Amedeo Carboni: Biografía de un Ícono del Valencia CF

Amedeo Carboni, nacido en Arezzo, Toscana, el 6 de abril de 1965, es un exfutbolista italiano que se desempeñaba como lateral izquierdo y que dejó una huella imborrable en el Valencia CF.

Este artículo explora su trayectoria desde sus inicios en Italia hasta convertirse en una leyenda en España, repasando sus logros, equipos y el legado que dejó en el club valenciano.

Amedeo Carboni durante su etapa en el Valencia CF.

Inicios en Italia

Carboni comenzó su carrera en el Arezzo, club de la Serie B italiana. Durante su estancia, fue cedido a la Fiorentina en 1983 y al Bari en 1984, equipo con el que debutó en la Serie A. En 1986, firmó con el Empoli, donde disputó 11 partidos, y la temporada siguiente con el Parma, donde jugó 28 encuentros.

Al año siguiente, dio el salto a la Sampdoria, donde ganaría la Copa de Italia y la Recopa de Europa. En 1990, volvió a cambiar de equipo, esta vez a la Roma.

Llegada al Valencia CF

En 1997, Carboni abandonó Roma para probar fortuna en la liga española. Llegó al Valencia como un jugador altamente experimentado y consiguió rendir a un nivel excelente durante 9 temporadas, por lo que muchos le consideran el mejor lateral izquierdo de la historia del Valencia.

Se ganó el cariño y la admiración de la afición gracias a su trabajo y esfuerzo continuo que le convirtieron en el dueño del carril izquierdo de Mestalla.

Durante su estancia en el club blanquinegro disputó 344 partidos oficiales que le llevaron a levantar 7 títulos:

  • Dos Ligas
  • La Copa del Rey
  • La Copa de la UEFA
  • La Supercopa de España
  • La Supercopa de Europa
  • La extinta Copa Intertoto

En 2005 se convirtió en el segundo jugador más veterano en jugar un encuentro de la Liga con 40 años, seis meses y 17 días. Carboni jugó su último partido en el Valencia el 16 de mayo de 2006 con 41 años.

Director Deportivo y Etapa Posterior

Curiosamente, el 19 de mayo de 2006, Carboni fue nombrado director deportivo del Valencia CF por el presidente Juan Soler, pero apenas duró en el cargo un año debido a sus discrepancias con el entrenador, Quique Sánchez Flores, que también acabó despedido meses después.

En 2009 asumió el cargo de director deportivo del Mouscron belga donde compartía responsabilidad con Juan Sánchez, pero poco después regresó a Valencia, donde fijó su residencia definitiva. En el año 2010 ejerció como consultor técnico del Inter de Milán de la mano de Rafa Benítez. Ocasionalmente, ha participado como comentarista deportivo en la televisión italiana y en la extinta Canal 9.

Desde 2018, reside en Barcelona, pero continúa estrechamente ligado a Valencia. Y es que ejerce como embajador de la firma Molca World, cuya sede se encuentra en Vilamarxant. Se trata de una compañía de 'branding' (gestión de marca) de alcance internacional.

«Trabajamos con grandes empresas como Ferrari, Lamborghini y Coca-Cola, llevamos eventos deportivos y en España llevamos la reestructuración de 36 o 37 estadios. Esto es un motivo de orgullo porque yo me he acoplado muy bien en una comunidad, no sólo en un club. Me siento muy orgulloso cada vez que vuelvo ahí.

En su exitosa primera temporada, cuatro futbolistas ejercían el rol de capitán en un Valencia CF que hizo historia: Santi Cañizares, como la cabeza visible portando el brazalete; Fabián Ayala y Amedeo Carboni, dos de los más veteranos en la plantilla; y un David Albelda que, a pesar de su juventud, contaba con la idiosincrasia del club imbricada en su ADN desde que era un chaval.

Al día siguiente el míster anunció a los nuevos capitanes: el vallisoletano Rubén Baraja, que llevaba apenas un par de temporadas en el club, y el valenciano David Albelda (La Pobla Llarga, 1 de septiembre de 1977). Ahora sí, el «6» del equipo sería el dueño del brazalete, responsabilidad que jamás rehuiría en las diez temporadas siguientes, con un paréntesis forzoso aplicado por Ronald Koeman.

