arias plena de felicidad posando en la playa y dejando al descubierto su incipiente tripita de embarazada. Pero de este hijo, que actualmente rondaría los 10 años, tampoco ha dado detalles la actriz ni publicado ninguna fotografía.

Ana Arias: "La polémica de Pilar Punzano y 'Cuéntame' me ha parecido delicada"

Reservado al máximo su lado más íntimo, Ana se encuentra volcada en su faceta profesional y es esta la única que promociona a través de su Instagram. Eso sí, la plataforma también le ha servido para dar su opinión en varias ocasiones sobre temas un tanto controvertidos, lo que la ha llevado a situarse en el centro de la polémica y recibir las críticas de numerosos usuarios de las redes. Por ejemplo, durante los momentos más críticos de la pandemia, cuando abogó por la libertad de no llevar mascarillas y apoyó públicamente la manifestación en contra de las medidas de prevención ante el coronavirus.

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