La reunión fue breve básicamente porque toda Valencia ya lo sabía (risas). De hecho, yo ya lo sabía a través de la prensa. Desgraciadamente hay veces en que las cosas no se hacen bien. Fui a la reunión por cortesía, una vez entras allí le dices a los dirigentes que ya sabes lo que te van a decir.

Tu día a día tras el fútbol ha estado muy vinculado a salir a rodar en bicicleta: sólo hay que darse una vuelta por tu Instagram para verlo. Mi padre intentó que tanto mi hermano como yo siguiéramos el rastro de la familia con el ciclismo, pero viviendo en La Pobla Llarga era más fácil coger un balón. Salías del colegio y te juntabas con los amigos en la calle a jugar al fútbol. Lo tuve un poco más fácil al tener un hermano mayor: iba detrás de él y me enganché al fútbol. Vivíamos mucho en la familia el ciclismo, sí.

Ahora como amateur también, pero nosotros paramos a almorzar, bajas el ritmo cuando estás cansado y tal. ¡Es que todos los que somos de La Pobla Llarga nacíamos en Alzira! Porque en el pueblo no teníamos hospital, nuestros padres iban al de allí. Pero aunque ponga lo de Alzira en mi DNI, siempre que me preguntan digo lo de La Pobla Llarga, todo el mundo lo sabe. Aunque alguna vez mi madre me pidió que mencionase a San Juán de Énova, que es el pueblecito de al lado con quinientos habitantes, porque ella es de allí (risas). Seguro que es algo que, aún hoy, pasa en muchos pueblos.

Si les haces pagar mucho dinero, la gente no puede permitírselo porque suelen ser familias humildes. Es complicado. Empecé en el pueblo, sí, y luego tuve la suerte de que mi padre seguía bastante el fútbol de los niños, no le importaba hacer viajes en coche para llevarnos. Eso también era raro, porque no todos los padres se involucraban en el equipo: igual para un equipo de diez u once niños había sólo dos o tres padres disponibles. Eran otros tiempos. Muy diferente a lo de ahora.

Los padres y las madres no seguían tanto a sus hijos. Muchas veces en el pueblo te dejaban en la escuela de fútbol y decían: «Ya me lo devuelves en un rato». Ahora te toca estar más encima, porque las distancias son mucho más largas. ¡Es que el fútbol ha cambiado mucho! En aquella época las instalaciones, los campos, todo era diferente. Ni siquiera existía el fútbol-8 o el fútbol-7, todo era fútbol-11. Recuerdo que nos poníamos a jugar en el campo grande y me parecía un episodio de los dibujos aquellos de «Oliver y Benji»: para llegar de un área a otra tardabas un año (risas). El tema táctico tampoco estaba demasiado trabajado: la pelota, y todos a correr detrás de ella. Yo jugaba de delantero, era pequeñito, no demasiado alto. Y jugaba en función de lo que el cuerpo me daba en ese momento: la evolución física también es importante en lo que respecta a las posiciones en el fútbol. Muchos niños empiezan en una posición y, según su desarrollo físico, les toca cambiar de demarcación. Lo veo ahora con mis hijos pequeños también.

Al desaparecer la escuela de La Pobla, la escuela de la UD Alzira nos acogió a los cuatro o cinco niños del pueblo. Era un club de referencia en la zona. Paco Monerri nos conocía porque nos enfrentábamos mucho en la liga local y, aunque ellos eran los mejores, de vez en cuando les tocábamos el morro (risas). Claro, cuando en esas edades juegas a cierto nivel y demuestras estar un puntito por encima, acaparas mucha pelota. Y es normal que te «den» más. Todo iba en función de la evolución del físico.

Yo llegué al Valencia CF sobre todo porque la UD Alzira me dio permiso para jugar con la valenciana el Campeonato de España sub15. De hecho, me convocaron con la sub15 porque la normativa decía que sólo se podía llamar a tres jugadores de un mismo club; de lo contrario, quizá se hubiesen llevado a todos los chicos del Valencia. Acabamos siendo campeones de España, ganando la final contra la madrileña. Esa fue la plataforma que el Valencia y los clubes grandes aprovecharon para ojear jugadores que poder fichar para sus escuelas. A nosotros nos vio gente del Madrid, de otros clubes… Es verdad que a mí me dijeron: «¿Tú querrías irte al Madrid?» Pero yo no pensaba en la grandeza del Madrid: cuando te crías en las calles de un pueblo, piensas en la cercanía. Irte con trece años a Madrid sólo… No lo veía. Pero también hay un componente sentimental. Sí, la camiseta de la Peña Ribera Alta.

Cuando el Alzira te traspasó a la escuela del Valencia por 50.000 pesetas de 1992, estuvo muy hábil e incluyó muchas cláusulas por objetivos. Me parece que ahí estuvo muy bien.

Nada más llegar a Paterna te incorporaste al Juvenil ‘C’, con chavales sub17 y dos años mayores que tú. Allí tuviste a un mítico ex jugador como Javier Subirats como entrenador, que luego también sería importante en tus etapas en Villarreal y en el primer equipo. Javi fue el entrenador en mi primer año. Cuando llegas al Valencia, lo pasas fatal: al llegar tú firmas un contratito que te ata con el club ya no respecto a cobrar dinero, sino simplemente a la ficha de inscripción. En mi primer verano, no exagero, habría cincuenta nanos allí. Y cuando acababa cada entrenamiento, Subi decía: «Este, este, aquel. Pasad a hablar con Enguídanos». Con el director de la escuela. Y yo veía que, al día siguiente, esos tres no volvían. ¡Y eso que tenían contrato recién firmado! ¡Y no volvían!

Recuerda que, antiguamente, cuando eras de un pueblo pequeño y firmabas por el Valencia, para muchos era como si ya hubieses jugado en Primera. La «estrella» del pueblo, entre comillas. Y yo pensaba: «Si después de que el pueblo se entere de que he fichado aquí, acabo durando sólo dos semanas y me mandan para casa…». Se pasa mal, eh. Javi fue muy importante en mi carrera, y apostó por mí en dos momentos clave: ese primer año en el Valencia, y después en Villarreal.

Cuando se marchó a Villarreal en Segunda, aquel club no se parecía en nada al actual: siempre estaba en la pelea para subir desde Segunda B, y si conseguía subir su objetivo era no bajar. Lo de subir a Primera y tal ya llegó tras la entrada de Fernando Roig. Había un convenio de colaboración entre Valencia y Villarreal, yo llegué allí en 1996 siendo muy joven: sólo había jugado en el Juvenil ‘C’, en el Juvenil sub19 y en el Mestalla. Con 18 años Subi me llevó allí para competir en Segunda. Y tuve la suerte de jugarlo todo, aunque el equipo no iba bien y a él lo acabaron cesando.

Cada año era una adaptación al sistema que trabajábamos. La táctica no se trabajaba tanto como ahora, tenías que poner mucho más de tu parte para amoldarte a lo que necesitaba cada entrenador y cada equipo. Recuerdo con Subi empezar jugando con tres mediocentros, dos de ellos un poco más adelantados; pero luego todo derivó hacia el doble pivote no sólo en el Valencia, sino en el mundo del fútbol en general.

Sí, porque aquella era la primera vez que salía de casa de verdad, la primera vez que vivía sólo y pasaba mucho tiempo sólo. Pero estuve muy a gusto en Villarreal. Era un club muy familiar. Llaneza tenía allí plenos poderes: Fernando Roig todavía no había aterrizado y estaba Font de Mora como presidente. También tuve mucha suerte de juntarme con Roberto Fernández, Pepe Serer, o Angulo que también fue allí por el convenio entre clubes… Todo eso me ayudó mucho, tenía mucha gente conocida. El sitio, el entorno… Todo. Nos cambiábamos en una caseta, no teníamos campos de entrenamiento. Íbamos por ahí a entrenar: a Betxi, a otros pueblos, a un campo de piedras que había en una fábrica que hay al lado de la autopista por la que paso mucho ahora cuando me voy de viaje… Aquello era complicado, pero en aquella época nadie le daba importancia. «¿Qué estas son las condiciones?

La primera vez que pude permitirme económicamente ir a Mestalla, en el sector 28 y con una media entrada, yo disfruté de un Valencia CF muy «valencianizado». Aquel equipo que había subido desde Segunda y que se alimentaba de gente de aquí. Roberto era uno de mis referentes, y son las cosas que te da el fútbol: llegué a Paterna con quince años, y cuatro temporadas después estaba compartiendo vestuario con Roberto Fernández en el banquito de al lado. Todo fue muy rápido. Incluso ahora, cuando me paro a pensarlo, recuerdo que durante aquellos años yo estaba centrado en poner la directa e ir haciendo camino. De repente pensabas: «¡Ostras, estoy aquí!».

En Paterna se hablaba mucho valenciano aquellos años. Es algo que pasaba mucho en mi zona y que todavía sigue pasando: la gente de los pueblos, aquella más alejada de Valencia capital, somos valencianohablanlantes. Es cierto que vas cambiando cuando comienzas a vivir en la ciudad, o cuando te vas enfrentando a ruedas de prensa, entrevistas… Siempre se me hizo un poco raro que me preguntaran en castellano y responder en valenciano, que es lo que me «nacía». Mucha gente me lo pregunta en redes: «Per què no parles més en valencià als mitjans?» Al final hay medios nacionales también, y te habitúas a hablar en castellano en el entorno del fútbol. Es evidente que, cuando bajo al pueblo o te encuentras con alguien que sabes que habla valenciano, pues directamente conversas así.

Te encontraste a Jorge Valdano como entrenador, y te hizo debutar en Holanda contra el Bocholt alemán. Fíjate el fútbol y las casualidades que tiene… Se estaba negociando mi posible venta al Villarreal, porque había quien pensaba que allí podía tener cabida pero que en el Valencia lo iba a tener más difícil. Siempre hace falta alguien que te «vea» y apueste por ti. Ocurrió lo típico: no te vas del club, así que empiezas la pretemporada. Había un grupo de chavales jóvenes que venía del Mundial sub20 de Malasia: se fichó al uruguayo Nico Olivera, se trajo a Gerard del Barça, estaba Farinós, estaba Angulo, estaba yo… Una serie de jugadores que entramos fuerte en el equipo.

Recuerdo una de esas carreras por el bosque en las que los más jóvenes van con el motor a tope. Los veteranos te decían: «¡Oye nenes, bajad un poquito, que nos vais a reventar!». Recuerdo una charla de Valdano con los jugadores jóvenes, cuando nos dijo: «A vosotros que no os «achanten». Vosotros a dar todo lo que tengáis y no os preocupéis por nada más».

Me acuerdo del debut contra el Bocholt porque ganamos (1-3) y porque me puso de lateral derecho. Faltando poco para el final noté un gesto raro en la rodilla, en un cambio de dirección. Sonó un «cleck!» que no pintaba bien. Entró el doctor Jorge Candel, me hizo una primera exploración y me dijo que parecía un problema de menisco. Hay que recordar que, por aquella época, tampoco había tanto especialista que operase de urgencia esas lesiones. Al día siguiente cogimos un avión y nos marchamos a Madrid, a que nos viera el doctor Pedro Guillen. Me quitaron el vendaje y la rodilla estaba bastante inflamada, no le daba buena espina. Me sacó cinco jeringuillas grandes de líquido, que iba mezclado con sangre, lo cual indicaba que algo se había roto ahí dentro. Así que decidió operar: «Si es el menisco, es el menisco; y, si hay algo más, ya lo veremos». Recuerdo que me pincharon, me dormí, y que al despertar estaba el doctor Candel haciendo una negación con la cabeza porque l...

El periodo comprendido entre el comienzo de la campaña 1998-1999 y agosto de 2004: seis ejercicios completos y los primeros compases del siguiente. Un título de campeón de España (Copa del Rey), una Supercopa de España, dos finales alcanzadas en la Liga de Campeones, dos títulos del Campeonato Nacional de Liga, una Copa de la UEFA, una Supercopa de Europa y la calificación como mejor equipo del mundo en el año 2004 son muestras más que palpables del extraordinario potencial de aquel Valencia apasionante.

No faltan las anécdotas y los datos gracias a la participación, entre otros, de David Albelda, Miguel Ángel Angulo, Rubén Baraja, Santiago Cañizares, Amedeo Carboni, Jesús García Pitarch, Miguel Ángel Ferrer Mista, Claudio López, Manuel Llorente, Andrés Palop, Juan Sánchez y Javier Subirats.


Logros destacados de Amedeo Carboni en el Valencia CF:

Título Año
Copa del Rey 1999
Supercopa de España 1999
Liga 2002
Liga 2004
Copa de la UEFA 2004
Supercopa de Europa 2004
Copa Intertoto 1998

Entrevista a Carboni: Maradona, Peter Lim y Mendes, Mágico González, el Valencia...

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